BITIMAGEN: DINO'S HUNTER

El propósito que abrigan las líneas que acompañan a las representaciones pictóricas seleccionadas en las actualizaciones mensuales, consiste en proporcionar una glosa a la cuota de dicha visual y emotiva que ofrecemos, que las sílabas nos preparen, los diptongos nos adoben, para el placer de degustar curvas carnosas, situaciones sicalípticas, contornos insinuantes y emociones trepidantes, soslayar por un relampagueante minuto el tráfago de la supervivencia, los conflictos que la inundan y aterrizar blandos, con sosiego, eso si una y otra vez, con ritmo, en encendido sopor pero con los sentidos bien abiertos, mientras dejamos que aquello que nos obsede florezca representado por el aerógrafo, el lápiz, la pc o el pincel, y sean instrumentos que de las manos del autor que compartamos ese instante se transforman también en nuestros para expresarlas como recreaciones propias.

Así que liemos los bártulos y a viajar con la imagen de Bruce Pennington y de cualquier otro sueñero, recorramos el espacio del cuadro mientras oscilamos del centro de impacto visual a las diagonales de fuga y tropecemos en cada soplo con la lujuria del color (ese fluido rubí que destella entre los muslos), las tersuras epiteliales (embebidas de nebulosas de sudor destellante), con las redondeces apetecibles (que de tan tiernas nos provocan sollozar) rellenitas de complaciente músculo, con la hirsuta travesura sugerida por los ángulos del torso y los módulos de las extremidades que se descomponen y recomponen en sinfonía dulce, con el goce multitudinario de las hembras en flor, con el cántico burbujeante del deseo que se multiplica, con el sabor embriagante de sus texturas diversas, con el olor estimulante de la arquitectura de sus seductores cuerpos, ya sea en fragmentos (detenerse es una tentación bullente) o a escala completa (recorrerla es una pulsión inevitable)

En síntesis, bajo un impacto sinestésico constructor de nuevas sinapsis y abastecidos de miradas novedosas sobre temas en apariencia ya recorridos, pero que si nos afanamos un poco los descubrimos como un árbol de infinitas e inéditas ramificaciones, cual fractal que se abre en incesante exploración del placer de mirar, de la magnificencia del descubrir, pero sobre todo de la epifanía del relacionar al establecer conexiones —hasta el momento insospechados— y arrojar ráfagas de comprensión, hachazos de luz sobre ese légamo grisáceo y cotidiano que nos envuelve hasta asfixiarnos (y que con tan excelente performance describía Michael Ende en "Momo") y que transmite sensaciones de ahogo y conciencia de pérdida sólo paliadas por ese compendio de silueta sensible y piel estremecida denominado mujer.

Mis frases son entonces, de homenaje a las mujeres, a la delectación de la coyunda cooperando en percepción, pliegue, roce, implante, empotramiento, sin intención misógina alguna, y es que conversar sobre sus virtudes físicas, sus características esenciales, extasiarnos con su encanto, marchar hacia los paradisíacos paisajes de los lances aventureros en su compañía, cortar con ensueño verídico las capas de hojaldre de la realidad tiñéndolas con su magia amable para catar su gama y variabilidad, tocándolas leves, desvistiéndolas raudos (con esfuerzo mínimo por lo diminuto de sus atuendos), lamiéndolas húmedas, acariciándolas trémulas, sorbiendo sus néctares, chapoteando en sus destilados, combinando gemidos y mordisquillos, fundiéndonos en besos profundos donde entregamos el alma, rescatando la sensualidad por encima del morbo excitado por la propaganda de los MMI y conseguir el éxtasis con el corazón aún candoroso y la mirada plena de cariño.

La visión de Bruce deviene marcada por la interpretación mágica, la irrupción de lo fantástico en medio de una geometría imposible y el hieratismo irónico: en Alien Way, un sacerdote egipcio, mutante de felino que flota en un desierto púrpura; un cilindro improbable coronada por una diva desnuda y otra ataviada con cuernos en Barley Tower; surrealismo y zoología en Beyond the Curtain of Dark, nostalgia naranja y arquero a la usanza del Alcaudón en Beyond This Horizon, asimismo impacta la combinación de ruinas devastadas, jauría de dobermans y un patudo robot asesino de Book of Frank Herbert; la imaginativa tecnología de tubos y esferas en Canopy of Time, the (Brian Aldiss); santurronería hipócrita y rezos al por mayor en Canticle for Leibowitz (Walter Miller), la colina florida, los adolescentes tomados de la mano, la playa lejana y la nave-madre flotando de Children of Tomorrow (Poul Anderson); la burbujeante infraestructura, los extraordinarios animales, las estatuas significantes de Citadel of the Autarc, Claws of the Conciliador y Shadow of the Torturer de la serie de Urth (Gene Wolfe); la hermosa fealdad de Earthshaker y el fuego fragoroso de su aliento; el androide eléctrico de Earthworks Ultraterranium; un panorama tan parecido a los de Tanguy que apunta a saciar su sed de licuefacción copiándolo en Eastern Shore; los enigmáticos astronautas y las numerosas naves en un desolado paraje peinado por el viento en Equator; barroquismo vibrante y el detallismo llevado al área de lo espléndido en Flashing Swords; la mezcla de esbelta astronave y efervescente diseño vegetal en Fungus Gigantita; el episodio desbordante y la peripecia hirviente en Heaven Makers de PJ Farmer; la pesadilla podrida iluminada por la luna en Horror Horn, observar atentos a Impossible Posibilitéis es una explicación para el absurdo lógico; coloridos veleros nivales, cráneos y campos congelados en Island of Doctor Death; la conjugación de elementos tomados de mitologías disímiles pero apuntando a plasmar belleza, creencia y levitación en Laghima; cuatro elementos: arco de nubes, nave compacta, faz de luna cariada, laberinto se integran para producir Man in the Maze, the (Robert Silverberg); la fiereza de las quimeras y la luminosidad del aire en Myrmiddons; el misterio ardiente que brota entre el astronauta que desciende y las cinco sombras que lo esperan; la magnificencia de los combates, la fuga de los moradores, los buitres mecánicos, el paisaje alucinante traducen las descripciones de Michael John Harrison en Pastel City; la cabeza deforme y alargada del ET que medita mientras extraños artefactos aéreos se desplazan frente a él en Space, Time y Nathaniel (Brian Aldiss); el trío que presenta en Princess of Mars y nos lleva a oscilar entre la ternura por la montura multicolor, la empatía por el zanquilargo jinete y el deseo por ese broncíneo cuerpo en escorzo que lleva entre sus brazos; y eso que no hemos nombrado, ni detallado por ejemplo, las conocidas carátulas consagradas a la serie Dune, las dedicadas a los Mitos de Cthulu y muchas más. Pasemos a la fémina elegida.
 

Cubiertos por un cielo asalmonado, estremecido por encarnados resplandores que se deslizan ominosos debajo de la piel del domo del cielo y se ampollan presagiando tormenta, tres niveles se entrecruzan: brutal belleza representativa en simultáneo balanceo de lo erótico y lo fanático, formalización burocrática ironizada por medio del funcionario enano pagado de su importancia e ignorante de su insignificancia, naturaleza en movimiento cuajada en masas de carne de arrebatos peligrosos y dientes excesivos

Al fondo yace un T-Rex, a uno lo sacude un ramalazo de piedad cuando intuye que ninguna otra opción irrumpía entre sus posibles avatares al enfrentarse a la bella, la flecha precisa ha esquivado cualquier distracción atribuible a los numerosos rasgos anatómicos de un cráneo de 1.75 metros penetrando en el ojo y a través de la fenestra ocular ha alcanzado su cerebro inmovilizándolo, y deteniendo su respiración hasta que ha sucumbido, es una gigantesca carnaza de seis toneladas, de probable hediondez y segura suciedad.

Una orgullosa cazadora dorada y atlética se refocila en su gloria, ha convertido la osadía en su motivador de experiencias, sensual y no obstante hierática, de vigorosa osamenta, musculada estructura, esféricas nalgas, ostentosa tetamenta, longilíneas piernas con muslos poderosos y apetecibles, recto abdominal perfecto, sus rasgos caricaturizados con levedad pero con intención didáctica, para remarcar la frialdad de su poder por encima de la rotundidad de sus formas, la mano derecha apoyada al desgaire en la cintura equilibrando el arco largo que se expone en su hombro izquierdo, también expresa una fuerza natural sólo enturbiada por el paño que le envuelve las caderas, reforzando la sensación de urgencia con que se estira seductora, quizás sutil y sin embargo incitante.

La paleta a la cual recurre Bruce es vivaz, contagiada de brillo y a pesar de eso penetrada de fatalismo, el cuadro parece formar parte de una ceremonia que trasciende la adquisición de recursos, la búsqueda del placer cinegético, la pesquisa gastronómica, la simple necesidad de alejar riesgos del territorio, por obra y gracia de la ojeadora, para transitar a una rigurosa y compleja liturgia, de arcano significado pero precisa orquestación. ¿Cuántas veces lo habrán realizado? pensamos cuando recorremos el cuadro y comprobamos la segura gracilidad con que se apoyan las pies de la bella en contradictorio contrapunteo, la melodía que parece guiar las pisadas del chambelán que avanza a ritmo protocolar, casi podemos presentir el balanceo exacto de los pies forzando una giga siniestra, una danza que rubrica el establecimiento de relaciones que transgreden la sana dependencia entre bestias y human@s. No sólo lleva el carcaj sino que se supone transporta el equipaje y los menajes que nunca serán responsabilidad de la acechadora, por eso la bandeja con la copa para celebrar la victoria, su semblante serio y sus ropajes cargados de sentido de etiqueta a pesar de su utilidad práctica, contribuyen a saturar de significado simbólico la circunstancia y le conceden categoría, a pesar de su rol adventicio. Bruce Pennington entrega composiciones notables, de colorido esplendoroso sin aparente esfuerzo, eso es una característica de los maestros, paladeemos su galería, dejemos que nuestras pupilas tropiecen con las sápidas y torneadas formas de su cazadora y dejémonos arrastrar por el viento de la aventura.

© Luís Bolaños; 09-04-08.

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"...yace un T-Rex, a uno lo sacude un ramalazo de piedad cuando intuye que ninguna otra opción irrumpía entre sus posibles avatares al enfrentarse a la bella, la flecha precisa ha esquivado cualquier distracción atribuible a los numerosos rasgos anatómicos de un cráneo de 1.75 metros penetrando en el ojo y a través de la fenestra ocular ha alcanzado su cerebro inmovilizándolo, y deteniendo su respiración hasta que ha sucumbido, es una gigantesca carnaza de seis toneladas, de probable hediondez y segura suciedad.

Una orgullosa cazadora dorada y atlética se refocila en su gloria, ha convertido la osadía en su motivador de experiencias, sensual y no obstante hierática, de vigorosa osamenta, musculada estructura, esféricas nalgas, ostentosa tetamenta, longilíneas piernas con muslos poderosos y apetecibles, recto abdominal perfecto, sus rasgos caricaturizados con levedad pero con intención didáctica, para remarcar la frialdad de su poder por encima de la rotundidad de sus formas, la mano derecha apoyada al desgaire en la cintura equilibrando el arco largo que se expone en su hombro izquierdo, también expresa una fuerza natural sólo enturbiada por el paño que le envuelve las caderas, reforzando la sensación de urgencia con que se estira seductora, quizás sutil y sin embargo incitante."

 
 

 

Abril 2008

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Dino's Hunter de Bruce Pennington
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