José Güich
Rodríguez es uno de los narradores peruanos que no desdeña apelar a
los temas del genero de ciencia ficción y fantasía para escribir sus
relatos. Lleva ya publicadas dos antologías de los mismos (Año
sabático y El mascarón de proa) y tiene en proceso una más (Los
espectros nacionales).
Con un prosa llana y directa atrapa rápidamente al lector, la fuerza
de su narrativa esta la mezcla sabia de temas y estilos que sabe
usar para cada relato. Ello le proporciona una singularidad
destacable en un medio endogámico donde la mayoría de los escritores
no suelen abandonar el cliché realista que lastra y
empequeñece buena parte de la producción literaria nacional.
Velero 25 se comunico con Güich en estas ultimas semanas vía correo
electrónico y tuvimos la oportunidad de intercambiar opiniones sobre
su obra.
Velero 25: ¿Considera que su obra se puede catalogar como de
Ciencia Ficción & Fantasía?
Güich: Me atrevería a
asegurar que, en gran medida, sí. Consciente o inconscientemente, en la
mayoría de mis relatos aparecen componentes propios de la tradición
fantástica, con deliberadas incursiones en la ciencia ficción, una de
sus vertientes; ambas vetas me marcaron inexorablemente desde las
primeras lecturas. Pero no estoy seguro acerca de si soy un ortodoxo o
un heterodoxo. En El mascarón de proa, me interesaba explorar
múltiples ángulos y posibilidades de hibridación, de mezcla continua.
Eso quizás sea un inconveniente para mi plena incorporación. Aun así,
estoy muy satisfecho de que se me incluya en géneros que siempre me
apasionaron, y que continuaré explorando y cultivando.
Velero 25: ¿En un medio literario como el
peruano, que da mayor preponderancia a la narrativa que podríamos llamar
realista, cómo evalúa la respuesta que han tenido sus obras?
Güich:
Yo estoy sorprendido, diría que abrumado. Con Año sabático, mi
primer libro, hubo alguna difusión, aunque restringida a ámbitos
intelectuales. Sin caer en la jactancia, el libro fue en general bien
recibido por los comentaristas de los medios, lo que me emocionó mucho,
pues descubrí que el camino elegido había sido, después de todo, el
correcto. Su circulación en librerías fue, en realidad, bastante
precaria. Sin embargo, fue extraordinario que personas a quienes yo no
conocía se acercaran en diversas circunstancias, y dijeran que lo habían
leído. Pero El mascarón de proa superó mis propias expectativas.
La cobertura fue más que amplia, y eso me estimuló. La crítica llegó a
comentar, milagrosamente, todos los cuentos; páginas web y revistas
virtuales dedicadas al género lo destacaron con generosidad. También
surgieron opiniones divergentes, que acepté con sumo interés y sentido
del sport, pues son necesarias las observaciones contrarias. Hay que
tomar nota de aquello que no llega a convencer a lectores muy
competentes para, de ese modo, afinar rumbos. Y en cuanto a la
circulación, los jóvenes editores de “Mesa Redonda” se han preocupado
mucho respecto a que figure en todas las librerías importantes. Sé que
hay un público cautivo buscando historias y poéticas distintas. Estamos
en un gran momento. El realismo tradicional coexiste con otras miradas:
ahí están clásicos como Adolph, que nos sigue entregando libros
fascinantes, y jóvenes talentos como Prochazka, Donayre, Page, Herrera y
Sumalavia, entre otros. Eso es esperanzador, gratísimo.
Velero 25: ¿Qué autores recuerda?
Güich:
Es una lista muy extensa y a lo mejor interminable. No quisiera obviar
nombres. Si se me permite reducirla, pues tienen que figurar Borges,
Cortázar, Bioy Casares, Silvina Ocampo, Cabrera Infante, Rulfo, Fuentes,
Arreola, Monterroso, Del Paso, Poe, Quiroga, Rushdie, Vian, Yourcenar,
Lovecraft, Chejov, Serling, Maupassant, Ribeyro, Elizondo, Carpentier,
Kafka, Valdelomar, Piglia, Javier Marías, Woolf, Tabucchi, Clarke,
Asimov, Bradbury, Rabelais, Swift, Sterne, Eloy Martínez, Cervantes,
Joyce, Verne, Mann, Auster, Chesterton….es muy heterogénea y
posiblemente caótica, pero pienso que resume de algún modo mis fuentes
esenciales.
Velero 25: Se dice que en América Latina,
la ciencia ficción no ha tenido mayor desarrollo debido a que formamos
parte de sociedades donde no se ha dado tampoco mayor desarrollo
tecnológico. ¿Está de acuerdo con esta idea?
Güich:
No del todo. Es cierto que no hemos experimentado un gran
desarrollo tecnológico en el pasado; sin embargo, siempre existió, sobre
todo en los modernistas de fines del siglo XIX, una preocupación por la
ciencia y sus posibilidades literarias. Tenemos el ejemplo de un maestro
como Leopoldo Lugones, verdadero pionero de la ciencia ficción en el
continente y contemporáneo de H.G. Wells. Y en nuestros predios,
Clemente Palma también fue un visionario. Más tarde, el argentino Bioy
Casares nos deslumbró con relatos extraordinarios que se adscriben
perfectamente al género. Me parece que la ecuación es relativa. La
prueba es que hoy, de cara a la globalización, se escribe en América
Latina ciencia ficción de alta calidad artística, y eso nada tiene que
ver con el grado de desarrollo. Por eso, me asombra que alguien tan
brillante como Vargas Llosa efectúe comentarios un tanto despreciativos,
como si la CF fuese un género menor, el pariente pobre del cual hubiese
que avergonzarse.
Velero 25: ¿Qué está escribiendo
actualmente?
Güich:
Un nuevo libro de cuentos, que tiene como título Los espectros
nacionales. Varios ya han aparecido en revistas. Y tengo en proceso
una novela corta, algo detenida ahora, pero que espero retomar muy
pronto.
Velero 25: La CF es un género que tiene
amplia difusión en el mercado anglosajón y por extensión buena parte de
las obras literarias y de entretenimiento utilizan sus convenciones y
tópicos (películas de aventuras como Stars Wars, X Men, juegos de
computadora, etc.) ¿Hay algún autor del genero de CFyF que considere
especialmente interesante? ¿Por qué?
Güich:
Temo dejar de lado una lista de nombres ilustres, pero si
debo elegir, mencionaré, en primer término, a Arthur C. Clarke. Con este
autor, la ciencia ficción alcanzó su madurez literaria. Clarke utiliza
el género para hacer preguntas inéditas hasta ese momento: del
entretenimiento puro y escapista, nos instalamos en una dimensión
filosófica y conceptual. Es cierto que hay otros escritores que también
contribuyen a esa gesta, pero con Clarke siento una enorme empatía. En
segundo término, rescato al gran Rod Serling, al que se le suele
desvirtuar con el calificativo de “guionista”. Pero en verdad estamos
ante un escritor de excepcional talento que llevó la fantasía al centro
de la vida de las personas comunes y corrientes. The twilight zone
es un hito irrepetible, en el que Serling hace gala de un magistral
conocimiento del género. Nada fue igual desde entonces. Y aunque
pertenece al espacio de la televisión, muchos de los guiones de Serling
son verdaderas joyas literarias.
Velero 25: ¿Podría contarnos cómo es su
proceso creativo? ¿Es decir, cómo elige un argumento, lo desarrolla y
culmina?
Güich:
Los temas van y vienen. A veces llego a ellos por asociación
de ideas, como contemplar una calle antigua o un inmueble, una
exposición, una paradoja que surge espontáneamente, encuentros con
personas singulares, sueños, lecturas….algo siempre conduce a otra cosa.
Por ejemplo, un anciano en una ventana que cruza miradas con un peatón,
que acostumbra a cortar camino por esa calle. Si esa situación se
hiciera reiterativa, ya habría un relato: en algún momento, ese anciano
y el peatón serán el mismo hombre, en diversas etapas de su existencia.
Si eso me parece consistente, narrativo, anoto de inmediato el tema;
procuro no demorarme demasiado en esa labor. De acuerdo con las
circunstancias, escribo de inmediato o aguardo. El verdadero desafío es
darle a esa idea embrional un argumento sólido. Me resulta muy cómodo si
ya sé cómo terminará; así el trabajo de escritura se agiliza. Pero hay
cuentos que se escapan de órbita y terminan ellos mismos tomando el
control, guiándonos, imponiendo sus leyes. Después, viene la labor de
corrección, no solo del estilo, sino de la lógica interna del relato.
Todo debe calzar: el fraseo, el ritmo narrativo, los personajes. Y uno
debe procurar que las suturas, las remodelaciones, no se perciban.
Velero 25: ¿Cuáles son los libros que más
le han gustado? ¿Por qué?
Güich:
Otra pregunta comprometedora. Muchos. Daré una lista
aleatoria de diez, sin orden de prelación, y que se limita a la
narrativa, aunque soy ferviente lector de poesía: Pedro Páramo (Rulfo),
Narraciones extraordinarias (Poe), La región más transparente
(Fuentes), Una Odisea Espacial 2001(Clarke), Los pasos
perdidos (Carpentier), La trama celeste (Bioy Casares), La
palabra del mudo (Ribeyro) , Gargantúa y Pantagruel (Rabelais),
Todos los fuegos el fuego (Cortázar), Palinuro de México
(Del Paso) . En todos ellos encuentro lo que suele denominarse
afinidades electivas. Cada uno de estos libros ha marcado un período de
mi vida como lector febril y luego escritor en ciernes. Y muchos han
dejado una huella profunda en mi modo de asumir las ficciones,
especialmente los más identificados con el género que cultivo. Todos
ellos, y muchos más, son mis maestros en el viaje.
Velero 25: ¿Relee con frecuencia?
Güich:
Sí, releo, aunque no con la frecuencia que quisiera. Conduzco un Taller
de Narrativa en la Universidad del Pacífico y eso me obliga al retorno a
autores modélicos, sobre todo a relatos clásicos como los de Poe, Chejov,
Maupassant o Joyce. Pero también recupero autores poco explorados como
Bierce o el húngaro Kostalanyis quien, aunque no es autor del género
fantástico, crea unas atmósferas subyugantes, notables. Y, por supuesto,
releo a los clásicos latinoamericanos, como Borges y varios de los
mencionados en la lista.
Velero 25: Internet es un medio de difusión
por el cual circulan profusamente obras "pirateadas" ¿Qué opina al
respecto?
Güich:
Internet es un arma de doble filo. Permite que autores que no
tienen la oportunidad de ser difundidos dentro del establishment den a
conocer sus obras. Pero también existe la apropiación ilegítima de la
propiedad intelectual. En todo caso, los mecanismos reguladores deben
ser instaurados por los mismos agentes, por aquellos interesados en que
su obra se difunda pero dentro de términos legales y acuerdos justos.
Pero no solo en Internet ocurre: quizás esté fuera de lugar mencionarlo
y suene a ostentación, pero hace poco, un comercial del Banco de Crédito
se inspiró en el argumento de mi relato “Paisaje con hombre que corre”,
que pertenece a El mascarón de proa. No negaré que resultó
halagador -era la prueba de que el libro se leía-: sin embargo, hay
vacíos técnicos que me impiden una acción legal. Así es el Perú.
Velero 25: Su libro El mascarón de proa
contiene relatos que fácilmente se pueden adscribir a la CF en su
vertiente ucrónica. ¿Es consciente de ello?
Güich:
Me doy cuenta de ello y lo asumo sin pudor. El mascarón de
proa es un libro que escribí bajo un impulso interior muy fuerte.
Una de mis preocupaciones era experimentar con todas las variantes
clásicas de la fantasía. No sé si eso lo logré con eficacia; es más,
siempre queda la duda de que uno pudo hacerlo mucho mejor. Yo tengo esa
sensación y es difícil liberarme de ella. Creo que el componente
ucrónico aparece con nitidez en “Zelote” y en “El veterano”.
Y considero que en “En busca de Serling” también existe esa
tendencia, aunque bajo otras perspectivas y necesidades de expresión.
Velero 25: ¿Qué lo impulsó a escribir "El
otro monitor" y "El Veterano"? Cuéntenos sobre la génesis de esos
relatos.
Güich:
“El otro monitor” apareció en la revista Lienzo de
2005. Es parte de Los espectros nacionales. Cumplí uno de mis
sueños, pues desde muy joven siempre había deseado que algún día uno de
mis textos se incluyera en tan prestigiosa publicación. El tema formaba
parte de la “agenda”. La Guerra del Pacífico es un referente poderoso
para todos los peruanos, y no ha sido muy abordada literariamente. Pensé
que yo podría contribuir con una modesta cuota a que ese lejano
conflicto que perdimos sea exorcizado a través de paradojas y juegos
contrafácticos. “El otro monitor” le debe mucho al cuento “La
trama celeste” de Bioy Casares, y nace de la idea de la supuesta
ubicuidad de Grau y el Monitor. Pero aclaro que mi posición es
pacifista. Detesto los revanchismos y la demagogia de los políticos
nacionalistas, que explotan estos temas cuando les conviene, distrayendo
la atención de la gente. Teruel, el periodista-detective, ya había
aparecido como personaje en “El veterano”, que se incluye en
El mascarón de proa. En ese relato, Bolognesi, junto a otros, se
inserta en un peripecia extraña, en una suerte de intersección de
universos paralelos. De hecho que el personaje Teruel volverá. Sueño con
un libro que compile más casos insólitos de Teruel, no necesariamente
ligados a la Guerra.
Velero 25: ¿Alguna pregunta que crea que
debimos haber hecho?
Güich:
No, todas fueron excelentes. Solo tengo agradecimientos
sinceros para ustedes por su esfuerzo en pro de la literatura
fantástica, y la difusión de un circuito de creadores y lectores que
poco a poco se consolida.
©
Velero 25 (Entrevista
por: Daniel Salvo & Víctor Pretell).
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