LOS PROTOCOLOS DE LA CIENCIA FICCIÓN

En 1996, por Internet, se debatió la existencia de los protocolos en la lectura de la Ciencia Ficción dentro de una conversación de grupo. Hasta ese momento no creí necesaria una explicación, ya que dichos protocolos me parecieron claros y evidentes desde que Samuel R. Delany los introdujo en una reunión de la Asociación del Lenguaje Moderno hace dos décadas. Sus observaciones, junto con otras que ampliaban la comprensión de sus ideas, se publicaron varias veces en diversos periódicos que incluyen también la colección Starboard Wine, en 1984. Aquello ha aclarado mucho los procedimientos de lectura y, como yo también adopté ese método, he encontrado que mis estudiantes lo han usado en la lectura en cierto modo que, quizás, Delany no aprobaría, ya que he incluido unos ejercicios en mi clase de Ciencia Ficción que indujo a mis estudiantes a leer y discutir, línea por línea, el cuento Sail on! Sail On! de Philip José Farmer.

En su presentación en la Modern Language Association, Delany refirió algunos problemas de lectura que encontró en las universidades y en otros lugares que visitó, sobretodo el hecho de que muchas personas no pueden leer Ciencia Ficción, ya que para ellos el texto en sí no tiene sentido. Él cita un par de frases como ejemplo: “las operaciones del monopolio de la minería magnética en el cinturón de asteroides externo de Delta Cygni…” así como “Él insertó su tarjeta de crédito en la ranura de compras; su factura se transmitió a la oficina del contador municipal para ser cobrada contra el crédito acumulando de su primero y de su segundo trabajo.” No les quiero indicar las dificultades que tuvo Delany para explicar, a aquellos lectores que no leían Ciencia Ficción, lo que significaban estos conceptos pero puedo repetir su respuesta final a la pregunta que le hicieron: ¿Debe tomarse en serio la Ciencia Ficción? Esta pregunta fue incluida en el artículo “Algunos Presuntuosos Acercamientos hacia la Ciencia Ficción”. Él contestó: “… sí. Es un fenómeno fascinante del idioma, y sus diferencias intrínsecas con el lenguaje tradicional literario, suscitan un mayor interés.”

A la pregunta: “¿La Ciencia Ficción es una manifestación igual a las otras categorías de escritura?” Delany contesta: “…no. La Ciencia Ficción es una forma diferente de otras categorías de escritura, particularmente de esas categorías que tradicionalmente se llaman literarias. Sólo el trabajo es hecho en la misma forma que en las otras categorías de la escritura, pero tiene convenciones específicas, puntos de vista únicos, áreas de interés excelentes, así como su propia forma particular de lenguaje y del sentido del idioma. Ignorar cualquiera de estos puntos constituye una grave falta en la lectura —un olvido imperdonable en ese juego de significados producido por un texto de Ciencia Ficción.” Para ensalzar el juego de significados al que se refiere, escribió luego un libro entero sobre el tema, llamado The American Shore, que trata sobre la lectura a fondo de un cuento corto de Thomas Disch, llamado Angouleme.

En ese ensayo, Delany resalta el hecho de que “las convenciones de la poesía, del drama o de la ficción en general —así como de la Ciencia Ficción— tienen un lenguaje completamente distinto para cada uno de estos géneros” y, en otro ensayo, él nombra el proceso con el cual uno se acerca a esos géneros diversos y lee dichos lenguajes, como “protocolos”. Mientras yo elucubraba sobre este significado, me di cuenta de que una buena lectura es sólo una cuestión de aprender los protocolos y de aplicarlos con entendimiento y con sensibilidad a un género literario particular. Por ejemplo, la poesía no se lee con los mismos protocolos que la prosa; o un ensayo como un artículo o como un cuento corto, y tampoco una novela, o, cualquiera de los anteriores como una obra de teatro. Asimismo, los subgéneros o las categorías tienen sus propios protocolos, —el misterio, por ejemplo,— el lejano oeste, el gótico, la novela de amor, la fantasía, la ciencia ficción. En cada caso debemos identificar el género y luego aplicar el protocolo apropiado. Si uno no conoce el protocolo correcto o no identifica el género, uno no está leyendo correctamente el texto en el sentido o, al menos, en la forma mejor para disfrutar de una lectura que se basa en lo que realmente es la intención del autor o en lo que afirman otros lectores experimentados.

Al no aplicar los protocolos, como se ilustra en el diseño clásico de James Thurber, “The Macbeth Murder Case”, uno comete errores. En ese relato, un esposo acostumbrado a leer nada más que novelas de misterio se encuentra de vacaciones en una isla del Caribe, adonde lo ha llevado su mujer, sin un libro para leer, hasta que el narrador sugiere que trate de leer alguno de los pocos libros que se encuentran en la biblioteca del lugar, como un volumen con las obras de teatro de Shakespeare. El protagonista, lector de obras de misterio, lee y luego explica la trama, día a día, aplicando los protocolos de misterio en la obra de Shakespeare. Por lo tanto, deshecha a Macbeth como el culpable en la obra, y luego a Lady Macbeth por ser demasiado obvia, y decide al final, que el culpable es el mozo de la portería.

Puedo citar numerosos ejemplos diversos. Si uno trata de leer Alicia en el País de las Maravillas como si fuera una novela de ciencia ficción, se preguntaría escépticamente, cómo es que Alicia cayó en el agujero del conejo sin hacerse daño, o, de dónde vino la mole que se formó cuando creció tan alta (o cómo es que sus huesos pudieron soportarlo) y también, adónde fue la mole de su cuerpo cuando se encogió. Todas estas preguntas son, por supuesto, inapropiadas, porque si un lector se acerca a la fantasía con escepticismo, esta se evapora y uno no puede disfrutar de la lectura. Por otro lado, si uno lee Ciencia Ficción “hard” o tecnológica, sin hacerse preguntas escépticas, como si fuera una fantasía, (que es un evento mucho más común), entonces el lector se perdería uno de los aspectos más importantes de la Ciencia Ficción “hard” y es el hecho de crear un mundo funcional que es diferente pero consistente con el mundo en el cual vive el lector. Por supuesto que hay muchas historias de Ciencia Ficción que suceden en mundos que imitan a otros ya descritos anteriormente o donde la construcción de dicho mundo requiere una pequeña participación de la imaginación del lector. A veces la llamamos Ciencia Ficción y a veces Ciencia Ficción de aventura, como son las novelas de Edgar Rice Burroughs o las de Abraham Merritt u otras muchas novelas épicas del espacio. También, en alguna forma, se escoge un mundo como ejemplo entre los mundos mejores, como el que se describe en “Duna” de Frank Herbert, sobre uno en vías de construcción, aunque otras partes del libro se pueden leer como intrigas de palacio o como una tragedia griega.

La mayoría de las películas de Ciencia Ficción provienen de otras tradiciones, pues derivan de la inspiración de anteriores generaciones de literatura, como sugiere John Baxter, o aún de antiguas películas (con alguna posible excepción, por ejemplo: Things to Come de Wells y 2001 Odisea del Espacio de Kubrick) y es mejor verlas con otros protocolos que no sean los de Ciencia Ficción. Es posible ver Star Wars como un cuento de hadas o E.T. como Lassie, Regresa a Casa.

En una serie de artículos aparecidos en The New York Review of Science Fiction, en 1996, Delany condenó el intento de definir la Ciencia Ficción como algo imposible e indeseable. Sin llegar al debate, admitamos que la Ciencia Ficción es difícil de definir y sigamos con lo que típicamente constituye la Ciencia Ficción. Ella interviene en el cambio de circunstancias de una realidad diaria, introduciendo una o más alteraciones significativas. Un cuento corto de ciencia ficción, o una novela, construyen mundos plausibles donde la alteración o las alteraciones que se describen pueden existir. Por lo tanto, la Ciencia Ficción introduce al lector en ese mundo, a veces muy rápidamente o podría ser también poco a poco. La forma en que el lector es introducido a ese mundo es en parte el atractivo de la historia o, quizás, el centro mismo de la historia.

Robert A. Heinlein desarrolló algunas técnicas poco usuales para crear sus mundos, no como explicaciones sino como artificios (“la puerta que se dilata”) o con una escena de transformación social (en Abismo el protagonista entra a una botica y una desnudista está “trabajando hasta quitarse su último collar de cuentas” por lo tanto, él podría comprar allí, sexo o medicinas. Otros escritores retomaron esa forma y, en Los Mercaderes del Espacio de Pohl y Kornbluth, Match Courtenay dice en el segundo párrafo: “Me froté jabón para depilar sobre la cara y luego lo enjuagué con unas gotas de agua fresca.” Uno se pregunta qué es lo que entienden los lectores de estas frases o escenas si no están acostumbrados a los protocolos de la Ciencia Ficción.

Claro que uno no debería asombrarse. Cuando los escritores de otros géneros de literatura se aventuran a escribir Ciencia Ficción, generalmente, (pero no siempre) lo hacen con poca experiencia y con falta de habilidad —aunque sin duda sus lectores les aplican los protocolos de la literatura masiva. Cuando Margaret Atwood dice que The Handmaid’s Daughter no es Ciencia Ficción, significa que no está entendida para ser leída con los protocolos de Ciencia Ficción, y que las apreciaciones no fueron escritas por los críticos de Ciencia Ficción. Muchos juicios sobre la Ciencia Ficción provienen de los críticos de la literatura masiva, y si la Ciencia Ficción se lee con dichos protocolos generalmente no se entiende bien. Robert Scholes, hace unos doce años, indicó que “mientras la crítica dominante entienda que está hecha para la ficción en general, la Ciencia Ficción se encontrará en un lugar inferior a los demás géneros por sus deficiencias en profundidad psicológica, en matices verbales y en eventualidades posibles.”

Hace años, en una columna de The New York Review of Books, —que recuerdo porque incluía unas palabras favorables sobre Alternate Worlds: The Illustrated History of Science Fiction, — un crítico objetó los “nombres raros” que usaba Ursula K. Le Guin en La mano izquierda de la oscuridad, y dijo que la única actitud propia de un escritor de Ciencia Ficción era lo que describía Roger Zelazny como "lengua en boca."

La decisión de ofrecer a mis estudiantes una lectura profunda de Sail On! Sail On! se basó en la idea de que enseñar literatura es enseñar a leer, y no así en la creencia de que a los estudiantes se les deba mostrar sobretodo los protocolos de lectura de la Ciencia Ficción. Las personas pueden encontrar estos protocolos mientras leen por sí solos, como hacen generalmente, pero el principio de la enseñanza y también de la escritura de ficción es que la re-invención no es el método más rápido ni el mejor para acercarse a las propias habilidades y, además, que los métodos profesionales podrían acortar ese proceso. Una de las reglas de mi clase de Ciencia Ficción es que no vale mucho tener una opinión poco informada y que el proceso de una lectura poco informada puede representar una distracción pura e ingenua pero con una lectura sofisticada y profunda se puede obtener un placer superior.

Empecemos con la primera frase de Sail On! Sail On!: “El Hermano Sparks estaba recostado entre la pared y el realizador.” Los lectores sin experiencia en Ciencia Ficción pueden desanimarse por el hecho de que no saben quién es el Hermano Sparks, o a cuál orden pertenece o por qué le llaman “Sparks” (chispas en español) y pueden dejar de leer el relato pues piensan que el autor no sabe de lo que está hablando o pone demasiadas incógnitas delante del lector. Pero quiero subrayar que un lector de Ciencia Ficción guarda esta información en la memoria confiando en que es muy importante y que será explicada eventualmente (encontrando su lugar en un mundo diferente) y que “el realizador” cuando vuelva a aparecer completamente desarrollado, no sólo será importante en la creación de ese mundo donde existe, sino que su descubrimiento procurará también varias otras sorpresas.

El resto del párrafo menciona su dedo índice tocando intermitentemente una tecla o botón y describe la toldilla donde está cobijado. En este caso, Farmer indica al lector que la toldilla es “un muelle de popa, pequeño y destartalado” y llegamos a la conclusión de que está ubicado en una nave española. En el tercer párrafo descubrimos que existe “una lámpara con un solo filamento de carbono” sobre la coronilla del monje. Pero, anteriormente, en el segundo párrafo nos indican que al otro lado de las barandas se divisan “las luces brillantes y las siluetas oscuras de La Niña y de La Pinta.”

No continuaré con el análisis. El asiduo lector de Ciencia Ficción tiene ya suficientes indicios como para determinar que probablemente ésta es una historia alternativa en el escenario que tiene lugar durante el primer viaje de Colón y que incluye la presencia de un telégrafo así como de la luz eléctrica. Es esencial que el lector entienda, dentro de las dos primeras páginas, que todo eso sucede en un mundo donde la Iglesia acepta las ideas de Roger Bacon en vez de ex-comunicarlo, y que el Hermano Sparks pertenece a la orden de los Rogerianos, porque Farmer va a transformar las expectativas del lector durante el proceso (y va a hacerlos revisar sus propias opiniones al respecto), antes de que termine el relato.

He usado otras historias para promover discusiones y atraer la atención del lector, como por ejemplo Rogue Tomato de Michael Bishop (donde los indicios son más literarios), pero Sail On! Sail On!, es un cuento corto y trata de eventos familiares, además de que incluye detalles sobre cuáles son las preguntas importantes que uno debe hacerse. Muchos de nosotros leemos despreocupadamente, y no prestamos mucha atención a lo que leemos. La Ciencia Ficción demanda una forma distinta de leer —una especie de interacción con el texto como el que se requiere, también en otras circunstancias, cuando leemos literatura difícil como el libro Ulises de Joyce. Muchos lectores de Ciencia Ficción aseguran que ese es el género que más les satisface sobretodo en sus gustos particulares.

¿Importa mucho enseñar Ciencia Ficción o los protocolos de lectura de la Ciencia Ficción? Algunos críticos dirán que no, y recomiendan, junto con Dena Brown, “poner la Ciencia Ficción en el desagüe donde pertenece.” Yo no represento a la enseñanza de la Ciencia Ficción en su totalidad, pero aún recuerdo a un estudiante mayor que tuve y me dijo, al final del curso semestral, que había estado leyendo Ciencia Ficción por unos veinte años y que ahora leía en forma diferente.

- ¿Mejor? – le pregunté.
- ¡O, si! – respondió él.

No deseo llevarme el crédito por esa respuesta, al menos, no todo el crédito. Yo he leído Ciencia Ficción por unos 60 años y he tenido tiempo de pensar al proceso de lectura en forma más profunda y por más tiempo de lo que hace la mayoría de la gente. Aún si la lectura que yo hago podría no ser privilegiada, es claramente conceptual, y los fundamentos que yo encuentro en cada historia o novela colocan ese trabajo, o proceso, en un contexto de avanzada información.

©
James Gunn.
The Protocols of Science Fiction
Traducción de: Adriana Alarco

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Agosto 2007

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