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Legiones en el
tiempo (Michael Swanwick):
Un relato algo confuso, donde las cosas suceden bastante rápido. Una
viuda sobreviviente a la gran depresión norteamericana se ve envuelta en
una extraña guerra entre habitantes de distintos tiempos, sin saber que
su identidad es la clave de la victoria en esta lucha. Es de admirar la
capacidad que tiene la protagonista para deducir correctamente su
situación y aceptar la existencia de viajeros temporales, así como el
funcionamiento de aparatos de tecnología desconocida… misterios que se
explican en el sorprendente final.
Voces del pasado distante (Víctor Conde):
Un hermoso y conmovedor relato sobre la pena que causa perder a un ser
querido, y cómo nos aferramos a cualquier posibilidad de recuperarlo,
por más remota y descabellada que parezca. Una muchacha capta un mensaje
emitido por su padre desaparecido, quien a su vez cree haber captado un
mensaje de su difunta esposa por el mismo medio, un receptor de radio de
avanzado diseño. Después de todo, ¿quién puede decir que lo sabe todo?
Pájaro dorado (Mary Rosemblum):
El protagonista, un joven de ascendencia vasca, viaja desde una
reservación a la ciudad del futuro. En ella, es abordado por una hermosa
joven, que resulta ser una suerte de agente de seguridad. No vaya a ser
que el chico traiga alguna enfermedad. Supongo que lo futurista está en
el utilizar seres humanos como caldo de cultivo para detectar gérmenes…
Te están mirando, muchacha (Mike Resnick):
Si no han visto “Casablanca”, no van a entender nada. Y si la han
visto, no se pierden de nada si dejan de leer este relato, una suerte de
escena final narrada por el personaje principal.
En el refugio (Tom Purdom):
¿Recuerdan la película "Juegos de guerra", con Mathew Broderick
haciendo el papel de geek que se introduce en el sistema de defensa
norteamericano y casi desata una guerra mundial? Algo así sucede en este
relato, pero desde una perspectiva más siniestra. Un niño juega
videojuegos de guerra que resultan ser más que simples juegos. Y no, el
niño no se llama Ender.
Nimby y los saltadimensiones (Cory Doctorow):
Al fin, un relato ágil y entretenido, con un toque de humor que funciona
bastante bien. En un futuro y una dimensión con casas orgánicas y
bicicletas que crecen en los árboles, converge una especie de portal al
cual van a dar todos los saltadimensiones de todos los pasados de los
universos paralelos, irremediablemente. Y resultan ser siempre los
mismos, es decir, las diferentes versiones del mismo perseguidor y de la
misma presa. Obviamente, los moradores de la casa a la cual llegan los
saltadimensiones están hartos de esta situación, lo que los fuerza a
tomar medidas desesperadas. También, a quien le gusta ver aparecer en su
casa a las mismas personas una y otra vez…
El hombre que se burlaba del tiempo (José Carlos Canalda):
Este cuento se parece como dos gotas de agua a la película “Click",
excepto por una cosa: el cuento está muchísimo mejor, sin la aburrida
carga que constituye la “intención moralizante” de la que adolece la
película protagonizada por Adam Sandler. En el cuento que comentamos, un
individuo descubre durante su niñez que puede “salirse del tiempo”, es
decir, suspender su consciencia de tal manera que, durante el período de
tiempo elegido, no sienta el paso del tiempo, con las ventajas que esto
puede reportar: no sentir los momentos tristes o aburridos de la
existencia, los cuales recuerda haber vivido como si se tratase de una
tercera persona. Sin embargo, un gran poder siempre trae una gran
responsabilidad, a menos que quien detenta el gran poder sea un mediocre
a prueba de balas. Muy divertida.
En el Dorado (Geoffrey A. Landis):
La primera historia que leo de este autor, y me ha encantado, aunque no
deja de ser algo melancólica. Imagínense que un buen día les notifican
que ha muerto un ser querido, pero al día siguiente, éste mismo ser
querido aparece frente a ustedes, vivito y coleando: un fenómeno
temporal lo ha traído del pasado (cuando estaba vivo) a nuestro presente
(cuando sabemos que está muerto). ¿Lo dejamos “volver” a su tiempo? ¿Le
contamos lo que le “va” a pasar?
En los arcos de Galatea (Alex Irvine):
¡Que viva la ciencia ficción hard! Sobre todo si permite escribir
relatos como este. El protagonista es una suerte de minero espacial en
búsqueda de diamantes que se producen en la atmósfera de Neptuno,
descrita con una cautivante profusión de detalles. La descripción de la
nave y la estación espacial en la órbita neptuniana son una maravilla,
algo que hace que el lector quiera volver a visitar esas páginas. Por
cierto, a nuestro minero le va mejor en los negocios que en otros
aspectos de la vida. Ni modo, no podía faltar el toque de melancolía,
adecuadamente enmarcado en el fascinante paisaje espacial.
© Daniel Salvo; 09-08-07.
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