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Supongo que para los dueños de Roca
Editorial, el título original de la novela, Corrupting Dr. Nice,
no sonaba lo suficientemente marketero en español (su traducción más
obvia sería Corrompiendo al Dr. Lindo, o la palabra que más
acomode regionalmente para nice). Comparto la improbable opinión: el
título en español, definitivamente, suena más... nice que el original.
Sin embargo, puede llevar al lector a más de un equivoco: no es solo una
historia de amor, ni transcurre solamente en tiempo de los dinosaurios,
aunque estos no dejan de aparecer en la historia.
El doctor Nice del título es en realidad Owen Beresford Vannice,
heredero de la quinta mayor fortuna de los Estados Unidos, que ha
consagrado su vida a la paleontología. Tanto así, que sus relaciones
sociales tienden a ser desastrosas. Se pone colorado a la menor
insinuación o coqueteo femenino, a los cuales está expuesto de manera
casi continua, tanto por su atractivo físico como por su fabulosa
fortuna familiar. En el curso de sus investigaciones, extraerá un
ejemplar de dinosaurio hembra del periodo cretácico, para llevarlo a su
propio tiempo, con lo que dará origen a una jocosa (y algo ingenua)
historia de amor, cuando por accidente se encuentre con la bella y
peligrosa Genevieve Faison, alias Jean Harrington, alias Eve Sedgwick,
alias Gabrielle Tourtereau, quien junto con su padre se ganan la vida
con el juego, estafas a largo y corto plazo, fraude, robo... No puede
haber pareja más dispareja, el nerd millonario y la astuta estafadora.
Aunque ni falta le hace a Genevieve desplegar sus habilidades para
tratar con Vannice y metérselo al bolsillo, el pobre es tan bobo que es
capaz incluso de creer que una misma persona que se le presenta en
distintos momentos de su vida pero con diferentes nombres son dos
distintas... ¡aunque se vean idénticas! Y eso que cuenta con la ayuda (y
los extraños comentarios) de una servicial Inteligencia Artificial
portátil, de nombre Bill, que ocasionalmente puede tomar posesión de su
cuerpo y convertirlo en un peligroso karateca.
Todo esto en el marco de una sociedad tan contradictoria como
fascinante: los viajes en el tiempo son posibles y, por lo visto,
baratos. Los humanos del avanzado futuro pueden pasar temporadas en
cualquier tiempo y lugar, interactuando con los "históricos" (los seres
humanos que habitan cada momento de la realidad creada por la intrusión
de los visitantes del futuro) o limitándose a observar los
acontecimientos de su interés (la crucifixión de Cristo, el asesinato de
Julio César, la captura de Atahualpa por parte de Francisco Pizarro...
). Todo ello sin riesgo alguno de alterar la historia, pues según la
teoría que sustenta esta modalidad de viaje temporal (deudora de Mozart
con gafas de espejo, relato incluido en la famosa antología cyberpunk
Mirrorshades), cada momento genera su propia continuidad, de manera
que estas pueden coexistir casi ad infinitum (por cada segundo hay 137
realidades posibles), sin cruzarse unas con otras. Incluso se dan casos
de "históricos" que han decidido irse a vivir al futuro, aunque la fama,
fortuna o avances modernos no siempre puedan acallar la nostalgia por la
propia vida "de antes". Los viajes a tiempos pasados (no se tiene
noticia de viajes al futuro) son necesarios además debido al agotamiento
de recursos naturales. Nada más fácil —ojo con la crítica al consumismo—
que dilapidar a lo loco, si se puede ir al pasado y exprimirlo. Como se
dijo al principio, no es solo una novela sobre amor y dinosaurios.
Además, la presencia de los "futurianos" en los distintos tiempos no
siempre es bienvenida por los habitantes de dichas realidades
alternativas. En la Jerusalén del siglo I D.C., un "histórico", uno de
los personajes secundarios de la historia que en realidad no es tan
secundario, tratará de alterar las cosas y acabar con la presencia de
los "futurianos" en su tiempo. Tras organizar una fallida revuelta, en
la que se verán involucrados el doctor Vannice y Genevieve, se producirá
una situación que llevará a los habitantes del futuro a cuestionar los
propios viajes en el tiempo, su verdadera utilidad y los efectos que
estos puedan tener en las realidades alternativas. Ha de tenerse en
cuenta que, de suspenderse los viajes en el tiempo, se darían por
concluidas las investigaciones del millonario paleontólogo y el
lucrativo negocio de su damisela y su señor padre.
Todo esto será decidido en el proceso judicial que será instaurado al
"histórico" rebelde, proceso que cuenta con todos los elementos
conocidos por los abogados (un juez, acusado, abogados defensores,
jurado), pero alterados de una manera que sólo puede ser descrita como
hilarante. Y no digamos nada del testigo principal.
Abundan los homenajes y guiños a comedias clásicas norteamericanas,
demostrándose también que para una buena historia de ciencia ficción no
necesariamente hacen falta decorados hipertecnificados sino buenos
argumentos e imaginación.
© Daniel Salvo; 29-07-08.
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