LA HUELLA DE JBA Y NOSOTROS

Parafraseando uno de sus títulos "La verdad sobre Dios y JBA" me atreví a denominar así la siguiente reflexión. Adolph es un pilar fundamental del género que nos atrapa, no sólo para Perú sino a nivel latinoamericano, referente internacional, quien entraba y salía del mismo según sus motivos y conveniencias, pero sin duda cargado siempre de cariño; era libre y no se ataba a forma alguna, lo cual lo convertía en un ser múltiple, en ese exponente de lo novedoso que era inabarcable tanto por las estadísticas como por las categorías. Es cierto que por deformidad gustativa he seguido en lo fundamental su creación relacionada con la CF, pero no dejo de reconocer a alguien con características renacentistas, quien gracias a su universalidad y ecumenismo podía incursionar en un amplio registro temático, plasmación imposible de encontrar en un técnico de las letras o especialista de género.

Recibí un primer impacto bajo la línea de flotación de mi conciencia hace largo tiempo cuando leí "Persistencia", de la sorpresa anonadante brinque a la comprensión aturdidora, en esos párrafos tan perfectos que uno quisiera se le hubiesen ocurrido latía un maestro. De allí me lancé a deambular por sus cretomatías, fue sólo un sápido paso y descubrí que igual abordaba el sexo que la crítica histórica y en ningún tema era manco. Con "Mañana las ratas" escribió la primera gran novela moderna de CF peruana, la enormidad de su visión, que igual abarcaba mutaciones eclesiásticas que vertiginosos cambios sociales, quizás ilumina otras creaciones (recuerdo la inacabada "Sexo" de Kala Azar y su Lima devastada e infestada de mutantes que me llevó a rememorar esa colosal megalópolis en que se ha convertido Lima, siempre al borde del desastre, en "Mañana, las ratas"), una ciudad marchando hacia la hiperviolencia, la degradación ambiental, la suciedad, los choques entre grupos de poder, el salvaje crecimiento urbano y sobre todo la omnipotente presencia de la Iglesia católica en su más aberrante y reaccionaria ala, que en cierta forma prefigura a Dan Simmons y Pax, la organización cívico-militar de la "Iglesia" católica, si ya se que no hay influencia porque no debe haberla leído, pero si existe un espíritu de la época que planea sobre las mentes y las nutre a la manera de un campo morfogenético de los propuestos por Rupert Sheldrake. JBA empapado de realidad pero con una capacidad de fabulación persistente es uno de esos creadores que no se afilian a ismo alguno y que en la feroz defensa de su independencia trazan un esquema de comportamiento vital que contagia a quien se acerca y le da sentido a su obra en apariencia heterogénea, pero siempre transida de vitalidad, de emoción, que posee elementos sarcásticos, críticos, sobreviene consustancial con esa perspectiva, porque como señala Blake "Quien retiene sus odios, engendra pestilencia", y con JBA no podría ser de otra manera, decía lo que sentía en sus textos, porque lo caracterizaba la coherencia.

No se me ha borrado una anécdota donde la palpé, en una velada literaria en la antigua sede de la Casa de la Amistad Peruano-Soviética, tras su disertación los asistentes pedimos ampliaciones, interrogamos, abrimos puertas hacia otras posibles interpretaciones, recuerdo que comparé uno de sus cuentos con la tradición lovecraftiana, sólo que en su caso el terror se veía matizado por el sexo, su amable respuesta fue que aceptaba la similitud por descubrirle un aspecto inesperado de su obra, ya que en ningún momento intentó con deliberación aproximarse a esa corriente o se empeñó en parecerse a ese autor. Me agradó su respuesta y la respeté porque en ese entorno plegarse, sin riesgo de pasar por la sospecha de complaciente, habría parecido "adecuado" (era el momento en que la antología de Torres Oliver y libros similares se leía, comentaba y se prestaba, desfilaba por numerosas manos y mentes de numeros@s intelectuales y no tan intelectuales de izquierda que empezaban a gozar de las mieles de la lectura... y del cine tras años de cerrazón stalinista. Si, así era: mi célula quiso sancionarme en una ocasión por haber ido a espectar una película burguesa y no asistir a la proyección de "El cuarenta y uno", de Grigori Chukhrai, sólo retiraron su pedido cuando les conté de que film se trataba: "Nos habíamos amado tanto" de Ettore Scola").

Durante algún período lo encontré por azar, que suele ser pródigo en ocurrencias o lo busqué para conversar, yo insistiendo en la CF y él atendiendo a mi pasión pero sembrándola de rutas colaterales, destripando lugares comunes, pisoteando iconos y colocando la integridad del autor y su mensaje por delante. Le perdí la pista en esa horrible y larga pesadilla que fueron las décadas de los 80 y 90. Fue así como muchos años más tarde, gracias a Daniel Salvo retome el contacto indirecto primero y presencial luego con JBA, cuando como miembros de la Asociación Peruana de Ciencia-Ficción y Fantasía "Coyllur" expusimos Isaac Robles y yo sobre Julio Verne en la Casa de la Fundación Ricardo Palma en Miraflores, tengo que contrastar mi evocación con la apariencia que para ese momento ya sellaba su físico, se le notaba desmejorado, pero eso sí, fue un oyente entusiasta y estimulaba observarlo concentrado y con brillante mirada, sonriendo ante nuestras aseveraciones acerca de la importancia del costado social de la obra Verniana al lado de su prospectiva, o que detrás de su optimismo escondía una vena de amargura. Lamento mis oídos cerrados a las exhortaciones de Daniel Salvo para visitarlo y conversar e intercambiar, ahora sólo me queda reproducir en el magín de la remembranza sus poderosos enfoques de ¿futuro? y repasar las secuencias de sus huellas como escritor y como persona en nuestras existencias, viajando por los circuitos neuronales hasta que se desgasten o la entropía final liquide los recuerdos atesorados en la memoria.

© Luís Bolaños; 09-04-08.

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