EL ESTUDIO DE LA CIENCIA FICCION: UNA MODESTA PROPOSICION

Existen cláusulas matrimoniales bien definidas entre las personas que escriben por el placer de publicar por un lado, y los académicos y críticos que discuten su obra en el otro. Los escritores escriben. Entonces los académicos se molestan en explicar que es lo que han escrito y los críticos explican gentilmente como pudieron haberlo escrito mucho mejor. Esta paridad se ha conservado y todo el mundo se mantiene más o menos feliz. Solo un renegado al interior de uno de estos dos equipos intentaría usurpar las funciones del otro bando.

Sin embargo eso es lo que pretendo hacer. Me gustaría persuadir a los académicos que leen Science-Fiction Studies, y particularmente los académicos que contribuyen a esta publicación, que la ciencia ficción no es algo enteramente y adecuadamente reconocido por el nivel actual de estudio académico y que Algo Debería Hacerse Al Respecto.

Se que esto sonará presuntuoso viniendo de mi. Solo puedo pedirles que estén a mi lado a medida que trato de desarrollar mi argumentación.

Para discutir esto de manera razonable, sería muy útil el tener una definición consensuada sobre que es exactamente la ciencia ficción. Ese don nos ha sido denegado. Dios sabe que ha habido innumerables intentos por definirla. Pero no han estado a la altura. Aún he de oír una versión que no definiera dentro del campo trabajos que no le pertenecen o definiera los que si.

Tom Shippey una vez considero el problema de tal definición en una plática que tuvimos en una de las convenciones World SF en Dublín1. Tras describir un buen número de intentos fallidos, concluyó afirmado que la tarea era imposible. Dijo que, puesto que la ciencia ficción es la literatura del cambio, cambia a medida que uno trata de definirla.

Es relativamente fácil, por otra parte, demostrar lo que no es la ciencia ficción. No es por ejemplo, ficción científica, alguna de la mejor ciencia ficción carece de ciencia en lo absoluto. No es un medio para profetizar, aunque una auténtica autoridad en ese campo, Hugo Gernsback, parecía pensar que lo era; de ahí el eslogan en la parte superior de su primera revista de ciencia-ficción, Amazing Stories, "Ficción Extravagante Hoy, Hechos Sólidos Mañana".

Y sobre todo, la ciencia ficción no es, sobre todo, fantasía.

Hago hincapié en esto porque hay una tendencia, lamentable ante mis ojos, de juntar ambos géneros. Parece que los dueños de los derechos, los bibliotecarios y lectores casuales parece que, desde hace cierto tiempo, han disuelto la diferencia dentro de sus mentes. Lo que es peor, en años recientes la diferencia se ha vuelto más tenue, aún por las mismísimas instituciones que fueron originalmente creadas para defender la CF contra otras clases de literatura. Por ejemplo:

  1. El circulo profesional de personas que escribe dicho género, la Science Fiction Writers of America, ha cambiado su nombre a la Science Fiction and Fantasy Writers of America.

  2. La Science Fiction Research Association, el ala académica del campo, no ha cambiado su nombre, sin embargo ahora rutinariamente da a los trabajos de fantasía la misma clase de atención que antes solo le daba a la ciencia ficción.

  3. Las convenciones de ciencia-ficción, aún la World Science Fiction Convention, habitualmente da un mismo tiempo al otro género (aunque la World Fantasy Convention conspicuamente no lo hace)

Debido a que tales hechos me preocupan, algunas veces me han acusado de ser una especie de matón que odia el género fantástico y desea dañarlo. Honestamente, no es así. He leído una buena ración de fantasía, generalmente con nada menos que considerable admiración. Hasta he escrito un poco de ella de cuando en cuando, y quizás habría escrito más si no fuera por el simple hecho que no creo ser lo suficientemente bueno para ello. Resumiendo, no creo que escribir fantasía sea necesariamente peor o inferior a escribir ciencia ficción.

Lo que creo, sin embargo, es que ambos géneros son muy distintos. De hecho pienso que la ciencia ficción es diferente de cualquier otro tipo de literatura, incluyendo a la fantasía, de modo significativo, y que dichas diferencias sugieren que el estudio de dicho tema requiere una aproximación más amplia que la que es dada a la literatura en general…y específicamente, a la aproximación crítica que usualmente se da a nuestro género.

Quizás no podemos decir satisfactoriamente lo que la ciencia ficción es, pero aún así podemos ser capaces de identificar algunos de sus rasgos distintivos por tratar de calificar lo que solo la ciencia ficción es capaz de hacer.

Buscando hacer eso, debemos dejar a un lado —de momento— la pregunta de que es lo que sus escritores escriben y en vez de ello, examinar lo que los lectores leen, y que sale de esa lectura.

Bien podríamos comenzar esta aproximación conductual por ver atrás en la historia del campo, comenzando con la década de 1930 en Norteamérica.

Dicha década fue un periodo seminal para la ciencia ficción en muchas formas. Entre otras cosas fue la década que marco el comienzo de la organización de una sociedad del fandom de la ciencia ficción. Un desarrollo mayúsculo ocurrió en 1934, cuando el mismísimo Hugo Gernsback, irritado por las bajas ventas de su otra revista, Wonder Stories, buscó una forma de crear una circulación fuerte y lectores leales. Había intentado muchas estratagemas para lograr esto en el pasado (incluyendo editoriales que exhortaban a los lectores a comprar la revista en el mismo local de siempre cada mes). En esta ocasión intento algo nuevo. Comenzó un club de correo con los lectores de la revista. Lo llamó la Science Fiction League.

Esto no fue una idea particularmente innovadora. Otras revistas, particularmente los pulps de guerra aérea y romance, habían ofrecido organizaciones de amigos por correo propias por la misma razón. Pero algo inusual pasó con la Science Fiction League. Los miembros que entraron en este juego, no estaban satisfechos con ver sus nombres y direcciones en las listas de la sección mensual de la revista dedicada a la SFL, o aún con intercambiar cartas con otros aficionados dentro de la lista. Querían más. Querían encontrarse en cuerpo presente con el resto; de modo que Gernsback llevó las cosas al siguiente nivel. El organizó capítulos de la SFL en Brooklyn, Nueva York (ese fue el Capítulo N º. 1, del cual yo fui un miembro), y en Filadelfia, Chicago Los Ángeles, así como en otras ciudades a lo largo de América y hasta en otros países como Australia y el Reino Unido. (La Science Fiction League murió hace mucho, y la revista con ella; pero los clubes sobreviven. Algunos de ellos, notablemente los capítulos formales en Filadelfia y Los Ángeles, han cambiado sus nombres pero realizan aún reuniones regulares hasta el día de hoy).

Eso no tuvo precedentes. Ningún otro club creado por una revista había logrado eso; y portentos más extraños sucedieron a continuación. Aún los encuentros de clubes locales no satisfacían el apetito de los aficionados a la ciencia-ficción por la necesidad del contacto personal con otras personas como ellos, así que más que inmediatamente inventaron la convención de ciencia-ficción.

A medida que esto pasaba, fue exactamente hace sesenta años (en el tiempo que escribo esto) que la primera convención de CF ocurrió. Por comparación con lo que sabemos de convenciones de ciencia-ficción no llegó a tanto. Esa convención de 1936 fue numéricamente pequeña, geográficamente trivial y temporalmente breve. Solo un poco más de doce aficionados estuvieron involucrados; solo llegaron de dos ciudades; y la convención solo duró un par de horas. Todo esto que pasó fue que media docena de aficionados de Nueva York llegaron por el tren a Filadelfia una tarde del domingo, nos encontramos en la estación con otra media docena de aficionados. Descansamos en un cuarto donde nos sentamos y hablamos por un rato. (Sobre que diablos hablamos se ha perdido para siempre para la historia. Teníamos una secretaria anotando las actas, pero ella, o mejor dicho él, los perdió; ¿cómo se todo esto? Muy simple: yo era el secretario.) Entonces tuvimos que volver por el tren y volver a casa y eso fue todo.

Pero las consecuencias fueron notables.

En unos cuantos meses algunos aficionados ingleses cogieron la moda y tuvieron su convención propia en Birmingham. Tres años después, la ciudad de Nueva York tuvo su primera Convención "Mundial" (el nombre fue una tremenda exageración de hecho). La II Guerra Mundial detuvo las cosas un poco con sus restricciones en los viajes, por no mencionar la reubicación de tantos aficionados jóvenes y hombres al servicio militar, pero en 1946 la expansión volvió desde donde había comenzado. Ahora había literalmente cientos de convenciones de CF cada año. La Convención Mundial ya no era un nombre inapropiado para definirla, puesto que rutinariamente había visitantes de lugares como China y Japón, de Australia y Nueva Zelanda, de Latinoamérica tanto como de Norteamérica, y por supuesto de casi cada país de ambas Europas. De hecho, muchos de esos países ahora albergaban sus propias convenciones locales, nacionales o regionales.

Y todo comenzó en Filadelfia en 1936.

Se podría argüir que este fenómeno de juntar periódicamente a lectores y escritores y todo eso, no es único a la ciencia ficción, puesto que otros grupos de interés, orientados hacia la literatura tienen convenciones propias. Los Mystery Writers of America y los Western Writers of America, por ejemplo tienen toda una tradición de encuentros anuales, pero son muy diferentes a los nuestros porque se limitan a lo sumo a ser una cena de premios anual y en lo que respecta a la participación, solo asisten los escritores y editores profesionales de ambos campos. Actualmente hay eventos tales como Pulpcon, la creciente racha de convenciones relacionadas con la TV y los cómics, las convenciones de Star Trek y claro está la convención World Fantasy para finalizar; hay cosas tales por ahí como la Sociedad para el Anacronismo Creativo, pero en cada caso, todas fueron inspiradas, y de hecho pensadas a partir de las convenciones de ciencia-ficción.

Hay de hecho, más convenciones de CF que todas las demás combinadas. Más aún, fue la convención de CF la que puso el ejemplo para el resto. Y si queremos saber lo que hace que la ciencia ficción sea la literatura que hace lo que ninguna otra hace, debemos entender el porque de este fenómeno.

Dejo presente que la razón de esta racha de éxito descansa en la naturaleza de la ciencia ficción misma.

La CF es una literatura de ideas. Se pueden discutir. De hecho demandan discusión; y la clase de ideas que surgen de la lectura de la ciencia ficción demandan que dichas discusiones sean con gente que comparte tu interés. De ahí viene el anhelo por la necesidad de la compañía de otros aficionados al género…y por lo tanto la única, pero inevitable evolución de los clubes y convenciones y finalmente la emergencia de una comunidad de ciencia-ficción a nivel mundial.

Pero ese es solo el principio. Para ver algunas de las demás cosas significativas que hacen a la ciencia ficción única necesitamos ver más allá de nuestra propia comunidad. Como ejemplo, la ciencia ficción ha jugado un rol importante en la disciplina científica emergente de la futurología.

La futurología (algunas veces llamada futurística, o simplemente estudios del futuro) no tiene nada que ver con leer las hojas del té o interpretar signos astrológicos. En sus primeras etapas como un área distinta de la investigación científica comenzó con intentos de desarrollar metodologías formales para predecir eventos futuros, incluyendo cambios tanto tecnológicos como sociales. En su primera etapa los pioneros al frente de esta disciplina trabajaban en agencias del gobierno que encaraban los requerimientos de planeamiento avanzado para necesidades futuras (léase, el comenzar la construcción de proyectos de infraestructura que necesitaban un largo tiempo de duración tales como aprovisionamiento urbano de agua, utilidades y transporte) y en "think tanks" como la Corporación Rand y el Hudson Institute. Las metodologías que inventaron incluyeron DELPHI, escribir escenarios, mapas morfológico, extrapolación de tendencias ya conocidas, predicción de los sistemas de inducción de árboles de decisión y muchas otras. Sin importar la metodología empleada, los resultados invariablemente resultaban, más que otra cosa, en una "biblia" para escribir historias de ciencia ficción: eso es, una descripción de todos los elementos de trasfondo pero sin personajes o argumento.

Estos intentos tempranos de futurología tenían otra cosa en común: rara vez daban predicciones precisas del futuro. Esto no era debido a fallos en las metodologías empleadas sino en el molesto hecho de que el futuro es inherentemente impredecible por si mismo. Como el principal futurologista, Dennis Gabor, lo indicó, es imposible predecir el futuro; lo mejor que podemos hacer es el inventarlo. Cualquier "futuro" específico en el que tengamos que vivir algún día será determinado por los eventos en el presente; las decisiones que hagamos hoy, ciertamente determinarán ciertos posibles futuros y alentarán otros2. Así que los futurólogos recurren a lo que se denomina "normativa predictiva", en la cual una lista de posibles eventos futuros, asigna valores "deseables" a cada uno de ellos y entonces intenta descubrir cual serie de eventos y decisiones actuales podría mejorar la probabilidad de los futuros deseables y disminuir la probabilidad de los otros.

Por supuesto, no hay una lista mas completa hecha y derecha de futuros posibles que el cuerpo mismo de la ciencia ficción. De hecho algunos futurólogos han hecho uso formal de este; el Hudson Institute de Herman Kahn una vez asignó a un investigador de post doctorado llamado Pat Gunkel a leer todo el trabajo de A.E. van Vogt y tabular sus predicciones específicas. Otros lo han hecho más o menos abiertamente, pero no hay duda de que las obras de ciencia-ficción han influenciado mayormente este campo.

De hecho, algunas de las ideas en las historias de ciencia-ficción han conducido a investigación real en la ciencia más "dura". SETI—La Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre— ciertamente vino de la ciencia ficción. Quizás todo el programa espacial lo hizo también; uno de sus teóricos iniciales, Konstantin Tsiolkovsky, escribió tanto ciencia ficción como documentos sobre cohetes, y Werner von Braun, quien como individuo, en verdad hizo toda esta disciplina posible, era tan aficionado a la ciencia ficción que a través de toda la II Guerra Mundial mantuvo su suscripción a Astounding a través de una dirección de correo en la Suecia neutral. Aún hasta Leo Szilard acredita la novela de ciencia-ficción de H.G. Wells, The World Set Free, como parte de la inspiración que lo llevó a pensar en la fisión nuclear autosustentada3. De hecho se sugiere algunas veces que leer ciencia ficción enseña ciencia a personas que de ningún otro modo habrían tenido una educación científica. Eso es probablemente verdad, pero si algo es aún más preciso, es que la lectura de ciencia ficción interesa a los jóvenes en la ciencia, y al menos entonces y ahora los inclina a seguir una educación científica. Muchos científicos en la actualidad se sabe que fueron aficionados adolescentes, incluyendo a algunos de los mejores: por ejemplo, Stephen Hawking, quizás el científico con vida más famoso del mundo, como también al menos dos científicos premiados con el Nóbel de Física. Marvin Minsky, quizás la figura mas resaltante en la investigación en inteligencia artificial, no solo leía ávidamente en su juventud, sino que, tan pronto como se volvió un estudiante graduado en el laboratorio de computadoras del MIT (el cual era su objetivo inicial), hizo un intento en la vida real de programar las Tres Leyes de la Robótica de Isaac Asimov en un computador. (El intento fracasó, pero el proceso en si clarificó mucho sobre la naturaleza jerárquica de la programación de computadoras.)

Además parece que la ciencia ficción ha tenido efectos en el desarrollo de nuestro mundo "real". (He discutido esto, así como la evidencia de otras declaraciones mías en otra parte.)4 Por ejemplo, hay reportes, no muy bien confirmados, que fueron las historias de Robert A. Heinlein las que llevaron al menos a dos eventos relevantes. Uno fue la emergencia del grupo de asesinos de celebridades, opuestos al sistema, de Charles Manson; el ímpetu original para su creación se supone que vino de la lectura de Manson de Forastero en Tierra Extraña. El otro se deriva de los "matrimonios en grupo" descritos en La Luna es una Cruel Amante. De acuerdo a las noticias, precisamente ese tipo de acuerdo doméstico fue intentado por ciertos grupos de personas en los países escandinavos (por lo que puedo recordar, fue en Dinamarca). Los servicios de noticias no mencionaron la novela de Heinlein como el origen de dicha práctica, pero el paralelismo es notable.

Aún afirmaciones mayores pueden ser realizadas. El movimiento ambientalista ciertamente recibió ayuda de historias de CF que mostraban un planeta desolado; la novela convertida en película de Nevil Shute, En la Playa, puede el haber jugado su parte en evitar una guerra nuclear (al menos); y se ha argumentado (aunque no por mi parte) que la novela 1984 puede haber contribuido a salvar al año real de 1984 de convertirse en la oscura tiranía mundial que George Orwell describió. Cuando los académicos descubrieron el mundo de la ciencia ficción, muchos aficionados veteranos recibieron con inquietud dicha nueva. Lo que más temíamos era que la gente que enseñase los cursos de ciencia ficción que comenzasen a surgir en las universidades no supiesen nada sobre el campo; que dieran de hecho una falsa impresión de lo que es la ciencia ficción, e incluso alejaran a sus estudiantes de nuestro género para siempre. La visión que tenía en mi cabeza era la del profesor de Literatura quien, incapaz de llenar sus clases con John Bunyan o Beowulf, decidiera tratar otro tema e imaginase que la ciencia ficción fuese el modo más fácil de aprender al comienzo del nuevo semestre, y por lo tanto de enseñar. (De hecho esta visión no era falsa por completo. Una de mis menos placenteras visitas a un salón de clases fue a una escuela de Nueva Jersey donde el maestro orgullosamente mostró su biblioteca de ciencia ficción. Consistía por completo de los trabajos de Sam Moskowitz sobre autores del Siglo 19; libros valiosos ciertamente, pero que sin duda no proveerían un entendimiento completo del campo.)

He perdido el miedo a los profesores de Literatura que eligen el enseñar ciencia ficción. (De hecho estoy casado con una.) La mayoría de los que conozco comenzaron como lectores de ciencia-ficción, algunas veces llegan a ser autores de ciencia-ficción. Cuando la oportunidad de enseñar apareció ellos llevaron una familiaridad e inclusive un entusiasmo por la materia en cuestión, por lo tanto el último par de décadas ha surgido una cantidad valiosa y ciertamente apreciable y sustancial de erudición académica sobre temas de ciencia ficción.

Sin embargo…me parece, más que nunca, que esta elite de críticos es inadecuada porque en su mayoría son el producto de académicos cuyas licenciaturas están en el campo de Humanidades. Si están en una facultad universitaria es mayormente porque cursan Literatura. Ellos suelen por lo tanto examinar la ciencia-ficción en el mismo sentido que examinarían cualquier otra clase de literatura.

No estoy proponiendo que estudios de esta naturaleza sean abolidos. Después de todo, la ciencia ficción es una forma de literatura, y es enteramente justo el aplicar a una historia de ciencia ficción todos los estándares requeridos para todo trabajo literario. Pero lo que me gustaría ver es más trabajos académicos dedicados hacia las cualidades que hacen a la ciencia ficción única.

Así pues ¿qué es lo que modestamente propongo?: no que la crítica literaria de CF sea abandonada, sino tan solo que sea complementada con un examen de aquellos elementos en la ciencia ficción que la hacen única. Los historiadores de la ciencia, por ejemplo, pueden buscar en los senderos en que las historias de ciencia-ficción hayan influenciado en alguna forma investigaciones de la vida real. Los genetistas y biólogos moleculares pueden demostrar la validez de algunas de nuestras especulaciones más salvajes sobre la forma futura de los seres humanos. Los economistas, científicos políticos, físicos —personas con una especialidad en uno o más de los temas de la ciencia ficción— pueden ver que tan bien sus especialidades son mostradas en dichas historias y que efecto, si hay alguno, han tenido en el mundo exterior.

¿Valdría todo este esfuerzo la pena? Creo que si. Al fin y al cabo, representaría un intento serio de examinar los elementos básicos que hacen única a la ciencia ficción.

NOTAS

1. Comunicación personal. Shippey no ha publicado el texto de esta plática de 1979.
2. Documento entregado a la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia, Enero 1994. También he discutido el asunto en artículos para el MIT Technology Review y New Scientist.
3. Conferencia de Szilard, The Sensitive Minority Among Men of Science, reimpreso en Leo Szilard, His Version of the Facts, ed. Spencer Weart y Gertrud Weiss Szilard, MIT Press.
4. Para una discusión más completa al respecto, vean mi artículo en Futurevision: Ideas, Insights and Strategies, ed. Howard F. Dinsbury, Jr., The World Future Society (en prensa).

©
Frederick Pohl, 1997.
SF Studies, #71 = Volume 24, Part 1 = March 1997.
Traducción para Velero 25: Daniel Mejía.
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