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Esta ficción dentro de otra ficción parte del siguiente supuesto: ha sido
escrita por Adolf Hitler, ex soldado alemán de origen austríaco que emigró a
los Estados Unidos en 1919. Ya en América, se dedicó primero a ilustrar
novelas pulp, para luego dedicarse a escribir ciencia ficción. En lugar de
un führer, tenemos a un mediocre escritor de ciencia ficción.
Acto seguido, se nos ofrece la novela póstuma de Adolf Hitler, fallecido en
1954. Se trata de “El señor de la svástica”, novela de ciencia ficción que
transcurre en un futuro postatómico, en el cual los remanentes “puros” de la
humanidad deben luchar contra los mutantes productos de la radiación,
quienes han obligado a lo que queda de la “auténtica” humanidad a una
convivencia que los verdaderos humanos consideran ignominiosa. Feric Jaggar,
humano genéticamente puro, se enfrenta a este estado de cosas e inicia una
cruzada para que el genotipo humano auténtico ocupe su verdadero lugar en el
mundo. Entre humanos debemos apoyarnos…
La “saga de Feric Jaggar” está escrita a la manera de un pulp, narrándose
sus aventuras desde su traslado del campo a la ciudad capital de Heldon,
último bastión de la verdadera humanidad. Indignado por la amenaza que
significan los mutantes, en especial los Dominantes de Zind (quienes poseen
poderes psíquicos), Feric Jaggar busca a otros humanos que piensen como él,
y se une al Partido del Renacimiento Humano, primero como miembro, luego
como líder indiscutible. Pero le hace falta algo más para consolidar su
poder, y ese algo es el Garrote de Held, arma mítica forjada por los
“brujos” de los tiempos antiguos, que solo podía ser empuñada por los
antiguos reyes de Heldon. Jaggar lo empuñará sin saber que lleva en sus
genes la sangre de estos reyes, lo que le permite utilizarlo y además,
proclamarse caudillo indiscutible del Partido. Tras unas elecciones en
Heldon, se hace de un asiento como miembro del Consejo (dominado por un
Dominante de Zind encubierto), para luego matar a los demás miembros y copar
el poder absoluto. Las masas de Heldon aplauden el advenimiento de este
Mesías de la Raza Humana con espontáneos “heils”.
Feric Jaggar inicia una carrera militar y política fulminante. Además, bajo
su dominio la ciencia logra avances desproporcionados: de una civilización
que recién está utilizando el motor a gasolina y la televisión (¡y que tiene
aviones!) pasamos a una que produce tanques, cohetes y energía atómica. El
objetivo principal de Jaggar es conquistar los territorios adyacentes a
Heldon, el “espacio vital” necesario para la raza humana, y acabar con los
dominantes del país de Zind. Pero estos, taimados y traicioneros como son,
han encontrado armas atómicas dejadas por los antiguos, y en un acto de odio
suicida, las detonan, destruyéndose a sí mismos al mismo tiempo que
contaminan los genes de los humanos sobrevivientes. La humanidad está
condenada a mutar. ¿Es el fin de la “verdadera” raza humana? ¡No! Los
geniales científicos de Heldon, movidos por los más puros sentimientos de
sobrevivencia, han ideado un plan: clonar embriones de los más perfectos
ejemplares de la raza humana y enviarlos al espacio, a las estrellas,
dispersando así el dominio de la raza maestra por el cosmos. No les
preocupan las condiciones que puedan encontrar en el espacio exterior: los
genes superiores de estos clones los harán prevalecer sobre cualquier otra
especie. Así termina “El señor de la svástica”, la novela de ciencia ficción
escrita por Adolf Hitler.
El lector, aún prevenido acerca del contenido de la novela de Hitler y sus
objetivos, es decir, “sabiendo” que se trata de un panfleto pro nazi (urdido
a propósito por Norman Spinrad), donde los superhombres arios pasan a ser
los “verdaderos humanos” y las demás razas no arias, “mutantes”, no puede
evitar caer en la trampa. Y es que suena lógico que debamos pensar en
términos de ellos y nosotros. Como humano debo identificarme con los
humanos, y los otros, bueno, son los otros. Es decir, los mutantes no son
humanos, o son humanos degenerados. No merecen existir. El lector acaba
pensando como un nazi.
Creo que ahí radica la genialidad de Norman Spinrad, pese a que con esta
novela ha hecho algo odioso: merced a su lectura, afloran los más temibles
sentimientos e ideas que muchos negamos tener. Es lo que se supone hace un
libro de autoayuda, pero al revés, por decirlo así. Bien podría tener por
título alternativo “¿Sabe usted qué tanto tiene de nazi?”. Por supuesto,
todos afirmaremos con profunda convicción que no tenemos nada de nazis, que
estaríamos dispuestos a dar la vida por la democracia, que todos los hombres
son nuestros hermanos, sea cual sea su color de piel, que no adoramos una
bota que nos pisotee… Por suerte, o por desgracia, ahí está Norman Spinrad
para recordarnos que a veces ni siquiera nosotros mismos sabemos quienes
somos, o lo que somos capaces de hacer.
La “novela” de Hitler es comentada por Homer Whipple un crítico ficticio
(creación de Spinrad) del mundo alternativo en el que se ha publicado la
novela. Encuentra en el texto aquello que Spinrad le ha puesto a propósito:
estilo ramplón, errores arguméntales, ideas fascistas, sexismo (en la novela
no existe un solo personaje femenino). Se alegra de pensar que en el “mundo
real” sería imposible la aparición de un líder con las características de
Feric Jaggar, aunque considera que, en su mundo, en el cual sólo los Estados
Unidos y Japón quedan como únicos países libres frente a una Unión Soviética
imperialista y amenazante (que además ha segado la vida de millones de
judíos), un líder de esa naturaleza podría ser la única solución…
Para los tiempos que corren, donde lo “étnico” se está asumiendo como
categoría política, esta novela merece una reedición urgente, pues parece
que estamos olvidando (me incluyo) ciertas etapas de nuestra historia que no
debemos repetir… o que ya repetimos.
© Daniel Salvo; 03-06-06.
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