Octavia Estelle
Butler (Junio 22, 1947 – Febrero 24, 2006) fue una de las pocas
escritoras negras de Ciencia Ficción, ella gano los premios Hugo,
Nébula y Locus por "Hijo de Sangre" a continuación nos
presenta su visión sobre el racismo.
Hace varios años, cuando yo estaba a punto
de empezar una novela, pensé que podría llegar a algún kilometraje con
la idea de una civilización en la que las personas sentían de alguna
manera −es decir, compartían− todo el dolor y el placer que se causaban
el uno al otro.
El punto era crear, en la ficción, al menos, una tolerante y pacífica
civilización −un mundo en el que la gente se inclina a aceptar, ya sea
entre sí las diferencias o, al menos, a comportarse como si ellos la
aceptaran, puesto que cualquier acto de resentimiento que se cometiera
seria castigado de inmediato, en forma personal, e inevitable.
Eventualmente, sin embargo, no llegue a escribir sobre el tema de tan
empática sociedad. Escribí sin embargo sobre una mujer empática que
creía compartir con otra gente el placer y el dolor. Ella no era una
mujer pacífica, pero tenía que considerar las consecuencias de su
comportamiento más que las otras personas que habían. Después de todo,
las sugestiones sobre el dolor duelen tanto como el dolor de los traumas
reales. Entonces, ¿no está todo en tu cabeza?
En mi novela, la empatía inevitable trabajado bien como una aflicción,
pero populares, deportes dolorosos como el boxeo y el fútbol
norteamericano me convencieron que la amenaza de compartir el dolor no
haría necesariamente que las personas se comportaran mejor una hacia la
otra. Y podría causar problemas. Por ejemplo, podría impedir que las
personas entren en las profesiones de salud. La enfermería se convertirá
muy impopular. Y quien querría ser dentista en esa sociedad.
Hasta aquí la ficción. Pero en la vida real, que es lo que nos hace más
tolerantes, más pacíficos, con menos probabilidades de necesitar una
Conferencia de las Naciones Unidas sobre el racismo?
Nada.
Nada en absoluto.
Yo digo que, recordando la niñez, recordando el patio del colegio,
tengo el recuerdo perenne de ser una chica solitaria. En la escuela siempre he sido
más alta que el resto de mi clase, y porque yo sólo era una niña me
sentía
cómoda con los adultos, pero tímida y torpe con los otros niños. Yo estaba
tranquila, metida en los libros, y a pesar de mi tamaño, sin esperanza en el deporte.
En resumen, era diferente. E incluso en los primeros grados, me
golpeaban por ello. Aprendí que a los cinco y seis años de edad los niños
ya han descubierto la manera de ser intolerantes.
Por supuesto, hablo de mi propia experiencia, pero es una experiencia
familiar a cualquier persona que recuerda el patio del colegio. Por
supuesto, no todo el mundo ha sido un matón o la víctima de los matones,
todo el mundo ha sido testigo de la intimidación, y al verlo, se ha unido
a la misma, se ha reído, guardado silencio,
se ha sentido disgustado o interesado...
La matonería, la intimidación son sólo el comienzo de la clase de
comportamiento jerárquico que puede conducir al racismo, el sexismo, el
etnocentrismo, el clasismo, y todos los demás "ismos" que causan tanto
sufrimiento en el mundo.
Hace varios años escribí una novela llamada
Amanecer en la que
alienígenas extrasolares, nos analizan, y nos informan que tenemos
un par de características que en conjunto constituyen un defecto fatal.
Somos, lo admiten, inteligentes, y eso está bien. Pero también jerárquicos,
y nuestras tendencias jerárquicas son mas antiguas y con demasiada
frecuencia, nuestra inteligencia es dominada por las tendencias
jerárquicas lo que nos conduce a
utilizar nuestra inteligencia para tratar de dominar uno al otro.
¿Más ficción? Quizás.
Pero cualquiera que sea la fuente de nuestra intolerancia, ¿qué podemos
hacer al respecto? ¿Qué podemos hacer para mejorar nosotros mismos? Por
supuesto, podemos resistir actuando en contra de nuestras tendencias
jerárquicas. La mayoría de nosotros lo hacemos ya la mayor parte del tiempo. Y podemos hacer un mayor esfuerzo para enseñar a los niños a
resistir sus impulsos jerárquicos y creencias y para canalizar lo que no
pueden resistir hacia los deportes y las profesiones.
¿Funcionaria eso? Bueno, hasta la fecha no. Demasiadas personas, tal
vez no pueden hacerlo. Hay, por desgracia, la satisfacción que se
disfruta por la sensación de sentirse superior a las otras personas.
Años atrás a principios del decenio de 1960 hubo un comercial de TV de las Naciones
Unidas, el audio decía algo así como: "La ignorancia, el miedo, las enfermedades, el hambre, la
sospecha, el odio, la guerra". Pienso que se hubiera
añadido, "la codicia" y "venganza" a la lista.
Cualquiera de ellos puede ser el catalizador que convierta el pensamiento jerárquico en
comportamiento jerárquico. En medio de todo esto, ¿la tolerancia tienen
una oportunidad?
Sólo si lo queremos. Sólo cuando lo queramos. La tolerancia, al igual
que cualquier aspecto de la paz, es siempre un trabajo en progreso,
nunca terminado, y, si somos inteligentes como nos gusta pensar
que somos, nunca abandonado.
©
Octavia E. Butler; 30-08-01.
Tomado de:
UN RACISM CONFERENCE
Traducción para Velero 25: Ariel Alba
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