CALEIDOSCOPIO

Caleidoscopio, es una sección que busca reseñar novelas, antologías y relatos  de un modo rápido y breve que permita al lector tener una idea de lo que puede encontrar.
El objetivo es cubrir un espectro amplio de obras de CF con un mínimo de rigurosidad. Quedan cordialmente invitados a colaborar.

Consigue un traje espacial: Viajarás (Robert A. Heinlein)
En esta novela corta, Heinlein demuestra que sus héroes son capaces de salvar el mundo, quedar en paz con la galaxia y conseguir a la chica en menos tiempo de lo que canta un gallo. Desgraciadamente los tufillos de militarismos y paternalismos del Fürher soltados en pequeñas dosis en esta obra, envenenan lo que de otra manera sería una perfecta novela para adolescentes.

Venus mas X (Theodore Sturgeon)
Si Herr Heinlein, decepciona, el buen viejo Esturión no. Y es que en esta también obra corta, Sturgeon arremete contra la religión como jerarquía; contra las hipocresías que los hombres crean para inhibir el amor; contra los prejuicios supuestamente universales, etc., a través de una de las mejores antiutopías alguna vez creadas: Ledom. El ser Ledom no es una utopía, porque tal implica algo finalizado, en cambio Ledom es un trabajo en constante progreso, un lugar o estado de ser donde se adora a los niños, porque no pueden dar órdenes tiránicas, donde se cree en la esperanza en el futuro, no en la adoración monolítica hacia el pasado. Lean este libro, hagan la siguiente pregunta.

Los impostores (Alfred Bester)
El pobre Bester tuvo como maldición crear desenfadadamente. Y eso es lo que él hace en este libro; crea maravillosos personajes, situaciones y circunstancias, pero le falta en desarrollo de trama o coherencia. En su esfuerzo por conseguir la mejor pirotecnia, olvida que primero hay que ser un artesano. Eso no quita el hecho que la obra resume originalidad, lo hace por los cuatro costados. Pero desgraciadamente va demasiado aprisa y su final no convence.

La naranja mecánica (Anthony Burgess)
He aquí un clásico de la CF blanda (o el Slipstream como dirían algunas malas lenguas), basado en una falsa pretensión psicológica. Ante un exceso de estímulo, no se desarrolla revulsión, se desarrolla indiferencia. Sin embargo esta obra permanece como un poderoso mensaje profético de la actual violencia tanto por parte del individuo como por parte de los Estados hacia los inocentes. Y de cómo se puede manipular a la gente en nombre de los fines más nobles de la manera más baja.

Barba gris (Brian W. Aldiss)
Esta es una obra bien triste, casi depresiva, en la que un error en el programa nuclear causa la esterilidad casi universal de las formas de vida de la Tierra. Si bien me dirán que eso ya fue tratado por P.D. James en Hijos de Hombres, les doy por constancia que esta obra es mucho más anterior y al contrario de la obra de James, que reniega de ser CF, se enmarca plenamente en el cuadro de la New Wave con organizaciones bizarras que buscan registrar con minuciosidad los últimos días del Hombre sobre la Tierra, mesiánicos locos que prometen traer de vuelta la juventud y la fertilidad y otros personajes bizarros, que lenta pero dolorosamente nos conducen al inesperado final.

Otros días, otros ojos (Bob Shaw)
Conmovedora y potente puesta en escena de una sociedad brutalmente cambiada por el impacto de la tecnología, en este caso el cristal de retardita, o vidrio lento, a la vez que es una exposición honesta de cómo los científicos son también humanos, por lo que cometerán terribles errores en el camino para descubrir las maravillas del universo, pero también muestra como son seres sociales, con una responsabilidad hacia el prójimo y el conjunto mayor de personas llamado “Humanidad”, y por lo tanto tiene que hacerse responsables del uso moral de sus logros.

Herencia de estrellas (Clifford D. Simak)
Magnífica novela de ideas, llena de giros argumentales astutamente planteados, y de personajes (cuando no seres) coloridos y variados. En un futuro lejano la civilización técnica ha caído, pero habrá quienes busquen valientemente y en contra de las circunstancias, el conocimiento perdido que se obtuvo de las estrellas. Como todas las novelas de Simak, está llena de misterios y preguntas no del todo respondidas, pero eso no debe amilanar al lector. Solo es una muestra que el futuro de los personajes de la novela, cuando el amigo lector cierre la última página, acaba de comenzar.

Dramocles (Robert Sheckley)
A través de su Damocles Dramático o Dramocles de ocasión, Sheckley hace una sátira cruel y disparatada sobre los absolutismos, la predestinación, el libre albedrío y los universos dentro de universos, a la vez que crea una galería de personajes única que ningún otro autor de la actualidad (quizás solo Paul DiFillipo o Jasper Fforde) podría igualar. Con situaciones absurdas que rayan en lo ridículo, el autor crea una joya que el lector podrá disfrutar una y otra vez.

Las ballenas volantes de Ishmael (Philip José Farmer)
¿Quién sino un adicto a la novela clásica y al pulp como Farmer, para escribir la continuación —en clave de CF— de Moby Dick? Si, ya se que les parecerá a primera vista una locura, pero cuando terminen de leer el libro tendrán que concluir conmigo que esta obra es producto de un genio. Solo alguien entendido en la física del s. XIX podía crear un fin del mundo tan extravagante como el mundo aéreo en el que se ambienta la trama. Y por cierto, que la curiosa fauna voladora haría las delicias de cualquier biólogo en su mesa de disección…si no fuesen tan cercanos a los horrores de Lovecraft.

Nuestros amigos de Frolix-8 (Philip K. Dick)
En esta novela se puede resumir toda, si, toda la desenfadada y apocalíptica vida de Dick y su actitud hacia la escritura. Con una galería de perdedores como personajes, cada uno más bajo moralmente que el otro; una incertidumbre existencial ante los brutales cambios de esquemas que sufren sus personajes; los alienígenas siempre enigmáticos, ahí esperando, ya sea para salvarnos o para destruirnos; la falta de soluciones claras a la situación en la que viven nuestros “héroes”, etc.…el autor crea y destruye un mundo futuro de pesadilla, solo para decirnos que no hay verdades absolutas a las cuales aferrarse, y los finales felices son raros o inexistentes en la vida real. Recomendado para deprimidos crónicos.

Muero por dentro (Robert Silverberg)
Tenemos ante nosotros la obra de un genio (mientras lo era, claro está), donde se describe dramáticamente la caída de la condición privilegiada de una persona: David Selig. Claro que él no es una persona cualquiera; es un telépata, y la pérdida de su don y la caída de la gracia al estado “normal” es un tormento poco menos que bíblico para él. Silverberg nos retrata sin más aspavientos, y eso si, con mucha imaginación, el terrible calvario y tentación que puede ser la telepatía, y su pérdida. Recomendada para humanistas de vocación.

Jugadores del juego de la gente (John Brunner)
Esta es una novelita irregular de Brunner, donde narra una situación enigmática: la posesión de ciertas personas de una posición de lujo y poder a través del espacio y del tiempo, gracias a misteriosos benefactores cuya identidad nunca se revela. En este marco bizarro, el autor crea un clima de grand guignol que culmina con un contundente y explosivo final donde las máscaras no se levantan irónicamente puesto que el juego continua…independientemente de las piezas que se descarten.

Software (Rudy Rucker)
¿Quieren robots que amenacen con Destruir el Mundo Tal Como Lo Conocemos? Aquí los tienen. ¿Quieren sabios locos que solo desean una segunda oportunidad en la vida? Los tenemos aquí. A través del alocado viaje de Cobb Anderson y Sta-Hi a la sociedad robótica lunar de Disky, tenemos uno de los panoramas post-Singularidad más excepcionales, terribles y dementes que la CF nos haya dado, pero a la vez uno de los más atractivos y exóticos. Recomendada para tecnófilos de corazón.

Búsqueda estelar (C. M Kornbluth y Frederik Pohl)
Que mejor para cerrar esta sesión que refiriéndonos a una de las space-operas clásicas de los años ’50…con un mordaz ángulo intelectual. Como siempre, la dupla terrible de la CF (otra memorable fue la de Kuttner y Moore) nos trae un mundo donde las tendencias sociales exageradas amenazan con destruir la sanidad de la sociedad, y quizás ni el viaje espacial pueda solucionar eso…o quizás si. A pesar de haber pasado ya 51 años del momento en que fue escrita, su mensaje sigue vigente: si una sociedad no permite la mezcla de diferentes factores y el ingreso de sangre nueva para vivificarse, esta acabada.

© Daniel Mejía; 25-09-07.
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