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Clive Stapes Lewis, contemporáneo y amigo de
J.R.R. Tolkien, era un agnóstico que se convirtió al anglicanismo, dejando
ver en su obra más de una alusión a su opción espiritual. Las Crónicas de
Narnia ya han sido consideradas como el producto de una conjura de la
derecha fundamentalista norteamericana para introducir subliminalmente un
mensaje “cristiano” en las cabecitas de los niños del mundo. Si claro, y
Timmy Turner es un agente de la CIA. No se por que tengo una sensación de
deja vu…
Vayamos a la película. Como mucha gente, utilicé a mi hijo como excusa para
ir a verla, y no salí decepcionado, aunque la cosa no es como para
reventarle cohetes. Comienza en un ambiente de lo más “antinarniano”: la
Inglaterra de la Segunda Guerra Mundial, con la ciudad de Londres
bombardeada por la aviación nazi. Como medida de seguridad, los niños de la
familia inglesa Pevensie son enviados a una granja.
La personalidad de los niños es lo primero que capta nuestra atención. Ni
ángeles ni demonios. Lucy, Edmund, Susan y Peter. El mayor trata de hacerse
cargo de los otros en forma responsable, aunque es evidente que lo hace a
regañadientes. El menor odia esta autoridad delegada a su hermano, y aunque
lo obedece, no pierde ocasión para cuestionarlo. Las hermanas tratan de
mantener cierta neutralidad en el grupo, aceptando la autoridad de uno y la
molestia del otro con cierta indiferencia.
Vale la pena resaltar este lado humano de los personajes, pues guiará sus
acciones cuando el elemento fantástico, que es su traslado hacia la tierra
de Narnia, tome lugar.
La casa de campo a la cual son destinados los niños es una casona ideal para
hacer travesuras y jugar a las escondidas. Pertenece a un misterioso
profesor que tiene una fisonomía bastante curiosa y es atendido por una
severa ama de llaves que solo piensa en su trabajo. Un día, precisamente
jugando a las escondidas, la pequeña Susan entrará en un ropero lleno de
abrigos de piel (qué horror, como pueden exponer a los niños a ver ropa
hecha con pieles de animales muertos, pensé mientras comía un pollo a la
brasa) que parece no tener fondo. Y mágicamente, se encontrará en un lugar
nevado habitado por criaturas salidas del folklore y la leyenda: Narnia.
El encuentro con el primer habitante de Narnia, un joven fauno bastante
confiado, es de lo más revelador. A él también le asombra encontrarse con la
niña, pero al mismo tiempo la esperaba, pues existe una leyenda según la
cual “dos hijas de Eva y dos hijos de Adán” (primer mensaje subliminal para
indicarnos que estamos ante una alegoría cristiana) vendrán a Narnia y la
librarán de la malvada Bruja Blanca, quien ha derrocado al legítimo rey, el
León Aslán, imponiendo el invierno sobre tan hermoso lugar.
Con la esperanza que la presencia de los niños aporta a los partidarios de
Aslán, estos vuelven a reagruparse y a planear la batalla final contra la
Bruja Blanca, cuyos poderes han cubierto de frío y nieve al lugar. Aslán es
poderosísimo y prácticamente invencible, pero parece que nadie contaba con
la traición de uno de los niños humanos. El niño traidor, una vez que ha
servido a los propósitos de la Bruja Blanca, es condenado a morir. Ante esta
situación, Aslán se ofrece para ser sacrificado en su lugar. Y es así como
Aslán muere…
… para resucitar al tercer día. Supongo que está demás decirles a QUIEN se
está aludiendo con esto de ser el elegido, ser traicionado, morir por otros
y resucitar al tercer día, ¿verdad? Bueno, si usted continúa viendo la
película después de saberlo, es por que ha logrado su cometido de lavarle el
cerebro. No diga que no se lo advertí.
El hecho es que, con Aslán nuevamente de su lado, los niños y las demás
huestes de los “buenos” están dispuestos a dar batalla a la Bruja Blanca,
cuyos poderes han aumentado. La batalla es espectacular, y nos permite
apreciar excelentes recreaciones de seres de leyenda, como grifos,
unicornios, duendes, trolls…muy bien dibujados. Y apreciar que, aunque hable
y resucite, Aslán no deja de ser un león.
Luego, pasó el tiempo, y como muchos de ustedes, esperé a que estrenaran la
siguiente película. Ver “Narnia” no incrementó mi afluencia a la iglesia, y
creo que no hay señales de algún fenómeno religioso que prueben su nefasta
influencia. Una película para pasar un buen rato, y acaso nada más. Las
escenas de batallas son buenas, pero ver tanto ser mágico puede marear un
poco.
POST DATA: Conversando con mi amigo Daniel Mejía, le dije que tenía cierta
aprensión respecto a la preferencia de Tolkien y C.S. Lewis por personajes
predestinados y pertenecientes a la “realeza”, ante los cuales los demás se
comportan como súbditos felices, con genuflexiones (se arrodillan ante
ellos, pues) y gritos de entusiasmo; Daniel me contestó: “¿Y qué esperabas…
?¡Son ingleses!”
© Daniel Salvo;
14-03-06.
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