EL CUERNO DE CAZA

Hay aspectos del nazismo que han sido popularizados y vulgarizados hasta el hartazgo. Tanto, que inducen al error de ver a los nazis como unos inofensivos y anacrónicos payasos. Hitler es un nombre de pila que no es raro encontrar entre nuestros compatriotas (si, nos gusta ponerles a nuestros hijos el nombre de un sujeto que nos habría esclavizado o convertido en jabón, cuero o papel). En los mercados populares puede encontrarse cinturones con la esvástica como adorno. Y quién no se ha encontrado con personas que admiran a los nazis por su “capacidad militar, voluntad, honor, espíritu guerrero” y otras características supuestamente admirables. Más de uno lamenta que Hitler no ganara la guerra. Y otros, más sagaces, perciben que en realidad no la perdió del todo…

El cuerno de caza”, una ucronía en la que los nazis han ganado la Segunda Guerra Mundial, nos muestra un aspecto íntimo y acaso pervertido del nazismo, producto sin embargo de las supuestas virtudes tan admiradas por ciertos ingenuos. Los nazis de “El cuerno de caza” no son un grupo de desquiciados o asesinos, son nazis simplemente.

El protagonista, Alan Querdilion, es un combatiente inglés de mediana edad que ha sido capturado en acción en 1941. Es destinado a un campo de Alemania Oriental, denominado Oflag XXIX Z, donde permanece dos años. Luego de una exitosa fuga, descubre que, inexplicablemente, se encuentra en un tiempo y espacio diferentes, en el “año ciento dos del primer milenio alemán tal como fue establecido por nuestro primer Führer e inmortal espíritu del germanismo, Adolf Hitler”.

Sensatamente, Querdilion acepta su nueva situación. Se le informa que se encuentra bajo la “protección” del conde Johann von Hackelnberg, el guardabosques mayor del Reich. Quien le informa de esto es el doctor Wolf von Eichbrunn, quien está a cargo del hospital que el conde mantiene al interior de sus tierras.

Lo que sigue a continuación es la descripción de los horrores que la ideología imperante contempla como virtudes. La cacería es el deporte principal, pero la presa son seres humanos, adecuadamente vestidos con ropas y máscaras que les imprimen una condición animal. No menos insólita es la compañía del conde: mujeres genéticamente alteradas para asumir una conducta salvajemente felina, sin el menor atisbo de humanidad.

Y es que nada de lo que el mundo nazi tiene parece humano. Además del hospital, hay un castillo inmenso, donde residen el conde y sus invitados. Los servidores –escogidos, obviamente, entre miembros de las llamadas “subrazas” - son mudos por que no se necesita que hablen. Otros han sido inducidos a un desarrollo precoz, de modo que son niños con cuerpos de adultos, pues no se necesita que piensen sino que obedezcan órdenes. El orden nazi del conde von Hackelnberg es una mezcla de medievalismo con las atroces costumbres de otro conde, este sí de existencia real: el conde Vlad Tepes, también conocido como Drácula, quien gustaba de aplicar la tortura del empalamiento mientras almorzaba.

Tales bárbaras diversiones, que implican el disfrute de las presas capturadas vivas (literalmente servidas en bandeja), provocan una sensación de rechazo y fascinación al mismo tiempo, una constante inquietud por saber hasta donde puede llegar el conde – descrito como un ser gigantesco y dominante, acaso el sueño del superhombre nazi – en sus deseos, los cuales nadie se atreve a cuestionar. Tras un fallido intento de fuga, Alan Querdilion es castigado: será la presa de la siguiente partida de caza, cuyas etapas son marcadas por el sonido del cuerno al que alude el título, omnipresente en la vida de los moradores de las posesiones del conde.

Así, será vestido con un traje que simula la piel de algún animal, y dejado en una cabaña con alimentos. Querdilion encontrará a otros prisioneros-presa, quienes le informarán algunas cosas respecto a la vida fuera del coto de caza: la victoria nazi ha sido total, y los intentos de resistencia se limitan a meros ejercicios intelectuales, relativamente tolerados por el gobierno. La esperanza de los prisioneros es cavar un túnel debajo de los cercos, basados en la emisión de los misteriosos y mortales rayos Bohlen, una de las pocas innovaciones tecnológicas que podemos apreciar en el mundo nazi del futuro. Siempre y cuando las partidas de caza del conde von Hackelnberg se lo permitan. Después de todo, Querdilion no es precisamente un ágil muchacho.

Más que una historia de aventuras, “El cuerno de caza” nos ofrece una visión de lo que el nazismo puede hacerle a la gente en lo más íntimo de su psique. Ni siquiera el mismo Alan Querdilion puede librarse de esta influencia. ¿Podrá hacerlo el lector?

© Daniel Salvo; 02-06-06.
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