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Del autor de este mes, se ha escrito duro y
largo, decir algo distinto parece una tarea para uno de sus protagonistas,
así que trataré de aproximarme de una manera un tanto diferente a su texto e
insertarme en dimensiones históricas y nostálgicas. En los 70' y 80' si
Corben no aparecía en una revista, uno lo pensaba dos veces antes de
adquirirla, era el epítome de la desmesura bellamente expuesta. En la España
postfranquista del destape, llegaba a borbotones, siempre magros, una
producción que nutría a tod@s quienes despreciábamos o ignorábamos a los
superhéroes pacatos y descerebrados de DC y Marvel (a pesar de los cambios
introducidos por Jack Kirby y Stan Lee) y gracias a que se editaron una gran
cantidad de sus trabajos por Toutain y otras editoriales pudimos deleitarnos
con sus obras. Pero ¿como se había convertido en un autor de culto?
Para rememorarlo, hay que remitirse a la historia del Comix y recordar que
existió un momento contracultural en USA donde parecía que los superhéroes
de malla y trusa serían barridos hacia el fin de los tiempos, anteriormente
en los 50' otros intentos de derretir el pegamento de raigambre retrógrada
se estrellaron contra el fundamentalismo conservador USA y el andamiaje del
estado, por ejemplo la Warren para sobrevivir tuvo que reducir los
contenidos críticos que habían caracterizado a la disuelta Entertaining
Comics de Gaines (recordemos que la campaña de McCarthy lo obligó a entregar
el control de sus guionistas y dibujantes a las dos grandes empresas de
comics que aceptaron ponerse al servicio del gobierno), pero alargando los
relatos y añadiéndoles más sexo, con portadas de los maestros Frazetta,
Corben, Enrich, Ken Kelly, lograron que lo negado por el lado de la
conciencia y la mente, ingresara por los ojos al cultivar desde sus viñetas
la proliferación de escultóricas y sensuales mujeres con volúmenes y
superficies excitantes y al sembrar con sus guiones el desarrollo de un
horror elegante, minucioso, y que a pesar de la persecución no esquivaba
argumentos controversiales.
En los 60' el espíritu hippie agita las pesadas capas reaccionarias del
pensamiento USA y los llamados géneros menores emergen como una
manifestación donde se larvaban contenidos ácidos y críticos, listos a
derramarse sobre una sociedad ávida de cambios. En los 70' un equipo
excepcional de la Warren, en armonía con ese movimiento antisistémico
proporciona algunas de las páginas más memorables del cómic, donde el
lirismo desaforado se mezcla con técnicas experimentales, diría que allí las
reflexiones de la Escuela de Frankfurt colisionan con el pop, el camp y el
comic, sobre el esqueleto de una superestructura cultural dispuesta a
incorporar novísimos elementos semióticos y gráficos.
De esa gran marejada participa Corben, quien deviene, en algo así como la
visión inesperada que exhala lo extraño (envuelto en belleza irisada y
atravesado por un color palpitante, alucinatorio, exótico), en el instante
en el cual nuestra imaginación es aún levemente más fría que el intelecto,
pero que al contacto visual con sus volúmenes e insinuaciones se abre y deja
paso a la calentura y el éxtasis. Y no importa hacia donde se abrieran los
horizontes… o se cerraran, fuesen bosques umbrosos, selvas vibrantes,
intestinales corredores, colinas tormentosas, ruinas peligrosas, mares
tempestuosos (quedó prendida en mi memoria esa capacidad para captar la
desesperanza atroz en “In Deep”, con guión de Jones), llanuras
desoladas, reposaba al fondo la aventura, celebrada in extenso por
personajes como los expuestos en Den, que no encajaban en lo
políticamente correcto, ni tampoco en lo políticamente gráfico, con sus
enormes vergas, voluminosas tetamentas y tafanarios exquisitamente
esféricos, pero en algunos instantes caricaturesco y casi grotesco.
Por el instante de un relámpago, una forma de historieta se debilitaba y
otra surgía nimbada de expectativa, sin embargo, raudo el mundo editorial,
absorbió, domesticó y redujo las proporciones de ese empuje y logró revivir
el agonizante tebeo de superhéroes. Por ello, hasta llegaron a existir
macarras como War Machina, a inicios de los 90'. Las propias historias de DC,
fijemos la vista en Lobo, se aprovechan y utilizan con destreza esos
ampliados límites. Hoy, tras un exilio que coincidió con la aparición de la
web, recordemos que Corben es probablemente uno de los grandes que más
experimento con aerógrafos y otros instrumentos, texturas varias destinadas
al papel, pero que digitalmente podían alcanzarse con unos cuantos clics
(por eso le surgieron una pléyade de imitadores en la forma, aunque no en la
causticidad de los mensajes), ahora frisando ya en la sesentona, ha
retornado, y tal como era de esperarse, insertado en comics con contenido
adulto: Hellblazer o Cage.
Pasando al dibujo diré: Aunque su blanco y negro es formidable siempre me
atrajo más su uso del color, es para mi gusto, uno de los mejores
coloristas, o por lo menos de los que más me impactaron en los ya lejanos
años de mi juventud. Con frecuencia los relatos se siguen por la fluidez
dinámica de las imágenes, no necesariamente por la coherencia y finura del
guión, pero subscribo que no hay duda, más allá de esas leves objeciones se
yergue precisamente como el expositor por excelencia, el artista más eximio
del comix, o comic underground
Usualmente me parecía que en sus viñetas yacía casi siempre escondida una
bestezuela, probablemente encantadora, pero ante la que debía cumplir
ciertas reglas si deseaba desentrañar sus contenidos ocultos; también era
consciente que su excelencia reposaba en la ambigüedad que emanaba con
frecuencia de sus labores, y expresada en la viscosidad ideológica que nos
invade al leer sus temas, donde a pesar de adornar las redondeces femeninas
con inusual potencia, perfección del volumen y contrastes de luz,
continuamos palpando (nunca mejor dicho) la presencia de lo macabro y nos
transfería una innegable inquietud; además de apoyarse en técnicas tan
refinadas en lograr matices y texturas -gracias al manejo virtuoso de los
utensilios de su faena artística-, para que nos transmitieron una cascada
tumultuosa de contenidos, técnicas que parece ningún otro dibujante ha
retomado para sí.
Pese a su rudeza, mantenía en alto el humor, y con frecuencia establecía una
suerte de complicidad tierna y alucinada con sus personajes (pienso en
You Are a Big Girl, publicada en Eerie), bordeando el esperpento o la
caricatura pero manteniéndolos cercanos a su corazón (a pesar de las cosas
horribles que pudieran acontecerlos, uno sabía que ese destino habría sido
más leve si existiesen condiciones) y conservándolos a menudeo íntegros en
su nomadeo. Corben es el color, vibrante, alucinatorio, alienígena, la forma
neumática, geométricamente atractiva y estimulante, pero también posee una
ojeada exclusiva, que entrega una interpretación tan particular, un
despliegue tan personal, sea colorido o sobre blanco y negro, que lastima o
emociona, y al ser su composición realizada con dinamismo, preñada de ardor
y brío nos conmociona; mientras que el fluir narrativo es simultáneamente
insólito y meticuloso, con garra e inspiración, de tránsito inequívoco, pero
no exento de sorpresas o estallidos de emoción.
Rindió homenaje a diversos autores clásicos, tratando siempre de penetrar y
apoderarse con su estilo de los relatos que ilustraba, fue así como le
dedicó uno de sus precoces y más fabulosos experimentos con el color a El
cuervo de E. A. Poe y abordó sin inhibiciones La casa del confín del
mundo de William H. Hodgson. Deambulo por multitud de autores y se
proyecto en genuinas creaciones, prolífico y generoso iluminó temáticas
diversas con su estampa, aunque no libres de una sombría perspectiva.
Horror nimbado de gran guiñol, exotismo impregnado de abundantes carnes y
sabrosas curvas, monstruos de claridad escalofriante o que en su fealdad nos
resultan “normales” y hasta queridos, escalofriantes batallas aéreas y
terrestres, combates de pura adrenalina, crueldad manifiesta y cálida
ironía, guerreros de poderoso torso e hipertrofiadas extremidades, pavor
sanguinolento, pugilatos increíbles, zombis en descomposición, fauces
repletas de dientes, desfilan por sus ilustraciones potenciándose mutuamente
en una turbamulta impresionante de extraordinaria vivacidad y pluralidad,
uno calcula el tiempo que toma realizar cada uno y sabe que existe algo
mágico en esa miríada de imágenes que nos entrega junto con su vida;
dedicado a enriquecer su universo nos transporta a gozar (…o sufrir) de los
sugestivos paisajes, encantadoras chicas y pánicos arrasadores, sed y sexo,
venganza y violencia que atiborran sus cuentos.
Elegí dos viñetas diferentes entre si, una
pertenece a Den, máximo exponente de su maestría, que sintetiza
crudamente las diversas vertientes en que abreva, allí se cruzan la poderosa
y pneumática virago que lanza un escupitajo con macizas tetas y pubis
depilado (al estilo de las modelos de Met-Art) que permite examinar sin
tapujos la hendidura vaginal, muslos musculosos y torneados, vientre plano y
definido, rostro de pocos amigos pero de labios sensuales, semienvuelta en
una capa con capucha, que deja al libre examen todo aquello que debería
cubrir; en primer plano ignorando su estampa deliberadamente atrayente y
fuerte, un espantajo de mirada enloquecida y repugnantes facciones se
inclina sobre un manuscrito a cuyos signos presta más atención que a la
curvilínea guerrera; un aleteo de desesperación combinado a sexo frustrado,
a relaciones duras y hostiles se desprende del entorno mostrado, acentuado
por la penumbra rojiza (¡¡Ah, ese Rich y sus ideas!).
El otro bitimagen es Treed: delicada
composición bañada en una luminosidad miel, difusa pero suficiente para
detallar la escena, aferrada a un árbol una guapa rubia de exquisita
osamenta y aún más deliciosa encarnadura, donde la apoteosis de la curva
glútea no cede ante la plenitud de los pechos y el diseño de piernas y
brazos coincide en armónica conjunción con la fina fortaleza de la espalda,
se nota que es una sobreviviente lúcida y no libre de malicia, ya que atrajo
al triceratops para que introduzca sus cuernos en el tronco y quede sujeto y
disponible para ser cazado y carneado, su mirada ya se dirige hacia el lugar
donde se ocultan sus compañeros y compañeras de caería, de allí que vibre
una nota de puro deleite en los trazos, es la naturaleza que ostenta sus
procesos acompañados de primorosa presencia femenina. La combinación de
colores, el uso de la luz, el detalle de la composición, contribuyen
decisivamente a clasificarlo como un artista dotado y una persona
privilegiada que transforma cualquiera de sus esfuerzos en una plétora de
hermosura y complejidad, trazo y semiótica hermanados en ambigüedad y
significado. ¿Quien da más?
© Luís Bolaños;
26-06-06. |