Jack
Williamson (1908-2006) el autor de inolvidables novelas de C-F
como La legión del
espacio, Los
humanoides y muchas más también se dedico a la enseñanza
universitaria y lógicamente enseñaba Ciencia Ficción. Esta faceta de
Williamson
no es muy conocida para los lectores de habla española, él
además de ser un fecundo escritor de C-F fue profesor emérito de
inglés en la Eastern New Mexico
University —ENMU— (Universidad de Nuevo México Oriental),
Williamson ganó su B.A. (Bachelor of Arts) y M.A. (Master of Arts)
en la ENMU, y se unió a la facultad de Inglés en 1960. Él obtuvo su
Ph.D. en la Universidad de Colorado con una disertación sobre H.G.
Wells. En noviembre de 1996 colaboro en la revista
Science Fiction Studies
con el presente articulo sobre la enseñanza de la Ciencia Ficción en
la Universidad. Nadie tan calificado como como él para opinar al
respecto.
El estudio académico serio sobre la
ciencia ficción data desde el año 1960, aún si
Damon Knight
publicó una crítica perceptiva e influyente unos doce años antes. El
pionero fue Thomas Clareson. Fue un estudioso literario hábil y devoto a
la C-F, y trazó sus orígenes en la corriente principal de la literatura
norteamericana. En 1959, fundó “Extrapolation”, la primera de las
revistas académicas dedicadas a la C-F. Fue su editor hasta 1990, y fue
también el fundador y el primer presidente de la “Science
Fiction Research Association”,—SFRA— (Asociación de
Investigación de Ciencia Ficción) desde 1970 hasta 1976.
El primer curso regular de C-F en la Universidad, del cual estoy
enterado, tuvo lugar en Colgate
por Mark Villegas, en 1962, aún si se enseñó anteriormente en
seminarios, pero sin créditos escolares, por
Sam Moskowitz y
otros. Leí una columna sobre el asunto en el viejo National Observer
y usé un recorte de ello para obtener mi propio curso en el catálogo,
aquí en la Eastern New Mexico
University —ENMU— (Universidad de Nuevo México Oriental). Enseñé
el curso desde 1964, hasta que me retiré de la enseñanza regular en la
facultad en 1977, pero, con el Dr. Patrice Caldwell, sigo enseñando
durante la primavera.
En 1970, el interés por la C-F se estaba expandiendo y se enseñaba un
mayor número de cursos. En una de las primeras reuniones de la
SFRA, entregué un cuestionario sobre
la existencia de cursos de C-F a nivel de estudios superiores. Las
respuestas me llegaron rápidamente. Las edité en un artículo resumen
sobre C-F en las clases, y luego de varias revisiones, entre 1971 y
1974, finalmente se tuvo el informe de unos 500 cursos a nivel de
estudios superiores en los Estados Unidos y Canadá.
El artículo atrajo gran atención hacia la C-F, así también dio impulso
hacia una nueva dirección en los estudios en las universidades. Me
llamaron de diversos diarios como Time, The Wall Street
Journal y Publisher’s Weekly, así como de un par de revistas
de C-F que informaron sobre ello en algunos artículos. Hablé con los
profesores cuando tuve la oportunidad. Se distribuyeron unas 1750 copias
del artículo, casi todas a maestros de C-F, así como también a la
librería Ace Books que compró unas cien copias para sus vendedores.
Más adelante, nos empujó algo así como un fervor misionero.
Conservadores desdeñosos le dieron una pizca de drama a nuestro
esfuerzo. A pesar de la contaminación y de la bomba, nosotros
fomentábamos visiones delicadas de posibles futuros utópicos y
tecnológicos. Asumimos que muchos jóvenes eran o podrían volverse
lectores aficionados a la C-F, y que su interés podría llevarlos a
cualquier cosa en el futuro. Aparecieron antologías cada vez en mayor
número, que incluían desde antropología a través de la ciencia ficción a
la zoología, también a través de la ciencia ficción.
Yo estaba entusiasmado con mi propio curso (que enseñaba a nivel
universitario). Muchos de mis estudiantes también y tuve bastantes
alumnos. Actualmente, la ciencia ficción ha alcanzado varias metas que
parecían imposibles anteriormente, cuando yo vivía recibiendo un centavo
por palabra, cuando vendía mis escritos a los folletines. Muchos buenos
libros de C-F, ninguno de mi autoría, han alcanzado las listas de los
“best sellers” o los mejor vendidos. Aún los míos han sido traducidos a
una docena de idiomas. Las películas de C-F atraen mucho público. Aún
así, nunca han cambiado el mundo ni tampoco han encontrado apoyo unánime
en las academias.
Cuando miro hacia atrás, veo mi clase en los años ’70, como la edad
dorada de la C-F en las aulas. En 1980, edité “Teaching Science
Fiction: Education for Tomorrow” (Enseñando Ciencia Ficción: la
Educación del Mañana). Una antología que tenía el propósito de informar
a los nuevos maestros sobre el asunto. Tiene una introducción escrita
por Carl Sagan y artículos de
Isaac Asimov,
Ursula Le Guin,
Kate Wilhelm,
James Gunn,
Mark Villegas y
Robin
Wilson (el fundador de Clarion),
entre otros. Aporta compendios de bibliografías históricas y críticas de
la C-F del siglo XX por los Panshins, y un resumen de recursos
referenciales de las bibliotecas, por Neil Barron.
Aún si los maestros de la C-F nunca fueron una audiencia muy grande, la
primera edición del libro se vendió íntegramente. Fue editada nuevamente
y pienso que se puede conseguir aún en Owlswick Press (Box 8243,
Philadelphia, PA 19101). Una gran parte del libro parece aún relevante,
a pesar de que han pasado quince años, y no creo que haya sido
reemplazado por otro.
Cuando descubrí la ciencia ficción, allá atrás en los años ’20,
estábamos recién empezando una transición de la sociedad tecnológica
desde una era industrial. El “sentido de maravilla” vino de nuestro
entusiasmo y deleite con los descubrimientos científicos y las nuevas
tecnologías que parecían prometer mejor y más amplios mundos en el
futuro. Ahora, mientras la edad de la maravilla deja lugar a la edad de
la información, la transición está más o menos completa. Muchos
ingenieros impactan nuestra vida con tecnologías más avanzadas que
nunca, como jamás soñamos, pero reaccionamos ante ellas muchas veces más
con aburrimiento o terror que con esperanza.
Me temo que hemos perdido ese sentido de entusiasmo que indicábamos
cuando empezábamos a enseñar C-F. La ciencia ficción puede haber
anunciado la aldea global de
McLuhan,
pero no creo que previó que tantos televidentes pudieran aprender a leer
y a pensar. Mientras se debilitaba la educación, la ciencia siguió
marchando más allá del entendimiento fácil. La ciencia de los
quarks y de los
quantum es más
difícil de entender que las
leyes de Newton.
La ciencia se volvió magia. La ciencia ficción se convirtió en fantasía.
Mientras prospera la forma visual de aprender, los vendedores de libros
son difíciles de encontrar en las convenciones de C-F.
Aún así, la C-F “hard” o tecnológica sigue escribiéndose y leyéndose. La
SFRA está muy viva. Y yo sigo
entretenido enseñando C-F y los estudiantes parecen encontrar que vale
la pena y el tiempo que le dedican. La lectura es internacional, por lo
menos en las áreas de desarrollo tecnológico. Recientemente he tenido
una consulta de Yuri Minronets, quien enseña C-F en Vladivostok. Estaba
preguntándose sobre el estado actual del arte, y tuvo siempre la
esperanza de que alguien pudiera hacer un estudio sobre la C-F en las
academias de bellas artes. Eso no ha sucedido. Quizás pueda suceder
ahora.
©
Jack Williamson, 1996.
On Science Fiction in College
Tomado de: Science Fiction Studies #70, Vol. 23, Part 3, Nov. 1996
Traducción: Adriana Alarco
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