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La productividad en el
campo de la ciencia ficción y la fantasía es vasta. Hoy por hoy, resulta
difícil limitar los ejemplos a los clásicos (más que clásicos, refritos
a pesar suyo) Asimov-Bradbury-Heinlein. Me imagino que en un futuro no
muy lejano, y desde un punto de vista hispanoamericano, tal vez se
empiece a hablar de Gardini-Aguilera-Zárate como una tríada
representativa de la ciencia ficción hispanoamericana, asequible tanto
para lectores curtidos del género como para los legos en el mismo. Lo
poco que conozco de la obra de (Carlos) Gardini, (Juan Miguel) Aguilera
y (José Luis) Zárate me permite suponer que la ciencia ficción “de casa”
está pronta a ocupar un lugar que trascienda la imagen de “curiosidad”
que parece tener hoy en día para los amigos del mainstream.
Mientras tanto, sigamos hablando de los gringos (ni modo, hoy por hoy,
sus libros son más fáciles de conseguir que los autores pertenecientes a
tradiciones no anglosajonas, a éste y al otro lado del charco). En este
caso, de un norteamericano de ascendencia asiática, Ted Chiang. Nacido
en 1967, tiene un título universitario en computadoras. Se inició en la
ciencia ficción en el taller de narrativa
Clarion, especializado en ciencia
ficción. Chiang no es lo que podría decirse un autor prolífico (ocho
relatos en doce años), pero casi todos ellos han merecido importantes
distinciones, como el Nebula,
el Locus y el
Theodore Sturgeon
Memorial.
Después de leer “La historia de tu vida” (2002), que reúne los
ocho relatos citados arriba, uno no puede menos que estar de acuerdo con
las distinciones otorgadas.
La torre de Babilonia
Imagínense que el mundo del que nos habla la Biblia, específicamente el
Antiguo Testamento, fuera real en toda la extensión del término. ¿Qué
ocurriría entonces si, a diferencia de lo que dice el Libro, el
experimento de los hombres de aquel tiempo, consistente en elevar una
torre hasta el cielo, tuviera éxito? ¿Qué habrían encontrado allá?
Comprende
Este cuento es un tributo a Flores para Algernon, de Daniel Keyes.
En ambas historias, una droga experimental permite incrementar la
inteligencia humana hasta alturas insospechadas... Pero en el presente
relato, el resultado del experimento puede escaparse de las manos de los
científicos a cargo. Y puede que nuestra nueva versión de Charlie Gordon
no sea un benevolente ex-deficiente mental. La especulación efectuada
por Chiang respecto a cómo se manifestaría semejante inteligencia
superior, sus objetivos y sus métodos es sencillamente escalofriante.
Dividido entre cero
Un relato que haría la delicia de un matemático. Una historia que, sin
embargo, contiene un truco que sólo se revela una vez leída, y que puede
generar en el lector la molesta sensación de haber sido manipulado… ¿Una
historia (¿la de la genial matemática en búsqueda de una ecuación
perfecta?), dos historias (¿la de la matemática y la de su esposo?),
ninguna (¿?)? Recuerden que todo número dividido entre cero da cero.
La historia de tu vida
Para muchos, el relato más genial del presente volumen. Para mí, no
tanto, aunque la idea está muy bien: un contacto con seres
extraterrestres cuyo lenguaje se intenta descifrar. Estos seres no
perciben las cosas linealmente, como los seres humanos, sino de manera
simultánea. ¿Podremos descifrar su lenguaje? ¿Qué efectos podrá tener
este lenguaje en una mente humana?
Setenta y dos letras
Imagínense un mundo cuya ciencia se basa en la cábala hebrea y otros
conceptos ocultistas, con golems y homúnculos que sirven para una
eventual revolución industrial y para investigaciones genéticas.
Simplemente genial.
La evolución de la ciencia humana
En un mundo dividido entre humanos (y su ciencia) y metahumanos (y su
ciencia... o lo que estos seres entiendan por tal), ¿qué sentido tendría
mantener la ciencia humana, cuyos objetivos habrían sido sobrepasados
con creces por la ciencia metahumana? Afortunadamente, siempre hay por
qué luchar.
El infierno es la ausencia de Dios
Si Dios dejara de ser materia de fe para convertirse en una entidad
real, cuyas manifestaciones fuesen objetivamente percibidas por todos
los seres humanos, y los milagros formaran parte de nuestra vida
cotidiana, ¿creeríamos en Él? Si se demostrase que el Cielo y el
Infierno son los inevitables destinos de las almas para toda la
eternidad, ¿seguiríamos todos los así llamados caminos de Dios? ¿Podría
alguien preferir irse al Infierno? ¿Estamos ante un caso de ciencia
ficción teológica, asumiendo la teología como una ciencia? Un relato que
difícilmente dejará indiferente al lector.
¿Te gusta lo que ves? (Documental)
Caliagnosia. Término que sirve para definir la incapacidad de percibir
la belleza física. Si en el futuro se pudiera provocar la caliagnosia,
¿se acabarían las desigualdades? ¿Aprenderíamos a apreciarnos unos a los
otros por lo que somos y no por nuestra apariencia? Si la belleza dejara
de ser importante, ¿qué pasaría con ciertas industrias, como la de los
cosméticos, o con ciertas profesiones, como el modelaje? A medio camino
entre “La naranja mecánica” de Anthony Burgess y “Flores para
Algernon” de Daniel Keyes, el relato resulta una escalofríante
especulación sobre los extremos a los que puede llevar la concepción
políticamente correcta de lo que es la belleza, el derecho a percibirla…
y a poseerla.
Me pregunto cómo habría resultado este relato ambientado en una sociedad
como la peruana, donde la concepción y valoración de la belleza tiene
también un componente racial.
© Daniel Salvo; 20-10-07.
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