
Alfred Bester parece que en el fondo fue
durante toda su vida un diablillo travieso, quizás por eso nunca entrega
lo que se supone. Y tras establecer tales parámetros jocundos que
devienen desmesurados no hay duda que es de aquellos que se divierten a
lo grande cuando relata. Y que cuando logra involucrarnos se convierte
en un viaje que ya lo quisieran los psicodélicos como ejemplo.
Con solo seis novelas de CF (incluyendo la póstuma Psychoshop,
culminada por Roger Zelazny y publicada en 1997) y una treintena de
relatos cortos entre ficción científica, fantasía y terror, dejo una
huella imperecedera en el campo, su genio y habilidad relucen en casi
cada una de sus páginas, y aun su obra mas aburrida (Los Impostores)
a pesar de lo que comentan algunos, da para horas de entretenimiento. Su
estilo es por lo general hiperbarroco, algo que se derramaba desde las
primeras novelas que leímos como El Hombre Demolido y
Tigre,
¡Tigre!, característica que se mantuvo invariable a lo largo de
lo que continúo entregando después, con la diferencia de que lo que
inicialmente era consustancial con la trama (tuétano), posteriormente
puede aparecer como una envoltura agradable pero un tanto insustancial.
La selección de cuentos que hemos tenido el gusto de disfrutar y
reseñar, está compuesta por los relatos de la antología en inglés
Starlight (presentada en español en dos tomos de agradable factura
de Vision & Arcadia: La fantástica luz y ¡Oh!, luminosa y
brillante estrella), nuestra intención era comentar la narrativa
breve de Bester, desgraciadamente la antología no recoge la totalidad de
dicha obra, sólo aproximadamente la mitad de la misma, pero nos da una
idea, nos presenta un panorama y finalmente nos lleva a introducirnos en
los alucinantes infiernos de Bester, es como una inmersión de carácter
oceánico en lo que fue una de las mentes más creativas del mundo de la
CF y el cómic en el siglo XX.
Así pues, glosemos esta expedición por los mares más peligrosos, los de
la mente:
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Empieza como un desafío bobo planteado por las revistas de CF de los ’50
y sus extravagantes portadas, no exentas de belleza, y termina como una
pirotécnica burla de todos los clichés habidos y por haber en el campo
de la especulación fantástica. Créanos, no podrán evitar enamorarse de
ese diablillo besteriano que es el señor Solon Aquila, alter ego del
autor, por que su capacidad mimética y el personaje su compendio
multifacético. Posee el ritmo de un screwball y escenas teatrales, no
por algo se vincula aunque elusivamente con el mundo del espectáculo,
desborda en semejanzas con películas o montajes. La burla campea y el
sarcasmo retroalimenta los eventos en clave diabólica. El método de
exposición, no obstante, colinda con el científico, como querría Clarke:
para inducir un sueño terapéutico usará un experimento, y del
laboratorio derivará hacia una fantasía erótica adolescente que incluye
priapismo y un río interminable de mujeres y ese es apenas el sabroso
inicio de avatares como ser rescatado de un asteroide donde llega
prisionero por el testimonio de un robot mentiroso (nos reímos por el
destrozo que ocasiona a las 3 Leyes de la robótica), máquinas pensantes
equivocadas permanentemente, bucles temporales, último hombre sobre la
tierra, niño mutante superpoderoso, los tópicos del género. En resumen
una burla descarada (pero sincera) a todos los clichés de los que se
nutre la supuesta CF “madura” de nuestro tiempo.
Manuscrito encontrado en una botella de champagne
¿Creían que todo estaba dicho en la guerra entre el hombre y la máquina?
Se equivocan. La vieja 445 les enseñara hasta donde puede llegar el
absurdo del antagonismo en un fin del mundo ingenioso y mordaz donde los
haya, y con espacio para la esperanza. La rebelión de las máquinas y la
extinción del género humano llevado a su más alocada y virulenta
expresión, que incluye alianzas con las ratas para una neocultura... si
se salvan. Ni los sueños alucinados de Terminator ni las melancólicas
predicciones a lo Shiel o Stewart llegan a atreverse a tanto.
Afectuosos Farenheit
Ahora al que le toca la vuelta de rosca es al gran Asimov y a sus
relatos de robots, con un simpático androide incapaz de dañar a
alguien... hasta que entran en juego los farenheit del título. Con
reminiscencias de su novela más brillante:
Tigre,
¡Tigre! (1953) este relato te enseña lo peligrosa que puede ser
la transferencia psicológica, y que las leyes de Murphy funcionan, no
hay algo que marche mal que no pueda ir... peor.
La retroalimentación entre cine y CF es frecuente, la línea de marines en
Full Metal Jacket (Stanley Kubrick) recuerda a la línea de búsqueda
en el arrozal. Bester ramifica una y otra vez, desechando y puliendo
deja que se acumule detritus (que puede terminar como basurero o como
compost) para modelarlo cual plastilina, o cocerlo en su propio jugo
hasta emerger listo para servirse en un plato de chef, de allí su aserto
en la presentación del relato: “Me llevó dos días pasarlo a máquina”.
Gráfico y cinematográfico (no es extraño que terminara en Hollywood)
expone una estremecedora simbiosis androide-humana derivando a un abismo
de maldad y eventos psicóticos, que apunta a “serial killers” mixtos.
Hegel quedaría satisfecho por la exquisita puesta en escena de la
dinámica amo-esclavo, oscilante entre la sinestesia y la proyección
psicótica (teorías de la angustia en Freud), y es que a la hora de
combinar, Bester demuestra ser un maestro de la diversidad.
La fuga de cuatro horas
Lo que debía ser un relato para el no menos genial Harlan Ellison, se
vuelve con habilidad y astucia en el primer capítulo de la terrorífica
novela de Bester, Golem100. Lástima, debió haberse
quedado así, sugiriendo mas que imponiendo. Acopla las costumbres de las
cortes europeas con los problemas ambientales del futuro, introduciendo
un experto en olores que prefigura El Perfume de Suskind.
Se desliza fluidamente por la trama, pero el oficio en algunos momentos
no reemplaza a una cierta pérdida de intensidad, lo posee un afán de
describir, de acumular listados que al inicio de su carrera eran
segmentos sustantivos del decir, y que acá aparecen como adornos
impactantes pero que quizás podrían ser prescindibles, aunque continúan
reluciendo con dignidad, y es que estar poseído por el demonio equivale
a sufrir un trastorno de personalidad organizada psicóticamente y que en
el cuento requiere de especialistas en milagros estocásticos y huellas
feromonales.
Los hombres que asesinaron a Mahoma
Muestra como la eterna lucha contra la estupidez de la que hablaba
Asimov (y a la que dedicaba un delicioso ensayo Carlo Cipolla: Las leyes
fundamentales de la estupidez humana en Allegro ma non troppo)
puede perderse, y en los frentes más amplios, como los de la peculiar
Universidad Desconocida, a través de un divertido juego sobre los
desplazamientos en el tiempo: Vueltas de tuerca para ofrecer una fruta
inesperada del tempoviaje, acompañadas de las exposiciones de un
científico orate que cuenta con gracia las peripecias y desmitifica a
los investigadores con tanto desparpajo que de inmediato creemos que
Alfred sería el candidato ideal para componer una “Historia auténtica de
los científicos”.
Acoge con encanto y beneplácito la teoría del multiverso de Everett y
demuestra que la inmutabilidad de cada corriente temporal derivada de
cada opción elegida, resulta independiente de las otras, cual collares
relucientes en la negrura del continuum cósmico que se esparcen en
profusas direcciones, ramificándose ad infinitum, tantas como seres y
decisiones.
Mantiene lo usual: sápidas alusiones que desencadenan sonrisas, texto
cargado de ironía, y exposición de saberes... con las consiguientes
contraindicaciones, por que no existe nada seguro ni sagrado.
Número de desaparición
Este relato debería ser lectura obligada para los imperialistas de papel
como Bush Jr. y Blair, ya que enseña que una guerra no se gana por
forzarte a ganarla si no entiendes porque estás luchando en primer
lugar, y como algunas veces la libertad final está en simplemente irse.
Excelente, estimulante y antimilitarista, lo que no es poco en este
brutal inicio de siglo con Iraq o Darfur vibrando en la ventanilla del
subconsciente.
Hay una guerra atroz y total con un USA galvanizado en torno a la
victoria (que sería un alegrón para los republicanos), el ritmo burlón
se acrecienta con la cadencia y secuencia de los alocados pedidos,
planes y contraplanes, desapariciones y reapariciones, implementaciones
y desimplimentaciones, gracias a una chocarrera interpretación del viaje
temporal vinculada con escabullirse a ese rincón especial de nuestra
conciencia, como ocurre con Sam Lawry en Brazil de Terry Gilliam,
tan secreto que hasta uno mismo extravía el camino (que no ocurre con
los soldados implicados). La consecuencia es despiporrante, no sólo hay
multiverso en general, sino multiversos particulares, creados por cada
cual. Así no hay guerra que pueda ganarse.
El infierno es eterno
Relato de terror que recuerda los viejos buenos tiempos de Weird Tales,
con un demonio maléfico (pero no por eso carente de sentido del humor) y
unos mortales desprevenidos que verán cumplidos sus deseos...por un
sutil precio.
Sorprendentemente, el Bester inicial tiene profundos anclajes con el
postrero, sólo que las detalladas listas de objetos y ricas
descripciones, los escenarios y peripecias variadas que en el presente
relato se encuentran penetradas de genuino entusiasmo, en el postrero
pueden muy bien estar nutridas por un cinismo desencantado (quizás de
allí su demoledora frase: “La CF no es una profesión para adultos”).
El pastiche con resonancias victorianas ofrecido es tratado con mordaz
benevolencia por el propio autor en la introducción, pero el relato se
sostiene con momentos de pavura opulentamente construidos (muertos que
no mueren, presencia de Astaroth) y posee un encanto y brillo que ya otr@s
quisieran para los suyos, sin embargo, su recuperación comercial décadas
después como Golem100 traza su ruta por otros
espacios, ya que como relato había cumplido su cuota, no dejan de tener
similitudes, pero fagocitado requiere de otras líneas y acercamientos,
no es tan fácil, por eso no podemos afirmar que en el relato estaba
contenida in nuce la novela.
Adán sin Eva
La gente puede morir, pero el mundo seguirá aquí por un buen tiempo. A
pesar de la dureza con que lo trata en su comentario es un relato
potente, creo que sus argumentos son típicos de la época, casi se puede
palpar el recelo ante las tecnologías que emergen.
La figura del protagonista agonizante, acompañado y atormentado por los
fantasmas de su pasado y sus fantasías de culpa (ha utilizado el mundo
como laboratorio como las empresas que producen organismos genéticamente
modificados), mientras se arrastra por un arrasado mundo de escorias y
cenizas hacia la orilla del mar, espoleado por un mandato biológico, es
de las que no se olvidan. El final quiere coquetear con lo apoteósico...
y lo logra.
El tiempo es el traidor
Decir adiós puede ser una de las cosas más difíciles de tu vida,
especialmente en un mundo donde las segundas oportunidades existen.
Juega desde el inicio con el segmento irracional e inconsciente de
nuestra personalidad, aparentemente es sobre la toma de decisiones
(crear un clon para resucitar un ser amado) pero permeado por la amistad
entre la atlética y amable kinésica de un optimista soñador y el
centelleo mental de quien adivina intuitivamente y extrae pautas de la
cascada estocástica de los acontecimientos, para que las
megacorporaciones galácticas sepan que acciones deben acometer para
esquilmar a una especie o devastar los recursos de un planeta (el
capital en su máxima expresión y la ética en su mínimo como barrera para
la convivencia).
Con ese marco comprendemos por que al protagonista la obsesión y la desmesura
lo acosarán sin tregua, y las mujeres y el comportamiento esquizoide
serán sus cómplices, las primeras para demostrarle que el amor perdido
no se recupera y el segundo para protegerse de las consecuencias de sus
acciones. Un final percutiente en su sencillez y preñado de emotividad
cierra uno de los inolvidables aportes de Bester.
Odi e Id
¿No son siempre las buenas intenciones las que pavimentan el camino al
Infierno? Aquí un grupo de bien intencionados librepensadores lo
descubrirán...muy a su pesar. Recuerda a Relato sobre una gigantesca
fluctuación de los hermanos Strugatski, pero lo que allí es una
gigantesca y molesta oscilación, acá es una grotesca y por que no
decirlo, asquerosa suerte, que algún científico puede explicar mediante
un grupo de fórmulas y ecuaciones doblegando sucesos acausales gracias a
concatenamientos lógicos, claro que igualmente nos hace sentir como si
lleváramos las tripas colgando al aire, por más que insista en que el
monstruo es un ángel. Así, las guerras para manejar los aspectos
económicos de las relaciones entre naciones son extirpadas y el engaño
como mecanismo manipulador se convierte en la base de un plan
megalomaníaco para conquistar y controlar el mundo.
Elección forzosa
Dicen que algunos hombres no nacen para esta época sino para otras, que
ingenuos son los que dicen eso, como el autor nos lo demuestra en un
rutilante ejercicio de humor negro. “La lengua es una herramienta
tecnológica” es una de las ideas que yace para ser recogida por el
lector, mixturada con jocosos saltos temporales, retorcimientos
temáticos y sucesos jocosos y tristes simultáneamente. El protagonista
es un aburrido irremediable de día y de noche un escapista onírico, que
un día descubre en medio de la solidez de las leyes demográficas una
variación diminuta pero significativa provocada, claro está, por
emigrantes ilegales que vienen del futuro (pero apoyados por sus
sociedades). Como contrapunto aparece un japonés de la Hiroshima de
agosto de 1945 mendigando una taza de café, que prefiere retornar a
morir bajo la bomba, a quedarse en una época que no comprende y le
acosa, prefigurando lo que le sucederá a Addyer cuando los controladores
lo envíen sin visa de retorno. Convendría denominarlo “El sueño es el
traidor”.
Oh luminosa y brillante estrella
Si hay una moraleja que puede ser aprendida aquí, es que dar a niños
genios el poder puede tener consecuencias terribles ya que su
advenimiento viene envuelto en capas de estafa y horror.
De inmediato se evoca a los niños de El Veldt de Ray Bradbury y
el grupo gestalt de Más que humano de Ted Sturgeon, ya que a
pesar de la burla implícita en el planteamiento de Bester, mueve muy
bien sus fichas y termina por presentarnos a una legítima aberración
malévola y caprichosa, y más aterradora por que lo es sin saberlo,
semejante al niño de Esa es una buena vida (Jerome Bixby) y
dirigida por Joe Dante en el tercer episodio de Twilight Zone y
también a Toby, quien controla los himenópteros de Verano de avispas
en la recopilación Mundo Azul de Robert McCammon, lo que
demuestra que es un tema recurrente. Intenso y con un final estrujante
es otro de los famosos e inmarcesibles del autor.
Antes la vida era distinta
O como los dos últimos sobrevivientes de Armagedón se lo pasan en
grande, con todo cuanto existe a su disposición en la mayor fantasía de
poder adolescente que pueda practicarse. Con abismos existenciales y
monstruos incluidos, los personajes se enzarzan en una relación
conflictiva y mentirosa cuya lógica implacable los empuja hacia el
desastre, lo inesperado es que cuando ocurre, llega desde afuera
redimiéndolos parcialmente. Demasiado neoyorkino.
Del Tiempo y la Tercera Avenida
O como un pequeño lío cronológico puede disponer las condiciones para
que en la Tercera Avenida de Manhattan se decida el destino de una
civilización. Hay instantes en que parece aún más neoyorkino que el
anterior, recurre a una de las constantes del autor: viajes temporales,
conflictos alrededor de objetos traspuestos (en este caso un Almanaque
Mundial del futuro con columnas de cifras, datos estadísticos, empresas
triunfadoras, accidentes, descubrimientos, avances tecnológicos,
anécdotas y procesos históricos), y toma de decisiones correctas, como
cambiarlo por un billete falso... pero con huellas indudables de ese
porvenir.
El Hombre Pi
Bester por un momento nos pone en la piel de un curioso personaje cuya
función en el universo es compensar las pautas de este lo quiera...o no.
Arriesga, experimenta con el texto, juega y logra colocarnos en una ruta
de extrapolación que entusiasma y motiva.
Las tendencias atraviesan la vida del sujeto y se expresan detonantes,
lo sumergen en el desconcierto, lo apabullan y luego lo estimulan con
aceleraciones, compensaciones, equilibrios a conseguir, casualidades a
descifrar, comprensiones que repasar: lo sincrónico no es lo mismo que
sincronizado, y entonces los ritmos señalan que lo importante es variar
según las líneas de despliegue, probablemente enlazadas con la culpa y
la ira, con espiar sin ser observado para convertirse en el ejecutor
consciente de lo innominado. Recuperará, aunque en otro marco, el tema y
el discurso para Los impostores.
Mi amigo de arriba
Una sátira de los grandes programas de la NASA en clave de comedia
romántica, e introduciendo a una versión ultrasofisticada de Herbie
el Escarabajo en la persona del decente y pacifista satélite OBO.
Aunque puede observarse como un ejercicio que rinde homenaje a la
exploración espacial, al recurrir a la creatividad y a la creación de
redes entre satélites amplia el registro, especula e informa con
solidez. Es también una ofrenda en el altar de la amistad, entre una
pareja y un rOBOt con características especiales, tan espléndidas que ya
quisiéramos existiera.
Finalmente, las introducciones a los relatos tienen tanto jugo y salero
que proveen de solaz y conocimiento, no son simplificaciones de procesos
históricos para ubicarnos, sino fidedigno testimonio personal en
correlación con coyunturas específicas. Los ensayos sobre Asimov y la
historia de la Ciencia-Ficción se leen con un placer inmenso, nos
sentimos partícipes de un movimiento especial más allá de sus
limitaciones, ya que maneja muy acertadamente sus propuestas teóricas y
a pesar de los obstáculos de su participación que podrían obturar su
visión, logra como un buen profesional, distanciarse y arrojar
resultados apreciables. Altamente recomendable y no sólo para los
forofos de Bester.
©
Luís Bolaños y Daniel Mejía;
27-2-2007
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