PARA NOSOTROS, LOS VIVIENTES

Prácticamente
cualquier mapa del mundo
que no incluya Utopía
ni siquiera merece ser ojeado.
Oscar Wilde.


Robert Anson Heinlein (RAH) falleció en 1988, y sus fanáticos han estado más que medio en serio esperando a que se levante de los muertos por más de quince años.

Al final de su más indignante novela El número de la bestia nos enteramos que la Bestia —la monstruosa criatura que seguía a todos sus personajes a lo largo de múltiples universos con una risita maliciosa —era de hecho el mismo RAH y que el libro terminaba con el aserto que la bestia había sido exterminada, y la vacilante respuesta, "Amigo Zebadiah —¿está usted seguro? Lazarus Long, el personaje que a través de cinco novelas era quien más ciertamente encarnaba a Heinlein, era dicho específicamente al final de Tiempo para amar que, “...querido, Tú no puedes morir.” En aquel entonces tenía ya más de dos mil años.

Así que casi no sorprende a los fanáticos que Scribner, quienes originalmente publicaron los famosos “juveniles de Heinlein” (una serie escrita expresamente para adultos jóvenes en los años 1950), esté a punto de publicar una nueva novela de Heinlein —¡Escrita en 1939!

Incluso la ironía de su ocurrencia en titularse Para nosotros, los vivientes es para tomárselo con calma. ¡Por SUPUESTO que las primeras líneas que el gran maestro escribió por dinero resultaron ser una frase célebre que no pagaría por 64 años!

Quizás eso lo dice todo: hay una demanda de prepublicación sin precedentes para este nuevo libro, incluso aunque todos son plenamente conscientes que fue el primer intento de Robert de escribir para publicación, que no se vendió… y que el mismo hizo lo mejor que pudo para destruir todas las copias prontamente antes de su muerte. Sus lectores están muriéndose por un último rastro, sin importar que sea imperfecto, del Gran Maestro (El título Gran Maestro de la Ciencia Ficción es el más alto honor concedido por los miembros de la Science Fiction Writers of America; el primero de su clase fue Heinlein.)

El deseo de Robert de suprimir el libro es en retrospectiva, inteligible. Para nosotros, los vivientes es absolutamente fascinante, empacada con la clase de ideas asombrosas, totalmente sorprendentes y aun así lógicas por las que justamente se hizo famoso, y su intento de ser una novela es inatacable… pero es apenas una historia. Su intención cuando se sentó frente a la máquina de escribir era simplemente llevar a cabo una serie de lecciones utópicas, para propugnar una serie de ideas (por entonces) radicales cuya adopción sintió que beneficiaría a la humanidad. Totalmente consciente que a muchos les disgustaba recibir lecciones, tomó prestado de su escritor favorito, H. G. Wells, la noción de endulzar sus lecciones con una delgada capa de ficción. El contenido de ficción de esta “novela”, en otras palabras, se supone que no debe ser más convincente que aquella de Cuando el durmiente despierte o La forma de las cosas por venir de Wells.

Pero esos fueron trabajos del final de la carrera de Wells, cuando, en las inmortal frase de Sturgeon, había “vendido su derecho de nacimiento por una olla de mensaje,” y perdió el interés en contar historias, Para Heinlein el proceso funcionaba exactamente a la inversa: algún tiempo durante la construcción de este libro, aparentemente se dio cuenta que se estaba divirtiendo mucho más con los personajes que con los conceptos, disfrutando el diálogo más que la didáctica. A meses de completarlo hizo un lado el manuscrito, regresó a la máquina de escribir y compuso su primer trabajo publicado: una de las historias más memorables y conmovedoras de las letras inglesas Lifeline (Línea de la vida). Dos cortos años después era el invitado de honor en la tercera convención mundial de ciencia ficción en Denver, y era ya claro que dominaba su campo.

Así que parte de la fascinación de Para nosotros, los vivientes es que inspiró directamente toda la carrera futura de Heinlein, incluso en gran parte fue capaz de minarla para obtener suficiente material para el menos veinte de sus novelas publicadas. Ideas y preocupaciones a las que regresaría una y otra vez en los siguientes 50 años se encuentran aquí en su forma seminal: viajes en el tiempo, identidades múltiples, trascendencia de la muerte, privacidad personal, libertad, las artes del futuro, la naturaleza del amor sexual, volar a la luna, el peligroso profeta Nehemiah Scudder, y una docena de otras preocupaciones típicas del autor.

Más fascinantes incluso son las argumentadas creencias y teorías que repudió posteriormente. Comúnmente (e inexactamente) tomado por un archiconservador, Heinlein en 1939 era un demócrata de izquierda de 32 años, un miembro influyente del partido radical de Upton Sinclair —EPIC—. Más tarde le explicó al colega Alfred bester, “Simplemente he cambiado de un radical de cabeza blanda a uno de cabeza dura, un libertario pragmático.” Y es enormemente divertido ser capaces de rastrear esa evolución de sus más bien oscuros inicios, igualmente deliciosa es una detallada y bien arreglada “Historia Futura” uniendo 1939 y 2086… ¡En la que se omite la segunda guerra mundial! (Siendo justos, FDR afirmó haber estado igual de sorprendido).

Pero la principal atracción no son las brillantemente construidas explicaciones de teorías económicas no convencionales, tampoco el rico material fuente para trabajos posteriores, tampoco el gentil placer, más amable que malicioso, de ver un gran y amado talento en su inmadura y falible juventud (Como ver a Jay Leno avergonzar a sus invitados con videos de sus primeros trabajos en comerciales de comida para perros).

La razón por que hay tanta demanda previa que Scribner puede tener que volver a las prensas antes de la publicación, sólo para tener algunas copias para poder mostrar en el día de lanzamiento, es simplemente que la palabra se ha esparcido: este libro contiene en cada página la inconfundible, agresivamente racional, irresistiblemente campechana, tremendamente emocionante voz de Robert A. Heinlein —la cual tantos han extrañado por tanto tiempo. Un regalo especial para nosotros, los vivientes.

© Spider Robinson; 05-09-03.
Bowen Island, Brithish Columbia
For Us, the Living. The last of the wine, or, still sane after all these years.
Traducción de: Isaac Robles
Si desea enviar algún comentario pulse aquí
 

Google
BitImagen
Suscríbete al
Grupo Asimov

Powered by es.groups.yahoo.com Yahoo! Grupos

 

Julio 2007

Volver

Editorial

Centenario

Artículos
En esto creo
Robert A. Heinlein.
La naturaleza del Servicio Federal en "Tropas del Espacio"
James Gifford.

Relatos extranjeros

La herencia perdida
Robert A. Heinlein.
Solución insatisfactoria
Robert A. Heinlein.

Relatos peruanos

En busca de Serling
José Güich Rodríguez.

Reseñas
Para nosotros, los vivientes
Spider Robinson.
No temeré mal alguno
David M. Silver.
La edad de oro: 1941
Daniel Salvo.
Galería

Portadas
Víctor Pretell.

BitImagen

Un prescindible para una Viernes esencial
Luís Bolaños.


 
Ediciones Pasadas
  Recursos C-F
  Enlaces
  Escríbenos
  Suscríbete
 
.
Optimizado para 800x600
Agradecimientos

© 2003 Velero25.net
 Todos los derechos reservados.