EL CICLO DE TSCHAI

Tschai…ese extraño anciano mundo donde convergen civilizaciones, nacen imperios y mueren culturas. Y solo Jack Vance podía crearlo con su inhumana imaginación, y con diabólica inventiva. El planeta Tschai es el cruce de tres poderosas civilizaciones alienígenas (algo similar a la estación espacial Punto de Encuentro del Ciclo de Chanur) y dos nativas. Y adonde una nave exploradora de la humanidad llega siguiendo enigmáticas señales de radio…

…solo para ser derribada y para que su único miembro sobreviviente, el astuto explorador Adam Reith deba apañárselas como pueda en un mundo donde violar los mas mínimos dogmas puede significar la muerte. Donde los misterios pululan al montón, y donde la supervivencia diaria es una auténtica pesadilla. Por no mencionar que los alienígenas no ven con buenos ojos a los humanos.

Ya solo llegar Reith se encontrará con un gran misterio, hay una abundante y variada población humana viviendo en el planeta desde hace varias decenas de milenios, ¿cómo así? La respuesta (que no voy a dárselas) forzará a Reith a decidirse volver a la Tierra a cualquier precio, pero a la vez sin comprometer la fina línea de sus principios morales.

A través de sus múltiples encuentros con los pueblos no humanos de Tschai (los Chasch, los Wankh, los Dirdir y los Pnume, respectivamente), Reith verá todo tipo de simbiosis sociales entre los nativos humanos y sus amos alien. Desde las más aventajadas a la simple esclavitud. Y he aquí que nuestro protagonista se volverá un héroe, porque no conformará con el statu quo supuestamente “natural” de este peculiar planeta, e instilará en el espíritu de los humanos el sentimiento de la revolución al hacerles ver que hay alternativas a la opresión (a la cual, dicho sea de paso, los nativos humanos se han acostumbrado y viven muy cómodamente en ella) de los no humanos (por lo cual no quiere decir que sean malvados sino diferentes, ojo) y que el conformismo nunca es una alternativa, sino que hay que confiar en el afán de superación y en la innovación.

Lo que soterradamente Vance quiere decirnos, es que hay que tomar riesgos como civilización y no hay que vivir con miedo, hay que vivir cada día como si fuese el último. Como decía Sturgeon: “haz la siguiente pregunta”, y hazla sin dudas. No dudes en preguntar, en cuestionar, en criticar, no dejes que el sistema se te imponga.

Como en cada libro de Vance, la sociedad humana vive por un rígido y complejo sistema de leyes que parecen haber sido escritas desde el principio del tiempo y que tiene carácter sagrado. Y como en cada obra suya, este sistema arcaico es echado abajo de las formas más explícitas posibles. En este caso por las acciones de Reith, que en sus múltiples intentos por mantenerse con vida, dejará boquiabiertos a propios y extraños por todos los dogmas que viola con éxito, debido a su innata astucia. Ante el milenario sistema de costumbres anacrónicas de Tschai, el protagonista va a imponer la modernidad de la Tierra, ¡y de que maneras!

¿Amores? Los tendrá, ¿amigos?, unos cuantos, ¿enemigos?, le sobran. Pero veamos a la bestia por lo que es: El cilclo saga de Tschai consiste en cuatro libritos cortos: Los Chasch (1968), Los Wankh (1969), Los Dirdir (1969) y Los Pnume (1970). A lo largo de cada libro, Reith se encontrará con la peculiar y respectiva especie no humana del título (cada cual escrita, creada y firmada con el inconfundible olor a exotismo que solo es posible en Jack Vance) y deberá confrontarla tanto a esta como a su peculiar versión de la humanidad, criada y cultivada durante milenios. Créame, los resultados los sorprenderán. Debemos agradecer a Ultramar y a su edición de libros baratos de CF estos tomos.

Aunque para ser sinceros, la gran protagonista de la serie es la humanidad y su casi infinita habilidad de adaptación ante un medio extraño, porque ahí es donde el autor muestra su punto fuerte, al crear cientos de culturas e ideologías extrañas en ese melancólico “Planeta de la Aventura” que nos está esperando para ser descubierto. Es la humanidad después de todo, la que hace ahí el bien y el mal, la de los grandes logros y las pequeñas derrotas, la de las grandes bondades y la de las más crueles mezquindades, los aliens solo responden a su naturaleza y son solo parte de un bellísimamente decorado, exquisito e irreal paisaje. Y tengan por seguro que el efecto que Reith y su sofisticada personalidad de hombre de la Tierra dejará en este mundo tendrá repercusiones a largo plazo. Digamos solo que el fatalismo con el que la gente de Tschai veía ganarse la moneda no será el mismo…

© Daniel Mejía
P.S: El pobre de Vance tuvo que cambiar el nombre de la segunda novela a Los Wannek una vez que supo que wank en jerga británica significa “masturbarse”

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Abril 2007

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