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Cuando revisé mi colección de Fred Gambino
(unos 80 dibujos) no dude un momento, Nightwings era su obra más impactante
y representativa en los términos que me he planteado Bitimagen, pero entre
el momento de la elección y el de descifrar las pautas transcurrieron meses,
se supone que tal lapso maduraría la interpretación y se enriquecería, sin
embargo, por los apuntes en borrador encuentro que para el momento en el
cual interrumpí la redacción, ya estaba contenida en germen, casi completa,
la visión que aquí les presento, a la cual le he añadido los detalles que
emergieron en ese período, como por ejemplo confirmar que el ascenso de
Avluela era el momento clave del primer relato de los tres que conforman en
fix-up la novela (Watcher, Galaxy Sep 1968; Perris Way, Galaxy Nov 1968; To
Jorslem, Galaxy Feb 1969), ya que ese preciso instante: la elevación, de
quien al inicio es humillada y despreciada, rumbo al cielo de los
conquistadores, será el episodio que marque la inflexión en el curso de la
historia de la Tierra, introduciendo en cierta forma un elemento colindante
con lo religioso antropológico.
No es ocioso recordar que los temas místicos del perdón, la traición, la
inmolación, recorren la obra de Robert Silverberg, lo demuestran su primer
papa robot, la exploración de una divinidad mítica como Gilgamesh con
profusa racionalidad, su relectura del Minotauro, por eso tampoco es casual
designar Roma y Jerusalén como puntos del itinerario, con un intermedio en
París como interludio sibarítico que enlaza momentos de éxtasis. No
obstante, debemos evitar la tentación de asumir esas tres partes como tesis,
antitesis y síntesis, por que el primer relato ya incorpora esas
características globales al estilo de un holograma que se autocontiene y se
autoexplica cual fractal que conserva su homotecia interna no importa hacia
donde lo expandas... o lo comprimas.
Un raudo recorrido por el conjunto de pinturas
de Gambino servirá para señalar e identificar temas y características
internas, su inserción en la CF y su particular plasmación, no cabe duda que
exponen su compromiso armónico aunque acomodado a un nicho en apariencia
estrecho, pero desde el cual puede, paradoja incluida, expandirse al
infinito gracias a las distintas facetas aquí consideradas, que no obstante
están lejos de agotar interpretaciones:
La capacidad de penetración en el espíritu de lo relatado para retratarlo ya
sea a lo barroco en Non-Stop, con hipertrofia tecnológica y horror al vacío
en Acura; con interfases humana-máquina en Undone; con la presencia de un
corrosivo humor en Illegal Alien o la cotidianeidad de lo cósmico en Tin Boy;
la humanidad con que presenta a sus personajes: en la común profundidad de
la mirada en las combativas mujeres de Against all Odds y Rules of
Engagement diferenciadas respectivamente por los artilugios potenciadores en
la primera y por las placas defensivas y el blaster en la segunda; en el
temor y la búsqueda de protección de la niña que abraza al robot en Bioshock;
el impresionante despegue de decenas de lanzaderas que abandonan el planeta
observado por su única habitante en Remnant Poblation; la atenta crispación
con que el personaje de A Tupolev Too Far observa al dragoncito entre sus
manos; la majestuosidad natural y arquitectónica tanto en su serie sobre
Acorna, con humanos y mascotas evidenciando lo diminutos que somos ante los
poderes desencadenados por la naturaleza y nuestra propia artificialeza
tecnológica; o en la sensación de extrañeza que emana de Alien Citadel al
contraponer la construcción en el centro de una llanura bañada en luz
naranja con los puntos luminosos de las conductos de impulso de las
navecillas desperdigadas en su entorno; la latente inquietud que endosa el
personaje de Hot Sky recortado contra las semipirámides de un anillo
espacial o la mezcla de ropas de neón con motivos orientales, cilindro de
cristal y rayos de luz roja en A Tale of Time City; la extrañeza de sus
ciudades absorbida en la cólera vampírica incrustada en el gesto del
protagonista que deambula por la hiperurbe tecnologizada de Blood Net o la
tangible flotabilidad del vigilante sobre un impresionante fondo citadino en
Terminal Velocity; la turbidez, la inseguridad y el peligro captados a
través de la incierta edificación y el artefacto que vuela a ras de tierra
en The Dosadi Experiment o el que ocupa con sus gibas el primer plano en
Moving Target; la torturada arquitectura de Twilight of the Gods o la
insólita combinación de componentes urbanos en Old Twentieth y el confuso
crepúsculo donde destacan las extrañas torrecillas de Lion Time in Timbuctoo;
la importancia del entorno paisajística como moldeador en: el ecosistema
desconocido y la determinación de explorarlo en Changeling y Maelstrom; la
contraposición de ser alado, cascada, segmento citadino flotante y torres
industriales en The Joy Device para crear encanto; la prodigalidad luminosa,
los anuncios y autocohetes de Masque; la luna, el castillo, el cementerio,
la oscuridad, el rojo brillo en los labios del protagonista de Blood Is Not
Enough; la presencia de la computación y la robótica : la exposición del
rostro de Jano de la informática en la impactante Computer Kids; la esencial
información que brota de la residencia, el jardín y el robot en The Fifth
Head of Cerberus; el contraste de la flor ofrecida mientras Valentine Robot
mantiene apuntado el cañón humeante; la trilogía servirobot, doble luna y
aparato antigrav para enmarcar al representante de la regencia en Ringing
the Changes; la estampa grácil de los flotantes robots de Gravity Failure el
horror a las mutaciones y los alienígenas: la ferocidad con que cargan los
alienígenas en Battlespace; la aterradora metamorfosis con tentáculos,
vejigas, cascos y escamas de la joven cosmonauta de Hellworld; el regocijo
violento del lagartoide en Down the Earth; el pánico de los soldados que
enfrentan a los bulbosos octópodos voladores de Untitled Legacy; la
religiosidad enmarcada en procesos de investigación planetaria: en el
misticismo y la extraña flora de A case of Consciente o la potente
combinación de cristología y diseño urbanístico en Return to the Fractured
Planet; los bajeles cósmicos y la desolada grandeza del espacio: en la
oleada de poder presentido en el enorme navío espacial planeando sobre la
menos vasta megalópolis de Alien Years; la horrorosa vastedad que se respira
en Forbidden Knowledge, This Day All Gods Die o Pulsar; el peligro que se
cierne en Heaven’s Reach o The Real Story; tampoco se puede negar que existe
una tendencia hacia la grandilocuencia cósmica en Heart of the Comet,
Hunting Party o en Fleet of the Damned, aunque acompañada de coraje y
soledad espacial; el espíritu de la exploración del sistema planetario
condensado en Titan’s Sky;
la aventura desbocada y sin atenuantes: en la tosquedad romántica,
cachivaches guerreros y aroma belicista de Revenge of the Damned, Orphan’s
Destiny, Radiant, Sten, Mercenary o Empire’s End o en el diseño compacto y
comprensible de la nave exploradora y la hermosa gracilidad de la copiloto
mientras sobrevuelan un exótico paraje habitado por una fauna acorde en
Dragons of Heorot.
También existen comisiones y emprendimientos
muy probablemente crematísticos como las series sobre Johnny Neutron,
dragones o Ant Bully y diversas carátulas para libros (Jack McDevitt, Frank
Herbert, Lois McMaster Bujold, Isaac Asimov, John Wyndham), propaganda (Midnight
Library), juegos (Mechwarrior) y revistas (Asimov’s) de impecable factura,
alta calidad profesional y asombroso destilado de contenidos, de los cuales
no nos ocupamos.
Retornando a Nightwings, la idea central oscilaría entonces entre la
renuncia y la exaltación, así contemplamos la carne mórbida que se sublima y
avanza hacia la transfiguración de estado, provocada aparentemente en
concordancia con la luz atómica de las toberas cuánticas instaladas en las
astronaves, y que a pesar de trascender el instante (que Gambino capta a la
perfección) de unificación interespecie en el ofrecimiento y luego en la
aceptación de Gormón (el alienígena invasor que ha cohabitado con la
terráquea), lleva también residuos físicos resonantes referidos a la
presencia broncínea de la piel, el plumón acariciante y la tonicidad
muscular, suficientes para conservar encapsulada la belleza ultraterrena de
la protagonista y recordarnos que más allá de la epifanía espiritual existe
el éxtasis carnal, y es que nunca la redondez envolvente de unos muslos,
macizas glándulas mamarias y la esférica solidez de unas nalgas (presentidas
por la opulencia contrastante del cuerpo) quedan más resaltadas que cuando
se toman en contrapicado, ya que no hay mentira interpuesta entre la
geometría perfecta y apabullante de sus pechos y extremidades y el placer de
contemplarl@s, encuentro donde lo religioso y lo erótico colisionan
explicando no sólo el placer visual sino el goce espiritual, el ojo del
voyeur como equivalente a la mirada del dios creador.
Los colores elegidos que viran hacia la gama del violeta y el magenta crean
una saturada sensación de extrañeza que apunta a consolidar la exaltación
del ofrecimiento corporal; concomitante, el diseño de las naves posee
implícitos el poder del impulso, la capacidad de la destrucción y la fuerza
del propósito para que se plasme la profecía (los gremios de la sociedad se
organizan en relación al advenimiento de los estelares).
Su figura es una fruta que se abre al extender los brazos, al unísono sus
henchidos pechos se ponen turgentes y sus pezones se erizan como preludio de
las fruiciones a convidar a Gormón como representante, para elaborar
miríadas de posiciones, algunas insólitas, otras acrobáticas, muchas
tiernas, de repente sublimes, posiblemente tan cargadas de intimidades que
sólo se comprendan en el contexto, ya que extraídas pueden parecer tímidas,
ociosas o ridículas. Allí, en la renunciación de Avluela están contenidas,
tanto la alegría del cómplice por compartir un regalo, hasta ese momento
secreto, como la satisfacción ante la venganza aplicada con sabiduría a
mentes lineales y angostas.
La actitud de Avluela es de promesa, su organismo es entregado como pedido
de perdón a los conquistadores, es el vínculo suave que lubrica la relación
interespecie, y a pesar de su humildad ocupa el centro del encuadre. Contra
el inclemente poderío bélico y material de los recién llegados, aplica la
belleza expresada en la curvilínea presencia de sus formas, quizás por eso
prefiero la encarnada por Gambino que la literaria detallada por Silverberg,
de extremada fragilidad para encarnarse, en exceso magra para refocilarnos,
demasiado ósea para deleitarnos. En el dibujo, se transmuta en sensualidad
sacra, sacrificio blando, bandera de aromas, miosina y nervios desplegada
para envolver pasiones y cabalgar deseos, por eso sólo describirla es
gozarla mientras la imaginamos ascendiendo en espiral, exponiendo con
seguridad y prestancia cada centímetro de epidermis al escrutinio de quienes
la contemplan y consciente de que visionarla aplaca a quienes flotan arriba
y alivia a quienes gimen abajo, su carne resplandeciente es fragante racimo
del que se puede trasegar hasta el aturdimiento o beber hasta la
clarividencia, la elección en cierta forma es equivalente a la hostia
cristiana o al soma de los brahmanes.
Ahí, en la recreación que cada cual ejecuta sobre lecturas, espectáculos,
visiones y/o imágenes radica la clave para comunicarnos, transmitir y
compartir. La experiencia reconstruida se convierte en nuestra sin dejar de
ser del autor (de allí lo confuso que se torna el terreno de la propiedad
intelectual, uno puede preguntarse hasta dónde penetran los estímulos,
emociones y obras de otros en lo que articula y ensambla), por eso los
constructivistas y cognocitivistas poseen mérito en sus propuestas, apoyados
en un proceso enraizado en lo biológico, que ocurre a pesar nuestro, de
manera natural para retroalimentar la cultura.
© Luís Bolaños;
29-04-07. |