EMPHYRIO

Para empezar, esta es una novela de Jack Vance (1916- ) un autor muy bien visto en nuestra página, y con justicia.

Trata sobre la libertad, lo fácil que es quitarla y lo difícil que es recuperarla. Es la historia de la caída y redención de un mundo entero. En una era donde los hombres se han expandido a las estrellas, en el lejano planeta Halma, la población vive sometida a un régimen burocrático totalitario encabezado por los Señores de Ambroy, la principal ciudad del planeta. Este régimen desde hace dos milenios, desde la catastrófica caída del Imperio Galáctico de turno (algo que el maestro Vance solo nos deja imaginar colateralmente) promete mantener los servicios y las instituciones funcionando bajo el precio de servir como su casta trabajadora y apegarse a un clero totalitario cuyos fines no son claros a primera vista.

Curiosamente, la administración lo único que les pide a cambio es una producción casi maniática de obras de arte únicas manufacturadas, donde ningún proceso industrial puede intervenir. Eso interesará desde su infancia al “héroe” (si tal cosa puede existir en los libros de Vance) de la novela, Ghyl Tarvoke, quien se pregunta porque el mundo es así. Su padre, Amianto, trata de negar sus preguntas, pero la curiosidad de Ghyl podrá más. De hecho, si no fuera por el manifiesto social que Vance pone en esta novela, se podría decir que esta es un folletín de aventuras en alguna sociedad exótica. O una novela formativa de niño a hombre (como bien lo ponía Joseph Campbell en su estudio sobre El Héroe de las Mil Caras). Verán, Ghyl desde la infancia, verá el otro rostro de la “benevolencia” de los Señores de Ambroy, con brutales ejemplos, tales como el hecho que leer y escribir están prohibidos por la seguridad social de Halma, a favor de actividades mas “provechosas”. Luego en su adolescencia, se lanzará al gobierno de uno de los distritos de Ambroy enmascarado como el candidato Emphyrio, héroe mítico que combatió a los salvajes alienígenas conocidos como Wirwans, solo para ver su candidatura aparentemente exitosa saboteada por la administración y a su padre muerto a manos del clero por tener obras en serie. De ahí saltaremos a su corta y poco fructífera carrera como un pirata espacial donde el autor nos muestra con maestría lo difícil que es ser un verdadero pirata espacial, que le ayudará a conocer otros mundos, y sorprendentemente enterarse que Halma es considerado un mundo de ricos por sus finas obras, entre las estrellas, de modo que aquí hay truco, alguien esta engañando al pueblo ¿pero quien? Eso, a su vez lo llevará a la Tierra, donde el influyente Instituto Histórico le reservará más de una sorpresa sobre la verdadera naturaleza de su padre, la verdad tras el mito de Emphyrio y la historia reciente de su mundo. Y de ahí parte a la confrontación final con los amos de títeres que controlan el juego, para demostrarles que este peón puede hacer movimientos propios…

Emphyrio fue escrita en 1969 y solo fue hecha como un divertimento, pero en la actualidad su mensaje de engaño y explotación de una minoría que no valora los esfuerzos de la mayoría o el poder de la desinformación (para los interesados en ese tema les sugiero leer a Chomsky) para mantener un estado totalitario cobran gran fuerza. Por supuesto que es una obra vanceana, es como siempre el Hombre contra Todo (llámenlo el medio/ el Estado/los alienígenas, pero en este caso es todo eso y mas) y como la búsqueda del conocimiento y las virtudes de lo que significa ser humano son, quizás, la única esperanza para seguir adelante en un cosmos hostil. Ghyl Tarvoke al final revela que los alienígenas de la luna de Halma, Damar, han estado manipulando y explotando al pueblo de Halma por 2000 años ni siquiera por maldad sino por puro interés económico, puesto que su peculiar fisiología –en el colmo de colmos- les impide apreciar la belleza tras las obras que les han forzado a hacer. Tras revelarse esa verdad, no solo el régimen y el clero colapsan ante las masas que piden justicia, sino que los halmanos fuerzan a los damarianos a devolverles en moneda y artículos hasta el último céntimo o afrontar la amenaza del exterminio. Y Ghyl es recordado en la memoria de su pueblo como el héroe que le devolvió el prestigio al nombre de Emphyrio. Vamos, que final mas feliz no se puede.

Pero volviendo al mensaje “de actualidad” de la novela: es como el poder puede autoperpetuarse mediante el engaño. Eso los peruanos hemos tenido que vivirlo con el régimen de Fujimori y las enfermizas manipulaciones de su delfín Montesinos. Pero también puede aplicarse a escala mundial: el gobierno de los USA y sus beneficiados nos han mantenido en una falsa guerra contra el terror, promoviendo la separación con el mundo islámico, un mundo que salvó la cultura de Occidente en su tiempo y que ahora mas que nunca, necesita la ayuda de Occidente para encontrar su propio destino. Pero esta ayuda le es negada ante los intereses de personas poderosas (que ya quisiéramos que fuesen bichos alien para negarles sus derechos humanos) que siguen un régimen anacrónico de poder ya obsoleto, pero que en su estupidez y egoísmo comprometen la seguridad, la verdadera seguridad de la civilización humana y su medio ambiente, todo mediante mentiras de un “terror” que o bien no existe o ellos han ayudado a crear. Y no pueden, o peor aun, no quieren apreciar la belleza de nuestro planeta madre y el verdadero potencial al que podemos llegar si nos lo proponemos. Somos un mundo necesitado de Ghyls Tarvokes que no se detengan ante nada para buscar la verdad y denuncien los abusos de los poderosos.

“La verdad os hará libres” dice la Biblia (Jn 8, 32). A un costo cruel y brutal quizás para que tengan que cambiar las cosas. Pero seremos libres al final. Y podremos darnos el lujo de vivir en un mundo mas libre, más noble un mundo por el cual valga la pena vivir en paz.

© Daniel Mejía; 31-10-06.
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