POE Y SUS CUATRO GRANDES TEMAS POÉTICOS

Edgar A. Poe es uno de los creadores de la literatura de géneros, tanto en la CF, como en el terror ha dejado su huella imperecedera, y su influencia sobre los autores del género es innegable y persistente, aquí se aborda un ángulo desatendido de su creación, la poética, en una comparación entre la concepción planteada por el propio autor y sus poemas. La hipótesis apunta a que para Edgar Allan Poe la poesía debía aspirar a elevadas esferas de belleza, sin ningún tipo de anclas en el mundo o en el contexto, sin referencias a la vida propia del artista, casi como si perteneciera a un universo alternativo. Sin embargo, es más que evidente la relación entre la azarosa vida de Poe y algunos de sus alucinados poemas, tal y como ocurre entre la CF y la historia humana.

Poe escribía poemas básicamente sobre la base de cuatro grandes temas: el amor (usualmente de un hombre de luto por la muerte de su amada, con la suficiente morbidez para ubicarse en nuestro género), el orgullo (tanto físico como intelectual, en tanto trascendencia, que expande su influencia sobre cualquier aspecto literario), la belleza (de una mujer joven moribunda o en todo caso muerta, con doble dosis de atracción enfermiza para nosotros) y la muerte despellejada y rampante (como fuente de horror y otras pavores).

Poe elaboró, sobre la base de su gran producción de textos como crítico literario, una teoría estética de efecto. Es lo que se conoce como la unidad de efecto o impresión y es de gran importancia; el texto más efectivo será aquel que puede ser leído de una sola “sentada”.

La principal preocupación de Poe se enfocaba sobre asuntos de diseño, proporción y composición. Algo que se observa con facilidad en sus poemas.

En La filosofía de la composición Poe detalla su metodología en la composición de su más famoso poema El cuervo. No sólo aplicaba sus principios a sus trabajos, sino que también los aplicaba al trabajo de otros autores para escribir sus textos de evaluación y crítica literaria. Hay algunos principios claves que Poe empleó consistentemente: la unidad de efecto; su rechazo a lo didáctico; su negación a aceptar que los poemas épicos podía llegar a ser poéticos (para él, La Ilíada era un trabajo compuesto de muchos poemas individuales unidos entre sí por segmentos escritos en prosa); la brevedad de la obra de arte; la apelación a las emociones; el tema o asunto ideal para el arte; y la importancia de las respuestas emocionales. Cada uno de estos principios está fuertemente asociado con los otros; por ejemplo, para Poe era importante la unidad de efecto porque era la mejor manera de apelar a las emociones del lector. Para él lo didáctico no tenía lugar en la poesía. Cualquier trabajo que apelara únicamente al intelecto no podía ser considerado arte porque el arte existía en el mundo del sentimiento, de la belleza, lo refinado y la estética; de la misma manera, lo moralista era inaceptable para Poe porque fallaba en alcanzar el sentido de belleza del auténtico artista.

Más que cualquier otro principio, Poe enfatizó la unidad de efecto que el artista debería conseguir en cualquier tipo de obra de arte. De acuerdo con él, el artista debía decidir qué efecto y qué respuesta emocional quería crear en el lector, y luego proceder a usar todos sus poderes creativos para alcanzar ese efecto en particular.

En buena parte de su poesía, el efecto que más buscó fue el de belleza y melancolía. Aseguró que “el más elevado y más puro placer se encuentra en la contemplación de la belleza” y “si la belleza es la provincia del poema, entonces el tono debería ser de tristeza… la melancolía, por lo tanto, es el más legítimo de todos los tonos poéticos”. Como resultado de estos puntos de vista, Poe decidió que el tema más eficaz para una obra de arte era la muerte de una joven y hermosa dama; este es, tal vez, uno de los más conocidos y reiterativos temas en él; además, para alcanzar una melancolía aún mayor, la muerte de la joven amada debería ser expresada por los labios del amante (hay numerosos ejemplos, entre ellos el poema Leonor) Aunque reconoció otros temas como legítimos, siguió pensando que la muerte de una joven dama era uno de los tópicos más poéticos del mundo.

Para Poe un poema largo era una contradicción de términos; él sostenía que los poemas debían tener la duración apropiada. Por eso, para Poe, un poema de cien versos era sinónimo de un arte grandioso (su poema más famoso, El cuervo, tiene 108 versos). Adicionalmente, para él, toda obra de arte debía contener en sí misma todo lo que hiciera falta para su comprensión; aunque es una máxima que él obvió en más de una ocasión, llegando a escribir algunos poemas más bien herméticos. Para poder alcanzar el estatus de universal, la obra de arte debía ser objetiva e impersonal; una autoexigencia que, en realidad, Poe no podría cumplir del todo.

Por cierto, además de su unidad de efecto él recurrió con frecuencia a la utilización de espacios cerrados para fortalecerla como unidad de espacio. El cuervo ocurre en su totalidad en una habitación cerrada; lo mismo ocurre también con una buena cantidad de sus cuentos, en donde la acción transcurre en un solo ambiente o lugar cerrado.

El simbolismo a menudo es definido como el arte de expresar ideas y emociones no a través de descripciones directas ni comparaciones con imágenes concretas, sino sugiriendo lo que estas ideas y emociones son, recreándolas en la mente del lector a través del uso de símbolos no explicados (
Cf. Chadwick 2). Poe es considerado como uno de los precursores fundamentales de la poesía simbolista; Baudelaire, uno de los grandes poetas del simbolismo, se encargó de traducir su obra al francés.

El cuervo

El sujeto poético de El Cuervo es un hombre en duelo a causa de la muerte de su amada; este es un modelo que resulta completamente coherente con la poética de Poe.

Este poema, más que dirigirse a un lector, parece ser una suerte de monólogo, a tal grado que no ha faltado algún crítico que afirme que todo el poema ocurre no en una habitación sino en la mente de quien la habita.

Las circunstancias, como ocurre con casi todos los elementos de los poemas o cuentos de Poe, han sido elegidas para reforzar el sentimiento que se desea comunicar. Como el mismo Poe había establecido, una vez elegido el tono del poema, el artista debía lograr que todo converja en la misma dirección. Es por esto que las circunstancias del poema son marcadamente dramáticas y sombrías.

El poema presenta lo que Poe consideraba el tema ideal para la poesía: la dama fallecida y el amante en duelo. El poema habla principalmente sobre el tormento del amante, que se siente eternamente incapaz de escapar de la sombra de la desgracia.

Poe no creía en la inspiración sino en el trabajo y la disciplina con la palabra; muchos de sus poemas fueron revisados y reescritos una y otra vez, hasta que él pudiese sentirse satisfecho. Es evidente el gran cuidado y la riqueza de lenguaje de El cuervo, nada parece haber sido dejado al azar.

Como ocurre con parte de la producción poética de Poe, la función no es del todo clara. Quizá, lo más importante es la función que desempañara en relación al propio autor. En efecto, para Poe la poesía fue esencial para enfrentar el mundo, para sobrevivir. “La poesía sería siempre su pasión, su razón de ser, un medio para expresar sus sentimientos más íntimos, así como un medio de satisfacer sus propias necesidades estéticas” (
Knapp 48).

A pesar de todo, la poesía de Poe buscaba alcanzar un ideal, y en este sentido, pretendía transformar el mundo a su alrededor, aunque fuese únicamente a nivel intelectual.

El lenguaje del poema es sumamente refinado, así mismo, cada palabra ha sido cuidadosamente elegida en concordancia con las demás. Es indudable que El cuervo ejemplifica la plenitud del uso del lenguaje, algo que se aprecia muchísimo más si se lee en inglés; lo usual es que una traducción, sin importar qué tan correcta sea, no pueda captar la riqueza del idioma original. También hay ciertos rezagos de parnasianismo y una fuerte presencia de elementos clásicos.

Este tipo de poesía buscaba, antes que nada, transmitir ideas; su objetivo no era el mero entretenimiento. La relación entre emisor y receptor fue más que óptima en la época, El cuervo se convirtió en el poema más popular de Poe y le dio una cierta fama; hasta el día de hoy, sigue siendo uno de sus poemas más estudiados y leídos.

Leonor

El sujeto poético de Leonor responde ante el nombre de Guy de Vere, que habla consigo mismo y también se dirige a un público invisible.

Sus circunstancias son ciertamente similares a las de El cuervo, nuevamente se trata de un amante frente a su venerada y fallecida dama. El tono es parecido al del poema anterior, aunque hay algunas diferencias.

El poema habla del funeral de la mujer amada. Al mismo tiempo se poetiza su supuesto ascenso a los cielos pero también, con amargura, se acepta el fallecimiento como hecho en sí mismo.

La posición de Poe en relación a este poema es semejante a la del poema anterior. Hay catorce años de diferencia entre un poema y otro; sin embargo, son más los puntos en común que las diferencias. Como siempre, el autor conserva los mismos ideales de belleza y básicamente el mismo tema. Un tema que, de hecho, se repite en varios poemas más que resultan muy afines a Leonor.

En cuanto a la composición del poema, el autor es fiel a su teoría del acto creativo; es decir, el poema tiene una secuencia, en donde cada idea es consecuencia lógica de la anterior; en este poema destacan la simetría, la sencillez y la armonía.

Este poema tendría relativamente la misma función que el anterior. Aunque eso no signifique que se descarten otras funciones. “También satisfacía una necesidad emocional, pues le permitía explorar el dolor de su aislamiento y su soledad, los sentimientos de alienación que su orfandad le habían dejado” (
Knapp 49).

Transformaría el mundo pero únicamente desde una perspectiva estética; sin duda, para Poe la labor del arte era imprescindible, y esa labor consistía en mantener y refinar los más altos niveles de belleza y pureza estética.

Aunque tiene un lenguaje tal vez menos erudito que el poema anterior, es incuestionable la escrupulosidad con la que el autor ha asumido cada estrofa. Como en El cuervo, hay referencias muy directas a la cultura clásica grecorromana. Efectivamente, de acuerdo con su propio estilo, en este poema, al igual que en el anterior, alcanza una plenitud del lenguaje mediante su rigurosidad y organización.

La intención es, sin lugar a dudas, transmitir ideas al lector. Hace falta no poca cultura e inteligencia para poder apreciar cabalmente la poesía de Poe.

En cuanto a la relación emisor – receptor, este es un poema fruto de su época, que cumple con los parámetros del momento. A diferencia de producciones posteriores, es probable que este poema en concreto no haya sido calificado como inmoral o decadente.

Como conclusión se puede establecer que Poe se planteó una poética bastante definida, sobre la que comentó y teorizó en diversas ocasiones. Gran parte de sus propuestas le servían como elementos de juicio a la hora de criticar el trabajo poético de otros artistas. Desde luego, él mismo seguía prácticamente todas las reglas que defendía. No obstante, hubo transgresiones a su estricto código de elaboración artística. En realidad, él encerraba dentro de sí más de una paradoja: en vida Poe fue inseguro y catastróficamente emocional, pero su escritura es de una estructura sumamente cuidada y ordenada; fue un escritor romántico pero enfatizaba la racionalidad; creía en la creación individual pero confiaba en normas clásicas, sólo para nombrar algunas peculiaridades suyas. Contradictorio y complejo, abarcante y fractal, emerge Poe de su obra.

Son particularmente interesantes aquellas transgresiones que implican el reflejo de la vida privada de Poe en su poesía. De acuerdo con sus principios, para aspirar a la belleza el arte debía ser objetivo e impersonal. No obstante, en El cuervo hay un reflejo bastante incuestionable de su vida privada. Si bien se encuentra del todo poetizada y alterada, la imagen que presenta en El cuervo es la de su amada Virginia que se encontraba enferma de gravedad y a punto de morir.

Poe explicó en alguna ocasión lo siguiente: “Y no situaré al héroe de mi poema en un ambiente pobre, porque la pobreza es trivial y contraria a la idea de belleza. Su melancolía se cobijará en una habitación suntuosa y poéticamente amueblada” (
Poe, Ediciones 29-70). Esta frase, de hecho, coincide exactamente con el planteamiento de El cuervo. El sujeto poético es, en más de una manera, un atormentado Edgar Poe que se lamenta por su difunta amada; hay que tener en cuenta que cuando escribió el poema su esposa corría el riesgo de morir en cualquier momento. Sin embargo, en el poema la realidad que se presenta es del todo diferente a la realidad que vivía el autor. De la misma manera, racionaliza o intelectualiza, verso por verso, la idea que lo atormenta continuamente: ese símbolo o tema que se había convertido en una de sus más características constantes.

En realidad El cuervo, visto desde esta perspectiva, es un poema enteramente personal; es, por lo tanto, una flagrante transgresión a sus postulados de poética.

Leonor, en cambio, es extrañamente paradójico como poema. Es fiel a la poética expuesta por el autor, presenta lo que Poe consideraba el mejor tópico de la poesía, es decir, la joven dama moribunda o muerta y la melancolía del amante. Vale la pena señalar que Leonor fue escrito en 1831, exactamente cinco años antes de casarse con Virginia. Escribir sobre un tema tan mórbido sería el preámbulo a lo que, en efecto, ocurrió en su vida. Sería, según una denominación psicoanalítica, una profecía autocumplida. De hecho, sería una profecía autocumplida si no fuera porque Poe no tenía nada que ver con la enfermedad de su mujer. No deja de ser interesante, incluso fascinante, que lo que es un hecho real en El cuervo sea, en Leonor, la profecía de ese mismo hecho nefasto.

Leonor y El cuervo forman parte de una misma secuencia, a pesar de haber sido escritos en años algo distanciados. En el primer poema Poe aún no se ha casado con Virginia, pero se anticipa a la situación que tendrá lugar varios años más tarde; en el segundo poema, Virginia se encuentra muy delicada de salud, y es justamente este poema el que más transmite una carga emocional sombría y atormentada. La vida de Poe, casi desde un inicio, parecía condenada a la destrucción final, desde la muerte de sus padres a causa de la tuberculosis, hasta su invencible mala suerte, incluyendo el fallecimiento de su gran amada, el persistente recrudecimiento de su alcoholismo, sus escasos recursos económicos, etc.

Virginia, su esposa, falleció en 1847, aunque sus problemas de salud comenzaron en 1842. Durante ese periodo de años, Poe sufrió de manera inconcebible por ella. En una carta revela su padecimiento:

Hace seis años, mi esposa, a quien yo amaba como ningún hombre amó nunca, se rompió un vaso sanguíneo mientras cantaba. Se temió su muerte. Yo me despedí de ella para siempre y sufrí todas las agonías de su muerte. Sin embargo, se recuperó parcialmente y yo volví a esperar. Al cabo de un año, el vaso se rompió de nuevo. Yo experimenté justamente los mismos sentimientos. Después una vez más, y otra, y seguidamente otra aún, con diferentes intervalos (Poe, ediciones 29–24).

En esa misma carta, Poe asegura que no hubiera podido seguir resistiendo esa macabra oscilación, asegura haber estado a punto de perder la cordura, y eso explica por qué pudo suspirar aliviado cuando Virginia murió, sin embargo, la pérdida de su esposa le causó un dolor que ya nunca más pudo superar.

En 1849, apenas dos años después de la muerte de Virginia, Poe muere en condiciones ciertamente misteriosas y enigmáticas. Tuvo una muerte que parece haber sido escrita por él mismo. Aunque la muerte no es lo único en su vida que se parece a su obra. Su propia esposa, Virginia, representaba exactamente el ideal de belleza de Poe. Era, incluso, bastante joven. Tenía trece años cuando Poe, catorce años mayor, se casó con ella. Era el ejemplo perfecto de la joven dama. Su propia esposa, también, parece por momentos haber salido de la imaginación de Poe. Casi podríamos decir salvando el hiato una creación virtual.

Mientras que Leonor podría considerarse como una especie de profecía autocumplida, El cuervo vendría a ser una constatación de esa profecía. No deja de llamar la atención la insistencia de Poe en este tópico, un tópico que vendría a formar parte de su vida de manera real no mucho tiempo después de haber escrito estos poemas. Es casi incuestionable que la decadencia de Poe ocurre a causa de su mujer. Sin embargo, lo que él experimentaba como amante perdidamente enamorado de su joven y hermosa dama, era precisamente aquello que él consideraba como uno de los temas más apropiados para la poesía; no solamente es algo sintomático sino también perturbadoramente real. Juegos temporales y prospectiva emocional, que excelente combinación para un tema de CF… y en efecto, diversos autores han recorrido ese camino posteriormente, Dan Simmons lo demuestra en Endimión y El ascenso de Endimión.

La biografía de Poe parece una cruel y desesperanzadora novela. A veces resulta increíble que esa haya sido su vida. La muerte de su esposa es tan tétrica y siniestra como sus más logrados cuentos de terror, quizá más si se tiene en cuenta que fue real. Si bien Poe se había planteado un arte ideal e impersonal, su vida personal tuvo una innegable e inmensa influencia en su obra artística. Aunque uno de los elementos más originales e inesperados en Poe es esa suerte de retroalimentación entre los ideales del artista, su arte y su vida íntima. Aplicó buena parte de su teoría artística a sus poemas, aunque no pudo evitar que su vida, que lo personal, se hiciera manifiesto en su poesía. Su ideal de belleza era la joven dama, pura, hermosa, y en algunos casos prácticamente etérea, pálida como una moribunda o una muerta. Su esposa fue justamente eso, en ambos polos, hermosa en vida y hermosa en muerte, y casi siguiendo las pautas y la secuencialidad lógica que tanto buscaba Poe en su poesía. Es sobrecogedor observar todas estas similitudes, todas estas relaciones entre los ideales artísticos, el arte y la vida del artista; en pocos casos, y nunca de manera tan funesta, se han combinado tan perfectamente estos elementos. Tal correspondencia y similitud se afanan en trazar rutas paralelas sostenibles gracias a la CF.

Bibliografía

  1. Abrams, M. H. El romanticismo: tradición y revolución. Barcelona: Visor, 1992.

  2. Chadwick, Charles. Symbolism. Londres: Methuen & Co. Ltd., 1973.

  3. Knapp, Bettina. Edgar Allan Poe o el sueño como realidad. Trad. Aníbal Leal. Buenos Aires: Editorial Fraterna, 1985.

  4. Poe, Edgar Allan. Cuentos I. Trad. Julio Cortázar. Madrid: Alianza
    Editorial, 1990.

  5. Poe, Edgar Allan. Poesía completa: edición bilingüe. Barcelona: Ediciones 29, 1986.

© Arcadio Bolaños; 26-01-06.
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