Este post originalmente lo puse en la lista de
Coyllur CF hace un par de meses, y la dejé pendiente para copiarlo al
blog.
Siempre hay descuidos pero nunca es tarde ...
Siempre salta a nuestra tarima el fructífero debate sobre la CF y su condena
a una visión peyorativa por parte de un vasto (y a veces basto) sector de
nuestros omniscientes críticos e intelectuales influyentes del mundillo
cultural. Sobre este tema saqué una conclusión, quizá ya encontrada antes
por otras personas (pero yo ni enterado) sobre un par de las razones
principales de este desprecio abierto:
PRIMER ARGUMENTO: La Brecha Generacional y el prestigio del crítico
Esta no
es mía totalmente, sino que varias ideas salieron en una conversación con mi
amigo el también novel escritor
Percy Espinoza (que creo tuvo una mención
honrosa en un premio Coyllur anterior)Un crítico de literatura o una
autoridad en un tema afín, basa su prestigio y autoridad en haber leído más
que TÚ, amigo lector promedio. Y junto con haber leído más que tú, en
demostrarte que su gusto es mejor que el tuyo. La combinación de ambos
factores dan como consecuencia una "paternidad" en las cuestiones que él
domina y que uno siente que no tanto. Y a veces es necesario. Siempre hay un
maestro y un discípulo.
Los buenos críticos te orientan sobre aspectos de obras en los que quizá no
te fijaste, y también te recomiendan cosas que a ellos les impactaron y
entusiasmaron, por lo que quieren compartir ese gozo intelectual contigo.
También se apasionan y dan de alma, a veces de manera exagerada, a obras que
ellos consideraron una pérdida de tiempo, y tarde o temprano desarrollan
favoritismos, inevitables, por uno que otro autor y uno que otro género. La
prueba del buen crítico es enfrentarlo a algo que no conocía, ponerlo frente
a su ignorancia sobre todo un universo que no ha tocado, y ver si su
reacción es:
-
El buen
crítico: Explorarlo
-
El crítico
estancado: Ignorarlo o despreciarlo.
Juguemos rol: Eres un crítico de literatura. Eres un escritor conocido.
Tienes 50 años. Quizá tienes menos, 35. Te complaces de saber al menos lo
principal de lo escrito por la humanidad, con algunos comprensibles
huequitos por allí quizás, además de ser conocedor de una serie de
escritores de poco dominio público que te da tu plus de estilo y
conocimiento por encima del promedio. Eres una autoridad. Y de repente
descubres un día que todo un género que siempre consideraste basura e
ignoraste, tiene no solo excepciones, sino constantes joyas de la literatura
que jamás leíste por asomo. De pronto hay toda una comunidad de, ay,
profanos al mundillo, que han gozado de esas joyas. Saben más que tu. Tu
autoridad nota que le hace falta una pata entera a su trono. Pero no todo
está perdido. No estás solo en tu ignorancia. Gran parte de tu generación se
perdió de 150 años y más de fructíferos y deliciosos universos imaginados (a
estas alturas ya no puedo ocultar que tomo como ejemplo la CF) por
prejuicios políticos y culturales. Entonces, no estás solo. Puedes ejercer
el desprecio. No te perdiste de nada importante, solo es un género que no
vale la pena visitar. Y como eres open mind admites algunas obras de CF en
tu repertorio: Crónicas Marcianas de Bradbury, quizá porque la prologó
Borges; 1984 y Un Mundo Feliz, por su sátira política, un poco de Stanislav
Lem porque te gustó Solaris de Tarkovsky, algunas más y paras de contar. Al
fin y al cabo eso ya no es totalmente CF. Ahora que te gusta, es literatura.
Y también para el resto. Pontificas. Tus amigos generacionales pontifican
contigo. Y dejas que la CF siga nadando en las viscosas aguas del anatema
cultural. Porque no te puede gustar la CF. Solo te gusta la literatura de
verdad. Fin del juego.
¿Luz al final del túnel? La hay ¿Cuál? El ciclo vital. Todo nace, crece, se
reproduce y muere. Cada generación se va filtrando de un número mayor de
sangre fresca que admite la CF como culturalmente válida y no como un placer
culposo. El mismo camino que siguió el cómic, la novela policial, el género
de cowboys, lo sigue la CF. Aunque parece más tortuoso, porque el mundo
literario parece ser más conservador que el de las artes plásticas o el
cine. ¿La receta? Paciencia y a poner el siempre mencionado granito de
arena: defender y blandir orgullosos las brillantes e iluminadas banderas en
neón de la CF, dignas de verse al lado de los demás estandartes de la
literatura. Justo esto lleva al segundo argumento: la CF se confunde con un
estilo, con un género, con un ísmo, pero no lo es. No es comedia, no es
drama, no es terror, no es policial, no es aventura, no es novela rosa ni
negra, no es monólogo interior ni minimalismo verbal, ni experimentación ni
estructura clásica, pero es a la vez todo lo anterior y más porque:
SEGUNDO ARGUMENTO: La Ciencia Ficción más que un género, es ambientación.
¿What? ¡Pero si mi género favorito es la CF!
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El problema con mucho del desprecio a la CF es que se la asocia a un estilo
determinado: el estilo de las novelas pulp que eran lo primero de CF que
tenían al alcance nuestros abuelos y aún nuestros padres. Un estilo de prosa
pre-era dorada o en el mejor de los casos, asimoviano. Explicativa y simple
en muchas ocasiones (aún así, a muchos nos gusta igual). Vale decir que no
es una aseveración categórica cerrada ya que la vieja ciencia ficción de
comienzos de siglo ya tenía sus joyas. Pero de esta manera cuando se topan
con cosas como las de Jack Vance, John Varley, o incluso Frank Herbert para
citar algunos aleatoriamente, se dice que ya no es CF, que ya trascendió el
estilo. Si no aparecen pistolas de rayos y el científico exponiendo en una
parrafada de tres páginas su teoría de porque el rayo de neptunio te
transforma en un cocofante antropófago, ya dejo de ser CF. La arrebatan de
esa clasificación, indigna de la buena literatura según ellos. La
clasificación popular de géneros SÍ tiene a la CF como un género. Pero en
una clasificación clásica y derivado de lo aristotélico, cuyo criterio
unificado ayuda a sentar una base común a la crítica literaria, no. La CF se
escapa a lo clásico y abarca muchos géneros.
Es Ciencia Ficción, el nombre que usamos para la ficción especulativa, y
quizá sea esa primera palabra "ciencia" la que restringe en la mente de
muchos críticos todo lo que puede abarcar. La palabra ciencia conduce al
prejuicio de que exclusivamente hay naves espaciales y aventuras
planetarias. Aún así, ese solo prejuicio conduce a no gozar de las grandes
obras de la "space opera". Cuando inventamos una historia es ficción.
Depende de lo que haga con esa ficción podemos estar en varios tipos de
ficciones que en esta ocasión me atrevo a clasificar en tres ambientaciones,
tomando en cuenta tres factores de ambientación: leyes de la realidad,
espacio y tiempo.
Apuesto a que ya se le ocurrió a alguien antes dividirla así, y quizá solo
repito subconscientemente algo ya aprendido, pero creo le añado algo mío a
esta particular división:
Ficción Clásica: Distinguida por el espacio.
-
LEYES DE LA REALIDAD: No se rompe ley alguna de la naturaleza por ningún
motivo.
-
ESPACIO: Se desarrolla en un espacio existente o que existió.
-
TIEMPO: Línea histórica real.
Ficción Fantástica: Distinguida por las leyes de la realidad.
-
LEYES DE LA REALIDAD: Se rompe como mínimo una o más leyes de la naturaleza
con un fundamento de posibilidad de naturaleza mágica.
-
ESPACIO: Se puede desarrollar en un espacio existente o inexistente.
-
TIEMPO: Cualquiera, real o imaginario.
Ficción Especulativa (nuestra querida CF): Se distingue por el Tiempo.
-
LEYES DE LA REALIDAD: No es necesario romper alguna, pero si se rompe tiene
un fundamento de posibilidad no mágico, de un grado diverso de factibilidad.
-
ESPACIO: Se puede desarrollar en un espacio existente o inexistente.
-
TIEMPO: Línea histórica especulativa con un fundamento de posibilidad no
mágico, de un grado diverso de factibilidad.
A estos tres colores básicos se mezclan ingredientes menores. Añadimos una
historia romántica y podemos generar una novela rosa ambientada en París de
1945, en Narnia, u otra vez en París de 1945, pero ocupada por los rusos.
Tampoco son compartimentos estancos. Mezclamos un montón de ficción clásica
con un poco de fantástica: Cien Años de Soledad. Mezclamos mucha fantástica
con un poco de especulación y tenemos Star Wars. Mezclamos mucha
especulación con algo de clásica y cocinamos 1984. Mezclamos mucha
especulación y algo de fantástica: Duna. Entonces no se puede despreciar
ninguna de las tres ambientaciones, por más que la ficción clásica sea la
ficción con mayor cantidad de obras "inmortales", si se desprecia la ficción
fantástica se pierde uno de Sueño de una Noche de Verano de Shakespeare,
El
Paraíso Perdido de John Milton, Fausto de Goethe, a Tolkien, entre tantas
cosas (y jalando un poco el concepto, toda la mitología griega, escandinava,
maya, rusa, china, japonesa, etc.)Y si se desprecia la ficción especulativa,
que es lo mismo que la CF, su nombre popular y más conocido, sería ocioso en
este artículo mencionar de que se pierde uno.
La ficción especulativa es la más nueva, nace con los albores del
método
científico, así como la fantástica nace de los albores de las creencias
místicas y la clásica de la experiencia cotidiana. En ella encontramos
prácticamente todos los géneros y estilos de la literatura contemporánea. El
despreciar algo solo porque aparece una nave espacial, o se proyecta 20 años
en el futuro, se ambienta en una Europa dominada por los Otomanos, o en un
paraíso nanotecnológico, es ignorar la tercera parte de la literatura
potencial y una parte significativa de la mejor literatura existente. La
ficción especulativa crece y madura. Es la ciencia ficción, una literatura
con muchas posibilidades de creación humana, la literatura del futuro.
© Andrés Paredes, 9-5-2007
Reproducido del Blog: Océano
de Mercurio
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