LA TRILOGÍA DEL DESASTRE

John Killian Huston Brunner (Gran Bretaña, 1935-1995) fue un escritor que murió luchando. Y que además retrató la pesadilla de presente que vivimos, mucho antes que científicos y activistas la denunciaran.

En lo que se ha llamado su trilogía del desastre, se retrata un mundo a punto de ahogarse sino en sus propios desechos, en su propia locura, en su infinita ambición creyendo que podrá saciarla, en su maldad intrínseca hacia los más débiles, en su desprecio e indiferencia. Un mundo de humanos que irónicamente han renunciado en nombre de los bienes materiales y los beneficios de la ciencia, a su propia humanidad.

Ya sea la demencial ley eugenésica de Todos sobre Zanzíbar (1968) o el totalitario sistema médico de Órbita Inestable (1969), la sociedad futura (¿presente?) de Brunner se muestra brutal hacia el individuo, lo fuerza al punto de la autodestrucción o la alienación total. Es una sociedad materialista donde se busca una “perfección” que solo existe en las cabezas huecas de la Elite con mayúsculas, que no reacciona nada bien cuando el individuo contraataca, a veces a gran escala como lo hacen los Trainitas en El Rebaño Ciego (1972), o en su justa medida, como lo hacen los habitantes de Desastreville USA en El Jinete de la Onda de Shock (1975). Esta misma elite es ciega al daño que provoca al mundo que le rodea como lo demuestra la sociedad de El Rebaño Ciego, contaminan sin parar sin darse cuenta que se están matando a ellos mismos. O si no vean al gremio/mafia de la compañía de armas Gottshalck, de Órbita Inestable, quienes proveen a los USA —divididos en ese futuro en facciones radicales de negros y blancos— de armamento exponencialmente devastador a todas las partes en conflicto solo para llenar su bolsillo. Los muertos, pasados, presentes y futuros causados por sus acciones bien gracias (justo como en Irak y Afganistán, ¿qué raro, no?).

Y lo peor es que algunas veces la salvación tiene que venir de algún Deus Ex Machina como el computador Shalmanaser o el complejo informático de los Gottshalck, rebelándose cual Modernos Prometeos contra sus creadores y culpables del pecado…de tener más sentido común que sus creadores. Ah, las ironías de la vida, querían que una máquina pensara como un hombre, solo para descubrir que ello conlleva la mediocridad o el afán de superación.

E intelectuales rabiosos no faltan para denunciar la estupidez del ser humano: ahí están el cínico sociólogo Chad C. Mulligan, el brillante pero ignorado psicólogo Xavier Conroy, el ambientalista Austin Train o el genio de vocación Nick Halfinger. Cada uno de ellos es un ser humano brillante en su campo, y no tienen tapujos en denunciar los horrores que ven en su mundo, aun cuando eso los vuelva en parias ante los que no quieren quitarse la venda de los ojos, o los que —peor aun— buscan que la gente no se quite la venda por conveniencia propia. De hecho son personas muy razonables y mantendrán un alto nivel moral, nunca llegando a rebajarse por usar las mismas tácticas que sus enemigos, siempre buscando antes el diálogo que la imposición de sus ideas. Muchas veces ven como sus esfuerzos por salvar su mundo son inútiles y solo la eutanasia salva al paciente, pero en otras la razón triunfa y los corruptores de la sociedad son castigados por su propia estupidez, teniendo que dimitir del poder.

Y es, mis amigos, que las novelas de Brunner son cajas chinas dentro de cajas chinas. Es lo que Michael Moore podría haber escrito si se dedicara a la CF. Algunas de ellas son extensas si, como Todos sobre Zanzíbar, que es literatura de altos vuelos y que recomiendo se lea con calma en dos semanas libres, pero paradójicamente son novelas a la vez de fácil lectura, porque la prosa del autor es fluida, limpia y rápida. Sabe comunicar las ideas que quiere transmitir y las implanta con fuerza dentro de uno. No es una goma masticable, es un pan duro y amargo…porque dice la verdad. Una vez que uno se apasiona con sus libros no puede dejarlos, y tiene que seguir hasta el final.

Brunner parece haber aprendido la lección de Todos sobre Zanzíbar —ganador del Hugo en 1969 por cierto— y las tres novelas posteriores son mas cortas, pero no por eso menos profundas en ideas. El ángulo de predicción del autor es tal que llega a acuñar el El Jinete de la Onda de Shock, el término “gusano” para una posible versión futura de la Internet (¡conste que esa novela se escribió en el 1975!) con las mismas funciones que su triste contraparte en el mundo real.

¿Por qué digo que es una “Trilogía del Desastre”? Porque a través de los ojos británicos del autor (dicho sea de paso su nación también afronto el Desastre a manos de la Thatcher esa…) ve el Sueño o mejor dicho la Pesadilla Americana. Y lo compara con otras partes del mundo como Yatakang, un posible símil de Cuba donde la ciencia ha elevado a su gente a nuevas cotas de prosperidad a costa de la libertad (conste que mucha mas libertad hay en el original, ojo) o Beninia, la arquetípica república devastada de África que debe recibir ayuda yanqui para sobrevivir, sino fuera porque la gente vive ahí feliz y con ánimo para vivir debido a un gran secreto…Sus comparaciones son siempre ácidas, cuando no experimenta sobre el paciente cero (los USA) y los muestra como lo que son, un hatajo de malcriados e ignorantes imperialistas atrapados en sueños de poder y riqueza que dejaron de ser hace mucho. Y que dejan que los aprovechados y explotadores (ya sean el Gobierno o el aun más inescrupuloso capital privado) tomen el poder, se le arrebaten a la gente y hagan idiotez y media con tal de llegar a unos fines que ni ellos mismos están muy seguros de cuales sean (¡hey!, ¡justo como ahora!). Solo que las obras de Brunner elevan los factores de la ecuación a la enésima potencia. De modo que ya ven que el “Desastre” es muy real.

En realidad dos de estas novelas son muy optimistas, y dos son extremadamente pesimistas. Yo no les revelaré el final (¿qué? ¿creían que no recibiría esas críticas de que doy demasiados spoilers?), tendrán que adivinarlo por ustedes mismos a medida que lean y disfruten de estas fascinantes disquisiciones sociológicas. Pero tres de ellas tienen algo en común, la previsión del conflicto entre la supuesta mayoría blanca de los USA con las minorías (en este caso la afro-americana), y como al reducirse su número se vería forzada a reaccionar contra estas. Con la creación del gremio Gottshalck, Brunner prevé la aparición de la NRA y su locura armamentista urbana dentro de la decreciente minoría WASP. Claro que no podía predecir cosas como la actual posición de los latinos en los USA o el alzamiento de China e India como potencias mundiales, ni el fin de la Guerra Fría o el actual brote terrorista (aunque no estuvo tan lejos, Yatakang para todos los propósitos como nación es la China o la Norcorea actuales)

En realidad el “Desastre” no es el futuro amargo y absurdo que estas obras nos presentan. El desastre está aquí y ahora en nuestro presente. Consideren el cambio climático, la contaminación, la falta de un liderazgo mundial competente, la proliferación de conflictos pequeños, el desinterés del Primer Mundo por el Tercero ¿o era Sexto? (del terrorismo ni siquiera hablaré, los focomelos a cargo de los departamentos de publicidad de las grandes potencias hacen lo necesario para asustar a la gente…cuando esas potencias no deciden hacer algo de terrorismo ellos mismos), etc. El futuro de las novelas de Brunner se vuelve nuestro día a día cada vez mas y mas. Desgraciadamente el autor tiene la creencia (o la convicción) que solo individuos especialmente formados pueden sacarnos del hoyo, y no es así, cada uno de nosotros cuenta para cambiar el mundo hacia algo mejor del lodazal que ya es. Como los Trainitas y su desesperada guerra a favor de preservar el medio ambiente, la pequeña “conspiración” de múltiples ejes temporales contra el psiquiatra loco Mogshack , o los esfuerzos de Chad Mulligan por entender el supuesto arranque de locura de Shalmanaser.

El “Desastre” es que nosotros estemos aquí sentados ante esta página y después de haber leído estas excelentes novelas de especulación sociológica no hagamos NADA para mejorar el mundo: si, tal como lo han oído, nosotros somos los culpables.

© Daniel Mejía; 22-03-07
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