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Ciudad
de Clifford Simak impacta por su ataque vigoroso a la brutalidad humana, a
la ansiedad de poder y a la inestabilidad. Esa condena se expresa
directamente a través del editor perruno, del robot Jenkins y de Jon Webster.
La maldad del hombre y la inmadurez también están enfatizadas a través del
contraste con los perros, quienes constantemente persiguen sus nobles
ideales de no violencia y una hermandad animal. Estos aspectos obvios de
Ciudad
se han puntualizado recientemente, tanto por el autor como también por
Thomas Clareson1. Sin embargo, la posición pro canina y
anti-humana de la novela de Simak, constituye verdaderamente sólo una parte
de su significado. El desarrollo de
Ciudad
revela que las civilizaciones tanto humanas como perrunas, tienen ambas sus
debilidades y sus energías, y cada cultura subraya las desventuras de la
otra. La ambivalencia que caracteriza
Ciudad
es transmitida con una habilidad particular por “Esopo”, el séptimo
de los ocho relatos que componen la novela de Simak2.
La ambigüedad estructural de “Esopo” es generada en parte a través de
las técnicas de “montaje rápido”3 del cine. Cambios
súbitos en el tiempo y cambios de escenas crean una narrativa muy sucinta
alrededor de una red intrincada de comparaciones y de contrastes. Este
proceso empieza en la sección 1 de “Esopo” con la llegada sobre la
tierra de un “duende”, que representa a un predador del espacio, de
temperamento salvaje pero astutamente inteligente. El intruso extraterrestre
expresa cierta idea de Simak, indicando que la realidad está llena de
sorpresas peligrosas y traicioneras, en vista de los personajes mutantes y
de la conquista de la tierra por las hormigas inteligentes4.
En la Escena 1 de “Esopo” se relata el peligro que incumbe sobre la
naturaleza, a través de la idea Darwiniana de lucha por la supervivencia5.
Así, la forma de comadreja del extraterrestre y su mentalidad de “duende”
sugieren cierta astucia y la ferocidad necesaria para enfrentar esta batalla
sin misericordia por la existencia.
La ambigüedad estructural de “Esopo” es, en parte, generada también a
través de la misma película. Cuando empieza la Escena 2 de “Esopo”,
el Lobo y el Oso, esos animales que los perros han amansado parcialmente y
beneficiado con la facultad de hablar6, discuten sobre las
muertes producidas por el “duende”. El cambio abrupto que produce Simak
transformando al “duende” en carnívoro terrestre poco civilizado, infiere en
el predador del espacio una “sed de sangre” que los perros están tratando de
eliminar de la faz de la tierra. Aún si las Estaciones de Alimentación
canina han hecho desaparecer las batallas más duras y necesarias por la
existencia, los instintos propios de los carnívoros terrícolas7,
en su lucha por la supervivencia, están demasiado arraigados para hacerlos
desaparecer completamente. La conversación entre el Lobo y el Oso indica que
se está asesinando a hurtadillas, y que el sistema eficiente de custodios y
espías es aún necesario para prevenir las mutilaciones. Así, los perros han
reforzado la hipocresía en vez de la virtud en las otras bestias, y su
código canino de no violencia debe mantenerse —bastante irónicamente— según
los métodos de la policía estatal.
Juntas, las dos primeras escenas de “Esopo” sugieren que los ideales caninos
están peligrosamente sin defensa, vista la realidad hostil que se manifiesta
en la batalla por la supervivencia de la naturaleza. La posición precaria de
los valores perrunos está mayormente enfatizada en la sección 4, cuando
Peter Webster mata a Gorrión con un arco que acaba de inventar. Simak
implica así, que la mayor amenaza a los planes benévolos de los perros viene
del hombre, quien combina el instinto asesino de la bestia predadora con una
inteligencia mecánicamente inventiva y poderosa. Si esa salvaje tecnología
se aliara con la irritante ferocidad de los carnívoros terrestres, la
hermandad animal, para quienes trabajan los perros, sería destruida
rápidamente. La Sección 4 nos indica la barbarie fundamental del hombre,
pero lo hace en un modo que sugiere, asimismo, que los ideales caninos
además de ser irreales, están terriblemente amenazados. La dualidad
paradójica de la visión de Simak está empezando a emerger de acuerdo a sus
ideas.
Dicha ambivalencia se encuentra en distintas formas en las escenas 1, 2 y 4
de “Esopo”. La yuxtaposición de lo salvaje en el “duende”, en el carnívoro
terrícola y en el hombre, tiene dos efectos contrastantes: mostrar la
situación de peligro de los valores caninos pero también implicar que la
ética canina representa la única esperanza para la moralidad y para la
civilización. Esta oposición se refuerza con el contraste en las secciones
1, 2, 4, 5 y 7. A través de los pensamientos de Jenkins, que tiene la
autoridad especial de una sabiduría derivada de siete milenios de
experiencia, Simak elogia explícitamente las aspiraciones caninas y las
contrapone a la barbarie irremediable del hombre8. En las
escenas 5 y 7, se junta con la 4 para indicar el salvajismo humano, pero en
una forma que enfatiza el valor más que la posición precaria de los ideales
caninos. Sólo a través de los perros puede emerger una civilización
verdadera desde su naturaleza Darwiniana.
Sin embargo, un grupo de ideas conflictivas se introduce en las escenas 6, 8
y 9. La Sección 6 evoca el horror del “duende” e implica que solamente el
hombre está capacitado para enfrentarse con él. En las partes 8 y 9, Simak
enfatiza el coraje heroico de Peter al mediar con el intruso extraterrestre,
esa fortaleza que produce admiración aún en el mismo desilusionado Jenkins9.
Cuando las escenas se combinan, forman un marco irónico que encierra las
conclusiones. Una vez más, Simak indica que los ideales caninos están
peligrosamente fuera de lugar en la oscura actualidad. Por contraste, el
autor sugiere que solamente el hombre puede lidiar con un universo hostil.
Así, las escenas 1-9 de “Esopo” crean una doble perspectiva, tanto
sobre los perros como sobre los hombres, en una red intrincada de
comparaciones y de contrastes. La visión ambivalente de Simak se demuestra
en las secciones 8 y 9, en las connotaciones simbólicas complejas de la
victoria de Peter sobre el “duende”. Esto sugiere, muy obviamente, el mito
tradicional del héroe que mata al monstruo, en una interpretación que apunta
a la superioridad del hombre sobre los perros, cuando se trata de manejar la
maldad que brota de las condiciones básicas de la existencia. Ante tal
peligro, los ideales perrunos de pacifismo y de hermandad no son efectivos,
mientras la violencia humana no puede ser vista como íntegramente
reprensible. Más bien, implica que la fuerza bruta es tan necesaria como
ética, en una defensa de sí mismo y de los otros contra un destructor
implacable.
Sin embargo, otra interpretación de la victoria de Peter sobre el “duende”
es también posible: una que rebaja al hombre en vez que a los perros. Esto
se entiende viendo al monstruo, no como la maldad que se enfrenta a Peter y
a los animales terrícolas desde afuera, sino más bien como una proyección de
la lujuria asesina dentro de ellos mismos10. Tal idea está
implicada en el paralelo obvio entre la ferocidad cautelosa del “duende” y
la “sed de sangre y miedo” percibido telepáticamente por Jenkins en la mente
de la comadreja (escena 7). La conexión siniestra entre el extraterrestre y
los carnívoros terrícolas se ha extendido al hombre a través de la reflexión
de Jenkins que indica que, mientras la comadreja mata por miedo a los
perros, Peter en cambio ha destruido vidas, aún si no intencionalmente. Por
lo tanto, el “duende” representa no simplemente un salvaje externo que el
héroe humano puede conquistar, sino también una brutalidad dentro de la
máscara misma del muchacho que no puede sobrellevar. Jenkins, por lo tanto,
tiene una real justificación para exiliar a un hombre de la tierra en forma
de preservar el ideal canino de una hermandad animal.
Las dos opuestas interpretaciones de Peter y del “duende” recién descritas,
contribuyen a la ambigüedad que se encuentra en “Esopo”, no solamente
por su contraste obvio sino también por la combinación de síntesis
paradójica. Esto puede ser visto a través de la incongruencia que es
implícita en la percepción del heroísmo de Peter:
Coraje, pensó
Jenkins, como para desafiar al mismo infierno, como para lanzarse de
cabeza a los abismos y gritarle una broma obscena y fantástica al
guardián de los condenados. (pp. 243)
Jenkins obviamente
admira la valentía de Peter, pero también ve debajo de ello las sombras
de lo infernal y de lo obsceno. Ese conocimiento equívoco sugiere no
sólo una sencilla oposición sino una identidad entre Peter y el
“duende”.
Más bien, Simak parece sintetizar ambas visiones de la percepción en ese
odio salvaje y esa ira que lleva Peter adentro, y que estimula el coraje
necesario inspirándolo a vencer a su enemigo. Así, Simak implica que lo
peor de los hombres es inseparable de su mayor potencial, una idea
también insinuada por la “invención” del arco hecha por Peter11.
Al contrario, el autor parece creer que la eliminación del “lobo” dentro
de los perros y de los otros animales, es una bendición mixta. Mientras
se llevan a cabo las muertes, se les termina la capacidad de defensa
personal y mucha de esa energía síquica que ha producido diversos logros
del hombre. Estas penalidades se vuelven evidentes en “El modo mas
simple”, la historia que sigue a “Esopo”. Los perros hubieran
podido detener a las hormigas que estaban conquistando la tierra a
través de un simple método humano, el veneno. Sin embargo, esta solución
hubiera violado los ideales caninos y, en todo caso, a los perros les
falta la química.
Por lo tanto, en “Esopo”, Clifford Simak usa la estructura y el
simbolismo para crear una ambivalencia irónica entre las culturas
humanas y caninas. La historia indica que Clareson ha simplificado el
significado de
Ciudad,
concluyendo que el autor, a través de un contraste peyorativo entre el
hombre y los perros, emplea la fábula de la bestia como “una perspectiva
desde la cual se hace juicio moral (p. 74). La declaración de Clareson
presumiblemente entiende asociar la Sociedad con las fábulas de Esopo y
de La Fontaine, una conexión que implica que Simak está enviando
declaraciones definitivamente éticas basadas en el sentido
tradicionalista de moral absoluta. Sin embargo, la tensión entre las
perspectivas opuestas, en Esopo, sugiere que el punto de vista de Simak
en
Ciudad puede estar más cerca de la conclusión de los pensadores
modernos, quienes afirman que la naturaleza es condicional y relativa a
todos los valores, y que existe indiferencia u hostilidad por la
preocupación moral del universo.
NOTAS
-
Clifford D. Simak,
City (New York: Ace Books, 1976), pp. 1-4; y Thomas D. Clareson,
"Clifford Simak: the Inhabited Universe," in Clareson, ea., Voices
for the Future (Bowling Green: Bowling Green Univ. Popular Press,
1976), up 70-75
-
"Esopo" se publicó
por primera vez en Diciembre 1947, en Astounding. Se coleccionó con
otras historias en forma de novela en 1952, cuando se agregó la
introducción del editor perruno.
-
La referencia de
Jenkins en la escena 5 de Esopo refleja el interés de Simak por la
película y por el Canto del Sur de Walt Disney (1946), también por
el paralelo irónico entre Esopo y la versión de Disney de “Pedro y
el Lobo” de Prokofiev (Make Mine Music, 1946).
-
Esta idea se
expresó en
Ciudad
recurriendo a imágenes de viento y de oscuridad. Dicho simbolismo es
importante en Esopo, cuando se junta con la descripción del “duende”
como una sombra fluida e insidiosa.
-
Por supuesto, esta
noción representa la concepción popular antes que la científica
sobre la evolución biológica. Para distinguir entre las ideas
Darwinianas y el verdadero Darwinismo hay que ver "Darwinism and
Darwinisticism," de Morse Peckham, y The Triumph of Romanticism (Columbia:
Univ. of South Carolina Press, 1970), pp. 1 7 6-20 1.
-
Los principios de
este proceso de civilización de naturaleza animal se ven en "Entretenimientos",
la historia que precede a "Esopo" en la Ciudad. Aquí, el lobo
recién está teniendo contacto con la civilización perruna y está
forzado a matar a un conejo por hambre. La conducta del animal
indica una conexión clara entre la vida salvaje suprimida de el Lobo
y el Oso con el fuerte imperativo de la lucha por la supervivencia
en la naturaleza.
-
Dicha posibilidad
siniestra se indica al final de la escena 4, cuando el Lobo se
ofrece para matar a la Ardilla, antes de que pueda ir a chismear a
los perros, y por lo tanto, se come la “evidencia” del crimen de
Peter.
-
Sin embargo, en la
escena 5, Jenkins también se preocupa sobre el problema de la
superpoblación entre los animales, la que se ha creado erradicando
las muertes y las enfermedades. Otra vez, Simak muestra los valores
perrunos, que, aunque nobles, pueden en muchas formas contener
realidades nefastas.
-
En la parte 8,
también notamos evidencia del crecimiento de una madurez moral
genuinamente heroica en Peter. El Lobo aconseja a Peter escaparse
para dificultar las acciones de Jenkins y de los perros. Sin
embargo, Peter está determinado a enfrentar su crimen y cualquier
consecuencia que ello comporte.
-
En esta conexión,
el “duende” podría estar identificado con una sombra freudiana o con
una jungiana. La apariencia de “sombra” en el “duende” sugiere una
lectura posterior.
-
En forma similar,
la alocada ferocidad de los “duendes”, expresada en la necesidad de
encontrar nuevos terrenos de caza, provee una fuerza motivadora
detrás de la invención de la formula para viajar en el tiempo, entre
los mundos.
©
John Owner. "Aesop" and the
Ambiguity of Clifford Simak's City Tomado de: Science Fiction Studies
# 18; Vol 6, Part 2; July 1979 Traducción: Adriana Alarco
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