BITIMAGEN: CROW PRINCESS

Cuando uno examina superficialmente su obra puede quedar sumergido en el ensueño drolático motivado por sus estudiantes de high school, con las falditas cortas (Aries) y los traseros que presentimos duros, esféricos y respingones (Libra o Tifa Lockheart), que seguro provocan la emisión de verdaderas mareas de semen en sus encandilados compañeros, adornadas con grandes lazos, botitas a media caña y guantes a juego, pareciera haberse quedado detenido en un tiempo juvenil donde sólo se reconoce a si mismo y a sus obsesiones, por ejemplo en la serie de Pirotess: tocándose leve el vientre y a punto de ingresar al éxtasis, o el dorado cuerpo reclinado sobre una roca apenas velado por ajorcas, collar, bikini y pezonera en espiral nos mira incandescente como la bocanada que exhala a su lado su dragón de compañía o con ojos soñadores cabalgando sobre un pálido caballo o apoyada nostálgica y suave sobre el pomo de su espada mágica o de minifalda blanca exponiendo su coherte de dragones azules o arrodillada inquisitiva ante un escabel con una enorme luna a sus espaldas, ya que no importa de que se acompañen, sean bastones o cimitarras, para ejecutar sus evoluciones, oscilan entre unos 18 a 22 sempiternos, aún cuando recale en personajes como MIB Agent Elle, que con sus longilíneas extremidades reproduce esa simetría cincelada con hermosura que caracteriza a sus beldades.

Ha encontrado un nicho en Sailor Moon (prestar particular atención a Divine y sus piernas a la Cyd Charisse y tafanario de mulata), tanto con el Zodíaco (donde cada signo es más rumbosa y generosa que la siguiente), como con la serie de Shenshi (véase Saturn Pretty Soldier y comparen la pica que lleva al hombro con la faldita levantada por el viento), llegando sobre todo al ilustrar a sus espléndidas villanas, a despacharse al extremo, verbigracia con PeroPero, esa malvada muñeca de caramelo que viene envuelta en viscosas lamidas, labios incitantes y estructura formidable que provoca morder. O la astral Snow Queen Kaguya con la mirada tan dura como sus redondas glándulas mamarias quien en medio de un paisaje helado derrama copos de diamante desde su mano derecha. Demoness Nekonelle adosada a la pared con su parecido a una Polichinella repleta de sensorial jugo en cada centímetro de su peluda y exquisita persona. Demoness Scar tan ardiente que quema la ropa, y deviene en fuego que atolondra, Eudial cuyo inocente rostro no condice con sus ataques de arañas, ratas y bichos; la soberbia Kaolinite y su anatomía de órdago, Evil Droid Avocadorar vestida de fruta al raptar a Sailor Moon, Castor and Pollux que enredan con desenfreno sus colas al contemplar la urbe donde cometerán sus delitos desde una azotea, Sailor Galaxia cuyo aspecto aniñado va acompañado de redondeles apetecibles en ese límite sutil que transforma al manga en hentai, Queen Beryl altanera y maciza, ofreciendo lo que puede ser el inicio de una emboscada.

Otras series de impacto son las dedicadas a Leia, Slave Princess, mientras se evade por una puerta pentagonal disparando un blaster con los eslabones rotos colgando de su muñeca en medio de estallidos de proyectiles, apoyada en ART-2 y jugando con su cadena o extendiendo los brazos para tocar las columnas que enmarcan a Jabba o a Pixie, hasta sus cuernos son sensuales, en PinUp Nude las alas traslúcidas se contraponen a la tetamenta desafiante, mientras sumergida hasta el hueco poplíteo tiene como marco una cascada, en PinUp la pillería que expele la exime de cualquier culpa, en Little Blue cada detalle (las violetas o el esferoide celeste) contribuye a resaltar la exquisita armonía de su silueta, aunque Pet y Ten Seconds to Another Lost Disk son un tanto esquemáticas y cándidas.

Le encanta colocar la acción en el centro de impacto visual de la escena que nos relata, quizás ligada a la necesidad de atraernos para contar no sólo con las imágenes que nos brinda, sino con las palabras que podemos intuir o con los gestos picarescos de sus pinups, o con el movimiento que les imprime, y de allí brota la eventualidad de un himno a la carne sana, abundante, la contingencia de una romanza al deseo de pervivir para la eternidad, ¡si, jóvenes para siempre!, así va trazando un horizonte donde engarza la historia, expone sus mecanismos de transformación y los plasma a través de cabelleras plateadas al viento (Ah! Megami Sama Urd estirándose en el arrecife), miradas cargadas de significados ocultos (Seung Mena Amiko aferrando su alabarda), levedad de bronceados cuerpos que se elevan (Aqua con sus rizos eslavos o Aiko and the Killer Robots con su gesto sorprendido a lo Sandra Bullock), y para culminar apunta a demoler aquellas opiniones que nos empujan a atarnos a patrones de comportamiento “políticamente correctos” cuando lo que en nuestro fuero interno se agita es el deseo de mirar sus dibujos entre manga y naive y refocilarnos con las curvas de sus modelos. Prolífico, quizás ligado a técnicas que le permiten series de grandes tiradas con pocas variaciones, ha logrado no obstante imprimir un sello distinguible y característico a sus obras.

Solo para nombrarlas por su hermosura que deja marca: Voltage Fighter y su mascota robot en una metrópolis desaforada; Arlea Satori y su cabellera púrpura con una galaxia enrollada de base; Bubblegum Crisis, de supuesto candor para cantar pero cuyo diseño es pérfido por lo que muestra y astuto por lo que oculta; Cheshire-Neko a quien su camuflaje no logra rebanarle un ápice de su preciosa pinta; la serie Dark, con una Venus que se sale de cuadro, una Mercury que atonta, una Júpiter que ofusca y una Moon que alucina; Dirty Pair donde la nave imponente si estuviera sola, no logra opacar el sólido atractivo de glúteos y senos, la escultural Motoko Kusanagi envuelta en cables y con un flequillo sobre la frente; la incitante Drow Barra de alba melena y lobo de compañía; For the Pleasure of Nephrite donde Castor y Pólux juegan a desnudarse con sus colas con el consiguiente goce para los mirones; Gomeisa, morena egipcia de látigo y sandalias; Ivy Valentine en el cementerio quizás para comprobar que levanta hasta a los muertos; Jill Valentine con sus diminutas top y falda pero agarrada a su arma; Mistress 9 enjoyada y curvilínea; Sailor Heavy Metal Papillion de dolorosa perfección en un paisaje apocalíptico planta mariposas en las ruinas; Sailor Lead Crow, potente guerrera que nos apabulla con su gracia y exquisitez; Sirens que derrama gracia y salero desde el par de exquisitas hembras que se ofrecen en noche de luna llena.

Sus estaciones espaciales poseen una patina de suave tristeza, aproximación mediante la cual ha captado la inmensidad del cosmos en contraposición a la manera como ilustra sus propios mundos de fantasía, son notables los diseños de Lagrange Point (para relato de Mack Reynolds), There Won't Be War (Harry Harrison), Strange Attractors de Jeffrey Carver y Moon and Beyond para ilustrar la veterana Amazing Stories; también ha recorrido las batallas señeras de la CF dedicando dibujos a War of the Worlds (HG Wells), al estruendo bélico y desordenado de Justified Use of Military Power o a los Berserkers Lies y Mask of the Sun de Fred Saberhagen, las Wooden Spaceships de Bob Shaw o el Krono de Charles Harness; sin despreciar sus aportes a diversos juegos de computadora (Riverworld de PJ Farmer, Core Planet City – Serenity de Margaret Weis), carátulas del prolífico David Drake (Fortress, Cross the Stars y de David Gerrold (The Man Who Folded Himself), David's Sling (Marc Stigler), Ethan of Athos (Lois McMaster Bujold), Hegira (Greg Bear), amén dedicarle sendos retratos a H Beam Piper y a Dhergabar, su mundo alternativo donde campea la Policía Paratemporal.

Impresionante resulta la cubierta destinada a The Ultimate Earth (Jack Williamson en Analog Magazine December 2000) donde se agrupan monumentos famosos (Esfinge de Gizeh, Estatua de la Libertad, Topkapi, Partenón) en un cráter lunar dominado por una hiperurbe futurista con el globo terráqueo asomando en el negro firmamento. Ha transitado por Star Trek-Deep Space 9 siguiendo las aventuras de Jake Sisco y Nog the Ferengi, el par de adolescentes metiches de la serie y dibujado la serie de máquinas de guerra de Legions of Power; aunque me conquista en especial un excepcional Steampunk que combina con acierto la pujanza de la maquinaria a fines del siglo XIX y los sueños de Verne con una mirada desde la actualidad, la cual permite enriquecer, que duda cabe, el tratamiento de la imagen, que deviene brillante y colorista pero teñida de un regusto a imposibilidad, por sus pócimas hirviendo en bulbos, descargas catódicas, humo, gatos-robots, y un horno en el pecho del hombre-mecánico.

Habría quienes enrolados en las filas de la pacatería afirmarían que sus adolescentes fingiendo ser mujeres o viceversa expresan una perversidad ligada a una visión sobre la niñez poseedora de una sexualidad protuberante (en una representación freudiana) o una adulta con una fijación temporal en la adolescencia (tangencial a la pedofilia), pero si los colores, los gestos y los volúmenes que podrían valorarse como negativos desde esa mirada y ser tratados como infantiloides, son observados y procesados tal y como nos lo presenta el artista, comprendemos que nos quieren decir otra cosa, hay un juego burlón, transgresor y dedicado a ese rincón oscuro que llevamos en el alma y que en nuestra deriva ontogénica emergerá en ciertas ocasiones para señalar que los caminos no siempre son lo que parecen ser y que más de un atajo podría ser sorprendente y conveniente.
 

En Crow Princess, al fondo del encuadre, como a través de un túnel, un sol colosal como nunca veremos en la Tierra se prepara para ingresar a la zona crepuscular y los cuervos perchados en las ramas retorcidas de los árboles o posados en sus raíces y las oscuras plumas que caen tratan de distraernos del voluptuoso derriere, el exquisito pecho, la piel marfileña que exhala rubicundo resplandor bajo la rubia luz, en la comisura se siembra la semilla de una sonrisa en creciente, en su pupila hay una mezcla de reproche tierno y leve invitación, y entonces nuestra mirada es cual cristal ebrio que anhela deformarla para apropiárnosla, el agua furiosa del deseo se agita al explorar su musculatura abdominal, su grácil cuello o la tersura de sus muslos, a la sombra de sus cuadriceps se ampara el morbo, sus manos se cruzan sobre sus henchidos pechos como para detener una inundación de amapolas y nos mecemos entre probar su firme elasticidad de sus perniles o la sal de sus oquedades.

© Luís Bolaños; 01-10-07.

Google
 
BitImagen:
"...abría quienes enrolados en las filas de la pacatería afirmarían que sus adolescentes fingiendo ser mujeres o viceversa expresan una perversidad ligada a una visión sobre la niñez poseedora de una sexualidad protuberante (en una representación freudiana) o una adulta con una fijación temporal en la adolescencia (tangencial a la pedofilia), pero si los colores, los gestos y los volúmenes que podrían valorarse como negativos desde esa mirada y ser tratados como infantiloides, son observados y procesados tal y como nos lo presenta el artista, comprendemos que nos quieren decir otra cosa, hay un juego burlón, transgresor y dedicado a ese rincón oscuro que llevamos en el alma y que en nuestra deriva ontogénica emergerá en ciertas ocasiones para señalar que los caminos no siempre son lo que parecen ser y que más de un atajo podría ser sorprendente y conveniente...."

Sitio Web Alan Gutierrez

 
 

 

Septiembre 2007

Volver

Editorial

Los premios Hugo 2006

Artículos
La serie de los mendigos
Daniel Mejía.
Escribiendo ciencia ficción durante la III guerra mundial
Eleanor Arnason.

Entrevista

John C. Wright

Relatos peruanos

Inconquistable
Luís Bolaños.

Relatos extranjeros

Horizonte de sucesos
Rafael Avendaño Torres.
Memorias de verde
Alexis Britto.
Caleidoscopio

Caleidoscopio

Reseñas
Historia natural
Daniel Mejía.
Fragmentos de futuro
Luís Bolaños.
Cine & Cómic

Una sombra al frente
Daniel Salvo.

Galería

Alan Gutiérrez
Víctor Pretell.

BitImagen

Crow Princess de Alan Gutiérrez
Luís Bolaños.


 
Ediciones Pasadas
  Recursos C-F
  Enlaces
  Escríbenos
  Suscríbete
 
.
Optimizado para 800x600
Agradecimientos

© 2003 Velero25.net
 Todos los derechos reservados.