
A la hora de hablar de alienígenas en la
CF, uno se encuentra con especies variopintas y de lo más extrañas que
podamos imaginar, lo cual es uno de los objetivos del género, lograr
extrañamientos y proyectarnos a situaciones donde lo conocido no sirve
para enfrentar el acontecimiento del contacto:
Formas comerciales: De la cobardía como marco a la compulsión del
coleccionismo
Hay especies de naturaleza mercantil. Un buen ejemplo serían los
Puppeteers de Pierson, de la saga del Espacio Reconocido de Larry
Niven. Son una especie de gran progreso técnico (sus naves espaciales
son planetas enteros), y su modo de vida se basa en la cobardía
absoluta, en la resolución de que el Otro te hará daño y que tu
seguridad propia y la de tu especie son lo que debes garantizar primero
…caiga quien caiga; por eso controlan el mercado de tecnología y naves
espaciales del Espacio Reconocido para asegurarse que no surja
una potencia hostil hacia sus intereses. Además su clasificación sexual
es inusual: dos géneros de machos racionales que fertilizan a una hembra
irracional.
Otra forma de vida extraña que podría darse el lujo de llamarse
“potencia” comercial es el “Festival” de la novela Cielo de
Singularidad de Charles Stross. Básicamente nunca se dejan ver, solo
envían interfaces de comunicación (¡teléfonos!) a un planeta humano para
que los “entretengan” dándoles ciencia, datos, historias o desafíos
técnicos retroalimentándolos para que el “Festival” pueda crecer gracias
a una exposición controlada respecto a una cultura diferente. Pero eso
si, tienen parásitos y simbiontes que han recogido en sus largos viajes,
y algunos con malas intenciones.
Unos pésimos comerciantes, pero que siempre llegan como el 7mo
de caballería son los Knnn de la saga de Chanur de C. J. Cherryh,
unos seres aracnoides que agarran lo primero que encuentran y lo cambian
por algo mas. Los únicos que pueden “razonar” con ellos, si se puede
usar ese término, son los reptiles serpentinos Tc’a que tienen bocas
prensiles y siete cerebros que deben pensar matricialmente al unísono
para poder comunicarse.
Una especie comercial y exótica de sabor español son los Cofrades de
Mundos y Demonios del célebre Juan Miguel Aguilera (ciclo de
Akasa-Pupsa), donde las hembras forman nidos bulbosos en el espacio
y los machos (con forma de escorpión) son las partes móviles del
conjunto, cumpliendo tareas, transmitiendo información y dedicándose al
comercio.
Los Sp’thra de Empotrados de Ian Watson, sin embargo, se ganan el
premio de mercaderes mas extraños: ellos comercian con …lenguajes.
Verán, hace aproximadamente 13 000 años se encontraron con un pueblo de
habilidades divinas llamado los Portadores del Cambio, quienes
introdujeron el concepto de melancolía en los Sp’thra y luego
desaparecieron del universo material, dirigiéndose hacia un plano
superior. Para curar esta melancolía a nivel de especie, los Sp’thra
deciden coleccionar todos los lenguajes de la galaxia para tener todos
los puntos de vista posibles de la realidad. Siguiendo la teoría
Whorl-Safir que el lenguaje no es sino una herramienta a la hora de
describir un cierto punto de vista de la realidad, esta curiosa especie
(cuyo nombre significa “Comerciantes de Señales”) piensa que si
yuxtaponen todos los puntos de vista posibles les será posible
sincronizar con el punto de vista de los Portadores del Cambio. De hecho
la existencia de un lenguaje de esas características en la Tierra —el
xemahoa B— aparentemente les dará la clave, pero las negociaciones no
saldrán como se esperan…
Primitivos pero no tanto
Tenemos los casos donde la humanidad contacta a especies más primitivas
como los Cerdis del planeta Lusitania, en La Voz de los Muertos
de Orson Scott Card. Ahí se refleja como la civilización cerdi no puede
evitar tener envidia ante los humanos que se expanden por las estrellas,
creyendo que les roban su futuro. Además los Cerdis guardan un gran
secreto. Ellos fueron influenciados en el pasado por un virus alienígena
que los ato a las formas de vida vegetales de su planeta y que los
volvió especies simbiontes con los árboles de su mundo. Los Cerdis
poseen un demarcado dimorfismo sexual en sus formas mamíferas, y cuando
son árboles son las fuentes de producción de la futura estirpe en su
planeta.
Otro ejemplo que pone en duda quien es el primitivo son los Ishtarianos
del libro Tiempo de Fuego de Poul Anderson, habitantes de un
planeta alejado de las rutas comerciales del Imperio Humano de ocasión,
que poseen una rica civilización. Pero cada 900 años la aproximación de
uno de los soles de su sistema trinario, causa una sequía mundial, un
aumento en la desertificación y un resurgir de las pestes que acaba con
la civilización. Debido a su longevidad (porque esta especie vive
siglos), algunos si se ocultan pueden transmitir los conocimientos del
anterior ciclo de civilización a los sobrevivientes jóvenes para que
reconstruyan la civilización. De hecho su código ético es muy superior
al humano: dos rivales a muerte pueden encontrarse y razonar antes de
luchar en términos relativamente amistosos. Su fisiología es también
extraña. Un Ishtariano promedio es una forma de vida centauroide
enlazada simbióticamente con formas de vida vegetal que forman su
“pelo”, permitiéndole entre otras cosas, mejorar la distribución y
eliminación del agua y el alimento, mejorar su estirpe, eliminar por
completo de la especie la enfermedad mental o permitirle controlar a
voluntad sus sueños.
En la misma onda y del mismo autor es la saga de la Liga Polesotécnica
(que SI ha sido publicada parcialmente en España a pesar de lo que diga
Miquel Barceló), donde los habitantes de una misma especie se pueden ver
divididos en varios bandos desarrollados a nivel tecnológico desigual,
según los prospectores de la Liga que estos contacten: es decir, hay
sociedades del nivel de la Cultura del Bronce coexistiendo con
sociedades interestelares en un mismo planeta.
Pero los “primitivos” más fascinantes de todos son los Mesklinitas,
creados por el genial Hal Clement en la novela Misión de Gravedad;
viven en el planeta Mesklin, que tiene forma de huevo frito, con el
resultado que la gravedad en el ecuador es de 3 G y en los polos es de
700. Los mares son de metano y la nieve es amoniaco congelado. Los
habitantes son una forma de vida centípeda de 45 centímetros de largo,
poseedores de una constitución y fuerza formidables debido al medio
hostil en el que viven, pero con fobias muy particulares, como el miedo
a caerse y el miedo a mirar hacia arriba. Para su visión del mundo, su
hogar es un cuenco que abarca todas las tierra conocidas y solo hace
poco que han entrado en contacto con los humanos, los cuales les han
explicado que viven en un planeta. A lo largo de la novela, una facción
de mesklinitas es contratada para recuperar una pieza de tecnología
humana que se ha perdido en los polos pero la astucia del mesklinita
Barlennan, forzará a los humanos a replantearse el trato que han estado
dando a su pueblo hasta el momento.
Divinos más no objetivos
Hay seres casi divinos como Wan-to de El Mundo al Final del Tiempo
del maestro Frederik Pohl. Un ser hecho de energía que vive en el
interior de los soles y que para pasar su aburrida eternidad crea seres
similares a el, con el resultado que siempre terminan peleando y creando
una supernova por aquí y otra por allá. La novela trata de un
desafortunado planeta humano que se encuentra cerca de su ámbito de
influencia y de los cambios sociales que desencadena el deambular de
Wan-to por el cosmos.
O bien está el Shrander, enigmático, terrible y amoral titiritero de los
personajes del último hit de M. John Harrison, Luz, que existe en
10 dimensiones de espacio y 4 de tiempo, siempre con el objetivo de
amargarles la vida a los protagonistas. Otras dos especies con
tecnología cuasidivina, y las mejores intenciones que siempre acaban
conduciendo a los protagonistas humanos al infierno, son los Quarn, la
Primera Jerarquía y el Enemigo.
Los primeros aparecen en la novela Sudario de Estrellas de
Gregory Benford; en un principio eran el producto de la caída de un
antiguo Imperio Galáctico con todas las de la ley, formado por varias
especies extraterrestres, que dio paso a su avanzada civilización (¡eran
capaces de mover mundos y construir soles!), pero de acuerdo a su
peculiar forma de interpretar los ciclos históricos a ellos y al Imperio
Humano con el que entraron en contacto les tocaba un ciclo de decadencia
y extinción …independientemente de lo que tuviesen que decir los humanos
al respecto, por lo que les declararán la guerra para “ayudarles” a
extinguirse.
Los segundos aparecen en la no-saga de los Ocho Mundos de John
Varley; son habitantes de los mundos gigantes gaseosos (o al menos eso
se sospecha) que controlan la tecnología de singularidades, algo que
ninguna especie humanoide ha podido hacer al menos de modo que puedan
estar a la par en poder. En su primer contacto con el ser humano,
teletransportan a los dos astronautas sobrevivientes de la misión
enviada por la NASA a velocidad mayor que la luz, de vuelta a la Tierra,
y luego se encargan de neutralizar por completo la tecnología que los
humanos tenían en ese entonces, dejándolos morirse de hambre y guerras
¿Por qué? Porque según los Traficantes, especie mercader de patrones
culturales y tecnología avanzada, debían proteger a la Segunda Jerarquía
—ballenas y cachalotes— de la extinción a manos de la “inferior” Tercera
Jerarquía —nosotros y todas las demás especies humanoides—.
Los terceros son mas bien una caricatura de las superrazas y aparecen en
la fallida saga de Pórtico de Fred Pohl. Son seres que viven
dentro de hoyos negros de energía, y su poder es tal que ya han hecho
comprimirse al universo en un Big Crunch una vez al menos, y han creado
un nuevo Big Bang posterior. La razón es simple, están buscando un
universo ideal para su forma de vida de energía y por eso “matan” y
recrean el universo una y otra vez para ese fin. El único, pequeñísimo
inconveniente es que no toleran intervención externa con respecto a sus
planes (y aquí Pohl es mas bien lelo a la hora de pensar lo siguiente),
por lo que han llevado a su extinción a todas las culturas
extraterrestres tecnológicamente avanzadas con dos excepciones: los
cobardes Heechees y los militaristas humanos.
Amistosos a más no poder
Existen también especies con las que los humanos se relacionan como
iguales, como lo son los Frants y los avanzadísimos Talsit de la saga de
Thistledown de Greg Bear. Los primeros son seres enjutos y
horrendos estéticamente pero dedicados a la colaboración con los humanos
de un universo paralelo después de que les ayudaran a deshacerse de las
constantes lluvias de meteoritos que amenazaban su planeta. Poseen el
don de la memoria holográfica. Lo que uno sepa, al “homologarse” por un
medio desconocido lo compartirá el colectivo.
Los Talsit no se quedan atrás: son expertos en manejo de distribución de
la información en los seres vivos, de modo tal que sea procesada de modo
más eficiente cada vez. Esta sociedad paralela (El Hexamon) es en gran
medida dependiente de sus técnicas para organizar sus ideas. De hecho
son tan avanzados que su civilización ha durado 2000 millones de años, y
los Talsit que se relacionan con los humanos son un tipo de
construcciones artificiales que han creado los auténticos Talsit para no
perder tiempo en especies menores.
Otros aliens amistosos son los seres energéticos que viven en triadas en
el relato Regla de Tres de Theodore Sturgeon, que buscan curar a
los humanos secretamente de un terrible virus energético que causa las
neurosis, pero el problemas es que los humanos vivimos en pareja.
En esta categoría están los Tines, Arácnidos y Escondritas de la serie
de libros de Qeng Ho de Vernor Vinge, la cual es una saga muy
interesante que divide la galaxia por zonas de proceso de pensamiento e
información: las dos primeras de estas formas de vida moran en la Zona
Lenta (sólo la computación más básica y las técnicas medievales son
posibles), donde la supertecnología no se plasma por impedirlo las leyes
de la física de esa dimensión; los Tines son una raza en desarrollo de
perros inteligentes que para conservar ese don deben ir en grupos de
cinco, y coordinar sus pensamientos mediante los sonidos que hacen por
ciertos ganglios; Los Arácnidos viven en la curiosa estrella On-Off que
se apaga y prende en ciclos de 250 y 60 años respectivamente, por lo que
su civilización solo puede llegar hasta ciertos límites y deben hibernar
mayormente hasta que su sol se vuelva a encender. La tercera existe en
el Más Allá donde las limitaciones anteriores dejan de funcionar, los
Escondritas son mejillones bípedos de una civilización aun más vieja que
la Talsit, con memoria a corto plazo que tiene el privilegio de vivir en
la zona de información estándar de la galaxia pero que necesitan de
cierto órgano en sus piernas para guardar información a largo plazo.
De la incompatibilidad como juego de espejos
Entre las formas de vida que simplemente son incompatibles con nosotros,
A. E. Van Vogt escribió mucho al respecto, en El Viaje del Beagle
Espacial nos encontramos con aliens hostiles como los Coeurls, seres
felinos capaces de controlar su estructura molecular a voluntad y que
devoran el potasio de los cuerpos humanos; los Riim, una forma de vida
humano-pajaroide, que causa daño con el solo hecho de comunicarse
telepáticamente con los humanos; el Ixtl, un ser también con poder sobre
sus moléculas que es un precursor del ALIEN de Ridley Scott, y el Anabis,
un ser sin mente que para alimentarse, terraforma planetas enteros
destruyendo civilizaciones en el proceso.
Otro ser hostil, pero creado esta vez por Stanislav Lem es aquel
descrito en la novela El Invencible, un ser sin nombre compuesto
por múltiples partículas insectoides (¿nanotecnología?) que simplemente
sigue una directiva primaria como máquina de guerra que es: matar. Otra
especie hostil es la del los Jarts de la saga de Eón, seres
cuasi-lovecraftianos cuyo único deseo es almacenar la información de
todos los universos posibles para entregarlos a las inteligencias al Fin
del Tiempo sin importar los métodos que se usen.
¿Inteligente? ¡Seguro!
Dos muestras convergentes de un modo alternativo de sobrellevar la
inteligencia son los de Arthur C. Clarke y Charles Sheffield: el primero
en su célebre novela La Ciudad y las Estrellas donde muestra al
Guardián de Shalmirane, una entidad compuesta de múltiples seres-medusas
que obtienen una gran inteligencia por combinar y entregar un poco de la
suya al todo. El segundo en su novela La Caza de Nimrod honra al
maestro, con un ser similar: el Compuesto Remiendo, una comunidad de
individuos móviles capaces de volar que mientras mas contacto mantengan
entre ellos mas inteligentes se vuelven, pero a la vez su tiempo de
respuesta y reflejos son cada vez mas lentos.
Una especie que podría ser una clase de superinteligencia es el
Árbolmundo de la Saga de los Siete Soles de Kevin J. Anderson
(más conocido en español por sus infames continuaciones de Dune junto al
hijo de Herbert). Un árbol inteligente cuyas partes están conectadas
cuánticamente, de modo que los brotes están en comunicación instantánea
con las plantas madres; además poseen una capacidad de almacenamiento
casi infinita. Una secta humana, los Monjes Verdes, los cultiva por todo
el universo para mantenerse en contacto y ayudar a expandirse al Imperio
Hanseático Terrano por encima de las demás especies. Pueden comulgar con
ellos después de la muerte, existiendo como información dentro de la
mente colectiva del Árbolmundo para luego ser resucitados en tiempos de
emergencia en cuerpos artificiales.
Otra inteligencia puesta en duda (muy para desgracia de los humanos, en
esta ocasión) son las conchas de fango del planeta Namor, presentadas en
el tomo de cuentos Los Viajes de Tuf de George R. R. Martin. Son
una inteligencia de naturaleza telepática, por lo que no son reconocidas
como tales durante décadas por los colonos humanos de Namor. Su aspecto
es el de unas conchas gigantes como sandías con veinte tentáculos, y un
sabor exquisito a la hora de cocinarlas. Su casi inminente destrucción a
manos de los glotones humanos motivó que usaran su poder “especial”. Las
conchas de fango tenían la habilidad de modificar genéticamente a
ciertas formas de vida similares a la suya con el poder de la mente,
llamadas Guardianes. Y he aquí que los Guardianes evolucionaron a casi
todo tipo de formas de vida diseñadas exclusivamente para comer
humanos…Total, uno recibe lo que da.
Extinción y humor no son contradictorios
Está el caso de las especies que son destruidas por la interferencia
humana; como el caso de los lithianos o litinos de Un Caso de
Conciencia de James Blish. Poseen la visión del espectro genético;
con solo ver a una persona pueden deducir todo sobre su pasado en base a
su ADN. En este caso desgraciadamente terminan siendo destruidos con
planeta y todo por la civilización humana, pese a que son un pueblo
pacífico. Otra especie “víctima” son los Ecoi de Lamarckia de la ya
mencionada saga de Bear, que son gigantescos ecosistemas inteligentes
que se comunican entre si a través de especies enteras dedicadas a
comunicarse y reproducirse, y donde la introducción de la clorofila por
los humanos los llevará a la extinción. Una especie que se salvó, y por
poco, fueron los Seneschai Aluit de la saga de Hyperion, tiesos
émpatas del planeta Hebron que casi se extinguen por las emociones
negativas que sentían vibrar en los humanos.
Una especie a la que le hacemos daño, pero está vez a propósito, son los
pacíficos Hawkinitas del cuento Huésped de Isaac Asimos. Un
pueblo avanzado que ha alcanzado las estrellas y coexiste en paz con el
hombre y otras tres especies, sospecha que el ser humano carga dentro de
si terribles parásitos que causan la misteriosa “muerte por inhibición”
entre su pueblo y las demás especies intereselares. Muy a su pesar, el
hawkinita Harg Tholan y la terrestre Rose Smollet deberán afrontar la
verdad de los hechos y ver tristemente como el hombre no es sino un
parásito a escala galáctica. Y es una lástima que los Hawkinitas deban
desaparecer porque son retratados como una especie tan, sino mas
avanzada que la humana, con la habilidad de “sentirse” mutuamente en
cualquier cuerpo planetario donde otro hawkinita esté y de vivir por
siempre …sino fuera por la muerte por inhibición.
También están los creados con fines humorísticos como los alienígenas de
Robert Sheckley en Trueque Mental, tales como el telépata de
Fulzsine, quien con su sexto sentido compensa sus pérdidas en los otros
cinco, diciéndole como quien no quiere la cosa a los extraños los
crímenes que van a cometer en el futuro, o el huevo de gánzer, quien
tiene una rica vida social (¡con esposa e hijos incluidos!) antes de
madurar a su terrorífica forma saurial. Claro que este ejemplo no es
único, esta el hongo Simegustas de la novela Tierra de Stefano
Benni, una seta que puede ser un manjar exquisito o un veneno mortal
según la opinión de esta hacia quien la consume.
Una creación particularmente deliciosa es el Pez Babel de Douglas Adams
en su saga de la Guía del Autoestopista Galáctico. Un pequeño pez
que se adhiere por la boca a la oreja y recibe ondas mentales por la
cola (¡!), siendo capaz de traducir a través de las ondas que recibe
CUALQUIER idioma estelar que reciba; desgraciadamente su existencia
entre otras cosas ha causado mas guerras y muerte que nada, y la
desaparición de Dios —si el Único y —Verdadero— del universo (¡!)
¡Tiemblen Goa’uld! (los múltiples lados de la moneda)
Supongo que a estas alturas, todos están familiarizados con los Goa’uld
de la franquicia buena para nada de StarGate. Parásitos malos
malosos e imperialistas que merecen una muerte vil a manos de los buenos
virtuosos de la saga (es decir los militares norteamericanos, si los
mismos que violan niñas, matan reporteros y torturan gente en las
cárceles de Irak), pero la CF ya ha desarrollado el tema del parasitismo
y la simbiosis entre especies con anterioridad. En el ciclo de
Durdane de Jack Vance, aparecen dos interesantes especies: los
Asutra y los Ka; los primeros son una especie de sofisticados parásitos
interestelares con forma de gusano que se albergan en el cuello de sus
especies anfitrionas, sirviendo como una especie de mentor para estas y
llegando a desarrollar un fuerte lazo empático con ellas, pero no por
eso dejando de ser sus amos. Su status se mide por el grosor al que ha
crecido un Asutra, que mide el nivel de conocimiento al que han
almacenado. Desgraciadamente su última especie anfitriona —los Ka—, una
especie de seres ciclópeos de tonalidad negra, a pura fuerza de voluntad
desarrollan la habilidad de contraatacar y parasitar a los Asutra como
si de simples periféricos se tratasen. Los avatares de la vida ¿verdad?
De hecho los Ka también tienen sus peculiaridades: todo su lenguaje está
estructurado en torno a un gigantesco poema épico que narra la historia
de su pueblo, y para expresarse solo citan partes de este. Vamos que si
nos expresáramos en la actualidad citando a Homero o Proust.
Una relación más tortuosa es la que tienen los Shkeen y los Greeshka,
que aparecen en la novela corta Una Canción para Lya de Martin, y
ambientada en el mismo universo que Los Viajes de Tuf. Los
primeros son la especie inteligente de un planeta aparentemente
primitivo, pero donde la civilización se desarrolló mucho antes que la
avanzada cultura interestelar humana. Los segundos son molestos
parásitos que se pegan y se alimentan de uno hasta consumirlo por
completo. La civilización shkeen llama a esa asociación “La Unión”,
porque creen que los greeshka les abren la puerta a la mente de Dios, y
hasta algunos humanos han aceptado este ritual y se dejan consumir así
como así. Cuando dos talentos psi humanos son llamados para investigar,
descubren que quizás los shkeen no estén tal locos después de todo.
Pero quizá la mejor relación simbiótica es la del Cazador de la novela
Persecución Cósmica de Hal Clement. Es básicamente una masa
amorfa, capaz de entrar dentro de otro ser y coexistir con su
metabolismo, siendo capaz de darle instrucciones e información, y
mejorar sus capacidades físicas. El Cazador hace honor a su nombre,
porque su profesión es buscar a través de las estrellas a todo tipo de
criminales galácticos, incluidos miembros de su misma especie quienes no
dudan en usar sus asombrosas habilidades para delinquir en contra de la
voluntad de sus huéspedes.
Cazadores, más no recolectores
Si hay una cultura que ha exiliado la agricultura de su lista de
actividades, estos serían los Dirdir. Su cultura, sus relaciones
sociales y su tecnología están supeditadas o dependen de la cacería.
Básicamente son animales especializados, en cuyos cerebros se han
grabado a fuego ciertos comportamientos y conductas sociales, que todas
juntas tienen el aspecto y la función de la inteligencia. La sociedad
Dirdir carece de organización al estilo humano. Está sumamente
estratificada en castas, siendo la mayor de ellas los llamados
"Excelentes". Ellos aman el individualismo. Cuando un Dirdir tiene una
idea o se plantea un objetivo se dedica a el con una pasión animal. De
hecho, los cambios sociales se dan de esta forma: un Dirdir tiene una
idea y se dedica a ella "con afán de superación", si la idea interesa a
más miembros de la raza se unen en manada al otro Dirdir. El status se
mide con las gestas personales. si un Dirdir desea adquirir un mayor
status deberá llevar a cabo una gesta de caza o que reporte gloria a la
raza.
Los Dirdir tienen una educación equivalente a la del perro de Paulov. Si
uno de ellos grita ¡hs´ai! ¡hs´ai! ¡hs´ai! ¡hs´ai! todos los Dirdir de
los alrededores acudirán en su ayuda, simplemente por que dicha orden
está grabada en su subconsciente más profundo. Si gritase ¡dr´ssa! ¡dr´ssa!
¡dr´ssa! el Dirdir clamaría someterse a juicio, si la sentencia no es de
su agrado deberá de retar al juez y matarlo en duelo con sus garras
desnudas.
Los Dirdir tienen 12 tipos de órganos masculinos y 14 femeninos. Estos
órganos son incompatibles entre ciertos tipos del otro sexo, lo cual
afecta a todo el comportamiento de todos los individuos, ya que cada
órgano tiene asignado un arquetipo de comportamiento social que
raramente coincide con el del individuo, con lo cual el individuo Dirdir
procura mantener oculta su sexualidad frente a sus congéneres para
evitar la vergüenza de comportarse de forma antisocial. Lo que a su vez
hace que las relaciones sexuales sean aún más divertidas.
La extrañeza como norma
Los aliens extraños abundan en la CF, como es el caso de la saga de
Rama de Arthur C. Clarke y Gentry Lee, donde aparecen las Octoarañas,
una especie de cangrejos inteligentes octópodos, donde la cabeza está
recorrida por una serie de franjas de colores cambiantes a lo largo del
cuerpo, que consisten en su modo de lenguaje al ser sordas. Son
sexualmente diferenciadas, pero su alimentación atenúa su apetito sexual
por el interés en el bienestar del colectivo, lo que les ha llevado a
tener una civilización mucho más avanzada que la de los humanos viviendo
en la nave-mundo Rama, especialmente en las ciencias biológicas, de tal
modo que varios miembros de su especie y otras que han amaestrado tienen
cuerpos a la medida para diferentes usos.
Pero si de extrañeza se trata, para eso observemos a los aliens de
Stephen Baxter en su saga de los Xeelee. Para empezar el
transporte universal que todas las especies usan es una especie en si:
las Ranuradas, peces globo ciclópeos, que evolucionaron en un planeta
marino antes de lanzarse a la conquista del vacío. Gracias a la
intervención Xeelee, se convirtieron en una forma de vida espacial, y no
solo eso, fueron las naves vivientes mercenarias más capaces de todo su
universo, con una adaptabilidad extrema a la inserción de sistemas
extraños a su organismo y con el blindaje más fuerte existente. Su único
punto débil es que deben volver a su planeta natal —el cual es un
secreto— para reproducirse.
Luego están los Quax y los Squeem, especies en igualdad de medios a los
humanos pero con extrañas fisiologías. Los segundos son una especie de
parásitos digestivos que marcaron la primera era de dominación
alienígena de esa humanidad. Los Quax son más extraños aun, son
gigantescas masas de agua inteligente, células de convección de agua con
turbulencias como sinápsis -la menor disrupción de la estabilidad de su
medio causa la muerte del Quax-. Como resultado de vivir en un universo
microcelular, los Quax son una especie experta en nanotecnología con
toda una galaxia de especies clientes. Para demostrar la superioridad de
la tecnología creada por los Xeelee, les bastó con dos naves Ranuradas
para derrotar a la flota humana y reducirnos a una nueva era de
esclavitud.
Otro vecino de la Humanidad desproporcionado y empático, son los
Fantasmas de Plata, seres que evolucionaron en un mundo antiguo que
moría y donde el recurso más apreciado es el calor. Su aspecto exterior
es el de una madeja de hilos plateados de mercurio líquido y son el
resultado de la simbiosis de varias especies de su mundo. De hecho son
la especie humanitaria de la saga, porque se la pasan ayudando a
especies con problemas graves y son de carácter pacifista, su peculiar
psicología no acepta la idea de expansión territorial y más bien se
expanden por un sincero interés científico de comprender las maravillas
del universo. Cuando la humanidad comienza su etapa expansionista, los
Fantasmas, primero crean una línea en torno al Brazo de Orión, de
estrellas desintegradoras de materia, luego, cuando los humanos
sobrepasan esta barrera, simplemente abandonan el universo por uno de
bolsillo creado por los Xeelee y luego ¡descartado! evitando un posible
conflicto. Como ven, auténticos pacifistas, hasta el final.
Los más enigmáticos —y terribles— seres de ese universo son los divinos
Xeelee, seres de quienes lo único que se ve de ellos en toda la saga son
los restos de su poderosa civilización; está supera en años-luz a todo
lo que las demás formas de vida en el universo han hecho, por lo que
están en una carrera por apoderarse y adaptar tecnología Xeelee a
cualquier precio…incluida la guerra, sin que a los Xeelee les importe,
porque su tecnología accesible, aunque algunas veces viola las leyes de
la física no es para ellos mas que rezagos primitivos de cuando eran
jóvenes. Claro está que los Xeelee se hayan en un estado de antigüedad
constate y de eterna juventud porque…
…su universo es un bucle temporal cerrado como el de Algo para
Nosotros, Temponautas de Dick. Es decir, en el final del tiempo esta
especie ha inventado el viaje en el tiempo, retrocedido al principio del
universo y traído consigo toda su tecnología y logros, y lo han hecho
mas de una vez, de hecho lo han hecho hasta el punto que la población de
Xeelees viajeros del tiempo es tal que ocupa cada galaxia del universo.
Y ese bucle está construido de modo que no pueda ser cambiado de modo
que la historia y la causalidad están definidas a favor de esta
poderosísima especie.
Claro está que no todo son rosas. Los Xeelee están a lo largo de su
imperio espaciotemporal en constante guerra con los seres de materia
oscura conocidos como Pájaros Fotino, quienes invaden las estrellas y
las “matan” revirtiendo el universo hacia un ambiente propicio sólo para
formas de vida basadas en la materia oscura, como la suya. Egoístas como
los Pájaros Fotino dejan en pañales a cualquier tiburón de las finanzas
de Wall Street y demuestran una vez más que la imaginación no se
encuentra reñida con la sensibilidad social ni con la toma de decisiones
adecuadas, únicamente hay que colocarse el chip de la transferencia. Y
si creen que eso es malo, esperen a escuchar lo siguiente, los Xeelee a
pesar de todo su poder están perdiendo la guerra. De modo que su única
solución es construir el Anillo, en el centro mismo del Gran Atractor:
es una singularidad del tamaño de una galaxia que atrae toda la materia
y energía de nuestro universo (causando como efecto “colateral” la
deriva galáctica) para abrir la puerta del multiverso a los Xeelee. Como
han visto que no pueden ganar, simplemente escapan, pero en un momento
dado de la saga hacen un acto de auténtico altruismo, dejan que un grupo
de humanos (especie con la cual tenían una larga historia de guerras y
que casi habían extinguido consecuentemente) escape a lo largo del
Anillo, para no morir en el universo que los Pájaros Fotino desean para
si. Con este acto de humanidad nos quedamos pensando quien es más alíen:
el humano expansionista o el alienígena contemplador. Con ese
pensamiento les dejo la primera entrega de este fascinante catálogo.
Agradecimientos
Doy las gracias a Expio, atreides,
verence, catti-brie, leopar, instanton, temucano, Meteco, kaoss, olmhead,
gigalker, Odeen, Mr_White, CORBUS, MinervaLong, Shimrod, guajars,
mcasatti, Melkor, Tarantoga, ghostdog, Gaff, Jaurías, Noal_Mordecai,
Inanna, Spiff, Enderito, celicienta, Evenflow, pacoelrana, kelvin, Tovak,
worwolf, Metatron, Al, Gadirk, dgonzalod y vorkosigan. Si les parece que
dejé algún alienígena en el camino esperen a encontrarlo en la SEGUNDA
parte de este artículo.
©
Daniel Mejía;
26-03-2007
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