EL DESCUBRIDOR

Carlos Saldivar es uno de los nuevos escritores de Ciencia Ficción peruanos, él desarrolla una infatigable labor como difusor de la CF, impulsando la publicación de la revista Argonautas -que va por su cuarto numero- así como participa en varias actividades literarias sobre la ciencia ficción, fantasía, y terror. Ha publicado un libro de relatos de ciencia ficción Historias de ciencia ficción”, que cuenta con 12 relatos del género, y ahora nos presenta una interesante aproximación a un mundo alternativo totalitario y en el cual la libertad como la entendemos ya no existe.

En realidad Harold era una buena persona. Divertido, interesante, amistoso, era incapaz de mentirle a alguien o negarle ayuda al que la necesitase. Pero, debo admitir, el día de ayer estuvo de lo más insoportable. Caminábamos ambos acompañados de una pareja de amigos por el campus de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos(1), embebidos en una charla sobre libros de ciencia ficción, unos que hoy por hoy están un tanto prohibidos: 1984, Nosotros, Un Mundo Feliz, libros que personalmente aborrezco, pero Harold los había leído todos en menos de quince días y, ¡vaya que habían ejercido influencia en él! Además la gran problemática social y política que vivimos en este miserable país ayudó un poco a que esta triste reacción se activara en su cerebro. Las palabras de mi amigo fueron contundentes y resultaron algo exentas de ligereza para mi gusto.

—¡Lo tengo! —exclamó con presteza—. ¡Pero por supuesto! ¡Cómo no me había dado cuenta antes! ¡Al fin he resuelto el problema!
—¿De qué estás hablando, grandísimo loco? —le preguntó mi amiga, extrañada, al igual que el resto de nosotros.
—He descubierto la verdad. La gran verdad de nuestro país, de nuestro mundo. No somos libres. El gobierno nos tiene prisioneros.
—Se te ha zafado un tornillo —le respondí tratando de aguantar la risa.
—No, hablo en serio. Nos envían a esta simplona universidad, nos imparten la educación que quieren, nos llenan la cabeza de mierda y nos hacen creer que es lo mejor para nosotros. Lo han hecho desde que éramos niños, lo seguirán haciendo cuando maduremos y entremos a formar parte de la sociedad mercantil. ¡Debo hacer algo al respecto! Haré mi tesis en función de este tema, escribiré un libro, soy muy bueno escribiendo, tú mismo me lo has dicho, Isaac. Desarrollaré una teoría sólida que pueda sentar las bases de todo lo que afirmo. ¡Dios mío, es increíble! ¡La idea ha llegado como un relámpago! ¡Como si todo hubiera estado escrito en las estrellas! ¡Ya verán chicos! Sorprenderé a todos y les demostraré que en realidad somos esclavos del sistema, que no pensamos por nosotros mismos, que hay fuerzas poderosas que nos controlan y que felizmente no están más allá de nuestro entendimiento.

Y se marchó en dirección a la cafetería saltando de alegría, silbando alguna melodía que sólo él conocía, mientras mis compañeros y yo permanecíamos alelados viendo como se alejaba con sus estrambóticas ideas.
De súbito volteó el rostro y nos gritó desde lejos:
—¡Van a ver, amigos míos! ¡Hoy mismo empezaré a desarrollar mi gran teoría! ¡Esta misma tarde desarrollaré la raíz del asunto y empezaré con el libro! ¡Así todos ustedes podrán darse cuenta de cómo funciona el mundo realmente! ¡Mañana temprano tendré algo preparado para exponer en la clase y mostrarles a todos ustedes!

Sin embargo al día siguiente estaba muerto.

En verdad era un buen amigo, pero, ¿quién iba a imaginar que en la aburrida facultad de Humanidades, en la cabizbaja especialidad de Literatura, pudiese ocurrir este fenómeno tan raro? Sí, a veces despiertan y se dan cuenta de las cosas. Suele suceder. Si no fuera así mi labor no tendría sentido. Había simulado ser camarada de Harold un año entero. Éste era nuestro tercer ciclo en la universidad. Me tomó desprevenido pero actué con precisión. Me ha tocado presenciarlo por primera vez y lo he informado, como debe de ser. La labor de descubridor es vital para el gobierno. Es un privilegio que no muchos tienen. He de vivir camuflado entre estos jóvenes y avisar a la Gran Célula Dominante cuando uno de ellos ha logrado pensar más de la cuenta. Estoy seguro que en las facultades de derecho o ciencia políticas hay una cantidad mayor de muchachos que abren los ojos a la realidad. Afortunadamente los ejecutores hacen bien su trabajo. Cuando yo descubro a un chico que decide pensar por sí mismo y analizar la sociedad y el entorno que le rodea debo avisar rápidamente. Eso aumenta mi prestigio. Velocidad y precisión. Cuando junte cinco puntos podré ascender en la escala de la Gran Célula. Me destinaron con los alumnos de Literatura, chicos de mi edad y condición social porque los escritores son peligrosos. Y escribir contra el gobierno y los objetivos de mis jefes lo es aún más. Harold ha pagado el precio de su inteligencia. Los ejecutores entraron en su casa durante la noche y lo acribillaron en su cama. Robaron todas sus notas y simularon un simple robo. No tocaron al resto de su familia. Dormían con placidez y no se dieron cuenta de nada. Una de las reglas es respetar la vida de los que confían en las directrices de la Gran Célula. Siento un poquito de pena, era un joven prometedor, con talento literario y buen estudioso de la filosofía y otros temas intrincados. Pero la ley es la ley. A pesar de todo me siento contento. No me falta mucho, los libros que leen estos muchachos los harán pensar más de la cuenta, entonces podré denunciarlos y serán aniquilados, como es lo correcto. Completaré el puntaje requerido y me llegará la oportunidad de convertirme en alguien mejor. Mi gran anhelo es ser un ejecutor y exterminar a los librepensadores. Sí, mi meta es ser uno de los protectores que castiguen físicamente los pensamientos inoportunos. Mi turno llegará pronto. Mientras tanto me dedico a lo mío. Es bueno estar con ellos, escucharlos, parecer que soy su amigo, introducirme en sus sueños e ideas. Es divertido. Mucho cuidado. Estamos por todas partes. Oímos lo que piensas. Pensamos contigo. Muy pronto cometerás un error, deslizaras una frase, será pequeña, será larga y yo te escucharé. Mantener la armonía en esta sociedad golpeteada por el caos es lo más importante para mí. Tenemos planes muy grandes para ti. En cualquier momento cruzarás la línea de lo permitido y yo estaré ahí. Preparado, más veloz e inteligente que tú. Entregado en cuerpo y mente a mi magnifica labor. No vas a librarte, como ya dije, estoy aquí, ahí y allá. En tu trabajo, en tu centro de estudios, en tu propia casa. A tu lado, ahora mismo, abrazándote, dándote ánimos para que me confíes tus más íntimos secretos. Y no podrás darte cuenta de quién soy. Mis amigos me llaman Isaac Mora, pero en el mundo real, aquel que no conoces, ni jamás conocerás, me denominan: El descubridor.

(1) La UNMSM es la primera universidad creada en América.

© Carlos Saldivar; 2009
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