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James Lovegrove (1965-)
es uno de esos nuevos talentos que la CF británica nos ha dado
recientemente, y con mucha fuerza. En su novela, The Foreigners
(2000), se narra con un horror inusual lo difícil que puede ser la caída
de la gracia y la pérdida del paraíso.
Los Foreigners o “Extranjeros” del título están entre los
alienígenas más misteriosos que la CF nos ha dado en mucho tiempo. Una
escuela dice que vienen de otra dimensión, otra que son ángeles, otra
que son humanos del futuro asegurando su continuidad en la historia. La
verdad sobre ellos nunca se sabe y es mejor así; con eso da un aire de
misterio a su novela, que un escritor del tres al cuatro habría revelado
con bombos y platillos de manera frustrante, arruinando las expectativas
del lector. De ellos solo se sabe que aparecieron en todo el mundo a la
vez un día, y vinieron para quedarse, atraídos por algo que a los
grandes gobiernos no les interesa, pero que todos nosotros hemos sentido
interés en un momento u otro: la música. De hecho, el rústico sistema de
comunicación entre los Extranjeros se descubrió gracias a un profesor de
música (¡!) que llego a desarrollar junto a un Extranjero un
rudimentario sistema de signos basado en la música clásica.
Más aún, ha surgido toda una nueva casta de trabajadores debido a esta
llegada: las sirenas, seres humanos dedicados exclusivamente a cantar
para los Extranjeros, entre los que se encuentran castratii (¡!). De
hecho, toda la tecnología que los Extranjeros han exportado a la Tierra
tiene una base musical, como los sistemas de energía de resonancia o el
material de construcción conocido como crystech que crece conforme se le
da vibraciones musicales. Vamos que es algo similar —pero a su vez con
original— a lo que se habló de
Rah Xephon
en su reseña respectiva.
La acción comienza cuando una sirena y un Extranjero son encontrados
muertos; algo aparentemente imposible, porque los Extranjeros han
demostrado en el pasado la capacidad de teleportarse a voluntad a donde
sea, ya sea de regreso a su enigmático mundo, este donde este, o a
cualquier punto de la Tierra sin que haya límites aparentes a ese poder.
De modo que evadir al agresor habría sido teóricamente pan comido. Sin
embargo…se han encontrado indicios de que la muerte ha ocurrido, y eso
molesta a la comunidad de Extranjeros; terriblemente.
Cuando Max Parry, jefe de la policía de Nueva Venecia se involucra en el
caso, encontrará una trama de alienación cultural, grandes intereses en
peligro y un némesis tan maníaco como peligroso, dispuesto a hacer lo
que sea por mantener sus ideales. Descubrirá que el mundo pacífico y
próspero en el que vive, la utopía que la presencia de los Extranjeros
ha llegado a crear, tiene sombras de gris y hasta negros más profundos
que la noche. Que hay personas dispuestas a destruir esa utopía a
cualquier precio, y lo peor, tienen los medios.
Pero no confundamos esta novela con una apología de la supuesta “Guerra
contra el Terror” de Bush Jr.; para empezar está más inteligentemente
elaborada y se mantiene por si misma, carece de connotaciones políticas
y tiene una de las más endiabladamente buenas tramas de suspense
policial desde El Hombre Demolido de Bester. En su página (www.jameslovegrove.com),
Lovegrove nos explica la génesis de este trabajo. Tras un viaje a
Tailandia en el que vio como prácticamente toda la industria —tanto
sexual como otras— se basaba en la llegada de turistas, se preguntó como
sería un mundo dependiente exclusivamente del turismo de otro. En su
típica manera de escribir sobre la moda y el consumismo, como lo hace en
trabajos aún inéditos en español como Days (1999) y How the
Other Half Lives (1999), imaginó este detallado mundo, donde cada
aspecto, cada faceta depende de la llegada de los Extranjeros que han
traído una paz y prosperidad que sus habitantes por si mismos serían
incapaces de alcanzar; y como, su partida sería una catástrofe
inimaginable debido al parasitismo y dependencia que han desarrollando
ante ellos.
En otras palabras, Lovegrove nos habla de la libertad, del derecho de la
autodeterminación, de buscar un mundo mejor pero no porque nos lo
impongan sino porque nosotros lo buscamos por nuestras propias fuerzas,
y de cómo la dependencia ante un poder exterior puede debilitarnos
profundamente. En el fondo es una reflexión de la dependencia del Tercer
Mundo hacia los recursos del Primero y viceversa. Solo que aquí no hay
relación de iguales, aquí hay una unilateralidad brutal, y los
Forasteros pueden estar cometiendo el peor crimen de todos sin saberlo…
Lovegrove es un autor ingenioso, que escribe con estilo, que sabe donde
y cuando poner sus vueltas de tuerca y tiene introspecciones profundas;
que crea un futuro muy similar pero a la vez radicalmente distinto de
nuestro mundo actual. Esperemos que la Factoría de Ideas pronto imprima
trabajos suyos en español (yo tuve que leerme esta joya en inglés) y nos
muestre lo que uno de los mejores talentos de la CF actual tiene para
ofrecer. Por el momento se dedica a la novela juvenil de CF y fantasía,
pero cuidado, que puede volver a la CF de grandes ligas. En resumen una
buena lectura que merece la pena. Se las recomiendo.
© Daniel Mejía; 20-10-07.
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