MÚSICA Y CIENCIA FICCIÓN

El presente articulo se origino por un post en la lista Coyllur de Pedro Diez Canseco, el cuerpo principal del mismo es el aporte de Pedro matizado con las opiniones de otros colisteros, se le ha añadido enlaces y algunas correcciones para tratar de crear un todo mas armónico y legible. Si hay errores agradeceríamos sus comentarios para la corrección respectiva. 

¿Asocian ustedes alguna música en particular a un tema, novela, ilustración o proyecto propio de ciencia ficción? No me refiero a que si tal o cual soundtrack cumple o no con los requerimientos de la ambientación sonora de tal o cual película, sino qué músicas les suenan a ciencia-ficción, en general o asociadas a novelas, cuentos, épocas de la vida, imágenes, etc.

Expongo a continuación mis asociaciones personales, y la idea es que ustedes hagan lo mismo.

En primer lugar están las menciones de cajón: “The Planets” de Gustav Holst, cuyo “Marte, el dador de la guerra” es la madre de todos los Soundtracks StarWarseros, y si no pregúntenle a John Williams, por ejemplo. Pero, además, siento muy espaciales “Saturno, el dador de la ancianidad” y “Neptuno, el místico” (esta última pieza, construida sobre intervalos de semitonos y con los efectos de la celesta y el coro final sin palabras, es particularmente hipnótica). Con “Venus, el dador de la paz”, no visualizo ciencia ficción sino la noche pitagórica, a medio camino entre la mitología y la ciencia. Lo curioso es que Holst compuso esta “suite para gran orquesta” pensando más bien en el pretendido significado astrológico de los planetas.

(A propósito, y para que los melómanos de la lista no me malinterpreten, disfruto —y mucho más a menudo— de la música por sí misma, sin necesidad de ligarla a tales o cuales representaciones extramusicales, pero de eso no va este hilo.)

Arthur C. Clarke, en la nota final de “2010, odisea dos”, agradece a Jean-Michel Jarre y Vangelis por haberlo inspirado para describir los paisajes jovianos. Del primero es probable que escuchara “Magnetic Fields”, “Oxygene” y “Equinoxe”, pues a mí por lo menos me suenan a la música ideal para aquellos mundos.

De Vangelis, “Albedo 0.39” me parece uno de los álbumes más sólido y de estructura mejor lograda (no basta con decir que es
una curiosa fusión de rock, jazz y música electrónica, porque muchos productos de esta clase carecen del buen gusto que desplegó Vangelis en esta oportunidad, toque que perdió hace buen tiempo). Fue grabado en 1976 y sigue escuchándose con todo el interés del mundo.

Del citado disco, el final de la pista “Main Sequence” y la corta pista siguiente, “Sword of Orion”, su desarrollo lógico, son para mí el referente sonoro absoluto de los espacios iluminados por nebulosas azules y naranjas de las ilustraciones clásicas. La pista “Alpha” se hizo famosa por su empleo en “Cosmos” de Carl Sagan; “Nucleogenesis” es casi un poema sinfónico cibernético; y, finalmente, en la última pista, que da título al disco, la música que sirve de telón de fondo a la voz que lee las efemérides astronómicas de la Tierra es sencillamente genial. A veces lamento no poder oírla sin el recitado, pero bueno.

Otros dos discos de Vangelis con pistas bastante espaciales son “Direct”, “Antarctica” y “Soil Festivities”.

Jean-Michel Jarré, de quien creo que desde hace unos buenos diez años viene componiendo tonterías, lanzó en 1985 su álbum
Zoolook”. La primera pista, “Ethnicolor”, de unos 11 minutos, es una sinfonietta electrónica bastante bien conseguida, con secciones reconocibles y un sentido “sinfónico” patente. Su sonido me hace evocar fantasías cyberpunk con un toque de orwellismo. Espectacular.

Isao Tomita es un japonés que se dedicó desde los 70 a interpretar música clásica con los sintetizadores más avanzados de la época. En su álbum “Kosmos”, el mejor de todos en mi opinión, emplea más de 100 (cien) aparatos distintos. El resultado es espectacular. Si están pensando en Kitaro, olvídense. Nada que ver. El popurrí con el inicio de “Así hablaba Zarathustra” de Richard Strauss (más conocido como el tema de “2001”), la Cabalgata de las valquirias y la obertura de Tannhäuser de Richard Wagner, titulado todo esto “A Space Fantasy”, es muy bueno. Pero el “Pacific 231” de Arthur Honegger es sencillamente perfecto. Tomita incluso aclara las texturas de la partitura disonante y expresionista de Honegger, aparte de agregarle algunos timbres y efectos sonoros más apropiados para describir la marcha de la locomotora que da nombre a la pieza. Siguen dos pistas increíbles: “The Unaswered Question” (La pregunta no respondida) de Charles Ives y el archifamoso movimiento lento del “Concierto de Aranjuez” de Joaquín Rodrigo. La primera es sobrecogedora en esta versión: la lenta y melancólica línea de las “cuerdas” es cortada a intervalos por una dolorosa llamada de la “trompeta”. Aterciopelados susurros de computadora y una segunda capa de armonización que emplea timbres netamente electrónicos, desolados, gélidos, producen la sensación de estar suspendido en lo más profundo del espacio entre las estrellas. Tomita dice que trató de representar en sonido las sensaciones de un hipotético tripulante del Voyager 2 en su camino interminable a lo desconocido. El “Concierto de Aranjuez” recibe de parte de Tomita un tratamiento más “cósmico” de lo que podría esperarse: durante el clímax de la pieza parecen elevarse al cielo enormes naves colonia. El músico japonés escribe que esta música le recuerda por alguna razón a las líneas de Nazca.
Saquen sus conclusiones…

La última pieza del disco, la más larga de todas, es una extraña amalgama de un par de obras de Johann Sebastian Bach y algunos compases escritos por Tomita. Comienza con el ruido del batir de las olas, a lo que sigue un impresionante acorde de
órgano de catedral. Las notas de Bach, de una dulzura extraterrestre acentuada por la modalidad menor, se cuelan tímidas en el informe torbellino de la música, como si fueran un recuerdo impreciso. Finalmente todo el terror y la nostalgia se disuelven en el bramido de la marea. La pieza se titula… “Un océano llamado Solaris” (A Sea Named Solaris). ¿Qué más podía ser?

Es una lástima que, por lo menos en mi opinión, Tomita no haya sabido mantener el nivel de "Kosmos". Tiene algún que otro arreglo interesante por ahí, como la "Danza Infernal" de "El pájaro de fuego" de Stravinsky, pero más bien desbarra y con ganas. Su álbum "The Planets" me resulta insufrible, por ejemplo.

La “Suite interestelar” (“Interstellar Suite”) del canadiense Amin Bhatia es un experimento efectista aparecido en vinilo en 1987, consistente en la reproducción (más o menos) de la paleta tímbrica de una orquesta sinfónica, aderezada con efectos varios (diálogos entre astronautas, explosiones y disparos de combate espacial, el bip-bip de las computadoras de a bordo, etc.). Esta música no corresponde a ninguna película pero sugiere una historia, como lo evidencian los títulos de las secciones de la suite (The Ship: Main Theme; Launch: Mission Control and Liftoff/Jumping to the Speed of Light; Hostility: Intruder Alert/The Attack; Distress Signal: The Beacon/A Damaged Ship/The Loneliness of Space; etc.). Bhatia ejecutó toda esta música en solitario y sin ayuda de samplers ni secuenciadores. Dicen los que saben que meritorio es. Por otra parte, ahora la música me gusta bastante menos que hace años, quizás porque le falta una dosis de sutileza en la “orquestación”. Eso sí, a primer oído impacta. La reedición en CD (Backroads Music) viene con una pista oculta en compás de 5/4 (el mismo del “Marte” de Holst) y suena mucho más reciente. Un coro real canta el “Dies irae” con una melodía muy sincopada y agresiva, y tiene su gracia.

Seen One Earth” (no sé cómo diablos se traduce) de Pete Bardens es un discretísimo álbum de comienzos de los 80. Los sintetizadores son medievales y la armonización resulta paleolítica, pero… esta música tiene mucho valor sentimental para mí. (Tampoco es que sea un material musical tan pobre, dejando de lado la insufrible pista cantada, por fortuna sólo una; incluso diría que la línea estilizada y cuasi simplona que sigue Bardens es intencional, y de hecho que es elegante.) Este disco me acompañó a mis 17 y 18 años mientras leía por primera vez algunas novelas de Asimov, Heinlein, Clarke y otros diplodocos de los buenos tiempos. Personalmente impagable, aunque no refleje mi verdadera escuela musical.

Pero los relatos de Asimov los relaciono también con “The Hustle” (el álbum original) de Van McCoy. El desenfado de ese sonido setentero neto es el mismo de mi Arcadia juvenil.

Jean-Luc Ponty, aquel jazz-contempero que toca un violín dizque eléctrico (aunque sea sólo porque trata de tocar cada vez más notas por segundo), tiene algunas piezas sueltas bastante aceptables. Por ejemplo, “Gift of time”, “Eulogy to Oscar Romero”, “Echoes of the Future”, “Once a Blue Planet”, “Computer Incantations for the World Peace”, “Demagomania”, “Orbital Encounters”, etc. Asocio esta música a los comics de ciencia ficción setenteros italianos, argentinos y franceses que leía en casa de un amigo hace tanto tiempo (¡pero no en los 70, que no soy tan antiguo!). No sé, algunos autores se la querían dar de pesimistas pero ahora lucen tan ingenuotes. Y la música de Ponty me suena a veces a nostalgia enlatada.

Space Experience” (1972) de John Keating es un álbum prácticamente desconocido que tuve la suerte de escuchar desde niño. Incluye arreglos de canciones y temas populares, en mi opinión muy bien logrados. La mezcla de la orquestita setentera (cuerdas, trompetas, trombones, trompas, timbales, bajo eléctrico, guitarra eléctrica, armónica y piano) con los sintetizadores crea una atmósfera inconfundible a lo “Perdidos en el espacio” (la serie de TV). Asocio esta música con las portadas de las revistas del primer y segundo Fandom estadounidense, tal cual aparecían en los fascículos de “Fantaciencia”, y con los cuentos de Weinbaum y los primeros de Clarke. Los mejor de este álbum para mí es “The Unknown Planet”, “Signal to Saturn”, “Star Trek”, “Prelude to Earthrise” (suena clarkiano, ¿verdad?), “The Sound of Silence” y “Rocket man” (muchísimo mejor que el original de Elton John, sin quitarle nada a éste).

Space Experiencie” tiene una segunda parte, de unos años después, realmente infame. La considero inexistente.

También, mencionaría algunas piezas que no fueron concebidas con el espacio en mente —de hecho, fueron compuestas mucho antes de la era espacial— pero que, por cliché mediático o por genuina coincidencia, evocan en mi mente los más fantásticos paisajes cienciaficcioneros.

Por ejemplo, los primeros tres minutos del poema sinfónico “La tempestad” de Tchaikovsky, inspirado en la obra teatral homónima de Shakespeare. Se supone que la música representa el mar grisáceo y picado muy poco antes de la tormenta, pero los glissandi de los violines a modo de pedal y por encima las majestuosas notas de las trompas, así como los adornos de las flautas, clarinetes y trompetas, que componen una breve figura, me hacen pensar en un enorme crucero interestelar con su bruñido casco erizado de armas. El brillo del Sol reverbera de vez en cuando sobre la superficie de la angulosa nave (la susodicha figura de flautas, clarinetes y trompetas), en tanto que su mole se interpone entre el observador y la Tierra, la víctima planetaria…

En el último movimiento de la Primera Sinfonía de Johannes Brahms hay un curioso y corto pasaje-puente, inmediatamente anterior a la reexposición final y coda, en el cual los metales y las cuerdas trazan un dibujo sombrío y reiterativo, con obsesionantes variaciones tonales, que definitivamente suena a ciencia-ficción.

Uno de los mejores grupos de rock progresivo, Rush hizo la canción al cuento de Fritz Leiber "Voy a probar suerte" (Gonna roll the bones) que fue seleccionado por Harlan Ellison para Visiones Peligrosas. Tampoco podemos dejar de mencionar a Mike Oldfield y su disco "Cánticos de la lejana Tierra", basado en el libro homónimo de Arthur C. Clarke. Numerosos grupos de rock tienen canciones inspiradas en la ciencia ficción como por ejemplo Iron Maiden una de las bandas que tenía más canciones de este tipo. Llegaron a componer una canción inspirada en Duna —To Tame a Land— que Frank Herbert no autorizó que se llame así, porque no le gustaba el grupo.

Y queda en el recuerdo la tremenda banda sonora de "Blade Runner" si no me equivoco, compuesta en parte por Vangelis, además de los esfuerzos progres de Toto en la banda sonora del Dune de David Lynch y en especial "The Wall" de Pink Floyd, que en mi modesta opinión es CF (Distopía, Orwelliana, Huxleyana o como quieran, pero CF) tanto en el apartado gráfico como en el tratamiento musical.

Otra compositora que me gustaría mencionar es la japonesa Yoko Kanno, quien ha participado componiendo para varios animes del género como Cowboy Bebop, en que melodías de estilo birdland entrechocan con contrastes electrónicos y orquestales y hasta con algo de metal, para darle forma a una producción que rinde mucho de homenaje al space opera.

Otro caso de esto es Macross Plus, donde, a través de la voz de Gabriela Robin le da cuerpo a la personalidad de la cantante virtual Sharon Apple, especialmente en dos canciones: "After, in the Dark" e "Information High" cuya letra es una oda al transhumanismo.

Y finalmente, en la Serie de Animación basado en el clásico manga cyberpunk Ghost in the Shell: Stand Alone Complex, con tonadas fuertemente electrónicas y vibrantes, incluyendo el uso de un lenguaje inventado para los temas de apertura.

Como podemos ver y oír todo un rubro prácticamente desconocido. La canción de Iron Maiden es digna de Gurney Hallek y su baliset (personaje e instrumento musical que aparecen en Dune).

© Pedro Diez Canseco
Agradecimientos a:
Frank Espinoza; Ivan Bolaños; Isaac Robles, Daniel Salvo por sus aportes al post de Pedro Diez Canseco.
Víctor Pretell por la composición y formateo del presente articulo.

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Tocar: Marte


Pueden hallar las otras melodías de Gustav Holst en formato MP3 en el Peabody Institute, temporada 2002-2003.
 
El arte de Frank Miklis

 

Mayo 2007

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