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El volumen “Assignment
in eternity” consta de dos novelas cortas y un relato. Pero las tres
historias tienen una temática común, a saber, la evolución del ser
humano (o “hacia” el ser humano).
Vamos, que en las tres historias, Heinlein da por hecho la teoría de la
evolución (bastante cuestionada hoy en día), y especula con el
advenimiento del hombre nuevo o superhombre, sus características y el
impacto de su presencia en nuestro mundo de homo sapiens.
En el primer relato, “Abismo”, los superhombres aparecen en forma
aislada, ignorantes de sus cualidades. Una organización se encarga de
reclutarlos y asignarles misiones acordes con sus capacidades. Heinlein
plantea una interesante perspectiva de lo que considera debe ser el
próximo estadío de la humanidad: nada de “poderes mentales” como la
telequinesis, telepatía, levitación y otros trucos de faquir; sino la
capacidad de pensar mejor y más rápido. Los superhombres serán
superiores por el incremento de su inteligencia antes que por el
desarrollo de sus sentidos.
Todo esto es presentado en el marco de una novela de espionaje: el
superhombre protagonista es captado por la organización, le es revelada
su naturaleza y luego se le encarga utilizar sus habilidades
(potenciadas por un entrenamiento ad hoc que ofrece también ideas
bastantes interesantes sobre educación) en bien de la humanidad… o de
los Estados Unidos del futuro, que a efectos prácticos, para los
norteamericanos es lo mismo. Por cierto, tanta evolución no impide que
se siga dando un trato machista a la mujer, a menos que se trate de
errores de traducción.
“La herencia perdida”, en cambio, parece la reedición en clave de novela
del ocultismo de periódico al que algunos hemos sido tan afectos en
alguna etapa de nuestras vidas. Heinlein no hace otra cosa que novelar y
situar en los Estados Unidos el mito del refugio oculto en las montañas
que alberga a seres humanos especiales, que han evolucionado o
desarrollado sus facultades más allá de los seres humanos ordinarios, y
que desde dicho refugio imparten su sabiduría al resto del mundo…
Agartha, Shamballa, Shan-Gri-La, y tal vez algunas utopías del
renacimiento combinan sus características en el refugio que, según
Heinlein, está ubicado en el monte Shasta, en las Montañas Rocosas. Un
grupo de jóvenes norteamericanos llega “por casualidad” al refugio (pero
antes sienten un llamado…), donde se les enseña que todos los seres
humanos están dotados de las mismas habilidades, las cuales han olvidado
cómo desarrollar y lograr así una vida a plenitud. Vamos, un Hogwarts
con explicación seudocientífica. Aquí los protagonistas si aprenden a
levitar, a comunicarse por telepatía, a mover objetos con el pensamiento
y demás trucos de faquir prohibidos en la primera historia. ¿Qué por qué
no divulgan estos secretos? Lo hacen, pero la humanidad no les hace
caso. Están también los enemigos, personas que luego de aprender los
secretos de la herencia perdida, pretenden utilizarlos para conquistar
el mundo y esclavizar a los seres humanos “normales”. Nuestros héroes,
una vez graduados de superhombres, deberán enfrentar a esos malvados.
¿Es Heinlein copiando las creencias del mundillo del ocultismo o es este
mundillo quien copió a Heinlein? Recuerdo haber leído folletos y
artículos describiendo comunidades y poderes similares, usando además
las mismas explicaciones para las preguntas que todo aspirante a
iniciado se hace alguna vez: ¿debo volverme vegetariano? ¿qué hay del
sexo? ¿puedo seguir trabajando en mi empleo? ¿esto no contradice mi
religión?
En fin, una historia entretenida aunque algo melodramática, acaso la
inspiración de los “X Men”… en los años cincuenta.
Ambas novelas cortas se dejan leer, pero nada más. Acaso Heinlein quiso
demostrar que podía escribir sobre cualquier tema de la ciencia ficción,
y con estas historias lo demostró con creces. Pero no logró ninguna obra
memorable.
En cambio, “Jerry era un hombre” si que tiene todos los ingredientes
para convertirse en un clásico. No tiene el sabor rancio de las otras,
sino la esencia concentrada de la ciencia ficción clásica
norteamericana. Desde su ambientación —un futuro en el cual la
ingeniería genética es un hecho, al punto que puede lograrse la
obtención de cualquier animal a pedido, como un pegaso (no funcional,
lamentablemente, y Heinlein se cuida de dar una buena explicación de por
qué un caballo con alas no puede volar) o un elefante en miniatura,
capaz de escribir cogiendo un lápiz con la trompa— hasta su desarrollo,
que nos ofrece a una millonaria protagonista, capaz de los actos más
ridículos como de los más sublimes. Dentro de estos últimos se encuentra
su capacidad de razonamiento, que la lleva a conjeturar que un ser que
camina como hombre, habla como hombre y razona como hombre no puede ser
otra cosa que un ser humano, a pesar de la ley y la genética… La dama en
cuestión dejará su ociosa vida para dedicarla a una causa justa, esto
es, el reconocimiento de los derechos como humano de un ser fruto de la
manipulación genética, considerado por la ley como una mera herramienta
de trabajo, una variedad de animal de carga. Este cuento parece ser la
contraparte de “El hombre del bicentenario” de Isaac Asimov, sólo
que en este caso, la genética reemplaza a la robótica. Igual, nos lleva
también a preguntarnos qué es lo que nos define como humanos, o si
existe eso que llamamos alma o espíritu. El relato más corto, y el más
jugoso también.
© Daniel Salvo; 03-11-07.
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