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Una lástima que este
proyecto no haya continuado, siempre tuvimos la esperanza que esta nueva
versión en español de la revista Asimov se llegara a distribuir en
nuestro país. Por suerte, hay quienes previsoriamente adquirieron todos
los números, de los que daremos cuenta en las siguientes ediciones de
“Velero 25”. Y es que hay cosas que uno no puede guardarse así nomás.
El número 2 inicia con un editorial a cargo de Domingo Santos, tótem del
género, sobre la movida de revistas de ciencia ficción en España. Luego,
los relatos.
La casa de Bernardo (James Patrick Kelly): Ya sea como producto
de una programación informática o de la casualidad, la Inteligencia
Artificial (IA) puede ser el próximo ser autoconsciente que ingrese a
nuestro universo. Pero ¿acaso el ser humano se define tan solo por su
inteligencia? Hay otros componentes, tengan el nombre que tengan… Y es
posible que lo mismo ocurra con las IA. Quizá lo correcto sea entonces
denominarlas “Personalidades Artificiales”. En este relato, la
Personalidad Artificial que es la “casa de Bernardo” tiene muchas otras
características, además de la inteligencia, de la que por cierto no está
muy dotada que digamos. Es una casa bastante sufrida, a decir verdad.
Casi podríamos decir que latinoamericana…
Dragones en el centro (Joaquín Revuelta): Luego de la melcocha de
Patrick Kelly, un relato pleno de imágenes poderosas, de personajes que
se apoderan de la atención del lector, en una situación extrema que
lleva a un final inesperado. La tripulación de la nave Laplace,
compuesta por cuatro humanos y un neomono (simio con la inteligencia
aumentada), se dedica a explorar planetas desiertos utilizando una
avanzada tecnología que les permite viajar por el tiempo y realizar su
trabajo. Pero incluso el “tiempo” puede estar habitado, o estar lleno de
trampas incomprensibles hasta que se cae en ellas. De lo mejor del
presente volumen.
La alfarera de huesos (Eleanor Arnason): Un maravilloso vistazo a
otro mundo, cuyos moradores parecen vivir en una etapa histórica no muy
sofisticada desde el punto de vista tecnológico, aunque sus costumbres
sociales son mucho más armoniosas. La protagonista es una alfarera, una
artista en el manejo de la arcilla, cuyas obras, compuestas en su
mayoría por maceteros, le han dado una fama que trasciende las fronteras
de su propio pueblo. Será este contacto con la arcilla y su aguda
imaginación la que le permitirá esbozar los rudimentos de una teoría de
la evolución, basándose en los cambios que observa en los esqueletos que
encuentra mientras busca arcillas especiales. A diferencia de nuestro
mundo, sus ideas no son objeto de persecución ni de contradicción con
religión alguna. Además, cuando abandona su pueblo natal en búsqueda de
respuestas, nos permite apreciar un maravilloso mundo nuevo.
El dios de los niños (Richard Parks): Curioso relato, a medias
ciencia ficción, a medias fantástico. ¿Puede percibirse aquello que
llamamos “sobrenatural” mediante técnicas adecuadas?
Caminando en círculos (Steven Utley): Solo recuerdo que esta
historia trataba sobre viajes en el tiempo.
Saldo deudor (Shayne Bell ): Un hombre despierta en el futuro,
para descubrir que si bien ha sido curado de sus enfermedades, necesita
con urgencia dinero para sobrevivir, pues la fortuna que antaño poseía
se ha esfumado con el paso de los siglos. Pero tiene un último recurso:
fotografías de su época. ¿Podrá adaptarse a su nuevo mundo?
El fin del futuro (Juan Carlos Planells): Si la Tierra estuviera
viva, y fuera nuestra Madre, ¿cómo reaccionaria ante nuestros intentos
por abandonarla? ¿Qué pensaría de nuestros viajes espaciales? Hay madres
y madres…
En cuanto a las demás secciones, Robert Silverberg continua su excelente
artículo sobre la “New wave” anglosajona, su final y sus influencias.
Miquel Barceló comenta la novela Crisis psicohistórica de Donald
Kingsbury, Juan Sarto critica el cómic Gipsy y Luis Vigil critica la
versión de Solaris dirigida por Steven Soderbergh en el año 2002.
© Daniel Salvo; 21-04-07.
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