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Con frecuencia poseen un tremendo atractivo
los rostros angelicales -pero en cierta forma intercambiables de sus
heroínas por su perfección formal- tan exquisitos que llegan a ser
lancinantes y tan graciosos que uno tarda en separar los elementos y captar
el truco hasta comprender como Turner maneja elementos usuales (casi lugares
comunes), pero los vincula de tal manera con amoroso empeño y un
indiscutible halo romántico que devienen expresivos y excitantes: tez de
rasgos delicados en óvalo primoroso (Supergirl), labios gordezuelos e
incitantes repujados para besar (Soulfire o en realidad cualquiera de sus
chicas), mirada explícita que igual puede ser tierna (Witchblade CE) o
ingenua (Padme Amidala) que amenazante (Red Sonja), enfurecida (Witchblade
07) o punzante (Leia Slave) o distraída (Wizard World Philadelphia 2004),
nariz respingada (Máxima en Teen Titans), orejas de elfa -diminutas y
puntiagudas- (Tomb Raider), piel bronceada y sin mácula (Fathom Aspen 03),
cuerpos longilíneos, delgados pero musculosos (Black Panther) -lo que aleja
la sospecha de fragilidad-, muslos torneados (Danger Girl) y tafanarios de
ensueño (Witchblade 100), senos macizos y vibrantes (Miss Marvel 01),
vientres cincelados (Fathom Swimsuit14), espaldas esculpidas con ternura y
luz lunar (Fathom Aspen Beach), alas diseñadas con gracia y elegancia (Soulfire),
y así al correlacionarse y evolucionar en conjunto, tales componentes actúan
cual módulos que cumplen al integrarse, la función de disolver posibles
rechazos (por el medio en el que se ofrecen) y de forjar empatía con el
personaje de turno (por la identificación suscitada). Aconsejo repasar sus
bañistas de la colección Aspen o sus Soulfires, Wonder Woman, Witchblade o
Tomb Raider para comprobarlo.
Pareciera que sus dibujos, a pesar de desplegarse en un mundillo peculiar
considerado por muchos intelectuales como de baja concentración de
inteligencia, reclaman y exigen convertirse en parte de nuestras pulsiones
ocultas, de las meditaciones espontáneas que dedicamos a la geometría de la
belleza. Sin embargo, hay que anotar asimismo que su originalidad es
relativa, se ve con frecuencia encuadrada en marcos previamente definidos,
pero es allí donde surge con potencia su fuerza creativa por que trata de
eludir dicho cerco mediante variados recursos gráficos: difuminados (Fathom
Vol 2 Wizard World o Fathom 14), estarcidos (Dawn of War), coloides (Divers
56), iluminaciones sesgadas (Aspen Splash), articulaciones entre la
animación implícita y la prospectiva de acción proyectada (poco más o menos
como si fueran pensados y ejecutados para el cine – Flash o los Four
Fantastic), burbujas (Fathom 9), neviscas (Cannon Hawke 3), sombras (Catwoman
and Batman), decoloraciones (Fathom Preview) o ilustraciones con una cierta
monocromía (Fathom 13), pero aún mas, por la carga emotiva y el sentido de
maravilla que aparecen profundamente insertados (y explícitos) en su mensaje
como dibujo global, que es capaz de sintetizar trabajos anteriores de otros
artistas, aspectos cotidianos que permiten ajustes mientras nos acercamos a
las figuras y acontecimientos extraños y fascinantes.
Su capacidad gráfica aumenta y ensancha los límites usuales del bosquejo del
comic sin recurrir a experimentaciones excesivas, ya que sólo por los
estallidos de color que estremecen el encuadre (serie de carátulas para
Justice League of America) o por restituir, tanto a sus protagonistas (Batman
vs Spiderman, Adventures of Superman 626) como a su entorno (Fathom 1), su
movimiento natural, alcanza a liberarlos sobre la superficie de la página
donde adquieren por sus acciones una cierta autonomía (Fathom & Witchblade)
y por que no: libertad; además al presentarlos como espectáculo con
suficiente dosis de exotismo (los tatuajes de Action Comic 813, o los labios
y cabello verde de Aprodhite mientras se desplaza por un paisaje imposible)
y asombro para deponer la incredulidad e incorporarnos a esos mundos
paralelos que no estarán abrigados por las teorías de Hugh Everett sobre el
multiverso, pero que deberían estarlo por el goce que nos proporcionan, más
allá de la tragedia que encarnan (Action Comic 625); o también la atención
que presta a la dinámica que se oculta potente en los escorzos de grupos, en
su esforzada faena congelada por un instante, en los claroscuros envolventes
o en los cuerpos momentáneamente inmóviles a la espera de un evento que
actué de disparador (la serie de carátulas dedicadas a Identity Crisis
pueden servir de ejemplo)
Columna vertebral de Aspen Comics e
incursionando en las grandes ligas (DC, Marvel) con la suficiente frecuencia
como para aceptar que una parte significativa de su obra posee no sólo
acogida sino que resulta conocida, hemos apuntado a una representación un
tanto atípica: E.V.E. Protomecha. Para acercarnos a un proyecto como el
elegido, debemos primero, tener en cuenta el trabajo de equipo, la
complementación en sabidurías, la capacidad para interactuar y enriquecer
una obra lista para ser editada y publicada.
En la aventura del bitimagen de este mes, le acompañan uno de sus habituales
entintadores: Joe Weems y un colorista especial para la ocasión: Liquid; no
obstante, no me detendrá a separar los aportes, trabajaré la imagen y el
texto de manera integrada, dando por hecho que lidera Turner y que es a su
concepción artística global (a la cual se pliegan sus colaboradores) a la
que hay que dedicar las líneas siguientes.
Puedo agregar que escoger artistas del comic posee ese inconveniente, en el
sentido de quedar palpablemente manifestado tanto el trabajo de equipo, y
por lo tanto la muy tangencial referencia a derechos de autor… ¿porqué dónde
termina el entintado y da paso a la aplicación de colores?, o… ¿hasta que
punto un lápiz regular o modesto puede transformarse bajo el influjo de un
entintador inspirado en una viñeta inolvidable, o también que hermosa imagen
abocetada en las work sheet se convierte en una bazofia por el rasgado o
engotado de un entintador poco inspirado. Lo mismo podemos decir del color,
que lastra y torna pesada la ingravidez con que el dibujante dotó a su
estrella o torna en un festín para la vista las perfiles sencillos y
carentes de garbo de un dibujo crematístico.
Con frecuencia los cyborgs con su carne metalizada y sus implantes poseen un
atractivo malsano sobre nuestra conciencia y esculpen emociones
contradictorias en nuestros circuitos neuronales y cognoscitivos, en
especial cuando a su funcionalidad suman la belleza, E.V.E. Protomecha es un
modelo que convoca tales turbaciones y saberes, la observamos preñada de
gracia y potencia, la segunda nos orienta a recordar los endurecidos
propósitos para los que fuera diseñada desde la confluencia entre el horno
ardiente de la metalurgia, el silicio de los chips y la probeta rebosante de
biocomponentes, la primera nos sacude al comprobar que el diámetro de su
cintura plagada de trabéculas férreas contradice la fuerza de sus brazos
minerales pero no la disminuye, sembrados de cuchillas y de goznes y con
dedos inquebrantables parecen destinados a provocar dolor y no a deleitarnos
con caricias, pero… acaso no deben obedecer nuestros deseos aquellos seres
conjurados al amparo de la tecnología, o por ser una mezcla semihumana
mantienen vigentes sus derechos a disentir, opinar y decidir.
¡Ah, que dilema!, ni propietarios ni usuarios, solo acompañantes y con
fueros, nada de sadomasoquismo y goteo sangriento, pero si el respeto mutuo
es el camino a recorrer, entonces que alegría poder seducirnos mutuamente y
a la sazón imaginar las posiciones que tomarán sus bisagras resistentes y
sus tejidos fibrosos para volverse charnelas acogedoras y pieles sensibles,
las imbricaciones sucesivas en que insistirán sus tajaderas para desaparecer
en sus nichos aceitados, la delicada calibración de sus dedos para convertir
en cortés cada apretón y en tierna cada exploración dérmica.
Y es así, en la disolución de su doble faz, establecida para aceptarla como
un ser único con sus diversos y paradójicos atributos integrados, donde
retornamos a captar la belleza henchida de su busto, la contundencia de sus
caderas y la sinfonía que musicalizan sus muslos, luego las discordancias se
difuminan y germina una sensación de complementariedad donde hasta sus
rodillas se convierten en rosas de aleación blanda, sus cronómetros pulsan
con la cadencia del corazón y no con el bit de la programación, sus hombros
implacables se redondean para que nuestras manos se deslicen, y sus alas en
lugar de desplegarse para asumir perspectiva de ataque se tienden hacia
atrás, hacia el piso, para brindar soporte al encuentro amoroso que se
avecina, pero será su rostro, que de la beldad enigmática transitará a la
belleza conmovida, donde sucederán drásticas metamorfosis, adquiriendo sus
rasgos otro sentido, y en aquel momento, con sus cabellos endrinos agitados
por el viento, con una mirada de pupilas dilatadas para que navegue el
deseo, con una boca golosa que simultáneamente es un manjar para degustar el
afecto y una naricilla olisqueante que recupera más allá de los lubricantes
y de los ácidos olores de biochips, burbujas de memoria y enlaces de
Josehpson el candor del olfateo ritual entre parejas, finalmente dejará de
ser amalgama y será poesía encarnada y como no, humana.
© Luís Bolaños;
28-09-06. |