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El artista aborda el desnudo femenino en
cualquier manifestación, situación, acción o similares, exaltándolo y
magnificándolo, en ocasiones, parece que el fondo o el tema son tan sólo la
excusa para deleitarnos con las más exquisitas curvas femeninas, con
frecuencia es tal la rotundidad que expresan sus sinuosidades y
esfericidades que opacan cualquier otro tipo de opinión que queramos
esgrimir para compensar quedando atrapados en los pliegues de sus
abdominales, en su cintura esculpida, en la comisura de sus labios, en la
piel que presentimos suave y cálida, y asimismo en músculos firmes y
flexibles, y es que la sexualidad resuena como un parche de tambor en cada
enfoque, aún en los más apacibles.
El manejo del color es estimulante, en ocasiones se condensa en la
excelencia y en otras es tan sólo soberbio, pero siempre significante y no
atosigante, estimula a observar y a pergeñar variaciones.
Dulces pero agrestes, libidinosas más voluntariosas, traviesas y hasta un
pelín indecentes, pero siempre de un esplendor apabullante, son sus hadas,
guerreras, prostitutas, brujas, ángeles o exploradoras espaciales, y en un
desfile destellante y colorido nos causan placenteros sentimientos. Quisiera
decir algo de cada una de las ilustraciones de mi colección, pero tendré que
dejar muchas por fuera a mi pesar, no obstante creo que las escogidas son
las suficientes para que puedan forjarse una opinión.
Reitero que las composiciones en muchos casos son sencillas, pero que su
técnica es excelente (a la galería os remito), y su intención medular
(palmaria en como escarba bajo la forma espléndida de sus beldades para
entregarnos el sentimiento que las anima) enriquecer y resemantizar la
complexión mujeril, aún con aquellos mínimos ingredientes como para que las
redondeces no reluzcan solitarias; además el centro de impacto visual se
encuentra en el punto más atractivo de sus anatomías según sea la peripecia
de la ilustración, por eso logra:
-
hacernos
olvidar los escenarios vacíos (“Reborn”, del huevo chorreante
emerge una diosa de carne que demuele cualquier resistencia);
-
extender las
elementales descripciones -que convierte en apetencias al
conseguir una especial potencialidad gráfica- (“Tingle”: en la
cual contemplamos esa guapura con la mirada traspapelada, el
dedo apretado entre los dientes con levedad, el ligero tocado de
barbas arrullantes, pero sobre todo los tatuajes que la
convierte en una sacerdotisa);
-
otorgarle un
significado que ensanche la anécdota elegida para el encuadre (“Venetian
Rendez-Vous” con esa doble faz encarnada en la fría mascarilla
plateada que tritura los goces de la coyunda y ese lozano rostro
que parece dispuesto a abrirse con sincero asombro a las
exploraciones amatorias)
-
darle un valor
agregado que profundice o amplifique el tema (“Twilight of
Atlantis”: la aventura está servida mediante los lanceros que
recorren las aguas en sus pentágonos antigrav y el escorzo tenso
y sin embargo insinuante de la valkiria que empuña su tridente
semioculta en la vegetación).
La obsesión y el glamour signan sus andamiajes
pictóricos, desde sus aproximaciones al cine, los videojuegos y sus iconos:
Betty Page en “High Tide” donde la ola despoja de su bikini a la pícara
bella de endrina melena (encandila el perfecto cono del seno derecho pero
por encima de todo ese soberbio par de nalgas); Pamela Anderson (“Fountain”
donde con gracia sinigual el susodicho chorrillo roza sus partes pudendas
antes de colmar la crátera); una combatiente copiada a Kirsten Dunst que
reluce en “Last Castle” aferrada a una hachuela de raro diseño y con un par
de mamilas tan firmes y erguidas que doblegan la cota metálica; el caníbal
Lecter (Clarice con camisa de fuerza y conducta extraviada en “Hannibal's
Revenge”); hasta sus incursiones y coqueteos con:
-
lo
gótico-demoníaco en “Vito's Demon” con su leve aroma a
putrefacto y su toque de perversidad encarnada en su sólida
odalisca y su esquelético acompañante que mueven nuestros
propios límites de permisibilidad o en “Venom” con un formidable
efecto de desafío lograda con la oblicuidad del torso, la grácil
inclinación de la cabeza y la perpendicularidad de la retorcida
serpiente,
-
lo
angélico-demoníaco en su serie de mozas voladoras: “Red Wings” y
su mirada que obsesiona mientras las alas susurran contra
nuestra enfebrecida mente, “White Wings” que contrasta los
imposibles escarpines que trepan hasta medio muslo con el fino
collar de plata que nos ofrece para su control, o “Black Wings”:
rubias guedejas, erizado plumaje y el apetecible juego
cóncavo-convexo de su cuerpo, o “Shawnee” y el fulgor que brota
de su interior contrastante con sus oscuras plumas mientras
flota sobre los continentes o “Absynthe” con su tocado estilo
nipón y un cruce de muslos que reitera aquello de “un abrir y
cerrar de piernas” o “Freya” fingiendo tapar sus pupilas
arrecostada en el mullido triangulo de sus oscuras alas y
dejando abierto el acceso a las marcas que señalan la ruta de su
genitalidad
-
lo
demoníaco-infernal en “Welcome to Hell” con un atractivo trío de
súcubos que se mueven con persuasiva lascivia y astucia feroz y
que despiertan admiración por sus labrados cuerpos y por los
diseños de botas y mercería-cordelería que ostentan
-
lo
humorístico-sangriento carrolliano en “Off with Their Heads!”
con una Alicia un tanta gamberra que decapita y sonríe y una
Lidell provista de canastilla de uvas, pistolón y corsé que
expulsa sus apéndices mamarios para regocijo de mirones en “Bad
News for the Wolf”; asimismo una “Mad Hatter” de turbadora
presencia que aúna a su enloquecida expresión un coño afeitado
con rigor excepto una minúscula pelusa y que se torna recipiente
de nuestra inspección
-
lo
feérico-sensual en “Fairy” cuya sobrecogedora belleza y el asana
flotante que ejecuta nos indica de inmediato que hemos ingresado
a otra dimensión, la cuidadosa realización (alas aterciopeladas,
ristras de joyas, el culero de metal) y los detalles con que ha
sido provista (el caracol que trepa por la rama, los árboles
retorcidos en la niebla) la convierten en un fetiche
representativo de su estilo, o “Tinker Bell” con su almilla y
sus semitransparentes telas caladas con figuras geométricas que
revelan sus preciosuras o “Poison Apple”, allí nuestra mirada
oscila entre la perfecta rojez de la manzana simbolizando el
poder de la naturaleza y los mamelones cubiertos por tracerías
de joyas diminutas manifestando la conscupicente potestad
femenil que envuelve con frecuencia nuestros sentidos y nos
obnubila;
lo incitante en “Net” que va de ingenua
perversa envuelta en red férrea sobre la cual avanzan para dejarla accesible
las tenazas y cortafríos, en “One Bad Kitty” que sin ambages tira con
violencia del taparrabos para ofrecer una inflamada raja dispuesta a
atiborrarse o “The Other Fairy” que con un menudo cambio de talante demanda
nuestro ímpetu mientras derrama voluptuosidad por sus poros;
lo dulce en “Blue Dream”, el cual trasunta el goce de una entrega plácida a
la contemplación de semejante trasero para saborear el poder frutal que
emana de sus oquedades y turgencias y en “Brown Sugar” que quebrantaría
nuestros votos de castidad si los practicaramos cuando entreabre la breva
tocándose el clítoris para que espectemos el conducto musculoso y la
estrella radiante del esfínter
lo vampírico en “Until Love Do Us Apart” donde apenas vemos a la hermosa
chupasangre nos provoca presentarnos voluntarios para ser mordidos y
“Vampire Nurse”, que invita a un intercambio, entregar palpitante carótida
por sabroso pezón
lo juvenil desenfadado en su serie de las “Shockers” (Evie y su abierta
invitación, Emily y la provocación implícita en su aporcelanada epidermis,
Anastasia y su toque expectante) o en “Red Alert” donde la joven exquisita
cubierta de similcuero reluciente se tironea el pierceng de la zona
clitorideana al mismo tiempo que nos reta con un guiño que evoca a Christina
Applegate;
lo malicioso-sicalíptico en “Room Service” que combina la cascada platinada
del cabello, las medias de malla y la lencería de lazos sedosos y encajes
reveladores conspiran para fabricarnos el anhelo de encontrarnos en esa
habitación para ser atendidos o “Happy Aniversary Baby” donde se revela el
misterio que nunca escamotearán sus rellenitos labios mayores que se airean
en abierta competencia con la sonrisa, el ademán y el relajamiento muscular
de la modelo de medias de seda y botines rodeada de cirios y champagne y en
“No Good Deed Goes Unpunishe” (dedicado a un Pinocho dominado por una milf
que hará probablemente buen uso de su nariz creciente);
lo retumbante en “Saloon Kitty” que con el mordisquillo al labio y el taco
cruzado frente al pubis nos convierta en minga, con el impacto justo en el
lugar preciso para enviarnos en correcta dirección hacia el deseo en medio
de las carambolas resonantes del billar o en la impecable conicidad del
busto de “Drakaina” que atormenta en su corrección pero acicateando a la
palpación porque no acabamos de creerlo
lo bélico aparece en “Cold Steel” con sus guapas guerreras que representan
doble riesgo para sus oponentes por su habilidad de espadachinas y la
distracción implícita en sus curvilìneas siluetas; en “Daughter's Revenge”
que sintetiza esfericidades que desafían la gravedad y un diseño de tanga,
mandable, adarga, joyas y tatuajes para encandilar sin misericordia
lo mítico-religioso en “Odin, the Last Valkyria” y su pujante alteración
sensorial a base de espadas, saetas, rabia y muslos abiertas, en “Sehkmet”,
símbolo egipcio que nos contempla desde sus retinas, sus pezones henchidos,
su boca turgente, su ombligo y el ojo de Ra inscrito en su cresta ilíaca o
en “Salome” y la impresión que provoca con su postura de entrega,
arrodillada y ornada con sus curvas esplendorosas;
lo sadomasoquista en “Ropes” cuya geometría de rectas cuerdas y
esfericidades anatómicas trae empacado un leve regusto inquietante; en “Ivy”
crucificada pero alentando en la aflicción un goce escondido en las
cinceladas copas de sus mamas, en las largas y torneadas extremidades, en
“Speculum” que me suscitó vivencias conectadas a Soroyama con los vidrios
atravesando los magníficos muslos que se abren mostrando las intimidades de
la grieta y en “Abducted” con la primicia de una preciosa chica de físico
impresionante que se encuentra atada y despernancada sobre un probable trono
de dolor
lo erótico-numinoso en “Black Poison” (donde una hermosa bruja bañada en
misteriosa onda lunar, de azotante cabellera y macizas tetas jala hacia la
ingle la tira de la minúscula trusa para que nos inclinemos reverentes a
espectar su henchida hendidura genital), en “Under-Locke & Key” donde fusta,
silbato y kepis pugnan por competir con la mueca lujuriosa, el candado
enganchado en la abertura vulvar y la llave que lo abre o en “Black Widow”
(con tremenda mujer-araña de largas y tonificantes piernas, épico tafanario
y boca golosa ubicada en el interior de su red untada de jugos a nuestra
espera);
lo provocativo-transgresor en “Waiting” (simétricos tatuajes púbicos sobre
gordezuelos labios mayores para transmitir matemático regocijo cifrado) o
“Nurse Julie” (gracias al símbolo de la Cruz Roja colocada con exactitud
bajo su vagina bostezante mezclando lo irónico con lo lúbrico); o “Two
Panthers” que nos hace exclamar ¡Oooohh! Cuando la vemos y comparamos la
esbelta sinuosidad de una con el drolático impacto de ese nalgatorio de
campeonato de brillante resolución y estética impecable que nos parpadea
desde la lámina
lo cibernético en “Droid” exhibiendo una bella androide que con triste
ojeada y suplicante actitud se abre la blusa de látex para ofrecernos los
pezones y “Pleasure” gracias a la multifalomaquina -que chorrea semen&miel-
donde se recuesta la diva sacándonos la lengua mientras se entreabre el yoni
con los dedos, quizás para enardecernos o provocarnos sufrimiento,
También coexisten en turbamulta creativa:
-
la aventura desmedida en paisajes extraños en “Swamp” donde la apetecible
chica que se remoja en la penumbra del pantano es el lunch acechado por un
cocodrilo o “Rats” donde la lindura agazapada y húmeda se codea con ratas y
cráneos, en “War Cry” con su imbatible matadora de miembros labrados,
semblante pendenciero y rutilante hermosura y “Amazon” con luz tamizada que
se derrama en brillo dorado sobre los formidables cuadriceps y mamas,
-
el Sword and Sorcery en “Viking Age” (tonificante estructura corporal, en
especial su redondeado pompis) donde no podían faltar la serpiente marina
moribunda, el rictus feroz del lobo, el drakkar, el témpano en un tipo de
dibujo que me recordó a Dorian Cleavenger; “The Snake” en una cueva la
hembra con mercería transparente, dorada pelambrera, muslos de órdago y
torso extraordinario se deja envolver por la serpiente o “Queen of Lust” que
recurre a un perfil estupefaciente, adminículos de piel de ofidio, pechos
jugosos como melones y peinado a lo Veronica Lake para ofertarnos otro
monumento al regodeo
-
el reconocimiento a las nínfulas en la inocente seducción que protubera
en el exquisito trasero mostrado en “Belvedere”y en el ajustado atuendo de
“Airid” que pone nuestras pupilas en salmuera y acicatea la imaginación
-
la ciencia-ficción clásica en “Alien” (la anfitriona de glúteos
esplendorosos y botas de tacones puntiagudos que envuelven unas piernas
semejantes a las de Cyd Charisse juguetea con el huésped ET y se envuelve su
trompetilla en el cuello, el steampunk en “Baroness” que intercepta bronce y
cuero, bielas y pistones, ballesta y abanico sobre bragas y corpiño
insinuantes para otorgar un marco al pimpollo que cabalga la moto; la “near
SF” en “Cybersix” de botas aguzadas, conjunto metalizado, ondulante
andamiaje corporal y gesto de provocación; la robótica en “Love Machine”
donde la yacente de soberbia configuración ha sido sorprendida con una placa
del brazo desmontada justo de debajo su slogan “Hard Pleasure”; la space
opera en “Uninvited” que junta exploradora de lindo trasero y variopinto
armamento con vampiros y portones tallados
-
las portadas de la revista “Heavy Metal” o aproximaciones honrosas:
“Cage” con esa blonda cargada de puñales y sinuosidades libidinosas que se
balancea de una maroma y que me llevó a rememorar ese apotegma vigoroso:
“más ata pendejo de coño que gúmena de ancla”; “Huntress” que pasea su
pletórica figura rica en fiereza y carne musculosa por las ruinas de la
civilización ataviada con botas hasta las corvas y su carcaj de virotes;
“Into the Fog” que nos deja turulatos cavilando sobre como consigue cargar
de sensualidad y sentimiento de pavor en simultánea ese dibujo con
espléndida guerrera que posee mucha más vida interior que la que reluce en
su piel y curvas de ensueño rodeada de zombis patibularios; “Lady Pirate”
sobrecargada de armas y furor uterino erguida sobre barriles de dinamita y
feroz prisionero pero conservando un letal atractivo; “No Way Out” con
damisela en peligro de delicado sostén y sutil pantaleta trata de huir de
monstruo erizado de púas: “Praying Mantis” que concita desde la elegancia
con que la heroína deposita sus asentaderas sobre el cuello de la colosal
serpiente que se eleva sobre un campo de calaveras, el diseño de su bañador
y el gesto con que aferra su fusta, una auténtica oleada de calor venéreo;
“Pyromania” que mezcla con acierto jubón de satén, muñecas infantiles,
glándulas mamarias espectaculares y llamas; “Silent Fury”: decidida soldada
de mueca impávida, chaqueta de aviadora y ametralladora liviana nos agrede
con la tetamente en medio de una ciudad ruinosa; “Tar-Pit” presumimos que
una gloriosa aventurera, dominadora de cefalòpodos que a punta de mandobles
y espadazos conquista tierras y castillos.
Tras desparramarnos sobre casi ocho decenas de
estupendas representantes del género femenino diseñadas por Sperlonga,
pasamos a la elección de “Honey Bee” como síntesis de estilo y compendio
temático, de composición y puesta en escena, de erotismo de alto octanaje;
en ella, más allá de una explicación derivada de la CF, que apunta a su
pertenencia a una sociedad de mujeres-abeja, que han convertido la
sexualidad en una manera de esclavizar otras especies (incluida la nuestra)
para prolongar la existencia de sus panales (en una mezcla de Frank Herbert
y Maeterlinck), con su comportamiento sexual regulado mediante feromonas
modificadoras que retrasan la maduración de las generaciones para modelarlas
según las apetencias de las especies a dominar, y feromonas incitadoras que
las afecten para controlarlas gracias al intercambio coital (lo cual sería
novedoso), para así optimizar y potenciar el impulso erótico y ajustarse al
funcionamiento organizado de la colonia.
Lo cierto, con la anterior justificación activa o desechada, igual nos
obnubilan las insuperables cachas que se desbordan al mirarlas cuando
giramos el scroll, el magnífico perineo con un ano fruncidito y un chocho
que de expresivo parece conversar, y es que dan ganas de lamer fluida miel
destellante sobre los inflados carrillos de sus mejillas posteriores, en
dedicar un lapso de observación detallada para disipar dudas sobre volúmenes
o curvas, pero además estremecidos por lo que ocurre con los piercings
hincados en los bordes de su rendija vaginal, que son tironeados por la mano
y aguja del tacón izquierdos, nos sentimos convocados a terciar y
participar, nos provoca reaccionar de alguna manera, quizás hasta
impulsarnos a intervenir y masajearlos, y así embebidos en la contemplación
y tironeados por el ansía de disfrutarla nos rendimos ante su encarnadura
que nos repara la incontinencia, nos cura la obsesión, nos cicatriza el
alma; como datos adicionales que brotan incoherentes, a chorros: el rabioso
colorido de las botas que enfundan hasta el muslo las extremidades
inferiores, las elásticas pirámides henchidas y redondeadas de su pechera
maravillosa, ese poema que lleva inscrito en el rostro cincelado con
picardía y descaro, las alitas diminutas y ridículas que no permiten
llamarla mutante; pero eso si, al margen de descripciones y aclaraciones
científicas o literarias somos conscientes de la magnificencia de la
estructura corporal que nos brinda Lorenzo, formas que tienden a obturarnos
el entendimiento y entonces con honesta lubricidad aceptamos la probable
impudicia y rendimos homenaje a través de la musculatura exuberante y los
órganos genitales expuestos a la restallante geometría del deseo, a la
percutiente matemática de la lascivia, al vital latido del sexo. Este
bitimagen es de lejos uno de los más elocuentes y rompedores a que me haya
enfrentado, como hitos quedan Janaschi (Jana Schirmer) o, Dutkiewicz, así
que persistiré y nos seguiremos encontrando.
© Luís Bolaños;
06-04-10.
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