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Esta es ante todo, la
historia de una revolución fallida debido a un choque cultural.
Justina Robson es una de las escritoras de la “nueva ola” de CF
británica que últimamente ha llegado al idioma español. Con una prosa
eficiente, un buen manejo de los temas científicos más recientes y
personajes hábilmente descritos a pesar de proceder de los contornos más
bizarros, es toda una nueva promesa de la CF mundial. Hizo su debut en
la escena española con Historia Natural, publicado por
Bibliópolis
Fantástica, una excelente historia sobre los usos y abusos de la
biotecnología, en un distante pero no imposible mundo futuro.
En este futuro las ciencias biológicas han avanzado a tal nivel que se
pueden crear seres humanos a la medida, bajo la filosofía que la Forma
delimita la Función, por lo tanto solo existes para lo que eres creado.
Los “naturales”, o humanos de la vieja cepa, controlan con puño de
hierro el Sistema Solar y mantienen a los Forjados bajo su dominio,
excluyéndolos de vivir en la Tierra, lugar donde muchos de ellos por su
Forma no sobrevivirían. Solo en unos cuantos lugares como Júpiter o
Saturno se han creado comunidades de forjados relativamente
independientes, que no ven con buenos ojos las visitas de los naturales,
y los pocos Forjados que viven en la Tierra, por lo general son la nueva
servidumbre por derecho biológico, de los normales.
Todo esto está a punto de cambiar en la Estrella de Barnard. Una forjado
de tipo Viajero Lonestar, llamada Isol, encuentra un misterioso Material
de propiedades casi mágicas, que se convierte en lo que se necesita
según la ocasión, y tiene compatibilidad con todas las formas de
Forjados…incluyendo un motor superlumínco. Isol, siendo una idealista,
busca iniciar un éxodo de los Forjados a un nuevo mundo, donde el
material les permitirá ser libres de la Forma, y por lo tanto de la
Función, pero…
…eso choca con las chauvinistas políticas de los naturales en Gaiasol
—como se conoce ahora al sistema solar—, quienes verán con desconfianza
los logros de Isol. Además algunas facciones de Forjados también
desconfían del caballo regalado, por su enigmática naturaleza. Por no
hablar del caos bélico y político que la posesión del Material conlleva,
pero he aquí que quizás este tenga sus propios planes…
Robson lleva no sin dificultad una trama brillante que enlaza el
idealismo político y la Teoría M (la teoría que une la gravitación con
la mecánica cuántica), aunque se ven algunos anacronismos en su mundo
futuro como el hecho que a sus personajes les guste el rock del s. XX, y
no se hable en ningún momento de los grandes momentos cumbre de la
historia futura, ni se explique como se llegó a la creación de los
Forjados. Pero Robson no se preocupa por eso, ella nos plantea un enorme
experimento intelectual para ver que tan lejos puede llegar la
biotecnología, que haríamos con ella y cuales serían sus peores
consecuencias.
La pregunta central del libro es: ante una nueva variedad de ser humano,
¿qué derecho bioético se le puede aplicar en la práctica? Si creáramos
al primer posthumano, ¿lo consideraríamos un ser “superior”?, ¿un
igual?, ¿o lo confinaríamos a la Función y a la Forma? Esta es una
pregunta muy seria en estos tiempos de enormes avances biológicos.
También es una historia en búsqueda de la libertad personal y de la
felicidad, pero ambas parecen no encontrarse en ninguna parte, tanto por
la política fascista de Gaiasol como por la ambivalente felicidad que
ofrece el Material. Y a la vez es una historia de perdedores, perdedores
como Tom Corvax atrapado en sus sueños autodestructivos en Uluru (ver
abajo) y su vida como un Forjado obsoleto.
Robson ejerce una poderosa imaginación a la hora de inventar diversas
clases de Forjados: desde los Vaporetti de Júpiter y Saturno —humanos de
kilómetros de largo que flotan como comentas —a los Timespan que navegan
por el sistema solar —y se alimentan solo de radiación y polvo cósmico—,
desde las Colmenas dedicadas a la investigación científica —formadas por
Reinas y obreras— hasta las batiformas que trabajan en el fondo del
océano —¡literalmente medusas humanas!—. Por no hablar de las pangénesis,
enormes complejos vivientes donde los Forjados viven en Uluru, el Tiempo
de Sueño informático donde se forman las personalidades de los futuros
servidores de la humanidad.
Otro tanto es la galería de personajes; tomemos a Isol como ejemplo: su
personalidad esta “diseñada” a la medida, es una solitaria sin embargo
tiene la necesaria lealtad hacia Gaiasol para cumplir su misión, una que
la llevará a viajar por toda la galaxia a lo largo de miles, sino
cientos de miles de años a velocidades sublumínicas. Tal nivel de
lealtad solo puede ser inducido mediante un condicionamiento especial,
como ya nos lo demostraba Larry Niven en una de sus mejores obras, Un
Mundo Fuera de Tiempo. Pero eso no la ha reducido como ser humano,
puesto que es una fogosa portavoz del movimiento pro-Forjados, y ahora
que tiene el material puede ofrecer una alternativa de libertad a las
muchas especies humanas que forman esta facción. Pero no todo en el
Material son rosas, como ya he dicho, tiene una historia propia, y
planes…
En fin, nos quedamos con una excelente (pero no soberbia) novela sobre
el posthumanismo y los posibles abusos que se puedan hacer durante su
régimen. ¡Ah, y tiene continuación!, pero no una directa, claro está,
mostrando una gran sabiduría de parte de la autora de no caer en la
serialitis fácil en la que caen tantos autores hoy en día. Se llama
Living Next Door to the God of Love (algo así como Viviendo en la
Puerta de al lado del Dios del Amor) que por la premisa parece una
interesante continuación de Historial Natural y su fascinante
universo. Esperemos que Bibliópolis la edite pronto.
© Daniel Mejía; 25-09-07.
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