EL SINDICO

Sobre un USA que sobrevive como isla de orden en medio de un planeta devastado sin que nos expliquen con variables certeras como se transitó hacia esa situación, con un doble gobierno, la mafia al oeste y una organización —similar en cuanto al acceso a la dirección del estado pero distinta en aspectos fundamentales de funcionamiento (El Síndico)— en el este; sin embargo, a pesar de dedicarle atención a las maneras de plasmación de las políticas de ambos gobiernos, autoritario el mafioso, benévolo el Síndico, las diferencias no emergen con facilidad de su revisión.

Hay que leer entre líneas para que la interpretación sea jugosa, cuando tenemos un grupo de malhechores entronizado en la zona de los Grandes Lagos y el Medio Oeste extendiéndose hacia la costa Pacífica (sin una detallada descripción, y un régimen desplegado en el territorio de la costa Atlántica, caracterizado por entregar la dirección de la sociedad a una “persona elegida por una comunidad o corporación para cuidar de sus intereses”: sólo que en la novela la elección debe recaer en los líderes de la insurrección que dio al traste con la nación o en sus descendientes por línea de sangre, y así deviene en un original sistema un tercio aristocrático, un tercio anarquista y un tercio gremialista liberal, Kornbluth quiere señalarnos que tales estructuras son consustanciales con la historia norteamericana. De allí, que en la formación socioeconómica desplegada por “El Síndico”, fértil en propuestas, se exprese la confusa coexistencia de verticalismo jerárquico en la cúspide, decisiones democráticas en los procesos sociales y productivos y pautas de corrupción en su dedicación a la satisfacción ludopática de la población. (Anotamos que en general los territorios coinciden con las zonas gobernadas por el fundamentalismo religioso y por el liberalismo que permite el vuelo en la novela de Thomas Disch: “En Alas de la Canción”)

Gran parte de la organización de la vida cotidiana ha quedado en manos del ciudadano de a pie, mientras el grupo de poder aceita las relaciones entre usuarios y propietarios en cuestiones de comercio, empleo, salud y bienestar social (cobrando precios módicos), y monopoliza el control sobre aquellos mecanismos de entretenimiento lúdico (que abarcan desde apuestas, loterías y carreras de caballos a prostitución, espectáculos y extorsión cobrada como protección) que le permiten pingües ganancias.

Con El Síndico, como por arte de magia y prestidigitación han desaparecido defectos y taras como alcoholismo, violencia, depresiones, pobreza... y ciertos conocimientos académicos y científicos (por ejemplo: la psicología ha caído en desgracia). No obstante, nunca llega a convencerme, demasiado hermosa esa colectividad para ser cierta, merecía detenerse en algunos detalles del auténtico funcionamiento social y político para que brotara la claridad más allá de afirmaciones y o informaciones como que: se han disuelto las leyes de la economía y sus nefastos resultados, los matrimonios también pueden ser cruzados (dos parejas que se intercambian), poligámicos y hasta poliándricos, el deporte de bandera es un tipo de polo que se juega con jeeps, caballos, ametralladoras y bolas de hierro, las obras de Shakespeare (y en general de cualquier autor) son modificadas con cierta periodicidad para que transmitan imágenes y conceptos que apoyen tanto los elementos visibles de la organización de “El Síndico” y sus articulaciones cardinales con la población como a quienes detentan el poder y los ejecutan. No obstante, siempre quedan huecos tan grandes que a través de los mismos pueden desfilar otras alternativas. El aprendizaje de los cuadros de “El Síndico” está demasiado apegado a la herencia genética para ser práctico y atenta contra la plasmación de la propuesta.

Al fondo yace una corrosiva crítica a USA, pero también al socialismo realmente existente, ya que la asonada equivalente a la toma del Palacio de Invierno (la toma del fuerte George Roy Hill en New York tras la II Guerra Mundial, será el pilar de Jonbur para esta historia alternativa) deriva a un modelo que poco o nada se emparienta con el de la URSS. Lo nuevo será el surgimiento del Grupo de los Síndicos (ya que la Mafia hace mucho que es estructural a USA) quienes dirigen la rebelión y asaltan Washington y Baltimore para alzarse con la victoria.

Esas objeciones no borran el atractivo que posee un argumento semejante en plena era maccarthysta, por lo que sugiere y lo que presenta. Es evidente que Cyril corrió riesgos al publicarla, pero como escritor de ideas progresistas (condecorado con la Bronze Star por su participación en la batalla del Saliente de las Ardenas) cumplió con su cuota opositora... sin que en ningún momento la censura se fijara en su relato, gracias a la consideración de inofensiva en lo social pero peligrosa en lo tecnológico (episodio de seguridad nacional con Clive Cartmill y su relato sobre bombas atómicas) que adjudicaban a la CF. Es notable la ausencia de referencias en inglés de su novela, y es una de las pocas ocasiones en que existe mayor número de entradas en español.

Para que las peripecias sean motorizadas se requieren conflictos, ya sea entre los dos poderes que coexisten en territorio USA o con el gobierno en el exilio (e cual ha pactado acuerdos con la mafia para atrapar entre dos fuegos a “El Síndico”), que continúa usando sus submarinos para desembarcar saboteadores o asesinos en las playas atlánticas (Islandia e Irlanda son sus refugios), cuya psiquis se derrumba psicológicamente o prefieren extraviarse entre la gente, cuando comprueban que sus acciones no desencadenan los efectos previstos, ya que la gente los absorbe y remedia hasta con alegría, el paradigma mental de la costa este ha cambiado al extremo de tornarse incomprensible para los merodeadores, quienes provienen de un sistema que ha involucionado hacia la esclavitud enfatizando las peores lacras del capitalismo.

Un prólogo con sabor académico, firmado por Taylor, un gran teórico e historiador Síndico, intenta introducirnos a la comprensión y prepararnos para que aceptemos ciertos presupuestos que le proporcionen fluidez al relato. En el texto especula sobre el significado de la historia, la impredecibilidad y la planificación, la construcción de la realidad y la posesión de la verdad por un minúsculo y determinado grupo, señalando de paso como los clásicos del pasado no asumían ni las emociones ni las enfermedades y contrariedades que acosaban a los grandes personajes, falseando sus biografías y rematándolas como hagiografías. Es un texto clave, por que Kornbluth coloca en su boca un credo que incorpora toques colectivistas, críticas al marxismo, loas a la herencia de sangre, manejos gangsteriles y masas lúcidas con responsabilidad sobre su destino en un mezcolanza impresionante. Evidentemente rompedor. Lástima que los críticos y comentaristas no hayan sido solícitos con esta obra que da para tanto.

No dudamos de las intenciones renovadoras y cuestionadoras de Cyril en plena era de McCarthy, con planteamientos originales que subliminales se implantaran en las mentes de los lectores (un auténtico enemigo del american way of life), pero elude magistralmente las contradicciones, derivadas del choque entre las propuestas alentadas por el Síndico y la continuidad de instituciones de la época anterior, que se mantienen incrustadas en el tejido social por la tolerancia de esas mismas propuestas, trasladando los acontecimientos a una aventura exterior al sistema para dinamizarla, que enriquecen el registro pero no profundizan en la distopía planteada.

Es probable que algunos al revisarla crean que se trata de un borrador apresurado entregado a las exigencias editoriales, con ideas brillantes pero sin pulido final, para cumplir un compromiso; quizás debido a que no terminan de encajar las problemáticas relaciones entre la Mafia y El Síndico, ni los constantes raides del ejército del gobierno USA en el exilio (“... había degenerado en un monstruo de los albores de los tiempos, especializado sólo en dientes, garras y músculos que lo impulsaran”) fracasando ante los superiores principios que animan a los habitantes de esa nueva experiencia encarada en El Síndico, ni se explica con argumentos adecuados la situación de demolición y postración en que yace el planeta (breves fragmentos situados en Inglaterra y Francia la exponen, y un conjunto vertiginoso de lances acaecidos en Irlanda la extienden, pero no son representativas al no recurrirse a otros continentes para contrastar), para mí la única objeción válida es la última, las anteriores forman parte del argumento y lo propulsan. Creo que es una divertida novela que se propone plantear una distopía disparatada frente a la persecución de McCarthy y clavar una pica en Flandes, en una peligrosa apuesta.

Hay no obstante deudas: una vez trazada la tangente que drenará lo global hacia las peripecias de acción, romance y valentía, y producida la reorientación hacia los episodios de lavado de cerebro, infiltración y huida, se abandonan los intentos de explicar el desastre mundial y lo poco añadido o es fútil o es superficial, sin llegar a convincente. Pero la lógica interna se mantiene, ya que un escape espectacular del protagonista, por ejemplo, está ligado a que practica ese tipo de polo señalado líneas arriba. El segmento dedicado a Irlanda incorpora brujas célticas, encantamientos druidas, poderes parapsíquicos asombrosas, y quizás el salvajismo atribuido a sus hechiceros sólo sea licencia literaria, en cierta forma necesaria, para la transición que requiere convertir a una niña con ego lastimado, de candidata a maga de su tribu en aliada para una fuga desesperada. Ah, y por si acaso, no soy traidor si digo que como valor agregado trae una “italian love story” con cierto encanto agreste.

© Luís Bolaños; 08-07-07.
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