LA CAIDA

Existe un enorme peso en el modo como nos colocamos en el mundo, derivado de nuestras experiencias materiales. Constatación especialmente fuerte para nuestras categorías más básicas referidas a nuestra ubicación en el espacio.

1. Al inicio es la inconsciencia. Tengo la impresión de que en más de un sentido no hay conciencia antes de la caída. Nuestras experiencias iniciales no son espaciales propiamente dichas: son de placer o displacer en un ámbito indiferenciado. Y al inicio, el placer se asocia al reposo en gran medida. El reposo es más bien estático (pero sacudido por las corrientes placentarias y por los deslizamientos y movimientos del cuerpo contenedor) y suele asociarse a una comodidad de la que alguien ajeno a nosotros se ocupa. Esta primera inconsciencia es puntual. Nuestras extremidades se nos disparan en direcciones erráticas desde un centro constituido por nuestro eje visual; y no tenemos otro punto de vista que el propio. (pero que por evolución incorpora los puntos de vista adquiridos como reptil, mamífero primitivo y antropoide) Somos un punto demandante. Y aunque nos damos maña para obtener lo que pedimos, no tenemos desplazamientos propios.

2. Nuestra primera experiencia autónoma del espacio es bidimensional, salvo en lo que se refiere a la construcción visual de la perspectiva. Me refiero a que, mientras tenemos experiencia directa de desplazamientos en el espacio bidimensional sobre el suelo aprendemos categorías básicas de relación: cerca/lejos y lateralidad izquierda/derecha y delante/detrás. Y esta es una experiencia de bajo riesgo y baja velocidad. En base a ella nos acostumbramos al supuesto de que existe una base que nos soporta y sobre la cual los desplazamientos se producen debido a cambios entre estado de reposo y movimiento que requieren de causas propias (me muevo) además de las ajenas (me mueven). Los desplazamientos son fácilmente observables tomando como referencia que la mayoría de los otros elementos del entorno están normalmente en reposo (el caso de los niños nómades ganaderos es un caso que requiere matices).

3. Los desplazamientos verticales arriba/abajo suelen seguir a los horizontales. Frecuentemente son construidos sobre el referente anterior y son de alguna manera como un desplazamiento lateral horizontal solo que más esforzados en la subida e inciertos en la bajada. Más a menudo los desplazamientos relevantes de esta naturaleza son diagonales y comparten con los horizontales la mayoría de las propiedades.

4. Sin embargo, existen otros desplazamientos radicalmente diferentes. Los casos relevantes de esta experiencia temprana están más bien referidos a trepar árboles que a caminar montañas. Se trata por eso de desplazamientos verticales y no diagonales. Los desplazamientos diagonales en el aire, con solo los propios recursos tempranos, están prohibidos por la ley de la gravedad. Esta experiencia nueva está referida a la caída y no al ascenso. El ascenso es solo otra forma de desplazamiento sobre el suelo, sobre un apoyo aunque en otros ángulos. Mantiene también la temporalidad y baja velocidad del desplazamiento horizontal; aunque existe un área en la que el ascenso introduce novedades. No requiere el mismo esfuerzo subir que bajar y esto cambia según el ángulo de la subida/bajada. La caída es otra cosa. Cambia la velocidad y convierte el suelo de cómplice en adversario. Por otro lado, solo la caída perpendicular parece permitida y eso es nuevo también y tiene la apariencia de una constante. La caída subraya la experiencia de que el movimiento sucede excepcionalmente y se percibe por relación al resto inmóvil. No hay experiencia espacial más descontrolada que la caída. No suele haber en las otras experiencias tanta fuente de dolores tan diferentes e inusuales. No es extraño que la caída haya adquirido tanta relevancia simbólica. Mayor la caída mayor el dolor, parece decir el sentido común.

5. Una experiencia particular de lo horizontal se obtiene con la navegación. La principal novedad inicial es que el soporte se mueve. De ahí se deriva la desaparición del reposo. Mantenerse en un sitio requiere de actividad aunque esta sea la de un ancla. Y el sitio en que nos mantendremos no será un punto sino una zona según la marea y la dirección del viento. Pero el soporte no solo se mueve sino que es fluido; no es un apoyo sino solo un soporte de donde también resulta que no se cambia de dirección sin pagar un precio a la inercia describiendo un arco en lugar de un ángulo. En este medio, por otro lado, todo se mueve y no resulta fácil calcular la propia posición, ni la velocidad, sin alguna referencia firme. La facilidad con que dos se buscan y encuentran que se da por supuesta cuando nos desplazamos por tierra haciendo retroceder a cada paso el espacio y acortando la distancia al punto de reunión, se complica por las restricciones impuestas por los diversos medios fluidos (agua, aire) y los cambios de velocidad y dirección de los desplazamientos permitidos. Más velocidad, más complicación. La navegación es todavía y sin embargo bidimensional a pesar de las olas y las tormentas. El desplazamiento será siempre sobre las olas, al precio del naufragio y la muerte.

6. Para una experiencia tridimensional eficaz hay que referirse al desplazamiento subacuático. Este medio permite más grados de libertad en los desplazamientos que ningún otro. Desde mucho antes que pudiéramos sumergirnos por periodos prolongados fuimos capaces de envidiar a los seres acuáticos y cualquiera de nuestros pininos bajo el agua nos suele reportar enorme placer. Bajo el agua el medio nos envuelve y perdemos peso. Siempre tenemos que cuidar la orientación arriba/abajo, pero cualquier trayectoria en cualquier vector es posible. Claro, también hay que prevenir que el medio se mueve, cuando se mueve y llegar a un punto deseado puede requerir alguna de las competencias del navegante. Salvo que hayan desplazamientos veloces originados en el movimiento propio del medio, esta es también una experiencia de baja velocidad. No ha sido posible hasta hace poco disfrutar apropiadamente de la sensación salvo por periodos muy pequeños debido a la urgencia feroz que impone nuestra dependencia del oxígeno.

7. Curiosamente, han coincidido en el tiempo el desarrollo de recursos que permiten liberarnos de esta tiranía y el de los que nos han permitido otro espacio de desplazamiento tridimensional: el espacio aéreo. Nos tomó mucho tiempo imitar a los animales capaces de controlar y remontar la caída. Antes de lograrlo concedimos propiedades aéreas a los seres divinos. Como se trataba de revertir la tendencia natural a bajar y de acuerdo a la lógica de que subir requiere de gran esfuerzo, la aventura aérea impuso hasta hace poco, una aceleración al desplazamiento. No hubo vuelo de baja velocidad hasta el parapente y los ultraligeros (salvo las mongolfieras que en realidad más que navegar flotan hacia arriba y hacia abajo a favor del viento; restricción que podrá estimarse comparten los aerostáticos motorizados más sofisticados que se atornillan al viento y logran torcerle la mano).

8. Es probable que la navegación fuera el primer ámbito en el que se experimentara el hecho de que el desplazamiento sobre cubierta sumaba o restaba velocidad respecto a la dirección, velocidad y aceleración de la nave. Esta sensación es común a medios de transporte que permiten el desplazamiento individual como los trenes. Los grandes ingenios para el desplazamiento de grandes grupos permitieron, o exigieron, la aplicación de cada vez más energía a la tarea y el refinamiento creciente de la eficacia de su transformación en trabajo útil produjo distintas soluciones para la ecuación masa/velocidad. Así, al costo del desplazamiento de una magnitud menor de masa, mecanismos eficaces fueron capaces de acelerar continuamente las velocidades permitidas.

9. El control de cualquier artefacto nos dice que no se cambia de velocidad sin consecuencias. Sucede que a cierta velocidad uno avanza hacia los objetos; mientras que a otra son los objetos los que se nos tiran encima. Así, resulta que uno no requiere de gran análisis de la trayectoria a baja velocidad; siempre se puede frenar o cambiar de dirección. Pero a medida que la velocidad sube comienzan a aplicarse al desplazamiento las leyes de la navegación; no habrá cambios según aristas sino según arcos; no habrá detenimiento instantáneo sino reducción paulatina de la velocidad según leyes de inercia. Pero además se requerirá de sensores que nos den señales de cuan despejadas están las trayectorias a distancia más remotas cuanto mayor sea la velocidad.

10. La última frontera de esta experiencia de construcción de los marcos de referencia espaciales no es otra que la que con curiosa precisión hemos denominado la aventura espacial. Resulta que habitamos un gran artefacto que se desplaza gran velocidad con una trayectoria que no puede ser sino elíptica en una caída controlada hacia el sol. Caminando sobre este desmesurado vehículo tenemos las impresiones de inmovilidad y reposo que nos da nuestra autoreferencia. E pur (tutto) si muove… Con gran esfuerzo vamos descubriendo patrones nuevos que nos permiten orientarnos como aprendimos a hacerlo para lidiar con el errático mundo de referencias del entorno humano: a través de modelos de interrelación; con soluciones basadas en la relatividad. Porque todo cae, pero cae con distintas perpendiculares, relativas a sistemas distintos. Ya no está claro qué es arriba y qué abajo. Ya no está claro que la caída tenga fin.

© Juan Fernando Vega Ganoza, 10-10-2006
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