Les presentamos una
entrevista realizada a Philip José Farmer en 1,999. por Terry Bibo y
publicado en el Journal Star
una revista en formato electrónico de Peoria, lugar donde Farmer
paso la mayor parte de su vida, aquí él cuenta una serie de
anécdotas sobre su vida y su trabajo de escritor.
Terry Bibo: Solo con el propósito de dejar nota, esta es nuestra
entrevista con Philip José FarmerR, el10 de noviembre de 1998, en su
futura residencia de Mount Hawley Road. Ha sido lo suficientemente
amable como para dejarnos venir y darnos un tiempito para esto mientras
empaca sus cosas. Por ello, le estamos agradecidos.
Farmer:
De nada. Pienso. Al menos hasta ahora.
Terry Bibo:
De hecho va a
empeorar a partir de aquí. Empecemos por el principio…Lo que he
descubierto y encontré peculiar es que su sitio web dice que nació en
Peoria, pero…
Farmer:
Ese es un grave error.
.
Terry Bibo:
Bueno, bueno ¿Dónde nació realmente?
Farmer:
North Terre Haute, en Indiana, sobre la ribera del Wabash, justo en
medio de la peor tormenta de 1918, el 26 de enero. Mi padre siempre dijo
que tuvo que abrirse paso a través de la nieve hasta la altura de su
pecho para poder llegar donde un médico, pero hay que tener en cuenta
que él era un hombre bajito, así que creo que la nieve era solo de un
metro de profundidad.
Terry Bibo:
¿Por cuánto tiempo vivió en Terre Haute?
Farmer:
Dos años, y de ahí nos mudamos Indianápolis a un edificio de
apartamentos. Después de un año nos trasladamos nuevamente, esta vez
hacia Greenwood, Indiana, lo cual esta justo al sur de Indianápolis y de
ahí a México…México, Missouri, donde mi padre que era ingeniero civil
llegó a construir una planta eléctrica. Después de hacer eso tubo que
elegir entre dos trabajos en Peoria o Kansas City. Y finalmente eligió
Peoria. De otro modo, por supuesto, mi vida habría sido completamente
diferente.
Terry Bibo:
Creo que tenía cinco años cuando llegó aquí.
Farmer:
De hecho eran cuatro. Eso fue en 1922…Vivíamos en lo que se llamaba
Calle Nueva abajo en el lado sur de la ciudad. Donde teníamos una casa
pequeña con retrete afuera. Prácticamente todos lo tenían afuera en ese
tiempo, en esa localidad. Cuando fui la escuela, fui a Webster, que ya
no está en funcionamiento, por cierto. Y ahora que lo recuerdo, desde
hace algunos años, esa calle en especial se volvió parte de un proyecto
de viviendas, pero no me acuerdo cual en específico.
Terry Bibo:
¿Cuál es su recuerdo más temprano?
Farmer:
Bueno, no me van a creer pero me acuerdo de cuando me hicieron mi primer
corte de pelo, al año y medio de nacer.
Terry Bibo:
¿Acaso lo hirieron de en alguna forma particular sin querer?
Farmer:
No. De hecho no se porque me acuerdo de ello, pero lo hago, y
detalladamente; se lo comenté a mi madre, mi padre y mi tío años después
y todos concordaban en que estaba en lo correcto. Dije que era un local
humilde, administrado por un barbero en los andenes del tren…Por
supuesto hay muchos puntos en blanco al respecto. Después de todo no
tengo una memoria fotográfica, y de hecho ahora que he llegado a los
ochenta años no me acuerdo de nada en lo absoluto.
Terry Bibo:
¿Se acuerda de alguien en particular?
Farmer:
Bueno, me acuerdo de algunos de mis maestros de primaria. Eran geniales.
Desde luego no teníamos problemas de disciplina como los de hoy. Estaba
la señorita Blanche Nixon, quien era una mujer muy pequeña y jorobada,
una maravillosa maestra a quien todos querían, y había otros maestros…
Cuando estaba en el octavo grado, tuve un maestro de ciencias quien
afirmaba que los cohetes no podían operar en el espacio exterior porque
no tenían aire que empujar con su propulsión…
Le plante frente y le corregí. Debí saber en lo que me metía. Traté de
argumentar con él, le dije que no necesitaban aire. Aún a esa edad tenía
una cierta idea sobre como trabajaban las Leyes Newtonianas de Acción y
Reacción. Y el me dijo que me callara y sentara en mi sitio así como
así. Cuando el Sputnik llegó al espacio, quise llamarle para recordarle
esa discusión, pero para ese entonces yo vivía en otra ciudad. De todas
formas pensé: “Bueno, ya se enteró”.
Terry Bibo:
Así que, cuando estudiaba en la Secundaria de Peoria, ¿cuáles eran sus
metas?
Farmer:
Supe que quería ser un escritor desde que estaba en el cuatro grado.
Tenía ideas vagas de ser un periodista o profesor…como un principiante,
me mandaron al periódico de la escuela. Decidí que no era lo
suficientemente agresivo. De modo que pensé que sería un profesor. Años
después, tras escuchar a los aprendices de profesores de escuela y a los
mismos maestros, me di cuenta que esa era una vida de perros y desde
luego que no quería eso para mi.
Terry Bibo:
Hablemos de la Biblioteca McClure…
Farmer:
…Estaba directamente cruzando desde donde el Teatro Beverly solía estar,
pero claro está el Beverly ya no existía para ese entonces. Solía estar
al lado o era parte de la Farmacia de Smith.
Tenía secciones para niños y para adultos. Y tenía libros maravillosos,
simplemente maravillosos. En ese tiempo era un lector ávido, y ahí es
donde comencé a ampliar mis gustos de lectura. Tenían bastante
ciencia-ficción. Tenían bastante de aventura juvenil. Tenían bastante de
libros para niñas. Tenían libros de historia, tenían magazines. American
Boy, si no me equivoco, Youth’s Companion, cosas como esas.
Y cuando pude acceder a la sección de adultos, me sentí como un
chimpancé. Literalmente porque descubrí los libros de Tarzán.
Terry Bibo:
¿No fue por un tiempo mascota de los Bravos?
Farmer:
Oh, ¿está hablando de Fred Waring Y sus Pennsylvanians, la banda? Bueno,
si, en ese tiempo el estaba escribiendo canciones para la secundaria, ya
sabe, las que los colegas luego adoptarían como sus canciones oficiales.
Así que escribió “Bravo, Bravos de Bradley”. Y algunos de los
estudiantes y maestros hicieron un trato donde me enviaban a mí con un
bono de Guerra (en Nueva York), porque en ese tiempo creía que tenía un
dieciseisavo de sangre Cherokee…
Le presenté el bono de guerra a Fred Waring y un montón de cosas que no
recuerdo pasaron; básicamente tontería y media. Entonces volví por avión
y abrí una suscripción al periódico de los Bradleys. Eso fue más bien
divertido.
Terry Bibo:
Le iba a pedir que nos contara la historia de como cortejó a Bette en el
local de los Bradley.
Farmer:
La tenían como su cantante en un número que habían puesto en escena ahí.
La vi y me enamoré a primera vista, pero no hice nada para cortejarla.
Ahora bien, aparentemente ella vio lo que había disponible y eligió a
tres o cuatro personas esa vez, según lo escuche de un amigo. Así que un
buen día fui a Bradley Hall.
Ahora bien no se si entiendan bien la situación, pero cuando subías allá
arriba, habían escaleraas a la derecha y a la izquierda y ambas daban
directo al sótano. Donde ella tenía un armario cerca suyo. Fui abajo y
le hable pero no me prestó atención (de hecho nadie nos había
presentado).
Así pues, bajo las escaleras hasta el fondo. Deben de haber sido, oh, no
se como veinte escalones o más. Las recorro de un salto. Algo muy
atlético. Y aún así eso no la impresiona, al menos no en apariencia.
Por lo tanto vuelvo arriba y hago mi número otra vez. Golpetazo y
golpetazo …a ese paso pude haberme convertido en un extra de películas
de acción, al menos con las escaleras. No puedo acordarme si ella me
habló a mi o si esperó una tercera vez a preocuparse por que me matase
haciendo eso. Así que me presenté y de ahí en adelante…(mueve sus
manos).
Terry Bibo:
¿Cómo lo influenció Peoria? ¿Qué se llevó consigo y que aportó a cambio?
Farmer:
…En 1959, escribí una novela de cual solo los coleccionistas
profesionales saben algo, que se ambientaba en una Peoria disimulada y
una aún más disimulada planta de acero.
El tema eran las relaciones entre blancos y negros, principalmente, en
la planta de acero y alrededor de Peoria. Y además como afectaban al
narrador, cuyo apellido era Alliger, quien justo había vuelto de la
guerra. El era el equivalente de lo que ahora podríamos llamar los
Marines. Hice un gran paralelo entre la atmósfera intelectual, racial y
moral de Peoria y las profundidades del mar en esa época.
Era una obra adelantada a su época, tenía personajes blancos y negros,
lo cual era ya en si un cambio. Y también tenía que ver con el otro lado
de la religión, que es el sexo.
Pensé que sería un best-seller y que atraería mucha atención, pero todas
las grandes casas editoriales la rechazaron. Y pienso que fue por el
tema, el cual estaba demasiado adelantado a su época. Eventualmente fue
publicado en rustica, publicado por una —créanlo o no— oscura compañía
farmacéutica…(Keystone) con la cual fue más bien un problema el trabajar
para ella. Debí estar loco para trabajar ahí hace 11 años.
Terry Bibo:
¿Usted vio un OVNI mientras trabajaba en Keystone?
Farmer:
Era de noche. Trabajé ahí muchas noches, estaba en la puerta principal
de la laminadora principal, la cual encaraba al norte.
Viendo hacia Peoria, terminé observando una bola azul redonda —claro que
si solo yo la hubiese visto hubiera sido un error o una ilusión— y de
repente parpadeó.
Ahora bien, no era, como dijeron después un globo metereologico. Porque
los globos climatológicos siempre van con el viento, no en contra. No
van arriba u abajo puesto que nadie los controla. O bien se van
disparados hacia el sur cuando van para el este.
Y el día siguiente tenemos un artículo o dos en el… déjenme ver, en ese
tiempo no teníamos el Journal Star.
Teníamos el Journal y el Star, si no me equivoco. Y varias personas
reportaron ese avistamiento. Nunca fue explicado satisfactoriamente.
Volviendo al principio, siendo un aficionado a la ciencia-ficción no
creo que los ovnis sean platillos voladores o estén tripulados por gente
del espacio exterior. Se han dado suficientes casos de OVNIs sin
explicar para convencerme a mi y a muchas otras personas que es alguna
clase de fenómeno del que nada sabemos, que aparece de vez en cuando.
Eso es todo lo que diré.
Terry Bibo:
¿Como un sencillo habitante de Peoria se convirtió en el hombre que
introdujo el sexo a la ciencia-ficción?
Farmer:
Bueno, por supuesto, cuando era joven ni se me ocurrió eso. Pero a
medida que maduraba… leía muchas otras cosas además de ciencia-ficción,
mainstream por ejemplo. Pensé que la ciencia ficción que supuestamente
debía ser sobre todo en el mundo, era considerablemente restrictiva y
renuente a tratar en lo absoluto el sexo.
Los editores estaban asustados, y probablemente por buenas razones,
porque a la mayoría de sus lectores no les habría gustado. Así que
pensé: “Bueno, escribiré este libro que esta lleno de biología y
reproducción alienígena; ¡una teoría realmente complicada!”. La historia
no podría haber existido sin eso. Hoy en día parece extremadamente
inofensivo e inocuo, pero era la primera vez que cualquier revista de
ciencia-ficción, o quizás que cualquier revista normal de los Estados
Unidos, se atrevía a usar la palabra ‘orgasmo’.
Bueno, de acuerdo, la llamé “Los Amantes”. Era sobre una tragedia que
les pasaba a dos amantes. La escribí como una novela corta. La envié a
Astounding Stories, el cual era en esa época la revista que mejor pagaba
y que tenía el mayor prestigio. El editor, John Campbell, la rechazó
junto con el comentario que le hizo querer vomitar. Así pues la envíe al
siguiente mejor prospecto, Galaxy, que tenía de hecho una reputación por
imprimir historias con un matiz más literario, y obtuve la misma
reacción del editor. Lo enfermó.
Entonces la envié a un magazín del cual no había leído nada, Startling
Stories…Y se volvió una sensación a la noche siguiente con diferentes
reacciones. Algunas decían: “¡genial!”. Otras decían: “usted está
enfermo”. Es divertido cuando lo ves en retrospectiva.
Terry Bibo:
Usted usa muchos personajes en sus historias, algunos reales otros
ficticios ¿Alguno de ellos es o son Peorianos?
Farmer:
Si, de hecho algunos lo son. Aunque para ser sincero donde he usado más
personajes de Peoria ha sido en mi primera novela de misterio. No más de
lo que los he usado en otros libros, pero admito que he empleado la
ciudad como personaje y a ciertos Peorianos, o he combinado a gente de
Peoria para crear personajes.
Terry Bibo:
¿Qué hay de Kilgore Trout?¿Quién causó tal controversia?
Farmer:
Hubo un tiempo donde pude haber mencionado ese nombre y a su creador,
Kurt Vonnegut, y no tendría que haber explicado quienes eran o cual era
el lío al respecto. Pero las generaciones jóvenes, en su mayoría no
saben de quien estoy hablando, y por supuesto las generaciones
anteriores que no se enteraron al respecto quizás necesiten una
explicación.
Kurt Vonnegut es un autor bien conocido, un maestro en el arte de
escribir lo que la mayoría de nosotros llamamos ciencia-ficción, pero a
pesar de eso se niega a admitir que sea ciencia-ficción lo que escribe.
Tenía un personaje favorito que se volvió mío como lector; se llamaba
Kilgore Trout, y era un escritor de ciencia ficción triste y
decepcionado de la vida…
Nosotros vivíamos en una especie de pequeño ghetto allá entre las
décadas de los años 30 y 50. Éramos estafados por editoriales y agentes
justo como Kilgore Trout. En resumen, todos nos identificábamos con él…
Así pues me puse en contacto con Dell, la cual estaba imprimiendo
algunos de los libros de Vonnegut y le dije al editor —que resultó ser
un editor de ciencia-ficción— que tal si un verdadero libro de Trout
saliera al mercado, que tuviese una foto del autor en la portada
trasera, las mismas citas que había mencionado Vonnegut en sus libros, y
hasta una bibliografía y biografía de Trout que de hecho escribí, y
pensó que era una buena idea. Así que me dio el número telefónico de
Vonnegut, lo llamé puesto que no había respondido a las cartas que le
había enviado, pero no es que estuviésemos en malas relaciones, puesto
que literalmente lo había inundado con demasiadas cartas para el gusto
de alguien. Lo llamé y hablé con él, terminando por decirle que Trout
era mi autor ficticio favorito y me identificaba con él; de hecho me
dijo: ‘Bueno, también es mi favorito”.
Así pues me senté a escribir y en seis semanas —lo cual es escribir
realmente rápido— terminé esa novela, mientras me mataba de la risa
durante todo el proceso. Además escribí la bibliografía basada en los
títulos que Vonnegut citaba en varios libros, por no hablar de la falsa
biografía. Hasta tuve una foto de mí, el supuesto “autor”, con una barba
falsa formada con dos pelucas que corté y pegué. Me tomaron una serie de
fotografías en varias condiciones, mayormente en el sótano mostrándome
como un conserje, que de hecho era uno de los trabajos que Trout tuvo….
Bueno, de ahí se generó un montón de plática y especulaciones en varias
publicaciones sobre quien era realmente Trout. Digo, quien “era” el
verdadero Trout y quien era el autor de esa novela...
Nadie lo adivinó. Y entonces me invitan para ser uno de los invitados en
el evento de “The Five Nights Down a Rabbit Hole”, auspiciada por
Harlan Ellison en la UCLA.
El día que yo debía ir allá y ser el conferencista de esa noche, sale el
documento de la UCLA con un artículo probando, de una vez y por todas,
que Vonnegut escribió “Venus en la Concha”. Así pues, con mucho
gusto me planté ante los demás y les dije que no, no fue Vonnegut. Fui
yo.
Mientras tanto, Vonnegut recibía muchas cartas, tanto a favor como en
contra, sobre “Venus en la Concha”, acusándolo de escribirlo.
Algunos decían, y esos eran la minoría, que era lo peor que había hecho.
Pero muchos de ellos decían en cambio, que era lo mejor que alguna vez
hubiese hecho. Y esa clase de comentario le chocó. Pobre hombre. No le
gustaba escribir cartas y he aquí que tenía que escribirlas para
defenderse por todas partes…
Ahora bien, de acuerdo a los aficionados con los que me he encontrado en
las convenciones, él pretende que ni siquiera se acuerda de quien soy
yo. Pero lo sabe. Esa novela era un tributo a Vonnegut, cuyas obras
llegué a admirar enormemente en esos días. Me lastima el haberlo
molestado y que en cierto sentido él me rechace.
Terry Bibo:
Ese no fue el único trato que hizo, ¿que no había una secuela a “Viaje
Fantástico”?
Farmer:
Oh si, bueno esa es otra joyita. Caray, eso si que fue traumático es
decir, lo que paso con “Venus en la Concha” me llegó a lastimar
por un tiempo, pero no fue nada permanente, pero “Viaje Fantástico"
casi destruyo mi carrera…
Ellos se acobardaron. Todo el trato colapsó. Doubleday eventualmente
envió mi manuscrito a Isaac Asimov, solo porque él escribió el guión
para la primera película… Nunca llegaron a filmarla, de modo que tengo
dos versiones del libro en mi poder que nunca serán publicadas a pesar
de que Doubleday posee los derechos para hacerlo… Pero, pase tanto
tiempo escribiéndolo, que terminé en una mala situación financiera
debido a que no hacía nada más para nadie en el mercado laboral.
Terry Bibo:
Deberíamos quizás hablar sobre su trabajo acerca de la protección del
medio ambiente y la constante depredación del mismo.
Farmer:
Noté eso especialmente en L.A. y cuando volví aquí en la década de los
70. Pero desde ese entonces hasta ahora, hemos vuelto a L.A. varias
veces…y he visto la zona irse abajo hasta tocar fondo muy a mi pesar.
Desearía que hubiese podido vivir aquí, de todas formas aunque fuese en
la década de los 30 cuando no había smog y había amplio espacio para
establecerse entre los pueblecitos de la zona de entonces, que ahora
está abarrotada.
Así pues, me volví una persona consciente de la polución y la
sobrepoblación. Hasta he hecho un par de conferencias al respecto,
incluida una en una iglesia, y he escrito algunas cosas también.
Desgraciadamente pienso que la mayoría jamás se dará cuenta del problema
que tenemos entre manos…
Terry Bibo:
Si tuviera veinte años de edad en Peoria justo ahora, ¿qué haría?
Farmer:
Me dirigiría a California.
Terry Bibo:
¿No permanecería aquí?
Farmer:
No, porque habiendo vivido en California, me doy cuenta en retrospectiva
entre las décadas del 30 y el 40, antes que la guerra empezara, que
habría amado vivir ahí en esos lugares que eran relativamente cercanos a
Hollywood. Tengo en mente todos esos incontables bosquecillos de
naranjos, la distancia entre los pueblecitos y el aire limpio.
Terry Bibo:
Digo, si tuviese veinte años hoy día.
Farmer:
Bueno, sabrá que esa no es una pregunta que yo pueda contestar, porque
si tuviese esa edad hoy en día, terminaría siendo una persona totalmente
diferente. De hecho quizás me llegaría a gustar el rock ‘n’ roll. Quizás
90 % de nuestra personalidad esta determinada por los genes o quizás el
50%. Aún así el ambiente es un factor importante a la hora de considerar
esto. Le daría un 50/50 a cada uno, ni uno ni lo otro. “Cambia el
ambiente y vas a tener una sociedad perfecta”…que tontería.
Terry Bibo:
¿Qué es lo que destaca en Peoria en este momento? ¿Qué hace a este lugar
único?
Farmer:
Sabe, he tratado de descubrir que es lo que hace a un peoriano diferente
de los demás, sobre todo a la hora de escribir mi novela de misterio. De
hecho, tenía a un personaje que trataba de deducir que era exactamente
lo que hacía a un peoriano.
He visto demasiadas ciudades y básicamente todas son lo mismo. La
diferencia es que si uno ha sido criado y vivido en Peoria por un largo
tiempo, el ambiente obviamente influirá.
No se como definirlo, a pesar de que soy un escritor. Se supone que soy
capaz de definirlo todo. Bueno, resulta que no puedo hacer eso. Quizás
es porque soy demasiado cercano a la ciudad. Es como cualquier otra
ciudad en la que he vivido. La gente de aquí tiene ciertos estratos, un
conservadurismo básico, una forma de ser reaccionaria, son una clase
particular de seguidores literales de la Biblia. Yo soy algo así como el
Apocalipsis para ellos. Por la simple razón que ese tipo de doctrina no
puede sostenerse ante la ciencia…
Noté eso ya cuando era joven; estaba leyendo esos pasajes que se supone
justifican la esclavitud donde ni uno solo de los descendientes de Cam
eran negros. Supongo que ni siquiera notaron de donde venía esa gente…
Pero la mayoría de personas con las que entré en contacto en Nueva York
son básicamente como los peorianos, conservadores por naturaleza.
Insisto, depende de la atmósfera local y de la presión por lo general.
Terry Bibo:
Aquí en Peoria no era tan conocido.
Farmer:
No, no al menos hasta los últimos cinco años ahora que pienso en
ello…tengo un tataranieto que solo tiene diez años, el cual está muy
interesado en mí, de modo que proclama mi fama a cada minuto. A veces
deseo que no lo haga porque es vergonzoso que todo este tiempo nunca
hayan oído de mi.
Terry Bibo:
Esta es una era, tecnológicamente hablando, algo diferente para un
escritor. Con respecto a su proceso creativo…¿lo hace aún al viejo
estilo, a mano como lo hacía antes?
Farmer:
Oh no. Solía hacerlo, solía corregirlo a mano. Pero entonces conseguí
una IBM Selectric, una máquina de escribir electrónica, pero la cambié
finalmente por una IBM PC25, la cual era una tecnología obsoleta el día
que la compré, digamos hace quince años. Solía usarla para escribir.
Tiene otros usos, pero, ¿para que demonios los quiero?
Nunca aprendí a tipear. Lo hago con dos dedos, a veces con cuatro. Y
definitivamente si fuera más joven, tomaría un curso sobre computadoras
y tipeo. Pienso que quizás después del año 2000 me ponga en línea, si no
estoy muy ocupado escribiendo.
Terry Bibo:
¿Qué haría si se le acabaran las ideas?
Farmer:
Para concluir, me gustaría decir, que a pesar de mi vasto interés en
otros universos y nuevas ideas para el viaje espacial y temporal, y con
respecto al segundo por cierto lo considero por desgracia imposible, lo
básico es la personalidad humana, lo cual es el tema de la mayoría de
escritores.
Este mundo aquí (y apunta la sien con un dedo) a donde vas por las
ideas, es tan fascinante y quizás más de lo que creemos. El mundo dentro
de tu cráneo y el de los demás es mucho más fascinante que el de afuera
porque, por todo lo que se, es absolutamente impredecible…
Y aunque hablan en estos días de la muerte del libro, dudo que alguna
vez desaparezca, por completo, en su vieja forma. Hay un cierto placer
al agarrar y leer un libro, no tener que estar aferrado por ejemplo a
una mini-computadora. Y hasta hay un hermoso olor en ciertos libros,
especialmente en los viejos…
Por otra parte, la imaginación, en mi opinión, es como un músculo.
Descubrí que mientras más escribo, mi imaginación sigue creciendo…
Siempre les digo a los escritores jóvenes —después que trato de
quitarles el amor al oficio de escribir para vivir— que lean todo lo que
puedan sobre cualquier tema. Aún si solo están perdiendo el tiempo y
solo pueden leer el sticker de una lata de frijoles, pueden usar mucho
eso algún día o tener una epifanía.
Y eso es todo con respecto a mis así llamadas perlas de sabiduría,
excepto por algo. He notado que hacerte viejo no te hace más sabio,
porque mucha gente que conozco es tan sabia como lo era recién a los
veinte años, como lo es ahora a los ochenta. Las personas se hacen más
cínicas pero eso es normal. Aún así saldrán con una sorpresa entre
manos; lo hacían en ese entonces, lo harán ahora. No solo los personajes
humanos sino también los eventos.
Y estoy hablado sobre cosas que me han pasado, que me han puesto a
reflexionar sobre todas las posibles variantes de una situación
particular, que nunca se me habrían ocurrido en primer lugar. Por
ejemplo, dejé un cheque en la ventanilla en el Banco Sheridan y
desapareció en el lapso que le toma al cajero agarrarlo. Sin explicación
alguna. Así pues tengo que ir a casa y hacer otro cheque, volver ahí y
me dicen que encargaron a alguien para buscarlo y hasta ahora no lo
encuentran.
Ahora ¿cómo podría decírselo?...Si usara eso en una historia, ¿alguien
lo creería? Pero pasó de todas formas.
Hay muchos eventos extraños. El mundo puede parecer deprimente, tonto y
aburrido pero aun así hay una plenitud de cosas, maravillosas o
terribles, que esperan pasar, cosas que uno no podría concebir.
©
Journal Star
Entrevista
por: Terry Bibo; 10-01-99
Traducción para Velero 25: Daniel Mejía
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