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Es una lástima que en nuestro medio no existan
revistas como Weird tales o algún magazine de cuentos. Por que de ser
así, José Alberto Bravo de Rueda sería uno de los puntales de una
publicación del género. Más aún, un autor de culto.
Y es que cada uno de los cuentos que – merecidamente- ganó el II Concurso de
Cuento de 1993 de la Asociación Peruano Japonesa es una bomba de tiempo cuyo
mecanismo podemos ver, pero no detener, que crea en el lector esa sensación
de crescendo de horror y angustia que, sabemos, tendrá un final explosivo,
aunque catártico. Bravo de Rueda sabe dosificar el miedo, y por suerte, no
se explaya demasiado en él. Los cuentos tienen la extensión precisa – ni una
palabra más, ni una palabra menos – para convertirse en algo memorable.
El hombre de la máscara: Un desconocido se instala en un
pueblo. Tiene una conducta normal, no se mezcla con los pobladores. Pero
tiene algo que los demás no: una máscara que cubre su cabeza. No se conoce
su voz, ni sus rasgos. La curiosidad por conocer su identidad llevará al
pueblo a extremos violentos. El desconocido será obligado a revelar su
rostro. Y eso dará lugar a otro misterio…
La historia de Jean De Valmore: Una historia de viajes,
lugares perdidos, razas desconocidas, acaso monstruos…Ambientada en los
tiempos en que se iniciaba la exploración de regiones desconocidas del
Africa, Jean de Valmore –joven, rico y acompañado de su bella esposa –
sufrirá las consecuencias del encuentro con un monstruo de origen
desconocido, aunque de una manera poco convencional.
La isla de los secretos: No se si es correcto decir que
estamos ante una historia gótica, a la cual se le puede aplicar aquello de
“matamos a lo que más amamos”. Una mujer que acaso sea la encarnación de
alguna divinidad sangrienta disfruta con la muerte (¿sacrificio?) de seres
vivos. La extrema repugnancia que esto le ocasiona al protagonista es tan
intensa como el amor que siente por ella. Una isla será el escenario del
sacrificio final, aunque nos queda la pregunta: ¿quién sacrifica a quien?
Mudanza: Hay historias sobre casas embrujadas, casas malditas,
casas vivientes. En este cuento, lo que tenemos es una casa con
personalidad. Una casa que hará todo lo posible por librarse de su pacífico
dueño.
Las perlas de Santa Eufrasia: Un cuento sobre el robo
sacrílego de un tesoro “maldito”, las perlas del título. Se dice que quien
lo roba sufre un castigo atroz, y así efectivamente les ha ocurrido a
anteriores ladrones. El caso es que las perlas siempre vuelven a la iglesia
del pueblo. A pesar de todo, un desesperanzado militar intentará robarlas.
Sobreviviente: En los relatos sobre últimos sobrevivientes de
la especie humana, no importa la causa de la extinción, el enfoque usual es
saber cual será el “después” de esta situación. En “La Tierra permanece” de
George R. Stewart, “Manuscrito del segundo origen” de Manuel de Pedrolo y
“El día trágico” de Clemente Palma, se nos dan dos posibles salidas a la
situación. Parece que basta con un hombre y una mujer – los arquetípicos
Adán y Eva, la “pareja primigenia” -para empezar una nueva humanidad. Pero
también bastan un hombre y una mujer para iniciar un infierno de celos y
desconfianza. No basta con sobrevivir. Hay que saber vivir también.
Vuelo 111: Tal vez el mejor cuento de la selección, por su
atmósfera y por lo que sugiere. Tras terminar una relación, una mujer toma
un avión con rumbo desconocido mientras su ex amante se refugia en un bar.
En el avión, una muchacha solitaria intenta trabar contacto con la ex
amante. Esta la ignora. Pero, ¿la ignora por que no desea que la molesten, o
es que simplemente no puede ver a la muchacha que tiene al lado? ¿Y cómo es
que ambas tienen edades similares? ¿Por qué ambas reconocen a la persona
retratada en la fotografía que una de ellas rompe? ¿Quién es quien al final?
Aparentemente, una existe y la otra no, pero es posible que ninguna exista
en realidad.
© Daniel Salvo; 27-02-06.
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