FARSCAPE: THE PEACEKEEPERS WARS

¡Hola! Se preguntarán porque resucito a este fantasma. Farscape (1999-2003) fue una de las mejores series de CF del Canal SciFi de los USA y nos ofrecía un universo totalmente distinto de lo visto hasta ahora, con pueblos aunque humanoides, realmente alienígenas en su forma de pensamiento, una trama de intriga política muy interesante, y un antihéroe —John Crichton— que era el John McClane del espacio exterior, en un universo al borde de la guerra.

Como sabrán los fieles seguidores de la serie, tuvo un final abrupto en la 4ta temporada (todo porque los gringos prefieren cosas militares como StarGate SG-1…grrr), cuando en un mundo acuático, Crichton y su amada, la soldado Aeryn Sun son aparentemente asesinados por un pueblo alienígena desconocido hasta el momento. Pero no se preocupen, que ante las protestas de los seguidores indignados (que pueden hacer que basuras como Jericho se levanten de sus tumbas) se decidió hacer una película para el cable que terminaba todos los arcos de historia y concluía de modo brillante la serie. De esto estamos hablando, de un monstruo de 182 minutos de duración.

La apertura tiene ese humor típico de Farscape, el inicio tiene al ex-Dominar de Hyneria y amigo de Crichton, Rygel XVI “recogiendo” ¡dentro de su estómago! todos los pedazos de John y Aeryn en que la nave alienígena los había descompuesto. Ahhh…nada como el humor negro de Farscape para empezar el día.

Mientras tanto, las dos grandes facciones en que se divide la galaxia de este universo: Escarranos y Pacificadores, pasan de la guerra fría en que estaban a una fase terriblemente caliente, amenazando con extinguir toda vida que se encuentren el camino, todo bajo la atenta y paciente mirada de la Némesis personal de John, el híbrido de Escarrano y Pacificador, Scorpius.

Mientras John, ya reconstituido trata de dar una pequeña gran explicación a los habitantes del planeta –los Eidelons- de TODA su odisea las pasadas cuatro temporadas. Y créanme, no es fácil de tragárselo; para nadie. En resumen: John llegó a esa galaxia por un hoyo de gusano, por accidente. Se hizo amigo de los prisioneros del transporte Pacificador orgánico Moya, quienes se rebelaron y escaparon pasando de un lado a otro de la galaxia; se hizo de suficientes enemigos para llenar una trilogía de novelas de space-opera; y finalmente llegó —después de algunos encontronazos de cabeza con seres cósmicos como los Antiguos [no, no los imbéciles sin bolas de StarGate] y el ente maligno Maldis— al planeta Eidelon.

Mientras Crichton y su variopinta colección de amigos —la pacificadora Aeryn; el luxano Ka D’argo; la nebari Chiana; el piloto simbionte de Moya, Pilot; el esclavo banik Stark; Rygel XVI y la enigmática curadora Noranti— se adaptan a su nuevo statu quo, el repelente Scorpius aparece en una de las naves pacificadoras aprovechando la información que el “doble” neural del híbrido implantado en John —el adorable y a la vez insoportable Harvey— le da directo a su cabeza sobre la localización de nuestro hombre del espacio. Pero lo más importante son los datos que tiene en su cabeza: el secreto para construir y navegar a través de hoyos de gusano…y como convertirlos en armas. El problema es que John le juró a los Antiguos —el pueblo de seres cósmicos que le dio ese conocimiento para cruzar los límites del espacio y tiempo— que nunca usaría dicho poder para armas. Y créanme cuando les digo que estos Antiguos no se quedarán pasivos ante los intereses bélicos de los insectos mortales.

Lo que sigue a partir de aquí es una espectacular persecución a lo largo de la galaxia por dicho secreto, mientras los Pacificadores y los Escarranos se rompen la crisma dirigiendo una guerra absurda (¿qué guerra no lo es?). Además nos enteramos del gran secreto de los Eidelons que se ha mantenido oculto por 12 000 años y puede ayudar a encontrar una salida pacífica a lo que parece ser una inminente guerra; descubrimos el origen secreto de los Pacificadores y su lazo con los humanos; nos encontramos cara a cara con los Antiguos —que como he dicho tienen MUCHO que decir al respecto, demostrando que a pesar de ser seres que han sobrepasado la Singularidad Tecnológica y estar en el nivel IV de la escala Kardashev, no ignoran a los mortales comunes y corrientes como podrían hacerlo— ; y aprendemos una gran lección: las armas nunca ganan una guerra por más destructivas que sean, cuando son armas del Día del Juicio Final, lo único que pueden hacer es traer la muerte a todos los bandos en conflicto —como los Berserkers de Fred Saberhagen—, son las PERSONAS las que traen la paz cuando deciden discutir sus diferencias y encontrar un punto común de acuerdo para relacionarse. Cuando Crichton se pone a si mismo en una posición de Emperador de Todas Las Cosas tanático es capaz de hacerles recordar esa verdad fundamental a ambos bandos, al demostrarles el verdadero poder de los Antiguos (los cuales se abstenían de usarlo al considerarlo una auténtica afrenta contra su forma de ser como lo explica uno de ellos al emperador de los Escarranos, Staleek: “Nadie debería tener ese poder”, haciendo un más que obvio llamado a una paz sin armas, en vez del mensaje manido de Más Allá de Este Horizonte de Heinlein donde se nos afirma que una sociedad donde todos están armados es una sociedad en paz). Baste decir que el final de la película es apoteósico: el hijo de John y Aeryn nace como muestra de una nueva era donde la vida y no la muerte reinará, y recibe como herencia lo que todos en esa galaxia recibirán: el infinito. Digamos que la imagen final de esta película dice más que mil palabras.

Debemos agradecer esta película no a los productores o ejecutivos hambrientos de plata de siempre (aunque hay que admitir que los dos cerebros detrás de la saga, Brian Henson —si, el hijo del fallecido Jim— y Rockne S. O’Bannon trataron a esta serie con mucho respeto), sino a los millones de aficionados a la CF de todo el mundo que se expresaron a través de todo medio electrónico o físico para protestar por el final sin sentido de su serie favorita y pedir una continuación…y bueno, lo lograron. De hecho, para demostrar la calidad de esta producción, baste decir que gano tres premios Saturn —los Hugos de la televisión— en la categoría de mejor actor (Ben Browder —Crichton—), mejor actriz (Claudia Black —Aeryn—) y mejor presentación de año. Además demostró que Nueva Zelanda y Australia eran excelentes lugares para filmar producciones de CF y fantasía, algo que casi todo el mundo hace estos días (sino díganselo a Peter Jackson), al igual que bodrios menores que tratan de pasar por material de calidad.

Pero lo que importa es que es fiel al carácter original de la serie; en ella los personajes cometen errores terribles, desde los Antiguos a los mortales más bajos, errores que luego tiene consecuencias. Su mundo es imperfecto y dado al fracaso en la mejor tradición tanto dickiana como de western —no en vano autores como Jack Vance y Moebius dicen haber sido inspirados por el segundo género—; el mundo literalmente los empuja a hacer lo que hacen y ni siquiera es por las mejores razones sino por puro azar. No son las personas correctas en el lugar apropiado, no: son los perdedores del juego. De hecho se podría calificar a John como un personaje de Jack Vance, a la altura de Magnus Ridolph si no fuese intelectual, Kirth Gersen si fuese pacifista o Adam Reith si tuviera un medio asegurado de volver a casa. Atípico, ¿no? Pero aún así es un personaje vaneceano: un solitario envuelto de peligros con chica guapa y atrevida acompañado de no-humanos contra todo el universo; más vanceano no te puedes volver. Y es que Crichton es un paria a donde vaya: las facciones en guerra galácticas harán lo que sea por apoderarse del secreto de los hoyos de gusano y en la Tierra lo ven como un hombre alienado por todas las situaciones límite que ha pasado en el espacio, con las naciones del mundo o incapaces de entender o administrar las tecnologías que ha traído consigo. Solo al final de la miniserie, cual Gully Foyle, acepta que el espacio es su nación, y las estrellas su destino. No hay vuelta atrás, renuncia a la Tierra para abrirse a un universo entero. Es en terminar la estupidez de los Escarranos y Pacificadores cuando Cricthon encuentra su descanso y su redención.

¿Y porque estoy reviviendo este fantasma si la miniserie es del 2004? Bueno:

  1. Porque me pareció una buena idea y

  2. Porque en www.fanfiction.net un idiota ha mezclado Farscape con Dr.Who, diciendo que los pobres Eidelons, que son mediadores por excelencia y han sido perseguidos como la peste negra por los imperios hostiles de la galaxia hasta casi extinguirse, sean en realidad conquistadores y deberíamos estar agradecidos por tener el derecho a “estar en guerra y morir en guerra” (op.cit)…¡Anda! ¡Dile eso a Cindy Sheenan bastardo! Si quieren dejar su opinión escriban aquí.

Ya saben, como dijo Sturgeon sabiamente en un relato: no digan “maldición” cada vez que vean a alguien no hacer nada por el mundo, háganlo ustedes y quéjense. No dejen que la estupidez triunfe. Nosotros podemos hacer la diferencia.

© Daniel Mejía; 30-12-07.
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