ES QUE SOMOS TAN MODERNOS

Bud me había dicho que no me moviera, que todo iba a salir bien. Pero yo no pude aguantar y te llamé. Ellos vinieron del sur, parecían ratas deslizándose sobre el horizonte oscurecido. Llegaron hace poco, como a las siete. Lo sé porque había empezado el programa de Sony, yo siempre veo su programa. Hay casos impresionantes, sabes, hoy presentan a una niña de trece años que tortura psicológicamente a sus padres. Parece que los ha obligado a aceptar en su casa a una amiga que presumiblemente es su amante. Aunque ella lo niega. Pero bueno, te decía que Bud me había dicho que me quedara en la habitación. Para mí eso no es difícil. Me paso horas de horas frente al televisor o navegando. Fíjate que a veces nos olvidamos de hacer el amor por semanas enteras con Bud. Pero eso no importa. Sé que él me quiere, y yo lo quiero. Ahora mismo he escuchado otro ruido. Debe ser Bud que ha llegado a la cúpula de la casa. Él piensa que desde ahí puede hacer frente a los invasores. Y yo pienso lo mismo. Tiene una escopeta de doble cañón y un pequeño lanzagranadas alemán. Con ello puede acabar con los fanáticos antes de que lleguen a nuestra casa. Felizmente que minamos el jardín la semana pasada. A mí no me gustaba la idea, y se lo dije a Bud. Pero él insistió en que no era muy caro, y nos daban un plano minucioso de la ubicación de las minas. Además, el programa incluye lentes para ver en la oscuridad. No, no será fácil que lleguen a nuestro hogar. Los noticieros han dicho que no hay de qué preocuparse, que la acción de los cruzados es reducida e inocua. Que no se han registrado casos de violencia, robo o violación. Pero nosotros no los queremos aquí. Y no nos gusta su forma de invadir las casas, aun cuando muchas familias de la aldea los acepten de buena o mala gana. Nosotros hemos trabajado durante años para tener todas las comodidades. Deseamos estar tranquilos, comer lo que queremos, ver lo que queremos y creer en lo que queremos. No necesitamos que nadie venga a decirnos en qué hay que creer, ¿me entiendes?

Si se acercan demasiado, Bud los hará volar.

Espero que tu contestadora tenga suficiente memoria para todo esto, Luz, he escuchado un ruido feo allá arriba. Hay golpes y murmullos que caen deformados hasta acá. Ya sabes, la casa tiene tres pisos y una cúpula. Allá arriba está Bud, me dijo que no me moviera, pero no creo que una llamada haga daño. El programa de Sony ha terminado, sabes, la chica se ha defendido con una lucidez feroz. Resulta que es también de los cruzados. Ha dicho que ella no puede ser juzgada por ninguna institución o persona, porque la moral de nuestra sociedad no existe, ¿te imaginas?, porque es filosóficamente espúria una moral fundada en algo distinto a la divinidad. Porque Dios es la base de la única moral posible, aquella que, según la loca ésta, debe ser reinstaurada en la aldea. Además, ha llevado al programa unos libros inmundos cuyas hojas se desgajaban de tan viejas y podridas. Ha dicho que eran de un tal Fenicio Aeropajita o algo así, y ha afirmado que los Cruzados basan su ideología en ese sujeto y en un tal Hermes Trimegisto –a éste sí lo conozco, creo que es uno de esos horribles dioses egipcios con cabeza de perro o de chacal, he leído algo sobre él en la red–. ¿Escuchaste eso? Espero que haya quedado grabado. Luz, tengo miedo, ya no escucho nada allá arriba, y en el jardín las minas están explotando solas. Qué locura ésta de los fanáticos, ¿no? Recuerdo que mi padre me dijo antes de morir –yo tendría unos doce años–: “Vendrán tiempos aún más duros, pero siempre conserva tu libertad”. Por ellos es que los rechazamos. Y no sólo a los Cruzados. A todos los grupos. Así sean miles, como dice el noticiero. Es que aquí en la casa hemos hecho un nido, sabes, esto es como el ombligo de la aldea: tenemos noticias y programas de todo el mundo, podemos ver cómo la gente se mata, se ama, negocia o juega en cualquier parte, a cualquier hora. Si necesitamos algo, sólo tenemos que pedirlo por teléfono. Somos felices aquí, Luz. Bud trabaja por las tardes en la red y el dinero lo recibe en productos y créditos que nos llegan a domicilio. Claro, soy consciente de que somos un poco distintos a los demás. Es que somos tan modernos, sabes. Nosotros somos la pareja ideal, la del futuro, pero han venido ellos a echarlo todo a perder.... la verdad.... no sé qué pasa ahora, Luz.... estoy oyendo pasos en la sala de abajo.... ya no escucho a Bud.... ni siquiera ha hecho un solo disparo.... ¿es que estamos a merced de ellos?.... oh, qué miedo. Luz.... espero que todo quede grabado.... han llegado a mi puerta y están profiriendo palabras extrañas.... creo que es ese idioma absurdo de los romanos.... tienen velas.... y han pasado unos volantes por debajo de la puerta.... qué hago, Luz, respóndeme, qué hago.... ahora tratan de abrir la puerta.... ¡Dios mío!.... son muchos, Luz.... y están armados.... son mestizos.... como del sur.... oh, Luz, por qué nunca te encuentro cuando te necesito....

© Víctor Coral
Revista Ajos & Zafiros Nº 1; Octubre 1998
Reproducido con permiso del autor.
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Víctor Coral

Poeta y escritor peruano, nacido en 1968, ha publicado dos poemarios (Luz del limbo y Cielo estrellado) y una novela de corte futurista (Rito de paso), así como varios relatos de diferente temática. Muestra una infatigable labor de difusión en su blog Luz del limbo y en las publicaciones para las cuales colabora.
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