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En Dare (1969), una de las inclasificables obras de Philip José Farmer
(1918-2009), el autor comienza burlándose de los “Casos” de Charles Fort
(1874-1932), el padre de las teorías de la conspiración por presentarnos
algo que realmente pudo ocurrir —mostrando dicho sea de paso un
conocimiento poco menos que borgiano de la antigüedad— con respecto a
ciertas desapariciones misteriosas, que como todo, absolutamente todo en
la obra de este irrevocablemente jocoso autor, tienen una explicación…de
ciencia-ficción.
Vayamos a los hechos, ciertos grupos de humanos del pasado han sido
raptados por alienígenas llamados los Arra, y puestos a convivir en el
lejano planeta Dare con extrañas especies que recuerdan a los seres de
la mitología terrestre —hombres lobo, mandrágoras, dragones, unicornios,
etc.— y un nuevo tipo de forma de vida humanoide llamado Horstel, cuyo
pelo corporal es más profuso que el humano sin llegar a taparlo por
completo, dejando un delicado balance entre la lujuria y la rectitud en
sus partes púdicas. A pesar que estos horstels (degeneración de horse-tails,
colas de caballo en inglés, por la crin que tienen en la parte trasera y
el espinazo) viven en perfecto balance con la naturaleza después de una
ya olvidada catástrofe que les forzó a replantear el modo en que debía
conducirse su civilización, sus vecinos humanos atrapados en la Edad
Media política, cultural y tecnológicamente desean sus riquezas desde
hace mucho, y no se detendrán ante algún tipo de escrúpulo moral para
conseguirlas. A pesar de ya haberlo intentado en el pasado, y fracasado,
debido al espíritu superior de cooperación de los horstels, algunos
siguen añorando ser la especie dominante sin importar lo que tengan que
hacer para conseguirlo.
Es en medio de este conflicto enquistado, que Jack Cage, primogénito de
un importante terrateniente y R’li una horstel de alto prestigio se
enamoran. Pero no se preocupen, esto no es Lo Que El Viento Se Llevó.
Esto es ciencia-ficción y de la buena. Jack actúa como los ojos del
autor para mostrarnos lo radicalmente atrasada que es la sociedad humana
y los cambios exponenciales que sufre a lo largo del libro, a la vez que
es una exploración de la sociedad horstel y su existencia alternativa
—casi considerándolo un canto a la ecología— que no abusa de la tierra
que la vio nacer y devuelve con sabiduría lo que da. Hey, que tampoco es
una de buenos contra malos, que así solo funciona la CF pulp. Farmer nos
deja explícitamente claro que una sociedad altamente conservadora como
la horstel es incapaz de hacer frente a los cambios que exige la
transformación del paradigma histórico (como lo logran con cierto éxito
los humanos de Dare). Pero lo que importa es que a pesar de que la
historia de amor implícita es solo un mcguffin para justificar una
excelente historia de ciencia-ficción, es a la vez un romance bien
llevado sin llegar a más.
Lo mejor de esta obra es que cada personaje tiene sus fortalezas y sus
defectos, ninguno peca de maniqueo ni de santurrón, nadie se salva y el
cambio inevitablemente llega a Dare, de la peor manera. Cuando un
movimiento político secreto que considera que la presencia horstel es un
factor que suprime el Progreso como destino manifiesto de la humanidad
(la cual por cierto está preocupada que los Arra, quienes partieron hace
mucho y por razones desconocidas, regresen para cobrar las cuentas a
todos), se esparce entre los sectores más conservadores del planeta, los
horstels se ven envueltos de la noche a la mañana en una guerra
devastadora para la que no están preparados, donde el homo sapiens se
comporta como un verdadero lobo para el horstel. Y es aquí donde los
horstels se verán obligados a confesar a Jack la historia secreta del
planeta…
Pero claro, los propagadores de dicho movimiento no se verán satisfechos
con solo erradicar a los horstels y buscarán expandirse como poder
político dominante por todo Dare al considerar las instituciones humanas
como peso muerto para el progreso, tanto como la sociedad de sus
enemigos. Claro está que el hecho que ciertos inesperados visitantes de
las estrellas lleguen cual Deus Ex Maquina a Dare, le dará un vuelco a
su situación cuando la victoria de los locales parecía completa, pero
ahí hay más de lo que parece, y yo no arriesgaré mi pellejo contándoles
a los lectores sobre la verdadera naturaleza de los recién llegados.
Farmer es un genio y nos lo muestra por creaciones tales como las
viviendas cadmo de los horstels, auténticas fortalezas orgánicas que
crecen y forman un intrincado y complejo sistema habitacional con todos
los servicios garantizados; o la historia secreta del planeta Dare y lo
que realmente paso con los Arra. O bien la razón por la que el hierro es
tan escaso en este mundo; o la compleja y hasta tortuosa sociedad
alternativa, llena de anacronismos y prejuicios, que los raptados de la
Tierra han formado conforme a sus características (digamos que este es
un Mundo del Río en pequeña escala). Sobre como la Era de la Ilustración
puede llegar a este mundo, acompañada de una verdadera Era del Terror,
como ocurrió en nuestro mundo. Curioso, ¿verdad?
Pero sobre todo es una historia sobre mantener la frente en alto, de
nunca rendirse, de seguir viviendo hasta el último de tus días con
optimismo sin importar que tan mala parezca la situación. Como dice R’li
cerrando el libro: “Lo único fácil es renunciar”. Y ante una empresa tan
ambiciosa y descabellada como hacer una obra sobre el prejuicio
—recuerden que eran la década de los ’60 y la cuestión negra aún daba
mucho que hablar en los USA—, el autor no renuncia, de hecho denuncia la
estupidez y ambición del ser humano que busca conquistar y no aceptar,
que busca imponer más que relacionarse, y segregar en vez de tolerar. A
pesar de lo variopinta que es la sociedad humana en Dare, sin dejar a un
lado sus peculiares vecinos horstels, sigue siendo una sociedad puritana
y cucufata, que no ha aprendido a dar la otra mejilla como tantos de sus
religiosos proclaman, y que solo ha guardado los peores instintos del
ser humano y una ambición desmedida.
De hecho la sorpresita que se llevan los humanos de Dare al final del
libro (que este fiel reseñador no develará) les pondrá los puntos sobre
las ies, y los forzará a replantearse su paradigma del mundo donde
viven, a pensar en todo lo que han hecho y lo que pudieron seguir
haciendo, y en definitiva como a veces lo mejor es ceder y aceptar el
cambio de manera pacífica porque el cambio siempre llega; puedes
retenerlo durante milenios con un Gran Muro o una Línea de Adriano, pero
cuando llegue el día el cambio se impondrá de manera sorpresiva, sin
misericordia, sin ceder un solo ápice de terreno, sin dejar títere con
cabeza, la gente mirará a su alrededor y preguntará: “¿Cómo dejamos que
pasara esto?”, y tendrán que buscar a sus librepensadores y poetas para
que les den una respuesta. Después de todo ante tanta modernidad a veces
uno se hace viejo mientras sigue siendo joven.
De hecho uno desearía que la sociedad horstel saliera triunfante en esta
novela, que se encontrara alguna salida al conflicto, pero eso sería una
solución fácil y barata, Farmer no se mosquea y apunta a la yugular,
muestra los defectos del animal humano, y desde un punto de vista
realista (algo que no ves en una novela de CF muy a menudo) acepta y
muestra que hasta que no hayamos conquistado el espacio interior, no
seremos dignos de conquistar el espacio exterior. Y todo eso sin salir
en un viaje con drogas al estilo de Dick o Aldiss. Farmer es Farmer, y
desde un punto de vista realista dentro de lo fantástico nos muestra ese
otro mundo plausible que tanto nos esforzamos por encontrar y que
autores como él investigan por nosotros y nos traen resultados realmente
deliciosos como esta novelita. Léanla, no es muy larga pero dará que
hablar entre los lectores que la hayan degustado.
© Daniel Mejía; 2009.
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