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Podemos arrancar
señalando que Daína confecciona una delicada fantasía y simultáneamente
un preciso andamiaje de CF, en cada línea existen a su vez un manojo de
posibilidades y es la voluntad creadora de la novelista quien las
colapsa al estilo del experimento con el Gato de Schrödinger, tanto que
cuando la publique por fin, tras dejar atrás la adolescencia, se supone
debe ir acompañada en el mundo real de descubrimientos teóricos sobre
los mecanismos que hacen funcionar el universo. Casi podríamos colocar
de subtítulo al comentario: "O como la multiplicidad en la estructura de
FAE inaugura la teoría de la complejidad en la CF cubana".
Un puñado de creaciones de altísima calidad poética, sensibilidad
creativa y ensueño desenfrenado, mezcladas con claras teorías
científicas e intuición a porradas nos ha entregado Daína a lo largo de
las dos últimas décadas y media:
-
Mundos que amó,
los (Premio David 1979)
-
Amoroso planeta
1983
-
Historias de
hadas para adultos 1986
-
Fábulas de una
abuela extraterrestre 1988
-
Abrevadero de
los dinosaurios, el 1990
-
Hombre, la
hembra y el hambre, el (Premio Azorín 1998)
-
Casa de juegos
1999
-
Gata encerrada
2001
-
País de
dragones 2001
-
Isla de los
amores infinitos, la 2006
Su peculiar ruta la ha
llevado de ser la niña mimada de la CF cubana a finales de los 70’ y
principios de los 80’ a convertirse en la escrutadora de una Habana
secreta y fantástica que ha ido desentrañando en cuatro de sus cinco
últimas obras (la otra está dedicada con cariño a los dragones y los
niños, mito que colisiona con testimonios vitales).
FAE se despliega por tres carriles planetarios paralelamente (Faidir,
Rybal, Tierra), con palabras preñadas de la emoción del descubrimiento,
con un rico lenguaje poético e indudable espíritu épico va fertilizando
de elegancia la puesta en escena, surge el humor en los instantes
adecuados, nos acompaña fresca imaginación a raudales: a momentos su
narración parece líquida, es como un río selvático separado por islas en
tres ramales, y sabemos que llegará el momento de la confluencia y
entonces los misterios se resolverán, pero aunque nos deslizamos veloces
por sus páginas tampoco deseamos avanzar rápido para que perdure; una
dinámica caracterización de sus personajes (en torno a los cuales se
arraciman y se organizan los conflictos gracias a la recurrente invasión
de los sueños y los pases mágicos) a los cuales permite crecer y madurar
ante nuestros ojos embebidos; además se juega por entero en las
ocurrencias y no nos niega información ni nos sorprende con impactos
inesperados, ya que cada capítulo cierra con una maravilla o una
revelación, ese es uno de los puntos en que se nota de inmediato su
prosapia latinoamericana, lo que importa no es lo que oculta sino la
capacidad de mantenerlo más allá de las narices del lector aunque no
dude de mostrarlo. No tiene problemas en exponernos paso a paso de donde
proviene su material, casi didácticamente pero sin cancaneo y con
variaciones en la reiteración, la manera tan eficaz de armarlo y
disponerlo para lograr un efecto similar al encantamiento es lo que
termina por seducirnos.
El andamiaje es complejo pero desdoblado mediante mecanismos limpios,
sin trampas, a partir de los cuales se va deduciendo y encontrando. Uno
se desliza fácilmente sobre las peripecias que van trazando los tres
arcos argumentales, que cual tarimas móviles van retroalimentando cada
uno a los otros dos en la medida que se asimila lo entregado mutuamente.
Expresado así, puede parecer un galimatías, pero Daína nos lleva con
guía segura a través de los sucesos y sale indemne del torrente de
dificultades con que se tropiezan sus héroes y heroínas, en esa serie de
bucles temporales que se generan en un multiverso determinado por leyes
y constantes que sobrepasan lo que conocemos, pero no lo que imaginamos.
Por eso brindamos un cuadro:
| Faidir |
Tierra |
Rybel |
|
Grupo explorador, proveniente de
un alter ego planetario de la Tierra, se divide, los que se
quedan se convierten en los terribles jumene que aterrorizan a
los aborígenes zhife por varios siglos, los que se marchan se
accidentan y sólo la astronauta Arlena sobrevive para aterrizar
en Rybel |
Ana, la adolescente cubana que
relata (alter ego de Daína), alimentada con una especie de
pre-visión, avizora lo que devendrá y en cierta forma al
imaginar los eventos, los desencadena, mientras que vive
embullada con sus amores adolescentes, sus estudios y su
creciente clarividencia |
Lugar de encuentro de Arlena con Merlin, que fue arrebatado de
la Tierra por usar los dos objetos mágicos delegados por su
maestro y recibidos por un misterioso zhife en un momento
magnético apropiado en Stonehenge. Rybel será sacudido por
asonadas y rebeliones del grupo de poder sacerdotal para
apoderarse de ellos y arrebatárselos a Merlín y los silfos |
No obstante, los
participantes son graficados con diferente intensidad, los jumene en sus
tres variantes (tume, kajle, delje) nunca son descritos y cumplen con
una función muy determinada, pero no dejamos de pensar que son
impostados, al igual que silfos, una especie de duendes, quienes sólo
aparecen un momento para cumplir otra función; los zhife son seguidos en
sus desplazamientos, en su vida cotidiana, asistidos y explicados, se
acumulan datos y tradiciones para diversificarlos y para eso nadie mejor
que la abuela zhife; los estudiantes cubanos que nos son propuestos como
modelo de comportamiento, reciben atención pero paradójicamente son los
menos intensos y creíbles (a ellos no les suceden acciones relevantes),
pero sus vínculos no están exentos de humor y las dos amigas (Ana y
Rita) poseen la suficiente pasión para impulsar sus convicciones a pesar
de la presión grupal y de los desencuentros, ambas son marxistas, pero
no ortodoxas sino militantes contra la mediocridad, el pancismo, el
convencionalismo o el conformismo, no disculpan la ignorancia existiendo
posibilidades de combatirla ni la pasividad cuando hay tanto por hacer,
sobre todo Ana, que como protagonista especular de la abuela zhife exige
a los demás lo que se exige a si misma.
Desde el inicio se desnudan los interconectes y madejas de
comunicaciones significativas que subyacen a través del sueño, las
visiones y las investigaciones, los experimentos (ouija, escritura
automática), las emociones (amor, coitos, torpezas juveniles) y los
rituales (esferas de visión mágica, las fórmulas, las palabras y frases
que por su sonido pueden desbaratar una situación e iniciar otra), las
prácticas telepáticas y de vuelo, los viajes (túneles de gusano en la
espuma espacio-temporal cuántica), las ceremonias de pasaje que ejecutan
los personajes (tanto los adolescentes cubanos de los 70’ como los
zhifes alados con tres ojos y tres bocas, o la astronauta extraviada),
acercándose gracias a una combinación que posee la suprema gracia de los
aderezos de un chef cordon blue, a la definición de Dan Sperber de mito
y recuperando de la cascada de ruido que suele desbordarnos cuando nos
aproximamos a los fenómenos señalados (teoría de la información de
Shannon), la indagación exacta que nos ponga en perspectiva, por eso
puedo afirmar sin dudas que la CF que escribe Daína se parece a ella, es
hermosa e inteligente.
La documentación científica que sirve de base y se usa para apuntalar la
historia es lo más avanzado de 1988, aún ahora poco más o menos dos
décadas después continúan vigentes muchos de esos aportes, está presente
lo mismo Maturana y Valera que Prigogyne, la teoría de sistemas de von
Bertalanffy que la ciencia del caos de Benoit Mandelbrot, y sin embargo,
la difusión de algunos de esos textos estaba lejana en el primer lustro
de los 90’, con lo cual pareciera que el entorno en el cual se crea la
novela estuviera atravesado por similares mecanismos que los relatados.
(por ejemplo en la página 111: “Veo la vida como un todo” en un contexto
semejante al aserto ambiental de la ecología profunda de Leonardo Boff:
“Todos somos seres cósmicos”)
Exquisita y equilibrada maneja los elementos del relato con soltura y
los solapa en los puntos justos para provocar las consecuencias
buscadas. Siembra sugerentes imágenes e ideas a lo largo de los
capítulos, los nutre un poco aquí y un poco allá con aluviones de ideas
y acontecimientos hasta que repentinamente nos enteramos que deambulamos
entre parras y frutos en sazón. Experimenta con el texto para otorgarle
significado y contenido a la disposición de las letras en la hoja, para
que casi desborden el habitual diseño editorial (quizás ya está “in nuce”
la idea del hipertexto en su mente), y así el universo cuántico, la
espuma temporal y las singularidades derivadas de los agujeros de gusano
recorridos mentalmente, se convierten en bellos paisajes gracias al
manejo lingüístico que los colma. Lectura fecunda, de sección en sección
va tejiendo densas redes correlacionantes, tantas, que uno oteando desde
la página que va leyendo no logra discernir con que van asombrarnos o a
estremecernos al cierre del próximo capítulo. Sensación que demuestra el
cuidado, dedicación y cariño con que Daína armó y elaboró su material,
como juega con la información y la va colocando con audacia, para que lo
sabido unido a lo venidero asome como algo novedoso, que logra a pesar
de los aprietos de reservarse aspectos esenciales en una exposición
límpida y amena, para mantener la expansión de lo desconocido.
También hay que señalar que los párrafos introductorios de James Fraser
(La rama dorada) y de Vladimir Mezentsev (Enciclopedia de las
maravillas) con que se abren las páginas del libro consolidan la
apreciación anterior, ya que por el uno señala la aproximación existente
entre las visiones mágica y científica (recuérdese para reforzar el
efecto anterior la tercera ley de Arthur Clarke: Cualquier tecnología
lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia) y el otro
las facultades potenciales que la humanidad puede aún expandir y
desenrollar (relacionado con la primera ley de Clarke: Cuando un
viejo y distinguido científico determina que algo es posible,
probablemente está en lo correcto. Cuando determina que algo es
imposible, probablemente está equivocado). Ese será el derrotero de
la historia que nos ofrece, el del asombro y la percepción ampliada, ya
que su apuesta colida con la segunda ley de Clarke: La única manera
de descubrir los límites de lo posible es aventurarse hacia lo imposible).
Como si supiera a poco, recurre a presentar un multiverso al estilo de
Hugh Everett, horadado por galerías oníricas que pueden ser recorridas
gracias a la intuición y el sueño, y donde se imbrican por lo menos dos
de las burbujas propuestas por la Escuela de Cambridge, así que no sólo
es multidimensional sino que deviene abierto. Quizás por ese puñado de
referencias y otras más que surgen a medida que leemos las peripecias de
los personajes sirven para considerar a esta novela apasionada,
hipnótica y dinámica ya un clásico de la CF hispanoamericana.
© Luís Bolaños; 06-10-06.
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