BITIMAGEN: HONEY BEE

El artista aborda el desnudo femenino en cualquier manifestación, situación, acción o similares, exaltándolo y magnificándolo, en ocasiones, parece que el fondo o el tema son tan sólo la excusa para deleitarnos con las más exquisitas curvas femeninas, con frecuencia es tal la rotundidad que expresan sus sinuosidades y esfericidades que opacan cualquier otro tipo de opinión que queramos esgrimir para compensar quedando atrapados en los pliegues de sus abdominales, en su cintura esculpida, en la comisura de sus labios, en la piel que presentimos suave y cálida, y asimismo en músculos firmes y flexibles, y es que la sexualidad resuena como un parche de tambor en cada enfoque, aún en los más apacibles.

El manejo del color es estimulante, en ocasiones se condensa en la excelencia y en otras es tan sólo soberbio, pero siempre significante y no atosigante, estimula a observar y a pergeñar variaciones.

Dulces pero agrestes, libidinosas más voluntariosas, traviesas y hasta un pelín indecentes, pero siempre de un esplendor apabullante, son sus hadas, guerreras, prostitutas, brujas, ángeles o exploradoras espaciales, y en un desfile destellante y colorido nos causan placenteros sentimientos. Quisiera decir algo de cada una de las ilustraciones de mi colección, pero tendré que dejar muchas por fuera a mi pesar, no obstante creo que las escogidas son las suficientes para que puedan forjarse una opinión.

Reitero que las composiciones en muchos casos son sencillas, pero que su técnica es excelente (a la galería os remito), y su intención medular (palmaria en como escarba bajo la forma espléndida de sus beldades para entregarnos el sentimiento que las anima) enriquecer y resemantizar la complexión mujeril, aún con aquellos mínimos ingredientes como para que las redondeces no reluzcan solitarias; además el centro de impacto visual se encuentra en el punto más atractivo de sus anatomías según sea la peripecia de la ilustración, por eso logra:

  1. hacernos olvidar los escenarios vacíos (“Reborn”, del huevo chorreante emerge una diosa de carne que demuele cualquier resistencia);

  2. extender las elementales descripciones -que convierte en apetencias al conseguir una especial potencialidad gráfica- (“Tingle”: en la cual contemplamos esa guapura con la mirada traspapelada, el dedo apretado entre los dientes con levedad, el ligero tocado de barbas arrullantes, pero sobre todo los tatuajes que la convierte en una sacerdotisa);

  3. otorgarle un significado que ensanche la anécdota elegida para el encuadre (“Venetian Rendez-Vous” con esa doble faz encarnada en la fría mascarilla plateada que tritura los goces de la coyunda y ese lozano rostro que parece dispuesto a abrirse con sincero asombro a las exploraciones amatorias)

  4. darle un valor agregado que profundice o amplifique el tema (“Twilight of Atlantis”: la aventura está servida mediante los lanceros que recorren las aguas en sus pentágonos antigrav y el escorzo tenso y sin embargo insinuante de la valkiria que empuña su tridente semioculta en la vegetación).

La obsesión y el glamour signan sus andamiajes pictóricos, desde sus aproximaciones al cine, los videojuegos y sus iconos: Betty Page en “High Tide” donde la ola despoja de su bikini a la pícara bella de endrina melena (encandila el perfecto cono del seno derecho pero por encima de todo ese soberbio par de nalgas); Pamela Anderson (“Fountain” donde con gracia sinigual el susodicho chorrillo roza sus partes pudendas antes de colmar la crátera); una combatiente copiada a Kirsten Dunst que reluce en “Last Castle” aferrada a una hachuela de raro diseño y con un par de mamilas tan firmes y erguidas que doblegan la cota metálica; el caníbal Lecter (Clarice con camisa de fuerza y conducta extraviada en “Hannibal's Revenge”); hasta sus incursiones y coqueteos con:

  1. lo gótico-demoníaco en “Vito's Demon” con su leve aroma a putrefacto y su toque de perversidad encarnada en su sólida odalisca y su esquelético acompañante que mueven nuestros propios límites de permisibilidad o en “Venom” con un formidable efecto de desafío lograda con la oblicuidad del torso, la grácil inclinación de la cabeza y la perpendicularidad de la retorcida serpiente,

  2. lo angélico-demoníaco en su serie de mozas voladoras: “Red Wings” y su mirada que obsesiona mientras las alas susurran contra nuestra enfebrecida mente, “White Wings” que contrasta los imposibles escarpines que trepan hasta medio muslo con el fino collar de plata que nos ofrece para su control, o “Black Wings”: rubias guedejas, erizado plumaje y el apetecible juego cóncavo-convexo de su cuerpo, o “Shawnee” y el fulgor que brota de su interior contrastante con sus oscuras plumas mientras flota sobre los continentes o “Absynthe” con su tocado estilo nipón y un cruce de muslos que reitera aquello de “un abrir y cerrar de piernas” o “Freya” fingiendo tapar sus pupilas arrecostada en el mullido triangulo de sus oscuras alas y dejando abierto el acceso a las marcas que señalan la ruta de su genitalidad

  3. lo demoníaco-infernal en “Welcome to Hell” con un atractivo trío de súcubos que se mueven con persuasiva lascivia y astucia feroz y que despiertan admiración por sus labrados cuerpos y por los diseños de botas y mercería-cordelería que ostentan

  4. lo humorístico-sangriento carrolliano en “Off with Their Heads!” con una Alicia un tanta gamberra que decapita y sonríe y una Lidell provista de canastilla de uvas, pistolón y corsé que expulsa sus apéndices mamarios para regocijo de mirones en “Bad News for the Wolf”; asimismo una “Mad Hatter” de turbadora presencia que aúna a su enloquecida expresión un coño afeitado con rigor excepto una minúscula pelusa y que se torna recipiente de nuestra inspección

  5. lo feérico-sensual en “Fairy” cuya sobrecogedora belleza y el asana flotante que ejecuta nos indica de inmediato que hemos ingresado a otra dimensión, la cuidadosa realización (alas aterciopeladas, ristras de joyas, el culero de metal) y los detalles con que ha sido provista (el caracol que trepa por la rama, los árboles retorcidos en la niebla) la convierten en un fetiche representativo de su estilo, o “Tinker Bell” con su almilla y sus semitransparentes telas caladas con figuras geométricas que revelan sus preciosuras o “Poison Apple”, allí nuestra mirada oscila entre la perfecta rojez de la manzana simbolizando el poder de la naturaleza y los mamelones cubiertos por tracerías de joyas diminutas manifestando la conscupicente potestad femenil que envuelve con frecuencia nuestros sentidos y nos obnubila;

lo incitante en “Net” que va de ingenua perversa envuelta en red férrea sobre la cual avanzan para dejarla accesible las tenazas y cortafríos, en “One Bad Kitty” que sin ambages tira con violencia del taparrabos para ofrecer una inflamada raja dispuesta a atiborrarse o “The Other Fairy” que con un menudo cambio de talante demanda nuestro ímpetu mientras derrama voluptuosidad por sus poros; lo dulce en “Blue Dream”, el cual trasunta el goce de una entrega plácida a la contemplación de semejante trasero para saborear el poder frutal que emana de sus oquedades y turgencias y en “Brown Sugar” que quebrantaría nuestros votos de castidad si los practicaramos cuando entreabre la breva tocándose el clítoris para que espectemos el conducto musculoso y la estrella radiante del esfínter lo vampírico en “Until Love Do Us Apart” donde apenas vemos a la hermosa chupasangre nos provoca presentarnos voluntarios para ser mordidos y “Vampire Nurse”, que invita a un intercambio, entregar palpitante carótida por sabroso pezón
lo juvenil desenfadado en su serie de las “Shockers” (Evie y su abierta invitación, Emily y la provocación implícita en su aporcelanada epidermis, Anastasia y su toque expectante) o en “Red Alert” donde la joven exquisita cubierta de similcuero reluciente se tironea el pierceng de la zona clitorideana al mismo tiempo que nos reta con un guiño que evoca a Christina Applegate; lo malicioso-sicalíptico en “Room Service” que combina la cascada platinada del cabello, las medias de malla y la lencería de lazos sedosos y encajes reveladores conspiran para fabricarnos el anhelo de encontrarnos en esa habitación para ser atendidos o “Happy Aniversary Baby” donde se revela el misterio que nunca escamotearán sus rellenitos labios mayores que se airean en abierta competencia con la sonrisa, el ademán y el relajamiento muscular de la modelo de medias de seda y botines rodeada de cirios y champagne y en “No Good Deed Goes Unpunishe” (dedicado a un Pinocho dominado por una milf que hará probablemente buen uso de su nariz creciente); lo retumbante en “Saloon Kitty” que con el mordisquillo al labio y el taco cruzado frente al pubis nos convierta en minga, con el impacto justo en el lugar preciso para enviarnos en correcta dirección hacia el deseo en medio de las carambolas resonantes del billar o en la impecable conicidad del busto de “Drakaina” que atormenta en su corrección pero acicateando a la palpación porque no acabamos de creerlo lo bélico aparece en “Cold Steel” con sus guapas guerreras que representan doble riesgo para sus oponentes por su habilidad de espadachinas y la distracción implícita en sus curvilìneas siluetas; en “Daughter's Revenge” que sintetiza esfericidades que desafían la gravedad y un diseño de tanga, mandable, adarga, joyas y tatuajes para encandilar sin misericordia lo mítico-religioso en “Odin, the Last Valkyria” y su pujante alteración sensorial a base de espadas, saetas, rabia y muslos abiertas, en “Sehkmet”, símbolo egipcio que nos contempla desde sus retinas, sus pezones henchidos, su boca turgente, su ombligo y el ojo de Ra inscrito en su cresta ilíaca o en “Salome” y la impresión que provoca con su postura de entrega, arrodillada y ornada con sus curvas esplendorosas; lo sadomasoquista en “Ropes” cuya geometría de rectas cuerdas y esfericidades anatómicas trae empacado un leve regusto inquietante; en “Ivy” crucificada pero alentando en la aflicción un goce escondido en las cinceladas copas de sus mamas, en las largas y torneadas extremidades, en “Speculum” que me suscitó vivencias conectadas a Soroyama con los vidrios atravesando los magníficos muslos que se abren mostrando las intimidades de la grieta y en “Abducted” con la primicia de una preciosa chica de físico impresionante que se encuentra atada y despernancada sobre un probable trono de dolor lo erótico-numinoso en “Black Poison” (donde una hermosa bruja bañada en misteriosa onda lunar, de azotante cabellera y macizas tetas jala hacia la ingle la tira de la minúscula trusa para que nos inclinemos reverentes a espectar su henchida hendidura genital), en “Under-Locke & Key” donde fusta, silbato y kepis pugnan por competir con la mueca lujuriosa, el candado enganchado en la abertura vulvar y la llave que lo abre o en “Black Widow” (con tremenda mujer-araña de largas y tonificantes piernas, épico tafanario y boca golosa ubicada en el interior de su red untada de jugos a nuestra espera); lo provocativo-transgresor en “Waiting” (simétricos tatuajes púbicos sobre gordezuelos labios mayores para transmitir matemático regocijo cifrado) o “Nurse Julie” (gracias al símbolo de la Cruz Roja colocada con exactitud bajo su vagina bostezante mezclando lo irónico con lo lúbrico); o “Two Panthers” que nos hace exclamar ¡Oooohh! Cuando la vemos y comparamos la esbelta sinuosidad de una con el drolático impacto de ese nalgatorio de campeonato de brillante resolución y estética impecable que nos parpadea desde la lámina lo cibernético en “Droid” exhibiendo una bella androide que con triste ojeada y suplicante actitud se abre la blusa de látex para ofrecernos los pezones y “Pleasure” gracias a la multifalomaquina -que chorrea semen&miel- donde se recuesta la diva sacándonos la lengua mientras se entreabre el yoni con los dedos, quizás para enardecernos o provocarnos sufrimiento,

También coexisten en turbamulta creativa:

  1. la aventura desmedida en paisajes extraños en “Swamp” donde la apetecible chica que se remoja en la penumbra del pantano es el lunch acechado por un cocodrilo o “Rats” donde la lindura agazapada y húmeda se codea con ratas y cráneos, en “War Cry” con su imbatible matadora de miembros labrados, semblante pendenciero y rutilante hermosura y “Amazon” con luz tamizada que se derrama en brillo dorado sobre los formidables cuadriceps y mamas,

  2. el Sword and Sorcery en “Viking Age” (tonificante estructura corporal, en especial su redondeado pompis) donde no podían faltar la serpiente marina moribunda, el rictus feroz del lobo, el drakkar, el témpano en un tipo de dibujo que me recordó a Dorian Cleavenger; “The Snake” en una cueva la hembra con mercería transparente, dorada pelambrera, muslos de órdago y torso extraordinario se deja envolver por la serpiente o “Queen of Lust” que recurre a un perfil estupefaciente, adminículos de piel de ofidio, pechos jugosos como melones y peinado a lo Veronica Lake para ofertarnos otro monumento al regodeo

  3. el reconocimiento a las nínfulas en la inocente seducción que protubera en el exquisito trasero mostrado en “Belvedere”y en el ajustado atuendo de “Airid” que pone nuestras pupilas en salmuera y acicatea la imaginación

  4. la ciencia-ficción clásica en “Alien” (la anfitriona de glúteos esplendorosos y botas de tacones puntiagudos que envuelven unas piernas semejantes a las de Cyd Charisse juguetea con el huésped ET y se envuelve su trompetilla en el cuello, el steampunk en “Baroness” que intercepta bronce y cuero, bielas y pistones, ballesta y abanico sobre bragas y corpiño insinuantes para otorgar un marco al pimpollo que cabalga la moto; la “near SF” en “Cybersix” de botas aguzadas, conjunto metalizado, ondulante andamiaje corporal y gesto de provocación; la robótica en “Love Machine” donde la yacente de soberbia configuración ha sido sorprendida con una placa del brazo desmontada justo de debajo su slogan “Hard Pleasure”; la space opera en “Uninvited” que junta exploradora de lindo trasero y variopinto armamento con vampiros y portones tallados

  5. las portadas de la revista “Heavy Metal” o aproximaciones honrosas: “Cage” con esa blonda cargada de puñales y sinuosidades libidinosas que se balancea de una maroma y que me llevó a rememorar ese apotegma vigoroso: “más ata pendejo de coño que gúmena de ancla”; “Huntress” que pasea su pletórica figura rica en fiereza y carne musculosa por las ruinas de la civilización ataviada con botas hasta las corvas y su carcaj de virotes; “Into the Fog” que nos deja turulatos cavilando sobre como consigue cargar de sensualidad y sentimiento de pavor en simultánea ese dibujo con espléndida guerrera que posee mucha más vida interior que la que reluce en su piel y curvas de ensueño rodeada de zombis patibularios; “Lady Pirate” sobrecargada de armas y furor uterino erguida sobre barriles de dinamita y feroz prisionero pero conservando un letal atractivo; “No Way Out” con damisela en peligro de delicado sostén y sutil pantaleta trata de huir de monstruo erizado de púas: “Praying Mantis” que concita desde la elegancia con que la heroína deposita sus asentaderas sobre el cuello de la colosal serpiente que se eleva sobre un campo de calaveras, el diseño de su bañador y el gesto con que aferra su fusta, una auténtica oleada de calor venéreo; “Pyromania” que mezcla con acierto jubón de satén, muñecas infantiles, glándulas mamarias espectaculares y llamas; “Silent Fury”: decidida soldada de mueca impávida, chaqueta de aviadora y ametralladora liviana nos agrede con la tetamente en medio de una ciudad ruinosa; “Tar-Pit” presumimos que una gloriosa aventurera, dominadora de cefalòpodos que a punta de mandobles y espadazos conquista tierras y castillos.

Tras desparramarnos sobre casi ocho decenas de estupendas representantes del género femenino diseñadas por Sperlonga, pasamos a la elección de “Honey Bee” como síntesis de estilo y compendio temático, de composición y puesta en escena, de erotismo de alto octanaje; en ella, más allá de una explicación derivada de la CF, que apunta a su pertenencia a una sociedad de mujeres-abeja, que han convertido la sexualidad en una manera de esclavizar otras especies (incluida la nuestra) para prolongar la existencia de sus panales (en una mezcla de Frank Herbert y Maeterlinck), con su comportamiento sexual regulado mediante feromonas modificadoras que retrasan la maduración de las generaciones para modelarlas según las apetencias de las especies a dominar, y feromonas incitadoras que las afecten para controlarlas gracias al intercambio coital (lo cual sería novedoso), para así optimizar y potenciar el impulso erótico y ajustarse al funcionamiento organizado de la colonia.

Lo cierto, con la anterior justificación activa o desechada, igual nos obnubilan las insuperables cachas que se desbordan al mirarlas cuando giramos el scroll, el magnífico perineo con un ano fruncidito y un chocho que de expresivo parece conversar, y es que dan ganas de lamer fluida miel destellante sobre los inflados carrillos de sus mejillas posteriores, en dedicar un lapso de observación detallada para disipar dudas sobre volúmenes o curvas, pero además estremecidos por lo que ocurre con los piercings hincados en los bordes de su rendija vaginal, que son tironeados por la mano y aguja del tacón izquierdos, nos sentimos convocados a terciar y participar, nos provoca reaccionar de alguna manera, quizás hasta impulsarnos a intervenir y masajearlos, y así embebidos en la contemplación y tironeados por el ansía de disfrutarla nos rendimos ante su encarnadura que nos repara la incontinencia, nos cura la obsesión, nos cicatriza el alma; como datos adicionales que brotan incoherentes, a chorros: el rabioso colorido de las botas que enfundan hasta el muslo las extremidades inferiores, las elásticas pirámides henchidas y redondeadas de su pechera maravillosa, ese poema que lleva inscrito en el rostro cincelado con picardía y descaro, las alitas diminutas y ridículas que no permiten llamarla mutante; pero eso si, al margen de descripciones y aclaraciones científicas o literarias somos conscientes de la magnificencia de la estructura corporal que nos brinda Lorenzo, formas que tienden a obturarnos el entendimiento y entonces con honesta lubricidad aceptamos la probable impudicia y rendimos homenaje a través de la musculatura exuberante y los órganos genitales expuestos a la restallante geometría del deseo, a la percutiente matemática de la lascivia, al vital latido del sexo. Este bitimagen es de lejos uno de los más elocuentes y rompedores a que me haya enfrentado, como hitos quedan Janaschi (Jana Schirmer) o, Dutkiewicz, así que persistiré y nos seguiremos encontrando.

© Luís Bolaños; 06-04-10.
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Abril 2010

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