LA SAGA DE LOS HEECHEES

Hay sagas que no necesitan héroes. Hay sagas que necesitan cobardes, traumados, neuróticos y acomplejados. No, no estoy hablando del Mundo Disco y de Rincewind. Acompáñenme y verán por si mismos.

En la saga de Pórtico de Frederik Pohl (1919- ), famoso editor y escritor de CF, se nos revela un futuro donde la tecnología es entregada en bandeja de plata a los humanos, ¿o no?

Es el siglo XXII. La edad de los viajes interestelares ha comenzado para la humanidad, pero esta no tuvo nada que ver con esto ¿Cómo así?

Resulta que en los primeros intentos de colonización de Venus, se descubrieron restos de una avanzadísima civilización a la que los humanos bautizaron por su ausencia como “Los Heechee”. Nadie sabe porque estuvieron en el sistema solar hace aproximadamente 500000 años y mucho menos porque se fueron de repente. Los humanos encontraron sus corredores de metal piezoeléctrico en Venus y algunos artefactos menores pero nada más. Pohl trata estupendamente este argumento en la novela corta Los mercaderes de Venus, donde describe la vida y milagros de Audee Walthers conductor de aerocuerpo.

En la primera novela de la serie, Pórtico (1976), se nos narra desde la perspectiva del perdedor Robinette Broahead (Robin para sus amigos). Un prospector del asteroide del mismo título, que pilotea naves espaciales de una tecnología indescifrable, hacia destinos desconocidos, y muchas veces letales. Toda una misión suicida como pueden ver, pero que miles de personas aceptan a lo largo del sistema para salir de la miseria, ganar millones por posibles bonificaciones que la compañía que maneja Pórtico, da a cambio de planetas habitables, nuevos indicios de tecnología Heechee o encontrar a los mismísimos Heechees. Claro está que la mayoría de las misiones terminan en tragedia, y pocos son los sobrevivientes, pero la humanidad logra avanzar a pasos agigantados. A pesar de ello, no por eso dejan de haber tragedias entre los prospectores. Y una expedición con la amada de Robin, Gelle-Klara Moynlin queda atrapada en el horizonte de eventos de un agujero negro, siendo Robin el único que escapa de esa tragedia. El precio que tendrá que pagar a través de dolorosas sesiones de psicoanálisis con el programa interactivo Sigfried Von Shrink será muy alto. Las sesiones de psicoterapia –donde analizador y analizado intercambian sus roles muy a menudo- y los desgarradores retratos de la vida en Pórtico, no en vano le hicieron ganar a Pohl el Hugo, el Nébula y el John W. Campbell por esa obra.

La segunda novela, Tras el Incierto Horizonte (1980), es en realidad parte de una trilogía dentro de la serie que busca resolver algunos –o bien todos- los misterios dejados en la anterior entrega. Por no mencionar desde la alocada expedición de la familia Herter-Hall al maleducado muchacho salvaje que es Wan (Juan-Enriquette Dos Santos para los amigos) y el modo genial en el que Pohl muestra el choque cultural que puede significar para una simple civilización I en la escala Kardashev el uso (y abuso) de tecnologías superiores (olvídense de StarGate; con esta sola novela Pohl escribió el libro del choque cultural, aunque para ser sincero, Kuttner lo hizo antes con “Remilgados eran los Borogoves” (un cuento realmente sorprendente sobre unos juguetes del futuro en manos de niños del presente.) Habrá un primer encuentro, pero de alienígenas que están mucho mas cerca de nosotros de lo que pensamos; y se descubrirán nuevas tecnologías (como es el caso de los Difuntos) que revolucionarán de nuevo la sociedad humana haciéndola pasar por otra singularidad cultural: ahora la muerte y hasta la individualidad no son un absoluto. Y mucho menos el límite entre máquina y humano…

En la tercera novela, El Encuentro (1984), Pohl saca todas sus armas en cuanto a sátira se refiere, al narrar el regreso de los infiernos gravitacionales de Gelle-Klara Molynlin a manos de Wan, que ha pasado de ser un pordiosero espacial a millonario y osado explorador espacial (aunque no por eso menos mal educado). Como ven el mundo está al revés, y lo está mas para la pobre Klara que al regresar a Pórtico ve como su comisión multimillonaria por descubrimientos científicos (¡primera persona que sobrevive a un hoyo negro!, ¡vamos que ni en Star Trek hacen eso!), se va al demonio por el nuevo orden mundial establecido. Habrá ahora si un primer contacto con una civilización alienígena pero el “pequeño” problema que desatará eso, es que traerá de vuelta a los Heechee a la galaxia de un exilio autoimpuesto por razones de supervivencia. Verán, hay una de esas arquetípicas especies insondables y arcanas allá afuera a la que no le gusta ninguna otra forma de vida, y los humanos estamos haciendo todo lo posible para traerlos de vuelta sin darnos cuenta; hasta en la ecología galáctica somos unos imbéciles…

En la novela que cierra el ciclo en español, Los Anales de los Heechee (1987), ahora como 100 años después de la primera novela, los Heechee, desde el hoyo negro en que se ocultaron hace 500000 años y la humanidad, colaboran unidos esperando sobrevivir a la inminente embestida de El Enemigo/Los Asesinos; si, las arquetípicas entidades insondables arcanas de las que les hablé; elijan el nombre que quieran (personalmente me gusta mas el nombre que les pusieron en wikipedia: los Kugel) que desde un hoyo negro de energía pura vigilan toda la galaxia. A pesar de todos los avances en inteligencia artificial y cosmología, sus intenciones verdaderas siguen siendo un misterio. Aquí Pohl nos presenta una clase de cosmología para “dummies” explicando el misterio de la masa perdida ¿Cuál es? Escuchen con atención.

En la actualidad, con los mas poderosos telescopios y radiotelescopios se ha podido detectar y calcular solo el 4% de la materia del universo ¿Dónde está el 96% restante? Esa ha sido una pregunta que deja a reputados cosmólogos sin dormir. Sin esa masa extra se teoriza que el universo se expandirá por siempre hasta “romperse” en el Gran Rip.

En la saga de los Heechee se explica que para evitar ese tipo de desastre, El Enemigo está creando de hecho materia nueva extra, y cualquier otra especie que tenga que decir algo al respecto …pobre de ella. Se han encontrado cientos de restos de civilizaciones destruidas a lo largo de la galaxia por su mano, ninguna pudo oponer ningún tipo de resistencia ni se ofreció algún tipo de piedad ¿Eso significa que El Enemigo son bichos malos que deben ser exterminados en nombre del amor y la justicia como los Goa’uld?

Si esto fuera un bolsilibro de a 5 euros si, pero estamos hablando de Frederik Pohl, señores; la Gran Batalla Final por Salvar la Galaxia y Vencer al Mal Último resultará en un fracaso decepcionante para las fuerzas de defensa de la Tierra (¡cuando no!) pero…

…¡la Tierra no es tocada! ¿Qué significa esto?

Simple, cuando el Enemigo registra la tecnología Heechee y humana, descubre que muchos de los miembros de ambas especies han hecho el salto a ser seres digitales que podrán sobrevivir en el nuevo tipo de universo que El Enemigo está planeando crear. Uno donde quizá no haya entropía, donde realmente se pueda vivir para siempre como un patrón autoperpetuado de información pura, quizás si, quizás no. Pero en todo caso nos han respetado por ello. Y mientras no los molestemos, mejor será así…

Pohl, para continuar especiando el plato ha creado una serie de relatos cortos llamado Los Exploradores de Pórtico (1990), ambientado en el universo de las cuatro novelas anteriores y que desgraciadamente no puedo comentar por no tenerla en mi poder pero que he oído por ahí que es aceptable. Además no se ha sentado en sus laureles y ha continuado la saga con una nueva novela: The Boy That Would Live Forever (2004) donde Wan busca vengarse de humanos y Heechee por igual destruyendo sistema solar tras sistema solar , sin darse cuenta que en su locura tal vez despierte la ira del Enemigo…

Pohl en este universo, construye, humanos, alienígenas y máquinas fascinantes. Están los mismos Heechee que caen del puesto de Señores de la Creación ante los humanos, a la especie más cobarde de la galaxia, desde los Titerotes de Pierson (y con razones muy válidas ante la colosal presencia del Enemigo alla afuera), que no entiende como una especie no puede tener un solo gobierno a la hora de llegar al sistema solar y causan un caos global cuando los humanos creen que es una invasión. Claro está que “Heechee” no es su nombre verdadero y eso les ofende, se llaman a si mismos “Los Pensantes” y tienen dos idiomas: el del sentir y el del hacer, y no pueden mas que contemplar con confusión como esos locos alienígenas que son los humanos saltan ante el peligro sin temor.

Otro de los personajes mas entrañables de la serie es la IA Albert Einstein, una creación de la novia de Robin, esa femme fatale que es S. Lavorovna Ya. Un personaje dotado de un sentido del humor extraordinario y de una mordacidad que solo una inteligencia que procesa en femtosegundos podría tener. Está Robin, que será de un modo u otro el eje central de las cuatro primeras novelas pero concentrándose mas en sus miedos y neurosis que en sus virtudes y fuerzas. Y aun convertido en uno de los nuevos elegidos para habitar el universo futuro del Enemigo, no podrá dejar de pensar en si mismo como un perdedor mas. Esta Semya Lavorovna Ya., una rusa de armas tomar que no solo salva a Robin de morir al volverlo una IA, y hace ver a Ciro Peraloca como el plomero de la esquina de al lado a la hora de descifrar tecnologías, sino que se da el lujo de abandonar a Robin a su suerte con una S. Lavorovna Ya …virtual. Hay auténticos villanos como lo es el miserable de Wan que causó por su egoísmo y un pedazo de tecnología Heechee disponible, una locura planetaria y luego se revuelca de miedo y cobardía cuando los Heechee le explican la naturaleza del Enemigo.

Y bueno, con todo esto a su favor…¿Qué esperan para leer la saga?

© Daniel Mejía, 29-07-2006
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