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La space-opera nunca
fue tan extraña.
No, en serio, esta nueva obra de Alastair Reynolds (1966-), autor de la
serie de Espacio Revelación va prácticamente a los fines del
espacio y el tiempo, y de la humanidad misma.
Con dos líneas argumentales aparentemente desconectadas (truco que ya le
sirvió en Century Rain
[2005]) entre un lejanísimo futuro donde la humanidad se ha dispersando
entre las estrellas, ha adquirido poderes casi divinos, y adora a una
figura enigmática llamada “La Benefactora” por razones que en un inicio
son desconocidas. Y de ahí saltando a la vida de Bella Lind, reportera
de la CNN a finales de este siglo 21 que nosotros recién comenzamos. En
la línea temporal de Bela (y ojo, que esto no es sobre mundos
paralelos), la humanidad recién ha establecido bases mineras en Saturno
y las estrellas son algo aún lejano. ¿Intrigados? Quédense y verán más
sorpresas.
Cuando se detecta que Jano, una de las lunas de Saturno es en realidad
una nave espacial disfrazada, desplazándose a velocidades casi lumínicas,
la tripulación del carguero intersistema Rockhopper (Saltarocas) donde
se encuentra Lind, saldrá a una persecución en contra del tiempo a la
que se añadirá una nave espacial china (algo reminiscente de la trama de
la novela 2010 de Clarke) que busca los secretos de Jano para su nación.
Baste decir que la nave china será destruida por un terrible y estúpido
error de la tripulación de la Rockhopper, quedando un solo sobreviviente
que se añadirá a esta por necesidad. El “pequeño” problema que surge es
que el tipo de propulsión sublumínica que usa Jano termina enganchando
al Rockhopper como un pecio, llevándolo en una trayectoria fuera del
sistema solar hacia la estrella Spica. Pero aún tienen una ventana de
salida si activan los motores a tiempo. Desgraciadamente la discusión —y
posterior lucha armada— entre dos facciones de la tripulación —en las
cuales Bella tiene demasiado que ver— impedirá que este recurso se use y
la nave será arrastrada por Jano hacia lo desconocido.
Dos años después en términos de Jano, y miles de años después en
términos de tiempo real, llegan a una enigmática estructura —que
denominan el Cielo de Hierro o simplemente “La Estructura”—, donde
diversas partidas de exploradores alienígenas se han visto atrapados en
su interior a lo largo de millones de años, y han formado una sociedad
mixta, extraña, exótica pero tolerante con los nuevos arribos. De hecho,
Lind llega a tener amistades entre los “Manantiales” (Fountainheads en
el original), llamados así por sus cuerpos y cabezas exageradamente
largos. La convivencia es pacífica en un comienzo, pero la envidia y el
odio de Svletana Barseghian —capitana de la nave terrestre y una de las
astronautas rebeldes— la llevan a co-conspirar con una nueva y
potencialmente hostil facción de alienígenas: los perros de almizcle,
los cuales supuestamente tienen un plan a prueba de fallas para escapar
de la Estructura, pero claro todos los planes tiene un punto débil…
Además hay otros enigmas por resolver: ¿Qué significa el misterioso Cubo
construido con femntotecnología con un dibujo de Leonardo Da Vinci
encontrado en la estructura? Los Manantiales y otras culturas insisten
en que poseen imperios interestelares con propulsión más rápida que la
luz, si es así ¿por qué no han sido visitados de nuevo por sus
respectivas culturas desde el primer contacto con la Estructura? ¿Por
qué no saben nada sobre el Cubo o la humanidad si sus imperios cubren
toda la galaxia? ¿Cómo está conectada realmente la humanidad del futuro
que es mencionada al principio de la novela con la Estructura, si han
abarcado casi todo el Brazo de Orión? ¿Quién la construyó y para qué?
Y es que el autor nos da una space-opera realista, fría y cruel. Aquí
nos dice que las civilizaciones quizás no duren para siempre, que pueden
elevarse, alcanzar la gloria y luego extinguirse, desaparecer. Pero lo
que importa es las acciones significativas que realizan para ellas
mismas. Los homenajes que realizan a su propia gloria, el tiempo que
vivieron y cambiaron el universo conocido mientras tanto, eso es lo
valioso. Reynolds en otras palabras nos habla de la mortalidad.
Pero a la vez es una historia llena de aventura, solidaridad, auténtica
exploración del universo y sentido de la maravilla, a la vez que hay
esperanza. Como siempre, Reynolds hace que dos tramas supuestamente
imposibles de conectar, se unan de un modo que es nada más y nada menos
que imaginación pura.
Con formas de vida tan exóticas y desafiantes como las que aparecen en
la novela, caso de los Susurrantes (que se ven como una esfera pequeña y
que existen inclinados en 180 grados cuánticamente con respecto al
universo), uno se pregunta que clase de tecnología pudieron haber creado
o como serán sus mundos de origen. Al menos, el autor, con esa
imaginación que ya lo hizo mundialmente famoso en Espacio Revelación,
nos plantea que el cosmos puede ser infinitamente más extraño de lo que
podemos concebir, y escapa de los recursos fáciles a los que autores
menores como Kevin J. Anderson se atendrían, por ejemplo, creando razas
humanoides del tres al cuatro.
Por cierto que puede que el autor no esté tan lejos de la ficción,
porque el comportamiento anómalo en la órbita de Jano que describe en
esta novela se da en la vida real (el cambio de posición con Epimeteo,
otra de las lunas menores de Saturno), de modo que quien sabe, quizás
solo ha estado tomando impulso todos estos milenios. Por otra parte, su
tecnología terrestre de criogenia tiene bases en experimentos que se
están dando en la vida real, de modo que no se extrañen si viven lo
suficiente para conocer a sus descendientes del año 10000. Como el mismo
autor afirma, lo más extraño es que su ficción se esta volviendo
realidad. Y como siempre, con un pie en la imaginación y con otro en la
realidad, Alastair Reynolds demuestra su gracia y genio. En resumen, un
autor que nunca decepciona.
© Daniel Mejía; 19-10-07.
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