V DE VENGANZA

Antes de ver la película, seamos honestos y preguntémonos: ¿hemos leído el cómic “V for vendetta”? Si la respuesta es afirmativa, saltémonos el siguiente comentario, pues he visto por la internet excelentes reseñas y críticas sobre la producción de los hermanos Wachowski, que también dirigieron la trilogía de “Matrix”.

Pero si la respuesta es no, podemos seguir preguntando. ¿Es necesario haber leído el cómic para “entender” la película? ¿Se sostiene sola, como ha sido el caso de “Blade Runner” de Ridley Scott?

Quienes somos mas o menos fanáticos de la ciencia ficción y géneros afines, solemos experimentar cierta expectativa cuando un producto aparentemente confinado al ghetto sale de éste. Sin leer el cómic, (y gracias a la internet), “sabemos” quien es Guy Fawkes, qué pasó el 5 de noviembre de 1605 en Londres, qué es lo que pasará en el futuro proyectado en “V for vendetta”. Esperamos ver mucho de eso reflejado en la pantalla.

¿Pero qué hay del espectador que no sabe (ni tiene por qué saber) quien es Alan Moore, quienes son los hermanos Wachowski, cómo es el cómic y a quien representa la máscara del protagonista? Pues ese espectador verá una película futurista (al estilo “La naranja mecánica” de Stanley Kubrick), en la cual Inglaterra ha caído en manos de una dictadura con claras reminiscencias nazi-fascistas (ver el símbolo del partido), lógicamente corrupta, cuyos tentáculos llegan tanto a la iglesia (anglicana) como a los medios de comunicación y a las fuerzas armadas. Al mejor estilo de “1984”, vemos grandes pantallas y megáfonos públicos (no hay mayor sofisticación tecnológica a la vista), ciudadanos que se prestan a espiar a sus vecinos (los “finger-men” o señaladores) para el gobierno… todo ello en un ambiente opresivo, oscuro y reducido. Debe sumarse el impacto radical que tiene la ambientación de la película en Londres, cuyas callejuelas estrechas y oscuras distan mucho de los brillantes y amplios paisajes que suelen apreciarse en la películas hollywoodenses. A todo esto, los Estados Unidos de este distópico futuro han caído en una postración tal que incluso los ingleses les niegan asilo: en uno de sus tantos discursos, el Primer Ministro-Dictador Adam Sutler (John Hurt) prácticamente culpa a los Estados Unidos de sus propias desgracias (una guerra nuclear donde los gringos llevaron la peor parte) por haberse independizado de la Corona…

La aparición de éste gobierno fascista parece tener origen en una situación de emergencia: un virus mortal se extiende por Inglaterra y origina el caos, del cual se beneficia el partido que posteriormente se hará con el poder. Pero, de este caos, surge también su némesis: el misterioso “V”, un sujeto enmascarado, un rebelde que utiliza tácticas terroristas (¿o un terrorista a secas?) para sembrar el caos, y de paso, vengarse de sus enemigos (es decir, quienes lo convirtieron en lo que es). La vida y obra de V (que comienza con la voladura del Old Bailey, el edificio donde queda la sede del Poder Judicial de Inglaterra) se entrecruza con la de Evey (deliciosa Natalie Portman), una muchacha que intenta olvidar un violento y triste pasado (sus padres “desaparecieron” a causa de su activismo político), con quien inicia una extraña relación maestro-alumna sadomasoquista. No estamos ante Batman y Robin, ciertamente, pero la relación entre V e Evey podría asimilarse a la del Hombre Murciélago y su pupilo: V transformará a Evey en algo más que una aliada, en un ser tan despiadado y letal como el mismo, pese a la inicial resistencia de Evey.

Mientras tanto, el accionar de V hace que el gobierno despliegue todos sus esfuerzos para capturarlo. No solo no lo logra, sino que contribuye a difundir su imagen entre la población. Como buen terrorista, V llega a estar en todas partes y en ninguna. La gente empieza a identificarse con él, lo cual lleva al gobierno y al Primer Ministro a la desesperación. En adelante, será cosa de esperar el momento para que se dé el enfrentamiento o ataque final, tanto en el nivel pueblo-gobierno como en el nivel V- Adam Sutler. El final de “V de venganza” es apoteósico, adecuadamente enmarcado por la “Obertura 1812” de Tchaikovsky.

La ambientación de V es oscura y acaso atemporal (como ya se mencionó, el futuro no ofrece mayores sofisticaciones), pero no dificulta el seguimiento de la acción: si bien empezamos con un V enigmático hasta la exasperación, vamos entendiendo su personalidad, su lucha, el por qué de sus métodos. Como buen “superhéroe”, usa capa y máscara, y tiene unos terribles “orígenes secretos”, acaso vinculados al ascenso en el poder de la dictadura fascista que combate.

Claro, hay detalles un poco chocantes: las máscaras que llegan por correo, los pocos recursos de los policías a cargo de la investigación… detalles que no restan interés a una película bastante alejada del promedio.

Ahora bien, si además le pudiéramos añadir ciertos rudimentos de historia inglesa (como quién fue Guy Fawkes, qué ocurrió el 5 de noviembre de 1605 en Inglaterra) así como una lectura previa del cómic “V de vendetta”, pues el visionado de la película se convierte en una experiencia aún más enriquecedora. Lo cual nos hace reflexionar respecto a cuáles son los verdaderos productos de la cultura que están vigentes y que realmente nos sirven para comprender (o al menos, intentar comprender) el mundo en que vivimos.

© Daniel Salvo; 16-04-06.
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Mayo 2006

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