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Olympos (2005) es la Secuela de
Ilium (2003), novela de Dan Simmons (Peoria, 1948) que retorna al
universo de los famosos poemas épicos de Homero: La Iliada y La
Odisea, reinventándolos en clave de Ciencia Ficción.
Esta vez, el autor, libre de las restricciones de referirse a una línea de
historia específica, nos regala un paseo por un alucinante mundo futuro,
donde la humanidad ha alcanzado, al mismo tiempo, las cimas del conocimiento
y la ignorancia.
A diferencia de su antecesora, que contaba con tres líneas de historia bien
definidas, cada una en universos dispares que poco a poco se iban mezclando,
en esta Simmons decide seguir el devenir de cada personaje dentro de sus
circunstancias y los retos que afronta.
Así, echado todo al traste para los Dioses y los humanos en la Tierra de
Troya por las maquinaciones de Hockenberry, los humanos se enfrentan en
guerra contra los olímpicos, resultando en sangrientas e infructuosas
batallas, donde Aquiles y Héctor lucen sus habilidades descuartizando
dioses, que, sin embargo, reaparecen curados.
Por otro lado, los Moravecs, ahora aliados con los griegos, son incapaces de
comprender los alcances y capacidad de la tecnología de los olímpicos o de
tratar de averiguar sus orígenes. De todos modos, deciden organizar una
expedición a la tierra para detener la inestabilidad cuántica que amenaza la
existencia misma del sistema solar.
Mientras tanto, en la Tierra de la época de los moravecs, los
humanos-de-viejo-cuño están en guerra con los voynix, siendo Ardis Hall el
principal agrupamiento de estos. Allí, Ada, unida a Harman, Daeman –ahora
convertido en todo un guerrero- junto con Hannah y varios más, se preparan
para la guerra, ayudados por Odiseo, que se hace llamar Noman.
Estos elementos son el inicio de un impresionante viaje en el que Simmons
pone de manifiesto su soberbia habilidad para la construcción de personajes
y escenarios, introduciéndonos las respuestas poco a poco y, en la mayoría
de casos, de una manera traumática para sus personajes.
En lo argumental, a pesar de ser la correspondiente a La Odisea, se
parece mucho más a La Iliada, en el sentido que no hay un
protagonista, todos los personajes (más de 30) tienen un peso bastante
relevante en la trama, así, el viaje de Aquiles para buscar una cura para su
amada Pentesilea (causado esto por las maquinaciones de Afrodita, siendo
esta parte de la historia extraída directamente de los versos de Virgilio)
nos llevará a descubrir la verdad sobre el origen de los olímpicos y el
propio origen de Aquiles y su invulnerabilidad.
Por otro lado, Daeman, en la Tierra, buscando a su Némesis, Caliban
–extraído de las páginas de La Tempestad de Shakespeare- hará un
viaje en el que descubrirá el horror en la presencia de un Setebos –del
poema de Browning- liberado de sus cadenas. Entretanto, Harman deberá,
enviado por Prospero –la encarnación del Avatar de la Logósfera Terrestre,
también extraído de la Tempestad- y Ariel, avatar de la Biósfera
reaprender todo lo olvidado por su raza en los últimos doce mil años,
despertando a la última post-humana en el proceso.
Así, si bien existe la tendencia a desarrollar a cada personaje como una
entidad separada, propia de La Iliada, también existe la tendencia al
relato de viaje tan propia de La Odisea, respetando siempre tanto el
espíritu del creador (Homero) como el ideal Griego de la Aristeia: El máximo
provecho obtenido a costa del máximo riesgo, Simmons asume sin miedo el reto
de hacer una historia que quizás, pueda desbordarlo por su desopilante
complejidad, pero sale más que airoso de la prueba.
Y es que, fiel a su estilo, exhibe una narrativa vital, ágil, no exenta de
contrastes y cambios de ritmo y actitud, propios de cada personaje (aquí
también los Moravecs son los de las largas y esclarecedoras explicaciones,
aunque la charla de Héfesto, Dios del Fuego y Aquiles con Nyx, Diosa de la
Noche, es bastante reveladora) dentro de una ambientación barroca y
rebosante de detalles, que van desde los muros de Troya al espacio
interplanetario o el relieve de una tierra que, doce mil años después de
nuestra era, se muestra considerablemente cambiada por los poderes humanos y
post humanos.
Simmons es un escritor con un enorme talento para la imaginería, y es allí
donde Olympos brilla: poderosas imágenes como un Taj Majal en la cima del
Everest (el Taj Moira), a donde sólo se llega por una enorme red de
funiculares cuyos postes son tan altos como la Torre Eiffel. O una ciudadela
en medio del desecado lecho del Mediterráneo o la dimensión Tártaro, lugar
de prisión de los Titanes, las horas y los gigantes, junto con la misteriosa
Demogorgona (que, por la descripción que Simmons nos ofrece, hace pensar en
el planeta Venus) incluyendo, para terminar, al Puente Golden Gate en Machu
Picchu, sin que nadie sepa como llegó allí, aunque eso no es tan
impresionante como la ciudad en pequeño que sus habitáculos, en forma de
burbujas de fricción cero.
O el destino del mundo antes de los tiempos dementes, partido en el Imperio
de la Unión Europea, el Califato Global y el Khanato Asiático de la Dinastía
HoTep, al parecer, creadores de los humanos-de-viejo-cuño. Toda esta
historia vista pasar como un suspiro en medio del vertiginoso flujo de los
acontecimientos.
Otro tema interesante está en la confirmación de lo ya sospechado en
Ilium: la existencia de Universos Alternos creados por un simple acto de
voluntad, un destello de genialidad: grandes genios como Shakespeare, Proust
u Homero, sencillamente capaces de crear universos de la nada con nada más
que la fuerza de su voluntad, ese es el basamento de los Post-humanos y su
obsesión por los universos alternos, no buscan en las insondables
profundidades del espacio decadimensional sino en las oscuras –aunque no
menos complejas- profundidades del genio humano, dando vida a –como un Dios-
un universo nuevo donde regir, y esto es lo que precisamente ha convertido a
los post-humanos en adictos a la guerra de Troya, tras cambiar su forma a la
de los dioses griegos y negar toda posibilidad de progreso a los humanos de
viejo cuño, alimentándolos con falsos mitos y usando una guardia de calibani
para mantener a los ojos curiosos fuera de sus experimentos.
Como ya ocurre en Hyperion, el elemento de transporte inmediato
(heredado de la extraordinaria tigre, tigre de Alfred Bester) tiene un
carácter simbólico bastante marcado, ya que expresa la libertad de los
personajes de hacer y de ser más allá de cualquier control (especialmente en
una situación como la actual, en que en nombre de la seguridad nacional las
libertades civiles están permanentemente bajo amenaza).
Otro punto discutible de la novela está en la interpretación teológica, la
Demogorgona manifiesta claramente la existencia de un solo Dios, un Dios
verdadero y misericordioso, del cual la entidad llamada El Silencioso es
sólo una manifestación ¿querrá significar esto la supremacía de una
concepción del mundo monoteísta (que es la que da origen a nuestro propio
paradigma occidental) sobre la múltiple y más humana concepción griega?
(Recordemos que los Dioses Griegos en la novela no lo son precisamente, son
sencillamente cambiaformas creyéndose un guión demasiado) Además del detalle
pseudo-histórico acerca del Califato global, que aparentemente es
responsable por la creación de los Voynix (como un arma para destruir a los
Judíos, que eran los únicos inmunes a la plaga Rubicón) así como de las
sesenta y ocho cabezas de agujero negro puestas en un submarino llamado La
Espada de Alá, que, afortunadamente para la Tierra, fue hundido a tiempo en
el fondo del Atlántico, y que los Moravecs tendrán mucho trabajo en sacar
del planeta. En esto, la visión de la cultura islámica por parte del autor
está en entredicho (quizás por concordar con la mayoría de mitos que algunos
grupos de interés nos quieren hacer creer) cometiendo un error de
planteamiento para una novela tan compleja: es demasiado sencillo tener un
solo culpable para todo.
A pesar de esto, el valor estético y estilístico de la obra la ponen a la
altura de lo mejor de su autor, demostrando un soberbio conocimiento de los
clásicos, una gran habilidad para poner de manifiesto conocimientos de
diferentes disciplinas y hacer funcionar sus tramas a través de una plétora
de elementos, creando un universo rico y profundo en detalles, haciendo este
libro una lectura imperdible.
© Isaac Robles; 15-02-06.
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