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Es probable que nuestro comentario levante
roncha a l@s lectores entusiastas del canadiense, pero también sabemos que
una hueste numerosa de disgustad@s crític@s comulgaran con lo proferido. Con
frecuencia Sawyer presenta una situación jugosa,
realmente estimulante, como la bisexualidad de los homo neanderthaliensis
pero en lugar de explorar sus múltiples ramificaciones, una vez presentada
la idea se ocupa sistemáticamente de obturar sus posibilidades revistiéndola
de una malla de convencionalismos y fruslerías que la ahoga, es como si
dijera: “ya está la ruptura que maravilla, ahora ocupémonos en coserla y
limarle las aristas para tornarla digerible para todos los estómagos” (lo
cual es una técnica bestsellera), y así convertida en bocado predigerido
para conformistas adormece las mentes que acaba de fustigar. Los lectores
tras ser sacudidos por el escándalo (que le otorga envergadura y deja las
suficientes huellas para que se perciba la intención, pero cubierta de una
patina de profundidad crítica) son reconciliados con su mundillo ideológico
retrógrado sugiriendo que después de todo somos muy parecidos, los homo
neanderthaliensis han actuado con nuestros prejuicios, no son muy distintos
y podemos aceptarlos.
Para realizar tal obra de birlibirloque se requiere una gran inteligencia
(que no se la escatimamos) y un olfato comercial apreciable para elegir la
temática y presentarla de manera atractiva. Ese es el mérito principal de
Sawyer: darnos gato por liebre y encima
obligarnos a decir: “no interesa la calidad de la carne, sino el sabor de la
salsa con que la presentas”, que es casi lo mismo desde el ángulo del
consumidor a: “no importa que me engañes, con tal que me entretengas” y ante
lo farragoso o lo dilatado que pueden ser otras obras del género es de
agradecer, pero eso no lo coloca en el pedestal de los elegidos, de los
maestros, como pretenden algunos aduciendo a su claridad didáctica. Basta
comparar la impactante dureza de “Remolcando a Jehová” con la
blandura acomodaticia de “El Cálculo de Dios” para sentir diferencias
esenciales en obras que abordan temas similares. Escribe para complacer a
una gama amplia de posibles votantes y compradores, como político o
competidor para los premios de CF.
Veamos: como divulgador de la ciencia ofrece las diferentes versiones de un
concepto, proceso o acontecimiento (que pueden ser contradictorias o
divergir en algunos aspectos pero coincidir en otros), pero de manera sutil,
nunca tosca es necesario recalcarlo, agrega una opinión basada en algún
dato, interpretación o argumentación que suele orientar al lector hacia la
posición siempre más conservadora, aquella que sostiene el status quo del
paradigma científico newtoniano-cartesiano, su jugada le permite así
presentar los diferentes argumentos para asegurar la aprobación de las
personas flexibles, y al introducir la corrección orientadora también la de
los preservadores y hasta de los rígidos. Estudiante aprovechado del
marketing (no estamos en contra de ganar dinerillo escribiendo, pero
recordando que es un arte), se mantiene en permanente búsqueda de ampliar el
impacto de su literatura; no cabe duda del esfuerzo efectuado, lástima que
sea para reforzar el sistema de poder vigente en el mundo científico y
editorial. Eso no es cuestionable de por si, ya que cualquiera puede
adherirse a alguna de las corrientes vigentes o en disputa en la actualidad,
lo que enerva de Sawyer es que so capa de
objetividad y hasta de tolerancia, termina llevando agua para el molino del
bloque de poder, preferimos mil veces la claridad del maestro
Poul Anderson (carca digno, a
quien podemos querer, estimar, respetar, que no se oculta tras cortinas de
engaño ni finge ser lo que no es) o la militancia del sorprendente
China Mieville (rearticulador
de un cierto discurso social marxista que según much@s estaba extinguido),
que se presentan ricas, desembozadas y sin dobleces.
A pesar del bagaje tecnológico de ambas sociedades, sapiens y neanderthalis,
que divergen en aspectos sociales sustantivos, el enfoque científico en
ambas es absolutamente atómico. Lo que torna apetecibles muchas de las
disquisiciones es la desconexión que reina entre las elecciones tecnológicas
y sus, con frecuencia, terribles consecuencias, así casi todo queda igual en
ambos mundos para que pueden observarse los cambios motivados por una sola
diferencia, en el viejo estilo controlado de algunos maestros del pasado,
quizás por eso le adjudican lo de clásico y didáctico.
Una de las veces que hemos diferido en profundidad de las presentaciones de
Miquel Barceló ha sido en este caso. No comprendemos los cohetes que se
elevan y estallan protegiendo con un domo centelleante de laudatorios
comentarios sus con frecuencia insípidas novelas. Llaman a su trilogía CF
antropológica, Silverberg,
Farmer y
Vance exploraron con
frecuencia esa ruta, pero lo que allá aparecía como compromiso en
Sawyer es sólo finta y devaneo, un embozado
conservador, por eso nos molesta que lo comparen con
Asimov, porque Isaac era un
liberal honesto.
Su prosa cuajada de lugares comunes que permiten identificación con las
peripecias y proporcionan un andamiaje familiar a quien descifra sus
secciones, pero que los aplatanan y termina por diluir la sensación de
maravilla que debe fluir de una obra del género. Recurre a tonterías como la
del piso 13 para equiparar superstición y creencia en seres divinos, o a
disparates como afirmar que los Neandertales a pesar de su enorme despliegue
científico no tenían alfabeto pero si sistema decimal (¿cómo acumulaban
conocimientos para sus sucesivos despegues tecnológicos? nos preguntamos:
agrego una contradicción o error garrafal en la pág.147 de Híbridos:
“… pero recordó que los neandertales leían de derecha a izquierda, no de
izquierda a derecha”). Ambas ideas son típicas: atribuye prejuicios a
los personajes para someterlos e impedirles que crezcan, buscando
equilibrios sin tomar en consideración las dinámicas homeostáticas para
satisfacer el ego —que supone diminuto— del lector y empatizar con él. No
puede evitar caer en la tentación de dorarnos la píldora con su versión del
Gran Hermano en el cap.14 de Híbridos para acogerse al beneplácito de
quienes gustan de los reality shows.
Con frecuencia sus personajes son desagradables no por lo que hacen
(explicado por al autor), sino por las motivaciones reales que los impulsan
(hurtadas por el autor), verbigracia: diseña un científico muy avanzado en
lo técnico pero muy atrasado en lo ético, ya que mantiene separadas las
verdades de creencia de sus reglas de juego (tal y como nos dicen que debe
ser) obteniendo la incoherencia habitual de comportamiento (así casi siempre
resulta), pero cuando lo analizamos brota la hipocresía del planteamiento,
por ejemplo: siempre concurre un atractivo interlocutor pacato obsecuente
con las posiciones pasadistas de la iglesia católica, semejante a la actitud
de Orson Scott Card respecto
al Libro del Mormón. En el cap.19 de Híbridos llega a sugerir
que la religión forma parte de las mutaciones de los gliksins para excusar
la ausencia de fe en los barast, una terrible gafe porque nos niega de plano
a agnóstic@s, ate@s y budistas la capacidad de mutar, lo que nos convierte
en monstruos, en el 25 asume que tod@s transitamos por un estado de éxtasis
religioso, confundiéndolo con el misterio espiritual en que podemos
participar, al estilo del nirvana; tampoco nos embutimos el camelo de la
renunciación tras manipular los genes del “órgano de dios” subsiste
persistente la sensación de existir un excesivo interés en quedar bien
frente a las posiciones oficiales de la iglesia; si el enfoque asumiera que
a los científicos los devasta la pasión, la cual traza el derrotero de sus
investigaciones y hallazgos, aceptaríamos sus acciones, no importa cuales,
porque no habría gazmoñería oculta.
No obstante, el poder debatir sobre temas que seguirán actuales, que
continuarán vigentes en los próximos lustros, le obliga a que su arco
temporal sea exiguo al igual que el espacial, colocar las peripecias en
Canadá no lo torna nacional, Sawyer respira
sujeción a USA y sus corporaciones en cada descripción que acomete, como
paladar que traspasa las fronteras cuánticas pone de prototipo la repugnante
Coca Cola y las dañinas hamburguesas de McDonalds, o sea los barast
terminarán adorando la “comida basura”, globalizando el mal gusto y
presentando ese gusto por la mierda como lo deseable para ambos universos.
Uno desconfía y no puede menos que pensar y proyectar: ¿Cuánto habrá
recibido de la Kentucky Fried Chicken?.
Tales odiosas aproximaciones al capital y al poder convierten sus textos en
una mezcla que parece más thriller que CF embutido en un manual de
divulgación con sabor a telenovela venezolana. Modelo al canto: ¿qué
necesidad existía de que violaran a la doctora Mary? La del marketing, para
ubicarse frente a una lacra reprobándola y lograr la empatía del público.
Que intente manipularnos así, nos mantiene alejados del agrado al leerlo y
más bien nos arroja en brazos del disgusto. Entonces, ¿porqué aproximarse a
un manipulador que presenta seres incomprensibles y más allá de la redención
so capa de protagonistas cotidianos? Quizás porque se lee fácil y rápido, y
eso es ya un valor agregado apreciable. También por que debemos discutir con
aquellos que le revientan fuegos de artificio y señalar porque creemos que
más que literatura es una gran maniobra comercial que posee los suficiente
atributos para elegirlo en la canasta de compras y agrupar seguidores.
Juega para las graderías, a algun@s ofrece un bosquejo deslumbrante donde
acopla la ciencia más reciente (con los consiguientes errores: asigna a los
bonobos 95% de similitud en el ADN cuando las investigaciones más recientes
lo elevan a 99,2%) con las formas de comunicación habituales, a otr@s
proporciona la idea o el concepto reaccionario adecuado con las frases
precisas para sentirse interpelado y aceptado. Y eso lo metamorfosea ante
much@s, transitando de perito de la exposición múltiple de motivos (lo cual
no se discute, sobre todo crematísticos, hay tics irremediables que así lo
demuestran: en el cap.43 de Hibridos nos insiste en que la casa es de
Reuben Montago en 4 ocasiones) en autor inteligente capaz de multiplicidad y
por lo tanto idóneo para codearse con los mejores (aunque tal categoría sea
mera facha). Habrá hasta quienes le atribuyan profundidad filosófica al
abordar concepciones elevadas como muerte, religión y género, pero borrado
el ruido de los diálogos queda desnuda la opción pervertida de la
obediencia. Tras una leve elevación de lo rebelde culmina estrellándolo y
castigándolo para rubricar mejor su opción ideológica. O lo trata en forma
blanda y complaciente buscando réditos, como la relación lésbica entre Mary
y Bandra.
Respetamos a much@s carcas como
Vance, porque nunca nos trata de envolver y engañar, por eso con
frecuencia en nuestro fuero interno clasificamos a
Sawyer como un vendedor y no como un escritor. Sin embargo, de inmediato
retrocedemos y no dudamos, argumentamos que sólo un excelente escritor es
capaz de suscitarnos tanta indignación y en simultánea mantenernos
estimulados para continuar la lectura aunque discrepemos, entonces de nuevo
recordamos las técnicas y mecanismos bestselleros y recordamos que Tom
Clancy es similar a Sawyer y volvemos a
reducirlo a mercachifle. Veamos, su propósito es hacernos tragar sapos
acaramelados de carne retrógrada, pero en divergencia con quienes
pontifican, distingue con cuidado la inflexión, el momento y la frecuencia
para intoxicarnos y mezcla con evidente e innegable sabiduría instantes que
se quieren electrizantes (el del primer coito de Mary con Ponder), evita
describirlo emotivo con graciosas palabras, sino prefiere una descripción
casi clínica del acto. En general, los segmentos correspondientes a explicar
la relación entre una gliksin (sapiens) y un barast (neandertal) con
frecuencia resultan trillados y poco relevantes para el tratamiento de las
peripecias.
La cuestión sería: ¿lo recomendamos?. La respuesta instantánea sería nunca,
pero si te lo tropiezas y empiezas, querrás acabarlo, porque tu indignación
crece al comprobar que alguien con una visión de mundo que debería fracasar
al tratar de transmitir lo mismo en que otr@s fracasan, te resulta legible y
atractiva, lamentas entonces que esa virtud de narrar se desperdicie en
alguien reprobable desde la ética, y tu frustración requiere entonces
establecer cuales son los parámetros de dicha atracción, sin negar lo que
eres o aquello que te caracteriza, aunque no te obligue a cuestionarte, si
toca una campanada de alerta en tu conciencia.
Su capacidad de mimesis es asombrosa, suele exhibirse como un renovador, y
es tal su facilidad de asumir ese rol, que a sabiendas que trata de
engancharnos a su carro y engañarnos logrando que tiremos por él, que
comulguemos aunque sea por un instante con la versión reaccionaria de las
teorías que agita, persistimos por que torna el relato ameno y dinámico y
por que esa insistencia es valiosa, ya que procediendo de la orilla
contraria a la nuestra debate con furioso ímpetu y logra interesarnos,. De
nuevo retorno a Orson Scott Card
como arquetipo. Con ingenio letal insiste una y otra vez sobre las ideas que
despliega como la gota en la piedra, y nivelando con constancia ofrece
suficiente objetividad, para engañarnos tras su máscara, verbigracia:
propone continuar rezando aunque abandonemos el catolicismo porque no lleva
a cabo las reformas necesarias para la ciencia del siglo XXI (cap.36
Híbridos)
A pesar de su indudable encanto, del montón de ideas novedosas que presenta
poco más o menos que en cada capítulo (en el 39 de Humanos: a la
implosión de la biosfera ocasionada por la catástrofe ecológica surge
simétrico el marchitarse de la conciencia, aunque ligada al geomagnetismo
—especulaciones así revelan su fase creativa, lástima de la ideología que lo
acompaña y de la vehemencia con que intenta captarnos), de lo coherente y
sugestivo que parece al inicio ese mundo Neandertal nostálgico y
ambientalista que nos ofrece (y que luego se desvanece cuando muestra sus
datos científicos de tal manera que terminan apuntando a la reivindicación
de aquellas teorías con más rancios fundamentos), no llega a convencernos, a
pesar de que nos conduce con cautela a las emboscadas que ha preparado y a
que ejecuta su ejercicio con cierta sutileza: ya que no se lanza en abierta
confrontación con un manduco para demoler las posiciones contrarias, donde
se atrincheran los detractores del status quo, los opositores a los bloques
de poder corporativos, su tarea es leve, poco más o menos que impalpable,
socava un poco por aquí, un poco por allá, hasta que considera que el
acumulado de carcomer puede actuar como un campo de torsión y confecciona
con soltura su jugada de persuasión porque el ablandamiento previo debe dar
resultado. Y esa habilidad lo convierte en alguien leído tanto por los que
gustan de sus manipulaciones como por aquell@s que nos sentimos repelid@s y
repulsad@s.
Recordaremos para ilustrar la sensación expuesta la conversación entre Mary
y Louise en el capítulo 42 de Homínidos, en apariencia se presentan
los dos lados de la querella sobre la indeterminación cuántica del universo
(multiverso), y de repente se salta a través de los trilobites a suponer a
los animales autómatas biológicos sin voluntad y sin capacidad de bifurcarse
al predeterminar su existencia, clava así su pica en el corazón de la teoría
de Everett y
se aferra a la versión Copenhague, asumiendo que su argumento simple es
suficiente para liquidar el debate y que el multiverso es una tontería.
Prologa su reflexión en el cap.41 de Híbridos al aceptar el
multiverso, pero… ligado a la aparición de la conciencia de los sapiens
(conciliando los extremos y recordándonos el debate de
Carl Sagan sobre el
tema), quienes surjan luego serán subalternos a nuestra especie.
El asco que me despiertan tales razonamientos manipuladores, se equipara al
que sentimos cuando los fundamentalistas religiosos se agarran al diseño
inteligente, o cuando los vitalistas rechazan el azar, el caos organizado y
la indeterminación, quizás por que quien no percibe o no desea comprender
los mecanismos acumulativos, los saltos inesperados y la dialéctica compleja
que los interrelaciona en el proceso evolutivo es muy probable que caiga en
las circunvoluciones del vitalismo o del diseño inteligente. Astuto recurre
a Penrose, no en
las antípodas pero si lejano a la posición que desea defender, eligiendo
justo la frase que apuntale su querencia (aunque
Penrose la
expusiera por motivos distintos a los de su uso en los párrafos del capítulo
referido)
A través de la estructura social de los Neanderthal se aproxima a apoyar la
propuesta católica acerca del sexo sólo para procrear, y con la manía de
publicitar marcas: gafas Foster Grats, bolsas de patatas Miss Vickie’s con
sal marina y vinagre de malta, Kodak, Xerox, Bausch & Lomb (si los del
escándalo de los lubricantes oculares), etcétera apuntala la propaganda de
las empresas capitalistas, cuyo hábito no le abandona y no pierde ocasión en
exteriorizarlo, ni queda duda de que modelo alienta cuando señala que USA
posee “la constitución más fuerte del mundo” y que el ideal para cualquier
dimensión cuántica es el del libre intercambio, si quieren revisar su
adhesión a la OMC acudan al cap.21 de Humanos donde quema incienso en
su altar, claro que con su funambulismo peculiar de inmediato va seguido de
una manifestación de solidaridad de los Neanderthales que regalan a la
humanidad las patentes de sus inventos, evento que se esfumará y disimulado
será como una herida indolora de la cual nos enteramos al desangrarnos.
Existiendo múltiples posibilidades siempre escoge la más conservadora, y lo
peor es que la presenta como aquella que “naturalmente” (no
“culturalmente”), preferirían los human@s.
Como político manipula la historia, en ese mismo capítulo tras una engañosa
loa a Vietnam del Norte arroja una generalización que oculta el enorme
movimiento antisistémico contra la guerra, expresado no sólo en los hippies
y que en forma excelente representara
Milos Forman, otro
extranjero, en su musical Hair. También encubre el hecho de que
muchos de los fallecidos en los combates odiaban la guerra en la que
participaban y que la mayor parte del tiempo, para soportarla se encontraban
drogados. Selecciona lo que profiere y traza una exégesis empalagosa de los
sucesos tal que termina bendiciendo la intervención USA en el sudeste
asiático.
En el 22, Mary y Ponter discuten a cerca de la divinidad,
Sawyer juega con las estadísticas y con la
articulación del discurso para que Boddit termine aceptando la verdad
incontrovertible: Dios existe y hay que rezar para que el ciclo de muerte se
rompa. Luego en el cap.8 de Híbridos con habilidad plantea que así
como “Lo imprevisible nos parece irresistible”, la comunicación con Dios
debe tener fallas, si conseguimos invariablemente lo que pedimos, terminamos
por aburrirnos, la posibilidad de no ser escuchados es lo que mantiene la
fe, si agregamos la perla “la conducta de la mayoría nunca es una locura” en
la misma página, podemos ligar ambos apotegmas con justificaciones a las
políticas republicanas, pero asimismo a las nazis.
En fin, a riesgo de repetirnos diremos que su ficción mana con desenvoltura
y no demanda brío para seguirla, nos empuja y si captamos su intención cada
página se transfigura en repulsiva muestra de las auténticas motivaciones
que lo animan, y no es por las ideas en si, ya nos referimos a
Anderson o
Vance como ejemplos cimeros
de CF que recomendamos a tod@s, no estaremos de acuerdo con sus ideas
políticas pero gozamos con su faena literaria hasta sentirnos cerdos (acaso
por que su coito es prolongadísimo), mientras que frente a Sawyer vacilamos,
no a compartirlo, a fin de cuentas cada cual lee lo que apetece, sino a
recomendarlo, ya que ¿vale la pena tragarse ideas horribles envueltas en sus
técnicas bestselleras para que sean más palatables… y quizás hasta
digeribles?. Si, es así de insidioso, te adormece para luego propinarte un
mazazo a mansalva, dedica su talento a convencernos, ni siquiera los
pánfilos de los Testigos de Jehová se atreven a tanto.
Leerlo se transforma en gimnasia de paciencia, advertir las trampas éticas
con que nos embosca deviene estimulante, colisionar con la suficiente
transgresión que nos endilga para engancharnos pero nunca la suficiente para
cuestionarnos espolea, y trata en ocasiones que una oleada de nauseabundo
sentimentalismo bien colocado pase desapercibida para luego dispararla
contra nosotros, ya que esas maniobras apuntan a reforzar la filosofía
conservadora implícita que llevamos dentro, pero puedo actuar en
consecuencia y extraer enseñanzas claves, como ocurre cuando vemos un film
fallido, nos quedamos hasta el fin y aprendemos; aspecto valioso a destacar,
al increparnos nos desafía y el reto de ese juego, si accedemos es
acompañarlo a la conclusión.
La sociedad barast es de control extremo, va más allá de lo pergeñado por
Deleuze y
Guattari, no
obstante se enseña con bastantes elementos como para volverla agradable,
acaso para que las ruedas de molino de la propaganda política se deslicen
gaznate abajo, así si la aceptamos es un paso para aceptar también los
rigurosos controles anticonstitucionales que la administración Bush ha
dispensado sobre la población USA, aunque ocurra en Canadá, no debemos
olvidar que el ojo (es probable que asimismo en su corazón y su mente) está
mirando a Estados Unidos; por eso, no puedo dejar de pensar que debe ser
amigo dilecto de Bush, por eso tenerlo a Sawyer
al descubierto con el trasero al aire (en sentido ideológico y nunca como
insulto) me convierte en mejor persona puesto que del mismo modo es
hacérselo a Bush.
©
Luís Bolaños; 10-04-08.
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