BITIMAGEN: AHAMOT

Podemos decir que ha sido una de mis atracciones tardías y una bastante frustrante, también corta, cuando me tropecé hace ya un lustro con Homecoming (por si acaso aparecía sin nombre de autor ni dibujo), respingué, había captado no sólo las emociones sino el nivel tecnológico que se esperaba se plasmaría en la exploración espacial desde la óptica de los relatos clásicos, en una atmósfera azulada atravesada por los chorros de luces de la nave de exploración acabada de planetizar, se desplazan cuatro de sus tripulantes provistos con pistolas, adelante con una linterna de mano y un traje presurizado de caucho con escafandra estilo pecera se encuentra una mujer con un rostro bello y enfático, allí se congregan la curiosidad, la determinación y el temor, lleva una cinta roja en la frente a manera de adorno y líneas de sombra depositan en su faz un latido de peligro, nunca veremos que probable riesgo se oculta en ese bosquecillo cuyas hojas semejan las de las acacias pero podemos presentir que les obligará a añorar la seguridad del hogar. Tampoco supe de que se trataba, la novela que conozco con ese título, pero no he leído, pertenece al ciclo del Libro del Mormón de Orson Scott Card.

Gracias a la excelente y nunca bien ponderada Imagenetion tuve acceso a una decena de obras de Warhola, estimulado por el hallazgo me lancé a la búsqueda de más imágenes, no obstante mis esfuerzos no fueron coronados por el éxito (por esa época con R.K. Post y Julius Zimmerman ocurrió algo similar, pero luego me desquite), las webs artísticas ofrecían escasas nuestras de ese talento, quizás por eso el interés estuvo hibernando hasta que Víctor me propuso que Warhola nos acompañara en la singladura de 2007.

De nuevo indagué pero apuntando a la biografía, y de inmediato saltó la liebre, sobrino de Andy Warhol, dedicado en lo fundamental a ilustrar libros infantiles, producir colecciones de cartas y merchandising variado (que incluye muñecos y esculturas) no parecía un candidato ideal, a pesar de su magra realización en nuestro tema decidimos ofrecerlo, lo escaso no estaba reñido ni con la calidad ni con el espíritu que nos animaba, ni con el objetivo de dar a conocer a diferentes estilos y dibujantes, aunque fueran difíciles por razones colisionantes (John Picacio o Michal Dubkiewicz)

Existían pocas y ocasionales incursiones en la CF, especialmente en representaciones gráficas para carátulas de novelas de reconocidos escritores como Roger Zelazny (El último defensor de Camelot, La variante del unicornio, Noche de un octubre solitario, aunque habría que añadir que los 33 dibujos interiores y la contracarátula son de Gahan Wilson), Robert Heinlein (Tropas del espacio, Puerta al verano, Tiempo para amar, Forastero en tierra extraña), Philip José Farmer (El libro de P.J. Farmer), Joe Haldeman (Mundos Aparte), Spider Robinson (Toque de Callahan y Legado de Callahan, de la serie del “Bar Encrucijadas temporales” de Mike Callahan), Larry Niven (Smut Talk, relato de la serie Taberna de Draco publicado en Playboy), Ron Goulart (Suicide Inc.).

Apuntemos sin ser copiosos algunos detalles: En Callahan’s Legacy impresiona el monstruo trípedo, de connotaciones acuáticas y con tres ojos colgantes de pedúnculos que bebe vino y cerveza mientras recibe el estímulo de un mutante frankesteiniano, un perro sabio (en seguida pensé en Sirio de Olaf Stapledon) y un par de humanos, el varón con pinta de intelectual o de antropólogo retirado al tercer mundo correspondiente de ese planeta y una rubia que apoya su región olecraneana con confianza en la rodilla púrpura del engendro, con sólida estructura mamaria y con suficientes redondeces insinuantes para hacer estremecer a un atleta de mármol, mientras que Callahan’s Touch en una síntesis de lugares comunes parodiados con gracia y mala leche, allí se codean desde el robot hasta el trasgo pasando por la sirena y el Ratón Mickey, sin olvidar el samurai pendenciero y la femme fatale, atendidos por un rubicundo barman irlandés e alumbrados por la copia de un Velásquez que por si sólo ya era notable con ese rostro alienígena que sorpresivo emerge del espejo; Ghost Standard se balancea indefinido entre un cierto aroma infantil (nutrido por los colores pastel) y una bocanada de ese horror jocoso que sacude las comedietas juveniles (condensado en ese corpachón de langosta que ocupa en primer plano); El Ultimo Defensor de Camelot destila sarcasmo cuando reúne una provocativa callejera y una doncella medieval flanqueando a un cómico mago dudoso de sus capacidades, y con la presencia de un observador escéptico (probable asistente a reuniones de Alcohólicos Anónimos) y un jinete acorazado, probable descendiente de Amadís de Gaula; Night in the Lonesome October vuelve a jugar con la parodia, la aglomeración, las yuxtaposiciones y la sátira vertida a toneles, allí se topan Frankenstein, Sherlock Holmes, Rasputín, Jack el Destripador y su mascota Snuff (quien cuenta la historia de un asesino serial con la óptica de un perro); en Smut Talk retorna a los BEM rijosos que andan toqueteando (el caso que nos ocupa es de órdago: un repugnante multibrazos verdoso y con cabeza de botijo prueba con una de sus garras la elasticidad del tafanario de la bella de turno) y violando a cuanta chica terráquea se les atraviesa no importa cuales sean las características fisiológicas, mientras el cantinero reparte copas a un grupo de aliens de lo más tópico pero al mismo tiempo de lo más chusco; Sorcerer's Aerie es uno de los motivos que me llevaron a insistir en más obras de James: posee una intensidad tal que casi te cuenta los entresijos de una saga mientras mueves tus ojos por el encuadre por que el centro de impacto visual es una ventana con picos montañosos irrumpiendo entre nubes con los tonos azulados que lo identifican y uno de los cuales transporta (ninguna vez mejor dicho) un castillo de ensueño… y en ese encuadre destacan el monje obeso que funge de preceptor de dos jóvenes aristócratas (es que no puede ser de otra manera, ella resplandece en contraposición a la actitud algo sombría del joven) rodeados de anaqueles con redomas, parafernalia alquímica, orbes y aves disecadas, y tres sirvientes de fealdad exquisita que me recordaron las descripciones de Mervyn Peake en la trilogía de Gormenghast; Starship Troopers, presenta a un malencarado mercenario con armadura espacial, el rostro plagado de cicatrices y hondas arrugas de amargura en un enfoque crítico a la imagen festiva de la guerra que intenta pasarnos de contrabando Heinlein, los morados y los grises azulados refuerzan ese toque no tradicional que late en la concepción formulada a través del dibujo; Stranger in a Strange Land es desde cierto ángulo el fluido desliz con rango de encantador entre un ahogado que aún resuella y una sirena fina y grácil, y la gama de tonalidades rica y sugestiva contribuye a dotarlo de vehemencia en medio de su ilusoria serenidad; Suicide Inc. muestra a tres facinerosos con sorna y colorido parados en una calle con casas de extraño diseño curvo (suponemos que para contrarrestar secuelas gravitatorias funestas); Time Enough for Love es un tanto machista en su esbozo, tres guapísimas mujeres adorando a un escocés (por el kilt y la banda sobre el pecho) en colores pardos (significa rechazo al personaje, aunque se que esta opinión será objetada por los fans de Bob); Worlds Apart acarrea tal carga de tristeza que sin leer la novela sabemos que los moradores de este mundo que nos ha tocado en suerte están o condenados o huyendo, aunque repite el esquema urbanístico de Ahamot los OVNIS le proveen de un enlace hacia una dimensión diferente, y al final me detengo deslumbrado a admirar la pelirroja protagonista que derrocha belleza y valentía, con el rostro enmascarado envuelto en vibrante cabellera, y prometiendo una nota de esperanza que equilibra el conjunto del cuadro.
 

Apenas un par dedicadas a la fantasía: Thor (mitología escandinava) y Ahamot (mitología eslava) y pare usted de contar. A la primera dedicamos unas breves palabras: Thor es un torbellino de acción y potencia que imaginamos inaudita, lanzado contra la colosal espacionave que alguna amenaza significa, la combinación de azules proporciona levedad a un evento que con otra elección devendría en pesado y reiterativo.

A la segunda la elegimos para comentario in extenso: En Ahamot quisiera creer que encontrar una referencia mezclada de cúpulas acebolladas rusas y torrecillas estilo decimonónico-futurista en el fondo rojo es crucial para comprender el dibujo, que sólo tiene tres detalles: un inmenso satélite rocoso y bombardeado de meteoritos que parece a punto de caer sobre el planeta, unas agujas remedo de bosquejos urbanos que en ocasiones poseen bulbos y en otros collarines o ensanchamientos, acribilladas de lucecillas y lo esencial y rutilante: una guapísima hembra cuya capa cuelga de sus antebrazos revelándolo todo, apenas envuelta en un torbellino de polvo de estrellas mientras el icono conceptual se distribuye por su cuello esbelto, cuerpo exquisito y miembros torneados, uno tiene la impresión que la iluminan desde cierta distancia para provocar ese efecto, la beldad levanta con levedad el mentón dejando que su endrina cabellera se derrame sobre su hombro izquierdo, flota ofreciéndose, pero con calculada fuerza, en sus músculos apetecibles parece dormir una tormenta, es una invitación para el goce entre iguales, sus mamilas (definición técnica, ya que los pezones se hallan cubiertos) se sienten colmadas y nutricias (casi grávidas), su abdomen plano incita a recorrerlo con nuestros dedos, su ombligo encantador a invadirlo con la punta de la lengua, sus flancos que en simultánea convidan a rodearlos con nuestras manos también invitan a gozar con delicadeza en el agarre, contradicción que apunta a un acercamiento cuidadoso y tierno, donde la cautela no ahogue la iniciativa y donde la sensibilidad retorne en cada momento por sus fueros en el marco de una auténtica seducción, luego pasear por el ánfora de sus caderas que brillan henchidas de un licor secreto, lo cual equivale a sumergirse mórbido y cálido en el vértice de su pubis, dejando que la conciencia se desvanezca agitada por el apetito de catar su piel azul, de hundir los dientes en la carne maciza de sus monumentales muslos, lamer la sal de sus pantorrillas, detenerse en la blanda oquedad de su hueco poplíteo y después trepar a contravía hacia las esféricas protuberancias glúteas dejando un rastro de saliva en los cuadriceps e indagar a fondo en el misterioso equinodermo encajada entre ellas, quizás con el afán de retrotraernos por un momento a aquellas primitivas fases evolutivas donde la simetría radial imperaba con su único eje corporal y donde besar la boca trasera era idéntico a besar la boca delantera; entonces resbalo en mi propio deleite y se que cualquier disquisición vuelve a su anatomía y no necesito elaborar frases más allá de las iniciales para dos de los tres elementos, que debo volcarme sobre la belleza ofrendada y rendirle homenaje de la misma forma como rindo mi deseo, con movimiento suave pero constante.

© Luís Bolaños; 28-08-07.

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"...quisiera creer que encontrar una referencia mezclada de cúpulas acebolladas rusas y torrecillas estilo decimonónico-futurista en el fondo rojo es crucial para comprender el dibujo, que sólo tiene tres detalles: un inmenso satélite rocoso y bombardeado de meteoritos que parece a punto de caer sobre el planeta, unas agujas remedo de bosquejos urbanos que en ocasiones poseen bulbos y en otros collarines o ensanchamientos, acribilladas de lucecillas y lo esencial y rutilante: una guapísima hembra cuya capa cuelga de sus antebrazos revelándolo todo, apenas envuelta en un torbellino de polvo de estrellas mientras el icono conceptual se distribuye por su cuello esbelto, cuerpo exquisito y miembros torneados, uno tiene la impresión que la iluminan desde cierta distancia para provocar ese efecto, la beldad levanta con levedad el mentón dejando que su endrina cabellera se derrame sobre su hombro izquierdo, flota ofreciéndose, pero con calculada fuerza, en sus músculos apetecibles parece dormir una tormenta, es una invitación para el goce entre iguales, sus mamilas (definición técnica, ya que los pezones se hallan cubiertos) se sienten colmadas y nutricias (casi grávidas), su abdomen plano incita a recorrerlo con nuestros dedos, su ombligo encantador a invadirlo con la punta de la lengua, sus flancos que en simultánea convidan a rodearlos con nuestras manos también invitan a gozar con delicadeza en el agarre, contradicción que apunta a un acercamiento cuidadoso y tierno, donde la cautela no ahogue la iniciativa y donde la sensibilidad retorne en cada momento por sus fueros en el marco de una auténtica seducción, luego pasear por el ánfora de sus caderas que brillan henchidas de un licor secreto, lo cual equivale a sumergirse mórbido y cálido en el vértice de su pubis, dejando que la conciencia se desvanezca agitada por el apetito de catar su piel azul, de hundir los..."

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Agosto 2007

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