El aire de la
nebulosa estaba, como siempre, teñido de color rojo sangre. Un
rincón de su mente trató de medir el tono –¿era acaso más profundo
que el último cambio?- mientras sus ojos vagaban alrededor de los
objetos dispersos por la Nebulosa encima y debajo de él. Las nubes
eran como puñados de tela grisácea esparcida a través de millas de
aire. Las estrellas caían entre y a través de las nubes en una
lenta, interminable lluvia que se extendía hacia el núcleo. La luz
de las esfera de una milla de diámetro proyectaban cambiantes
sombras sobre las nubles, los dispersos árboles, las enormes manchas
que podrían ser ballenas. Aquí y allá vio un pequeño destello que
marcaba el fin de la breve existencia de una estrella ( Baxter
§1:10)
Rees vive en un universo donde la constante gravitacional es un billón
de veces superior a la del universo en que vivimos. Solo que, él no lo
sabe, más de lo que sabe por qué el tiempo se mide en desplazamientos
–legado de una nave espacial que vino a terminar en este extraño cosmos,
dejando a la tripulación y los pasajeros y sus descendientes a merced de
una existencia que es, para los estándares terrestres, un infierno.
Nunca querríamos vivir allí, pero estamos fascinados por cómo sería
hacerlo. El universo de Rees no existe, pero
Stephen Baxter nos
convence, en Raft (1992), que podría existir.
¿Es esto Ciencia Ficción “Dura”? ¡Absolutamente!
¿Es esto Literatura’ ¡Bueno, eso abre toda una lata de gusanos!
La CF Dura no es la moda literaria en boga, incluso dentro de la “CF de
género” –Ese cuerpo de ficción publicada como “ciencia ficción” en
revistas y especialmente líneas de libros. Por un lado, derivados de
Star Trek, novelas de Dragonrider, y por el estilo encabezan las listas
de más vendidos. Por otro, los trabajos más admirados por la crítica son
de la Escuela “metafórica” de
Stanislaw Lem, Philip K. Dick, y, quizás, Ursula K. Le Guin.
Cualquier otra cosa que se pueda decir de un trabajo como Raft,
es seguro predecir que no se mostrará en ningún Canon Literario
–“conservador” o “radical”- más de lo que será un tremendo éxito
comercial.
La CF Dura siempre será del gusto de una minoría. Cuando
Robert A. Heinlein
comenzó a escribir CF para las revistas “suaves” tras la Segunda Guerra
Mundial, se dio cuenta desde el principio que tendría que minimizar la
ciencia para llegar a una audiencia más amplia (10)1. Cuando
finalmente llegó a una lectoría masiva, fue con Forastero en Tierra
extraña (1961), la cual incidía fuertemente en la sátira social y
religiosa –Heinlein mismo negó que fuera CF en 1960 (260). Duna
de Frank Herbert (1965) sin duda captó con no lectores de CF más por sus
grandes ideas que por su ecología –como se demuestra por las secuelas
que originó. Incluso Isaac
Asimov, quien llegó a las listas de los más vendidos con una serie
tardía de novelas de la Fundación/Robots, acentuó los temas sociales más
que la ciencia dura. La CF dura puede haberse convertido en el hijo
adoptivo de su propio género: simplemente no es la mejor forma de hacer
dinero para vivir. Pregunten a
Stephen Baxter –o incluso
a Hal Clement.
La CF Dura parece también seguir siendo una hija adoptiva de los
estudiosos de la CF. Algunos críticos, parece, no sólo no quieren leer CF dura, ni siquiera quieren leer al respecto. Robert A. Collins, por
ejemplo, declaró fallida a The New Encyclopedia of Science Fiction
de James Gunn por, entre otras, cosas, un sesgo hacia la CF dura: en
particular, estaba irritado con la entrada de Alien Worlds de
Poul Anderson porque no
discutía los “usos metafóricos” [de los mundos creados], los cuales me
interesan más que los llamados “científicos.” Collins cita a Rogue
Tomato2 de Michael Bishop como la clase de CF que debería
estar cubierta bajo Alien Worlds (12).
Aunque Collins puede correctamente creer que la CF metafórica fue tenida
en menos en la Enciclopedia de Gunn, es la CF dura la que es tenida en
menos en otros lugares. David G. Hartwell, en su introducción al The
World Treasury of Science Fiction, sintió necesario defender una
estética que fue alguna vez tenida por sentada por los escritores y fans
del género de CF:
Yo, por cierto, no
niego el nivel metafórico de los textos de CF. Simplemente menciono
lo obvio, lo cual parece haberse perdido en varias décadas de
discusión crítica: en una obra de Ciencia Ficción, el lector debe
conceder al permiso que cualquier cosa que se manifiesta como caso
es literal y cierta. Por ejemplo en “Valley of Echoes” de
Gerard Klein, el lector debe creer que estamos doscientos años en al
futuro, explorando el planeta Marte, no meramente en algún paisaje
surrealista que contiene una metáfora para la condición humana. (xvii
– xviii)
Como señala Hartwell,
esta estética se limita casi por completo a la CF norteamericana; en
otros lugares del mundo, la clase de ficción ejemplificada por la Era de
Oro en la Astounding de John W. Campbell parece haber sido tomada “como
algún tipo de broma o como un repositorio de imágenes que serán usadas
para propósitos distintos a los de la CF.” (xvii). Por supuesto, la
memoria de Hartwell puede ser selectiva. ¿Hubo realmente algo de Ciencia
Ficción Dura en el trabajo de
A. E. Van Vogt, un importante contribuyente de Astounding? Todos
hemos oído o leído anécdotas acerca de lo que pasó por ciencia en muchos
de los pinitos del género de CF en Amazing Stories de Hugo Gernsback.
Quizás siempre ha habido CF dura y CF blanda, y el debate entre ambas
viene desde tan temprano como las diferencias entre H.G. Wells y Julio
Verne3.
Aunque, todos sabemos de qué clase de género de CF está hablando
Hartwell, y también sabemos que no ha viajado bien a otras costas. Las
actitudes, sin embargo, podrían estar cambiando. La más reciente novela
de Lem, Fiasco,
está ciertamente más cerca a la CF dura que todo su trabajo anterior
(quizás se perdió en la traducción, pero ¿realmente podemos creer que
los mimoides estaban compuestos de neutrinos en
Solaris, o la mezcla
de oxígeno y metano que sus astronautas visitan en El Invencible?),
incluso mientras retiene el filo satírico del trabajo previo de
Lem. En su visión cósmica
y su especulación de la evolución de las civilizaciones avanzadas más
allá de nuestro entendimiento, Fiasco tiene mucho de la misma
sensación de la CF dura contemporánea norteamericana, como las obras de
Gregory Benford A través
del mar de Soles y
El gran río del espacio.
Benford, por cierto, ha levantado el estatus literario de la CF dura.
Pero, paradójicamente, no nos ha llevado necesariamente a apreciar la
estética de la CF dura como tal. Podríamos argüir que en Cronopaisaje,
por ejemplo, el atractivo no es tanto la invención científica –un medio
de enviar mensajes al pasado para alterar la historia y por tanto
prevenir un desastre en el presente –como la caracterización de los
científicos y de la política en la ciencia. Contra el infinito
involucra la terraformación de Ganímedes, pero el centro de la novela es
la recreación de The Bear de William Falukner, en la cual el
alienígena llamado Aleph tiene una función metafórica. En El
Artefacto, el miniagujero negro no es sino la excusa para un
Thriller se suspenso internacional. ¿Admiramos más
El gran río del espacio
como CF dura o como un gran escrito de saga heroica?
Todas las novelas de Benford son CF Dura, por supuesto, pero hay otras
cosas también ¿Puede la CF ser literatura si no es también estas otras
cosas? ¿Hay acaso una experiencia característica de la CF Dura por sí
misma?
Todos estamos familiarizados con argumentos de lo contrario. Hemos
llegado incluso a avergonzarnos al oír mencionar a Hugo Gernsback,
quien, como Brian W. Aldiss
una vez señaló, redujo la CF a “historias construidas como diagramas, y
hechos claros como diagramas y desprovistas de atmósfera y sensibilidad”
(211). Sólo podemos reír por lo bajo ante mucha de la CF dura de la Edad
de Oro: Por ejemplo las historias de George O. Smith de Venus
Equílateral, con su desactualizada tecnología (gigantescos tubos de
vacío y cosas por el estilo) inspirando el éxtasis en personajes de
Cartón. Tampoco tenemos que mirar al pasado para encontrar vergüenzas en
la CF dura: Martian Rainbow de Robert L. Forward es un caso
reciente de esto. No esperamos La Guerra y la Paz de Forward,
seguramente, pero aquí prueba que ni siquiera puede escribir un buen
techno-thriller. La política de la novela (un general autoproclamándose
el mandamás religioso de la Tierra) es tan cruda que nos recuerda a
Tarrano el conquistador (1930) de Ray Cummings- ¡para aquellos que
puedan recordar tan atrás en el tiempo! Forward llena su narrativa con
pedazos de exposición científica, hasta que nos recuerda a un potaje
indefinible. Y debido a que no puede hacer funcionar la historia
con las posibilidades actuales de terraformar Marte, impone un deus ex
machina (literalmente: robots mágicos dejados por alienígenas de
navidades pasadas). En base a la evidencia de Martian Rainbow,
bien podríamos concluir que Forward debería haberse atenido a solamente
escribir artículos técnicos, y que no hay punto en discutir el arte de
la CF Dura porque simplemente no hay ninguno.
¿Por qué molestarnos siquiera en discutir acerca de Forward si es un
escritor tan pobre? Todos hemos visto novelas de CF Dura acerca Marte
mucho mejores, tales como The Labyrinth of Night de Allen Steele
(el cual es también un mucho mejor thriller policial, e incluso un mucho
mejor cuento de alienígenas mágicos). Debido a que Forward también es
autor de
Huevo del
Dragón, una novela que ganó las alabanzas de, entre otros, Frank
Herbert, Hal Clement e Isaac
Asimov como un ejemplo de CF dura en su mejor forma, es entonces un
caso de prueba4.
Si Huevo
del Dragón es realmente CF Dura en su mejor forma, y Martian
Rainbow es CF dura en su peor forma ¿cuál es la diferencia? Es
inútil pretender que el lado humano de
Huevo del
Dragón es mucho mejor. No lo es: Los astronautas de Forward en
esta historia son cortados del mismo cartón que esos generales,
científicos, y técnicos en Martian Rainbow. Simplemente no los
notamos, porque no están en la historia; la historia son los Cheela, las
criaturas que Forward nos hace creer que podrían vivir en la superficie
de una estrella de neutrones.
Como cualquier cantidad de novelas de CF Dura,
Huevo del
Dragón incluye un apéndice en el cual el autor explica las bases
científicas para su invención literaria. Toda es ciencia muy
especulativa, por supuesto, pero la ciencia misma está basada en la
especulación: las teorías son propuestas y probadas contra la realidad.
No tenemos manera de probar la teoría de Forward contra la realidad,
pero confiamos en él como científico y escritor de CF dura como para no
contradecir a sabiendas las posibilidades conocidas del universo que
habitamos. Si
Huevo del
Dragón fuese un ensayo hecho ficción como su apéndice, sin
embargo, ¿lo leeríamos como una novela? No nos engañemos en esto: si
apreciamos
Huevo del
Dragón, lo apreciamos como un ejercicio literario –y esto a
pesar de sus obvias fallas literarias (en palabras de Lester del Rey,
Forward era de los que necesitaba considerable ayuda material para
producir un manuscrito aceptable)5.
Cuando leemos artículos científicos o libros de texto, como Sergeant
Friday en Dragnet queremos “sólo los hechos, señor” Obtenemos más
que hechos, de seguro, de los escritores más imaginativos de ciencia
como Stpehen Hawking o Stephen Jay Gould (Forward no está en su liga,
tampoco.) Cuando leemos CF, sin embargo, aun estamos leyendo ficción, y
esperamos la experiencia imaginativa de leer ficción. C.S. Lewis, en
Un experimento en crítica (1961), llegó incluso a sugerir que la
literatura debería ser juzgada por cómo es leída, y aunque sus juicios
no son más infalibles que los de cualquier otro crítico, esta (en mi
mente, al menos) en lo cierto acerca de cómo experimentamos la
literatura.
En la ciencia ficción experimentamos la imaginación creativa del autor
–una clase particular de imaginación. No es necesariamente, ciertamente
no del todo, la imaginación metafórica de Jorge Luis Borges o Italo
Calvino. Tampoco es necesariamente, y ciertamente no del todo, la de la
“extrañeza cognitiva” que ha figurado en tantas discusiones críticas de
la CF desde que Darko Suvin propuso la teoría hace más o menos 20 años.
No hay nada malo con cualquier clase de imaginación, o la clase de
trabajos que la expresan, o la clase de crítica que la interpreta. Es
claro ver que la transformación de Philip K. Dick en un tomate gigante,
en Rogue Tomato de Bishop, es un recurso metafórico. No
necesitamos que nos digan que tanto la burocracia como el bosque que
busca explotar, en The snail and the slope (1980) de Arkady y
Boris Strugatsky, son mecanismos de extrañeza, desarrollados con la
intención de hacernos ver a nuestro propio mundo bajo una nueva luz.
Pero ¿qué se supone que representen los Cheela?. ¿De acuerdo a la teoría
esas metáforas son la esencia de la literatura, deben representar algo,
o cuán buenas son?
Sin duda podríamos hallar algo si lo intentásemos lo suficiente. En The
New York Review of Science Fiction, Damien Broderick afirma que los
alienígenas aparentemente incomprensibles de The Eye of the Queen
de Philip Mann “se asemejan a la idea de un niño de los humanos
adultos”, mientras los alienígenas más comprensibles de Footfall
de Larry Niven y Jerry Pournell son metáforas de los soviéticos (1).
Pero para los verdaderos aficionados a la CF dura, tales explicaciones
disminuyen su experiencia de lectura antes de enriquecerla. Si esos
alienígenas en Footfall existen solamente con el propósito de
lanzar una cansada analogía acerca de la Guerra Fría, difícilmente
parecen ser dignas de los problemas en los que Niven y Pournelle
tuvieron que meterse para crearlos. Uno recuerda los argumentos legales
acerca de los valores de redención social presentes en las obras
sexualmente explícitas: a
Fanny Hill le
es dado entonces un significado que asombraría John Cleland; simplemente
no puede ser buen erotismo.
La lectura literal de CF parece tener pocos defensores, pero uno de
ellos es nada menos que Samuel R. Delany, cuyo argumento, aunque
seguramente familiar para nosotros, se muestra a continuación:
Oraciones tales
como “Sus palabras explotaron,” o “Ella giró su lado izquierdo,”
subsumen el discurso tecnológico en sí (acerca de economía y
cosmología en una; de cambiar los circuitos y cirugía prostética en
la otra), deja la banalidad de la emocionalmente poco clara
metáfora, abandona la trivialidad de disposiciones insomnes y, a
través del laberinto de la posibilidad técnica, nos trae las
imágenes posibles de lo imposible (Triton 337)
Delany niega que la CF
sea verdadera literatura: “Los argumentos filosóficos de la literatura
tienden a ser acerca del sujeto, la conciencia humana, antes que acerca
de la manera en que el mundo real funciona. La ciencia ficción es una
crítica del objeto antes que del sujeto –o del sujeto en términos del
objeto (Teaching to Learn 74). Argumenta incluso que “la empresa
ciencia-ficcionera es más rica que la empresa de la ficción mundana” (Triton
340), y el claramente quiere decir más rico en sentido literario.
Delany puede no haber leído
Huevo del
Dragón, y podría no importarle más que a otros críticos
sensibles al estilo literario, el cual considera inseparable del
contenido (The Jewel-Hinged Jaw 35ff)6. No obstante,
la novela de Forward se conforma a su teoría de que la esencia de la CF
es el “discurso tecnológico” lo que le permite al escritor de CF crear
“imágenes posibles de lo imposible.” Al subrayar la evolución entera de
la vida en su estrella de neutrones (Los cheela comienzan como plantas,
usando contenedores de cristal extendiéndose debajo de la corteza
caliente basados en motores térmicos para satisfacer sus necesidades de
recursos y energía), posteriormente Forward arma una escena memorable en
la novela. Nos cuenta que los Cheela, en circunstancias extremas, pueden
revertir a su estado de planta –y que esto tiene incluso un efecto
rejuvenecedor. Swift-Killer, un guerrero explorador, lo descubre por
accidente, y el dictador planetario Soother-of-all-Clans busca
posteriormente extender su vida –y poder- pasando por una metamorfosis
de manera deliberada. Pero es demasiado vieja y demasiado sedentaria;
tiene muy poco tejido muscular que pueda usar para construir una
estructura cristalina para su contenedor. No obstante, las cosas parecen
ir bien –al principio.
Luego sucedió. La
punta de una de las debilitadas astas se rompió mientras intentaba
apretar la piel. La primera de los Soother estaba horrorizada al ver
una punta irregular saliendo de un pliegue desgarrado de su piel. La
piel se sostuvo por un rato y los científicos intentaron construir
un monte apoyado contra el lado del cuerpo para apoyar la sección
dañada, pero antes que un soporte pudiera prepararse, un asta
adyacente cedió bajo la dispareja tensión, y en una rápida serie de
afiladas rajaduras y ruidosos impactos, lo que quedaba del esqueleto
de doce puntas se rompió y cayó a la corteza. (381)7
No nos gusta
particularmente Soother, aun así Forward ha hecho su trabajo tan bien
que nos parece real, y sentimos un terror genuino ante su sino. Esto es
a pesar del hecho que la prosa de Forward, aquí y en otras partes de
Huevo del
Dragón, no es distinguida: nadie puede confundirlo siquiera con
un Delany o un Zelazny, o incluso con uno de los mejores escritores de
CF dura como Benford.
¿Qué está pasando aquí? Estamos participando de una experiencia
literaria, pero no es la clase de experiencia literaria que nos han
enseñado a apreciar. Lo que le ocurre a Soother es un evento aterrador,
antes que una metáfora, y los sentimientos que evoca son los de un
evento literal. La cognición, como la llama Suvin, está ciertamente
involucrada: es el novum (de nuevo como lo llama Suvin) que nos permite
aceptar la realidad de la escena. Incluso no nos sentimos lejanos de esa
realidad; en vez de estos, nos sentimos atrapados e incluso en trance
por ella. Eso es lo que siempre pasa en la mejor ciencia ficción dura, y
un mejor término para el efecto estético de la CF dura puede ser el
involucramiento cognitivo. Forward usa el novum para insertarnos en una
fascinante nueva realidad, antes que alejarnos de una familiar, y es una
realidad literaria distinta la que crea. No leemos
Huevo del
Dragón como leeríamos un artículo técnico: pese a cualquier
falla que podamos hallar en su torpe estilo y caracterización, aun
podemos admirar a Forward como el creador de una ficción única. Es
precisamente porque Martian Rainbow no ofrece nada tan único
(cualquiera escribiendo CF dura acerca de Marte tiene que, por
necesidad, cubrir las mismas nociones científicas), y debido a que
Forward comete el error de tratar de describir el drama político y
humano para el cual sus limitados talentos no alcanzan en modo alguno,
por eso no podemos perdonar los mismos fallos en esa novela.
Encontramos la misma estética en otros ejemplos de CF Dura que no
aspiran a ser literatura en el sentido prevaleciente del termino. En la
novel Redshift Rendezvous (1990) de John E. Stith, el lado humano
del argumento es poco sofisticado, y los personajes como tales no son
nada de otro mundo. Sin embargo, somos atrapados por una historia que
solo podría ocurrir en la realidad fascinante de un subespacio donde la
velocidad de la luz es tan baja que realmente puede verse como la
iluminación se extiende a todos los rincones de la bodega de carga de
las naves espaciales cuando las luces se encienden. Nosotros creemos que
Stith ha desarrollado todas las consecuencias lógicas de su inventada
realidad, pero cuando leemos su novela es esa la experiencia literaria,
la de su realidad lo que estamos buscando. El mismo principio se aplica
a Raft, la novela de
Baxter donde compartimos la experiencia del héroe, quien esta
exiliado en un campo de trabajo en la superficie de una estrella muerta.
En el universo inventado de
Baxter es posible vivir y trabajar -aunque no muy confortablemente-
en un mundo así. Ninguno Redshift Rendezvous o Raft
ofrecen ninguna introspección psicológica significativa, un mensaje
político o una metáfora acerca de la condición humana. Ninguno es
"literatura" como normalmente se entiende. Pero cada una de esas novelas
es un trabajo altamente literario en su propio estilo.
Misión de Gravedad de Clement es altamente reconocida como uno de
los clásicos de la CF Dura. Clement incluso escribió una secuela, Luz
estelar, la cual fue rápidamente olvidada. La ciencia era igual de
buena en la segunda novela, pero Clement fue incapaz de recrear la
excitación literaria de la primera. La razón es bastante obvia: El mundo
que Clement ofrece en Luz Estelar es simplemente un mundo
aburrido –y un mundo aburrido genera una historia aburrida. Toda clase
de cosas sorprendentes ocurren en Mesklin, pero prácticamente nada
podría pasar en Dhrawn. La diferencia entre los dos mundos, y las
historias que inspiran, son el resultado de una falla literaria antes
que científica. Pero incluso un mundo más bien convencional puede ser
redimido por la excitación literaria de la CF Dura. The Steerswoman
de Rosemary Kirstein (1989), por ejemplo, está ambientada en lo que al
principio parece un mundo de fantasía convencional de magos y dragones.
En el curso de la historia, nos percatamos que los “magos” son realmente
sólo hombres ordinarios usando los secretos de la ciencia, como en el
clásico de Fritz Leiber Hágase la oscuridad (1950), para mantener
en pavor a las masas y que los “dragones” son solamente criaturas
naturales. En la secuela The Outskirter’s Secret (1992), nos
enteramos que el mundo está amenazado por el desastre: algo ha salido
mal con lo que podemos entender que es un proyecto de terraformación de
largo aliento. Pero los protagonistas en la historia no pueden leer las
pistas como nosotros. Porque no conocen la ciencia como nosotros:
¿pueden y lograrán descubrir la verdad a tiempo, y serán capaces de
hacer algo al respecto? Experimentamos el suspenso, un elemento tan
viejo como la ficción –pero es un suspenso que se deriva por entero de
nuestro conocimiento de la ciencia.
La ciencia ficción dura puede ser una forma literaria bastante limitada,
pero el hecho es que puede crear su propia clase de experiencia
literaria –incluso cuando no tiene ninguna pretensión de adquirir valor
literario- muestra que es una forma literaria válida, y digna de respeto
por derecho propio. Si se le diera este respeto, podríamos tener la
experiencia de más trabajos que, como
Huevo del
Dragón, tienen éxito como CF dura, sin embargo aunque carezcan
de muchas otras virtudes. Aun tenemos a Benford, en cualquier caso, pero
podríamos no ser frustrados por talentos menores yendo más allá de su
capacidad: por ejemplo, John Cramen en Twistor (1990). Esa es
simplemente una historia de aventuras al viejo estilo que toma demasiado
tiempo para tomar viada, aparentemente porque Cramer (indudablemente ha
leído a Benford) piensa que tiene que dedicar la primera mitad de la
novela a la política académica y similares –aunque él no pueda hacerlo
tan bien como Benford como para ser tomado en serio.
Deberíamos tratar de recordar que el arte, como el oro, está donde lo
hallamos –no necesariamente donde lo buscamos.
NOTAS
1. En 1947-48 Heinlein publicó cuatro aventuras espaciales en
The Saturday Evening Post, la mayor de las grandes revistas y la que
mejor pagaba, así como en otras revistas que pagaban mejor que los pulps
del género. El Post había publicado una historia de CF ocasional
de escritores tales como Rudyard Kipling o Steven Vincent Benét, pero
Heinlein fue el primer escritor de la comunidad de CF en aparecer en sus
páginas.
2. Publicada por primera vez en 1975, esta historia aparece en
varias antologías así como en Blooded on Arachne de Bishop (NY:
Pocket Books, 1983).
3. Una historia conocida, véase, por ejemplo, Norman y Jeanne
Mackenzie, H.G. Wells: A Biography (Simon & Schuster, 1973), 117.
4. Extracto publicitario aparecido en la edición de tapa dura de
Ballantine/Del Rey, NY, 1980.
5. Conversación personal con Lester del Rey, basado en su
conocimiento del manejo de la novela de Forward en Del Rey Books.
6. El argumento de Delany de que el estilo y el contenido son la
misma cosa puede parecer incontestable. Un escritor debe escoger las
palabras correctas, y cada palabra contribuye al significado del texto,
Solamente, ¿cómo sabe el escritor cuales son las palabras adecuadas, a
menos que haya alguna concepción (contenido) del trabajo que viene antes
de las palabras? Dorothy sayers, en The Mind of the Maker, tiene
una intrigante teoría acerca del proceso de escritura que parece aportar
algo de luz a la cuestión (ella hace una analogía con la santísima
trinidad, en la cual el Padre es la concepción original del trabajo, el
Hijo el trabajo terminado, y el Espíritu Santo el intermediario). Pero
sin ahondar en teorías arcanas, consideremos esto. ¿Hay, o no, algún
contenido en común entre dos traducciones de la Biblia en diferentes
estilos?
7. Capítulos en Huevo del Dragón no están numerados, pero
la cita es de uno llamado “Interacción”, el cual es el sexto, y en el
cuarto subcapítulo de este ("Time 14:28: 11 GMT Monday 20 June 2050").
TRABAJOS CITADOS
Aldiss, Brian W. Billion Year Spree. NY: Doubleday, 1973;
Schocken Books, 1974. Same pagination.
Baxter, Stephen. Raft. NY: Roc, 1992
Broderick, Damien. "Reading SF as a Mega-text." New York Review
of Science Fiction 47:1,8-11, July 1992
Collins, Robert A. Editor's note. SFRA Newsletter 163:11-12, Dec. 1988
Delany, Samuel R. The Jewel-Hinged Jaw: Notes on the Language of
Science Fiction. Elizabethtown, NY: Dragon Press, 1977
—————. "Teaching to Learn." Unsigned interview. Locus,
361:5,74-75, Feb. 1991
—————. Triton. NY; Bantam Books, 1976
Forward, Robert L. Dragon's Egg. NY: Ballantine/Del Rey, 1988
Hartwell, David. The World Treasury of Science Fiction. Boston:
Little, Brown, 1989
Heinlein, Robert A. Grumbles from the Grave. NY: Ballantine/Del
Rey, 1990.
©
John J. Pierce; 1993.
SF
Studies, #60 = Volume 20, Part 2 = July 1993
Traducción para Velero 25: Isaac Robles
Si desea enviar algún comentario pulse
aquí |