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Se que hay gente (Planells entre ellos) a
quienes el estilo revolucionario y rompedor de tabúes de Philip José Farmer
(Indiana, 1928 - ) no les parece ¿Por qué? No lo se, ni me interesa; total,
ellos se lo pierden.
En esta duología (que en realidad debería ser trilogía, pero el tercer
título, Traitor to the Living, se mantiene inédito), Farmer explora
uno de los grandes tabúes de la sociedad norteamericana de los sesentas de
una manera pícara y sardónica: el SEXO. Si, sexo con mayúsculas, porque
señores, las dos novelas están repletas de proezas de actos reproductivos
que dejan chiquitas las obras combinadas del Marques de Sade, Casanova,
Nabakov o Bukowski. Aquí, caballeros, las armas son los genitales y el
asunto es follar o morir.
Vayamos por partes. No es que el autor se haya vuelto loco de repente (de
hecho espero que siempre lo haya estado). Todo comienza en La imagen de
la bestia (1968), en un Los Ángeles posible, donde el smog es tal que la
gente se ve forzada a abandonar la ciudad por sus vidas (¿ya ven?, no está
tan lejos de la realidad), donde el detective Herald Childe ve junto a
varios policías, en una película anónima, la violación, castración y muerte
de su compañero de oficio. Los detalles son tan escabrosos que por la
sanidad de sus mentes no podemos reproducirlos aquí. Childe decide
investigar, y las pistas apuntan a la mansión del barón Igescu, ¿quizás un
vampiro del Viejo Continente? Ya quisieran. Con Farmer no hay respuestas
fáciles.
Una visita “oficial” al buen barón se ve infructuosa, pero sirve para
enterarnos de la presencia de un fantasma en la mansión –uno que se deja
fotografiar, y mucho por cierto- Dolores del Osorojo. Y para introducirnos
de hecho y pecho en las aventuras sexuales de Childe con un miembro del
staff de Igescu, quien parece tener una capacidad infinita para follar. De
ahí, Childe tendrá que ver una grotesca segunda película con contenido
similar a la primera e intentará escabullirse en la mansión, solo para
perderse en un laberinto de espejos digno de Julio Verne. Y de ahí, mis
niños…
…Violaciones, abusos sexuales, masturbaciones, proezas sexuales físicamente
imposibles, deformidades increíbles y torturas que dejarían al más ávido
seguidor del Kama-Sutra seco. Con un grupo de gente como el de Igescu, capaz
de cambiar de forma solo para follar mejor y que adopta formas imposibles y
dignas de cualquier libro sobre la licantropía, Childe tendrá que follar en
su camino a lo largo de la mansión de Igescu y follar aun con Dolores (nadie
ni nada se salva en esta jocosa duología) para salir con vida. Solo para
descubrir que su esposa Sybil ha sido raptada por Igescu y compañía para
mantener su secreto a salvo.
En ¡Cuidado con la bestia! -título mas que adecuando aunque su
versión en inglés sea Blown or Sketches among the Ruins of my Mind-
(1969), Childe se devana los sesos tratando de entender que coño le ha
pasado a él y a su esposa, mientras que Los Ángeles sufre la lluvia del
siglo producto de la contaminación, y Forrest J (Sin Punto) Ackerman busca
el retrato original de Drácula que su “imitador” Woolston Heepish le ha
robado ¿Confundidos? ¡Esperen a oír esto!
En la vida real, Ackerman ha organizado algunos de los primeros grupos de
aficionados a la CF en los USA, ha organizado las primeras convenciones y ha
servido de maestro de ceremonias, es dueño de una extensa colección de
artículos de películas clásicas (y no tanto) de CF y ha colaborado con
algunos de los grandes -como A.E. Van Vogt y Marion Zimmer Bradley- cuando
no les ha servido de agente literario. Hasta ha sido nombrado “lesbiana”
honorario. De ahí que Farmer lo incluya en esta orgía de novela.
Mientras que Childe empieza a ver la verdadera naturaleza de la bestia en la
despampanante viviente Macbrough y su pene insertado de acción
independiente, es de nuevo raptado y abusado hasta el punto del colmo sexual
por los secuaces del ahora ¿difunto? Igescu, Ackerman logra a duras penas
recuperar su valiosa posesión solo para enterarse que su amiga de toda la
vida, Alys Merrie, no es de este planeta.
Resulta ser que Alys es una Toc, una alienígena en un estado entre energía y
materia que requiere del sexo para manifestarse y mantener sus poderes –de
aquí se pueden concluir algunos misterios del primer tomo- y no esta sola,
hay cientos, miles como ella abandonados en la Tierra y no todos son tipos
buenos. Están los Ogs, el bando rival, que requiere de la sangre para las
mismas funciones. Verán, hace miles de años los Ogs y los Tocs,
desarrollaron una peculiar forma de viaje espacial sexual (¡cuando no!) que
requería de un ser o “Capitán” y un artefacto especial o “Grial”, los cuales
en combinación con una serie de condiciones orgiásticas que harían ver a
Woodstock como el Partido Republicano o los Niños Cantores de Viena, podían
recorrer las estrellas.
Desgraciadamente al llegar a la Tierra, ambos bandos –que estaban en
conflicto desde hace cierto tiempo- mataron a sus Capitanes y destruyeron
mutuamente sus Griales, quedando atrapados en la Tierra, y dando origen a
las leyendas de las hadas, los seres mitológicos griegos, los vampiros, los
hombres-lobo, etc. Por fortuna tras muchos años de estudio decidieron que la
estirpe de George Gordon, Lord Byron (1788-1824) era la óptima para procrear
un Capitán humano y de ahí nació Herald Childe, el “Childe” (Niño en inglés)
que “Heralds” (Anuncia en inglés), un ser creado a partir de la inspiración
del poema “Childe Harold’s Pilgrimage” de Byron (y una follada tremenda por
parte de los Tocs para impregnarle sus energías psíquicas). Es el Niño que
Anuncia el regreso de los Tocs a casa. En cierto modo le doy la razón a
Planells, y es que Farmer no cuida mucho los detalles de explicar como es
que Childe ha sobrevivido mas de dos siglos sin darse cuenta de ello, o como
fue su iniciación entre los Tocs y que diablos hicieron los Ogs para
arrebatárselo, o la historia secreta del mundo que han ido forjando ambas
naciones. Pero cuando uno se lo está pasando tan bien en una guerra secreta
entre dos facciones de folla-morfos, ¿a quién le importa los detalles
menores?.
Tras una incursión sorpresa de los Tocs en varias (créanme, por su bien) e
indescriptibles formas al lado de Ackerman (quien está viviendo la
masturbación de todo fan de la CF: tener una aventura con aliens implicados)
y algunas sorpresas de la Madre Naturaleza que llevarán al traste los planes
de todos. Childe quedará en una posición en la que tendrá poder sobre el
destino de los Tocs y los Ogs (como que se lo merecían por tanto uso y
abuso); y habrá un final feliz para todos menos para los conservadores.
Farmer en esta duología expulsa sus demonios internos, y hace una obra que
irónicamente, es mas madura en el campo de la novela erótica, que análogos
como Lolita o las obras de Anais Nin. En resumen hace una buena historia
usando y abusando del buen gusto del lector. Si creen que es producto de
algún tipo de trauma, les sugiero que vayan a wikipedia y revisen la aun en
construcción bibliografía del autor. Encontrarán que Farmer es un experto en
cuanto a erotismo se refiere. No al estilo de Sturgeon que lo sublima al
punto de volverlo religión, o Resnick que la hacía por ganar dinero, sino
que lo hace para burlarse de la censura de los peores (y mas astutos) modos
posibles. Nos muestra que al sexo no hay que temerle, que el sexo es parte
de nosotros mismos, y que si lo aceptamos, seremos más humanos por ello. Nos
recuerda que la biología es una fuerza poderosa en nuestras vidas, y que
mejor empecemos a vivir con ello, y si lo hace de un modo que nadie había
intentado antes, y con éxito, ¿quienes somos nosotros para criticarle? Larga
vida y gloria, señor Farmer. Y que viva en tiempos interesantes (¡espere!,
¡ya lo hace!, oops).
©
Daniel Mejía; 29-07-06
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